IRIGOIEN & PEREZ DE CALLEJA

1º trimestre 2.008

 

Translate this page automatically.

COYUNTURA ECONÓMICA

 

Antton Pérez de Calleja

         

                                Primer  trimestre 2008

  

COYUNTURA ECONÓMICA

Primer trimestre 2008

 

        Los últimos datos confirman las previsiones hechas en diciembre en el sentido de que la economía española está enfriándose rápidamente. Por decirlo con un juego de palabras fácil de entender, la desaceleración se está acelerando. Las incertidumbres no se disipan—endurecimiento del crédito, probable recesión norteamericana, precios del petróleo—y las nuevas previsiones son cada vez peores ante el hecho evidente de que los agentes sociales se están ajustando a un panorama mucho menos boyante: los empresarios dejando de invertir y los consumidores de gastar. Ante las dificultades que encuentran para obtener financiación exterior, los bancos están recortando fuertemente sus concesiones crediticias. Sólo con eso ya nos enfrentaríamos a una desaceleración que seguramente se va a prolongar en el tiempo. Estamos hablando de un crecimiento que apenas superará el 2% en 2008 y el 1% en 2009, y de una recuperación que difícilmente se producirá antes de finales de 2010.

 

         A diferencia de lo que ocurría en otros tiempos, la capacidad de reacción de la economía española frente a lo que se nos viene encima es escasa porque casi todos los problemas nos vienen del exterior. Es verdad que puede emplear el superávit fiscal para suavizar la caída de la demanda interna (para un político, la ilusión de su vida) pero el euro, que tanto ha ayudado estos años, no nos deja devaluar, lo que  imposibilita una salida a la crisis por  vía exterior, la más clásica de todas. Las Exportaciones industriales, que podían haber tomado el relevo de la Construcción, han dado señales de agotamiento, lo que es un síntoma claro de nuestra escasa competitividad. Ahora vamos a pagar el diferencial de precios y salarios que hemos mantenido todos estos años y el pobre, casi nulo, crecimiento de la productividad. 

         Antes las crisis eran violentas pero breves. Esta parece que va a ser más suave pero más prolongada, lo que es casi peor que un desplome rápido. En cualquier caso, representa  una ruptura de la continuidad. El país lo va a pasar mal y las empresas van a tener que replantear sus estrategias para afrontar tiempos difíciles.

1 La economía norteamericana muestra señales sobradas de enfrentarse a una situación muy complicada. Ya no se trata de saber si va a haber una crisis sino de si va a ser mucho más grave que las precedentes (1990 y 2001). Como dice Martin Feldstein “la economía puede deslizarse hacia la recesión y la recesión puede ser larga, profunda y grave”. Las reacciones de los agentes a los brutales descensos de los tipos de interés básicos (desde el 5,25% al 2,25%) no han sido nada esperanzadoras y reflejan la sospecha generalizada de que las cosas están mucho peor de lo que se pensaba. Los tipos de interés a medio y largo plazo han seguido subiendo.  

La crisis bancaria y el desplome del sector inmobiliario (un 60% menos de viviendas en construcción, más de 400.000 empleos destruidos) han  conformado un panorama de alto riesgo. Son los prolegómenos de una crisis en toda regla que puede tener importantes consecuencias para la economía mundial. Ello explica las desesperadas reacciones del Gobierno (un paquete de exenciones fiscales de 168.000 millones de dólares) y la Reserva Federal, para evitar que los peores temores se confirmen. Pero los mercados se muestran poco dispuestos a colaborar. Y con razón.   

 Estados Unidos va a pagar con una recesión o, en el mejor de los casos, con un prolongado período de estancamiento la borrachera especulativa de todos estos años  generada por una política de dinero abundante y barato. A pesar de la caída de la Bolsa y del precio de los inmuebles, las acciones siguen sobrevaloradas en más de un 10% y las viviendas mucho más, alrededor de un 30%. Ello demuestra lo enormes que eran las burbujas en un caso y en otro.  

 La fiesta se ha terminado. Los bancos van a estar menos dispuestos a prestar dinero, las familias menos dispuestas a gastar, y las empresas poco inclinadas a invertir. A eso se le suele llamar crisis.  

Estados Unidos llevaba años coqueteando con una de monumentales dimensiones  desde que sufrió la gran caída de la Bolsa en 2000 y tuvo que hacer frente al shock del 11-S, cosa que hizo a la manera europea: aumentando en dosis masivas el gasto público y endeudándose con todo el mundo. Hasta ahora la estrategia había funcionado. A ello ha contribuido la indesmayable confianza que el mundo tiene en la economía norteamericana por variadas razones: refugio de capitales, presencia en el mayor mercado del mundo o incluso, como hacen los chinos y otros, compradores de dólares para no tener que revaluar sus propias monedas. El día que el mundo se de cuenta que Estados Unidos ha estado vendiendo humo (acciones que se derrumban, dólares que se devalúan, viviendas que se deprecian) e incubado la estafa más grande de la historia, la de las hipotecas sub prime (600.000 millones de dólares), se puede producir un tsunami de considerables proporciones que fatalmente arrastraría a todo el mundo en su vorágine. 

2. La agresiva política monetaria norteamericana ha puesto a Trichet y al Banco Central Europeo contra las cuerdas. No cabe duda de que, en función de la inflación vigente, 3,2%, el BCE debería estar subiendo los tipos de interés. Pero, ante la revalorización del euro, netamente por encima de 1,5 dólares, y las incertidumbres derivadas de la crisis bancaria, no van a tener más remedio que bajarlos. Con gran sentimiento por su parte. 

Como los ritmos de crecimiento van a descender por debajo del 2%, se anuncian problemas en el equilibrio presupuestario de varios países, sobre todo de aquellos que  llevan años luchando para que sus déficit fiscales no se les escapen de las manos, sin conseguirlo realmente, como es el caso de Italia, Francia, y Alemania. Este último, que en 2007 consiguió equilibrar sus cuentas públicas por primera vez en 18 años, ha anunciado que volverá a los números rojos en 2008. Y es que tratar de bajar los impuestos, algo que se empieza a generalizar en toda Europa y, a juzgar por las promesas hechas en campaña electoral, también en España, es incompatible con los actuales ritmos de crecimiento del gasto público. Cualquier rebaja fiscal debería venir acompañada por la relación de los gastos que se van a suprimir, lo que no se hace porque suele ser bastante impopular.  

Mientras tanto, cada nueva previsión de crecimiento es peor que la anterior, la última  del FMI para la zona euro calcula un crecimiento para 2008 de sólo un 1,6%, más de un punto por debajo del conseguido en 2007. Habrá que rezar para que no siga bajando, sobre todo de cara a 2009. 

3. Al igual que en Europa, las noticias que llegan de la economía española son cada vez peores. Todo el mundo supuso que el bache se materializaría a través de la Construcción, y todo el mundo quiso creer que podríamos ajustarnos a la nueva coyuntura de manera gradual. Aunque la burbuja inmobiliaria se está deshinchando a mayor velocidad de la calculada, los problemas principales proceden de una restricción crediticia que tiene su origen en la crisis bancaria, aunque aquí los bancos aseguren que no tienen nada que ver en el asunto. 

Nuestro problema procede de la Balanza de Pagos, esa vieja historia de la que apenas habíamos tenido noticias en todos estos años, a pesar del inmenso déficit que manteníamos con el exterior. El sistema bancario se encargaba de cubrirlo con los recursos que obtenía en los mercados financieros internacionales, lo que no ofrecía  mayores dificultades hasta ahora. Mientras el Sector Público reducía deuda al amparo de una bonanza fiscal espectacular, el Sector Privado aumentaba su endeudamiento hasta niveles del orden del 70/80% del PIB.  

El año pasado, el déficit corriente superó los 100.000 millones de euros, mas del 10% del PIB, el segundo más grande del mundo. Este año el importe bajará considerablemente (primera consecuencia de la desaceleración) pero como hay que refinanciar una parte de la deuda, el sistema bancario se enfrenta a un problema casi insoluble mientras no se resuelva la crisis bancaria. Así que, en previsión de mayores problemas, la banca española ha empezado a recortar los créditos a los promotores inmobiliarios, pero también a familias y empresas. 

De esta manera, la banca se ha convertido en correa de transmisión de una crisis global que está teniendo un impacto directo sobre la Construcción y también, y esa es la novedad, sobre la inversión de las empresas y el consumo de las familias. Los datos del paro registrado señalan que la mayor parte de los nuevos parados proceden de los  Servicios, que es el sector que más tiene que ver con la demanda interna y el consumo. Las ventas de automóviles, electrodomésticos, muebles, etc, reflejan que  las familias han decidido dejar sus principales decisiones de compra para mejor momento. Cuando la crisis llega al consumo, las consecuencias son imprevisibles.    

Las actitudes de las familias están también condicionadas por la detracción de una parte demasiado importante de su renta disponible por parte de un sistema fiscal obsesivamente preocupado por la recaudación. El año pasado los ingresos por IRPF crecieron un 15% y los de Sociedades un 20%. Por eso, lo mejor, casi lo único, que puede hacer el nuevo Gobierno es devolver a los ciudadanos, sobre todo a los de rentas más bajas, una parte de lo que les ha venido quitando en todos estos años en los que la presión fiscal no ha dejado de crecer.

Las esperanzas de que la Industria tomara el relevo de la Construcción se han disipado. Las Exportaciones se ha resentido del menor crecimiento europeo y americano y han empezado a caer. Ahora vamos a pagar todos los años que hemos dejado crecer precios y salarios por encima de la media europea, lo que ha provocado una fuerte pérdida de competitividad y una importante caída de nuestra cuota de mercado en el mundo. 

Así que la economía española, como los vendedores ambulantes, tiene de todo 

         una crisis inmobiliaria con un legado muy serio de familias endeudadas,

         una restricción bancaria provocada por una balanza de pagos insostenible, 

         una caída del consumo derivada de una crisis de confianza, y

         una pérdida de competitividad originada por una inflación diferencial. 

Diga lo que diga el nuevo Gobierno, que ya acepta que no se crecerá este año por encima del 2,5%, el margen de maniobra de la política económica es escaso. Los salarios van a seguir creciendo (4,5% por hora trabajada), la inflación se ha disparado  (media del año en 2008 no menor del 4%), la competitividad perdida no se recupera de la noche a la mañana, la construcción no va a ser sustituida como locomotora del crecimiento por nada, y el famoso superávit fiscal, que en su mayor parte no es otra cosa que un excedente temporal de tesorería de la Seguridad Social, se va a esfumar a gran velocidad. En un año, las prestaciones de  desempleo han crecido un 18%. 

Es cierto que los tipos de interés son bajos, y van a descender aún más cuando sepamos en qué queda la crisis bancaria, pero con un barril de petróleo por encima de los cien dólares y un euro por encima de 1,5 dólares, no hay  margen de reacción. La economía española se va a convertir en una gallinácea de vuelo rasante, al ritmo que determine una capacidad de cambio que, digan lo que digan los políticos, no es considerable. 

4. Incluso en la economía vasca, el número de empresas innovadoras, capaces de bandearse en una situación como esta, no es muy abundante. Esta es precisamente la asignatura pendiente que el nuevo ciclo económico  obliga a afrontar.  

La Administración Vasca, que encara el horizonte con ilimitada confianza, estima un crecimiento para 2008 del 3,2% (antes, 3,6%) y la creación de casi 20.000 puestos de trabajo. El problema es que la economía vasca suele crecer más que la economía española cuando todo marcha bien, que es lo que ha pasado estos últimos años, pero crece menos cuando las cosas no van tan bien, que es lo que va a ocurrir en los próximos. Y en 2008 España va a crecer poco más del 2%. 

Resulta comprensible que  la confianza de las empresas en el futuro sea mucho menor. Si comparamos el presente con la crisis de 1993, en la que fueron capaces de generar una formidable reacción, el contraste no deja de ofrecer luces pero también sombras. Aunque ahora las empresas están mejor preparadas, las dificultades que plantea el nuevo ciclo son también diferentes. Sus estructuras financieras son mucho más sólidas (se ha ganado mucho dinero) pero ha vuelto a aumentar el endeudamiento, y en mal momento. La escasez de gente cualificada es patente, la productividad ha mejorado muy poco, y aunque las exportaciones han crecido notablemente en 2007 (+14%), a partir de ahora nuestros mercados naturales van a crecer muy poco. Ahora vamos a descubrir lo que significa no poder devaluar con una oferta productiva convencional, resultado en parte de la dudosa rentabilidad de bastantes inversiones en tecnología.  

A todos los efectos, un nuevo ciclo económico ha comenzado. No bastará con resistir, habrá que cambiar de estrategia. Quienes están profundamente convencidos de la capacidad de este país para reinventarse tienen en esta coyuntura una magnífica oportunidad para demostrarlo.

 

                                                            Antxon Perez de Calleja, abril 2008

 

 

 

        

Navegar de bolina hacia el Norte (Top of the Page)


Quiénes somos | Catálogo de servicios | Informe de Coyuntura | Comentarios de actualidadLinks Economía | Euro | Contácte con nosotros | Galería de Imágenes | Passion | Home | Mapa del Sitio

About Us | Catalogue of services |  Economic Outlook | Current economic issues   Economics & Finance Links | The Euro | Gallery of Images |   Passion | ContactUs |  Back to Home | Site Map