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XXXI
Cuando el la noche te envuelven
las alas de tul del sueño ,
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano ;
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía ,
cuanto poseo:
¡La luz, el aire
y el pensamiento !
Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto ,
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo ;
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo ,
diera, alma mía ,
cuanto deseo :
¡La fama , el oro ,
la gloria , el genio !
Cuando enmudece tu lengua ,
y se apresura tu aliento ,
y tus mejillas se encienden ,
y entornas tus ojos negros ;
por ver entre tus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos ,
diera , alma mía ,
por cuanto espero,
¡la fé , el espíritu,
la tierra , el cielo !
XXXII
Este armazón de huesos
y pellejo ,
de pasear una cabeza loca
cansado se halla al fin ,y no
lo extraño
porque, aunque es la verdad
que no soy viejo
de la parte de vida que me toca
en la vida del mundo, por mi
daño
he hecho un uso tal , que juraría
que he condensado un siglo en
cada día
Así, aunque ahora muriera
,
no podría decir que no
he vivido ;
que el sayo , al parecer nuevo
por fuera ,
conozco que por dentro ha envejecido
.
He envejecido, sí ;¡
pese a mi estrella!,
harto lo dice ya mi afán
doliente :
que hay dolor que, al pasar,
su horrible huella graba
en el corazón, si no en la frente .
XXXIII
Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama ;
dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca ,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan ;
dos olas que bienen juntas
a morir sobre una playa ,
y que al romper se coronan
con un penacho de plata ;
dos jirones de vapor
que del lago se levantan ,
y al reunirse en el cielo
forman una nube blanca ;
dos ideas que al par brotan ,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden ...,
eso son nuestras dos almas .
XXXIV
Dejé
la luz a un lado , y en el borde
de la revuelta
cama , me senté,
mudo, sombrío
, la pupila inmóvil,
clavada en la pared .
¿Qué tiempo
estuve así ? No sé ,al dejarme
la embriaguez horrible
de dolor ,
expiraba la luz , y en
mis balcones
reía el sol .
Ni sé tampoco
en tan terribles horas
en qué pensaba
o qué pasó por mí ;
sólo recuerdo
que lloré y maldije ,
y que en aquella
noche envejecí .
XXXV
Olas gigantes
que os rompéis bramando
en las playas
desiertas y remotas
envuelto
entre la sábana de espuma
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas
de huracán , que arrebatáis
del alto
bosque las marchitas hojas
arrastrado
en el ciego torbellino
¡llevazme con vosotras!
Nubes de tempestad
, que rompe el rayo
y en fuego
encienden las sangrientas orlas ;
arrebatado
entre la niebla oscura ,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme,
por piedad ,a donde el vértigo
con la razón
me arranque la memoria ...
¡Por
piedad!...¡Tengo miedo a quedarme
con mi dolor a solas!
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