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LXXVI
No dormía; vagaba en
ese limbo
en que cambian de forma los
objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.
Las ideas, que en ronda silenciosa
daban vueltas en torno a mi
cerebro,
poco a poco en su danza se movían
con un compás más lento.
De la luz que entra al alma por
los ojos
los párpados velaban
el reflejo ;
mas otra luz el mundo de visiones
alumbraba por dentro.
En ese punto resonó en
mi oído
un rumor semejante al que en
el templo
vaga confuso, al terminar los
fieles
con un amén sus rezos.
Y oí como una voz delgada
y triste
que por mi nombre me llamó
a lo lejos,
y sentí olor de cirios
apagados
de humedad y de incienso .
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Entró la noche, y del
olvido en brazos
caí, cual piedra , en
su profundo seno;
dormí,no obstante,al
despertar mé:"¡Alguien
que yo quería ha muerto .
LXXVII
Me ha herido recatándose
en las sombras,
sellando con un beso su traición
.
Los brazos me echó al
cuello,y por la espalda
partióme a sangre fría el corazón.
Y ella prosigue alegre su camino
,
feliz, risueña, impávida;
¿y por qué?
Porque no brota sangre de la
herida ...
¡Porque el muerto está en pié !
LXXVIII
¡No me admiró
tu olvido! Aunque de un día
me admiró tu cariño mucho más;
porque lo que hay en mí
que vale algo,
eso ...¡ni lo pudiste sospechar!
LXXIX
Porque son, niña , tus ojos
verdes como el mar , te quejas;
verdes los tienen las náyades ,
verdes los tuvo Minerva ,
y verdes son las pupilas
de las hurís del profeta .
El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera,
entre sus siete colores
brillante el irisa lo ostenta .
Las esmeraldas son verdes,
verde el color del que espera,
y las ondas del Océano ,
y el laurel de los poetas .
Es tu mejilla temprana
rosa de escarcha cubierta,
en que el carmín de los pétalos
se ve al través de las perlas.
Y, sin embargo
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas ;
que parecen sus pupilas,
húmedas, verdes e inquietas,
tempranas hojas de almendro,
que al soplo del aire tiemblan
Es tu boca de rubíes
purpúrea granada abierta,
que en el estío convida
a apagar la sed con ella .
Y, sin embargo
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas ;
que parecen, si enojada
tus pupilas centellean,
las olas del mar que rompen
en las cantábricas peñas
Es
tu frente , que corona
crespo el oro en ancha trenza,
nevada cimbre en que el día
su postrera luz refleja.
Y, sin embargo
sé que te quejas
porque tus ojos
crees que la afean:
pues no lo creas ;
que entre las rubias pestañas,
junto a las sienes, semejan
broches de esmeralda y oro
que un blanco armiño sujetan.
Porque son,niña, tus ojos
verdes como el mar te quejas;
quizá, si negros o azules
se tornasen, lo sintieras .
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