|
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||
|
Introducción Puede parecer injusto destacar algunos nombres de
los hacedores de la cultura y las ciencias húngaras, porque son innumerables
las personas que han realizado algo duradero para el bien de toda la
Humanidad. He aquí algunos nombres de destacadas figuras de nuestra nación: Sándor
Kõrösi Csoma (1784-1843), orientalista, quien sirvió de enlace entre
el corazón y el espíritu de Oriente y Occidente. Ányos Jedlik
(1800-1895) fue el inventor del dínamo. Debemos a János Irinyi
(1817-1895) las cerillas silenciosas. Tivadar Puskás (1844-1893)
construyó la primera central telefónica. El transformador fue obra conjunta
de Károly
Zipernowsky (1853-1942), Miksa Déri (1854-1938) y Ottó
Bláthy (1860-1939). Lumbrera de las ciencias húngaras fue el
matemático y filósofo János Bolyai (1802-1860), quien
revolucionó la geometría. Hasta nuestros días, 12 científicos de procedencia
húngara han recibido premios Nobel: 1905 - Fülöp Lénárd
(1862-1947), 1915 - Róbert Bárány (1876-1936), 1925 - Richárd
Zsigmondy (1865-1929), 1937 - Albert Szent-Györgyi (1893-1986),
1943 - György Hevesy (1885-1966), 1961 - György Békésy
(1899-1972), 1963 - Jenõ Wigner (1902-1955), 1971 - Dénes
Gábor (1900-1979), 1986 - John C. Polanyi (1929-), 1986 - Elie Wiesel (1928-),
1994 - György Oláh (1927-) y 1994 - János Harsányi (1920-).
Con justa razón podríamos agregar a esta lista los nombres de: János
Neumann (1903-1957), Zoltán Bay (1900-1992), Tódor
Kármán (1881-1963), Leó Szilárd (1898-1964) y Ede
Teller (1908-). Y todavía no
hemos mencionado a Ferenc Liszt (1811-1886), Béla
Bartók (1881-1945) y Zoltán Kodály (1882-1967), o a Mihály
Munkácsy (1844-1900) y Tivadar Csontváry-Kosztka
(1853-1919). Un juguete extremamente popular en el mundo entero, el
"cubo mágico", que sirve para desarrollar el pensamiento lógico y
la visión tridimensional del espacio, también es un producto intelectual
húngaro, invento de Ernõ Rubik (1944-). ¿De dónde provienen los
húngaros?
El surgimiento y los resultados del orientalismo húngaro Para nuestro pueblo, el Oriente
significa más que un mero concepto geográfico, ya que la Historia demuestra
que en Europa Central no hay otro país, pueblo ni idioma, que guarde una
relación tan estrecha con el Oriente como el húngaro. El origen de nuestro pueblo, y luego también numerosos capítulos de
nuestra historia se vinculan con
el continente asiático. Por esta razón, los estudios orientales se han
convertido en parte orgánica de nuestra vida científica nacional. La atención, que no sólo ha
abarcado el continente asiático, sino también los países de Africa del Norte,
en nuestro país siempre ha surgido del interés
científico, siempre ha estado encaminado a servir alguna meta científica,
por lo cual no ha hecho más que conseguirnos nuevos amigos. Según lo testifica la prehistoria húngara, los antepasados
de los húngaros de hoy debieron separarse de los pueblos fino-ugrios
residentes en la región de los ríos Volga y Kama alrededor del siglo V de nuestra
era, para desplazarse luego a los territorios al norte del Cáucaso y de
Crimea. Dicha región era, en todos los aspectos, parte orgánica del enorme
mundo de las estepas, que se extiende desde el Asia Interior hasta la cuenca
del Danubio y fue el escenario de la milenaria migración de los pueblos
nómadas, procedentes del Este con rumbo a Occidente. Entre los pueblos
migrantes procedentes de las estepas asiáticas llegaron aquí, sin excepción
alguna, los hunos, los ávaros, los búlgaros, los pechenegos, los kipchakos y
los mongoles, que luego prosiguieron
su camino hacia el oeste o suroeste. La aparición de los húngaros en
las estepas rusas meridionales prácticamente determinó su suerte futura: se
hicieron partícipes del grandioso desplazamiento este-oeste de los pueblos
nómadas. A lo largo de sus migraciones, entre el siglo V y el siglo IX,
establecieron contacto y convivieron con pueblos, principalmente de etnia e
idioma turco e iraní. Dan fiel
testimonio de las estrechas relaciones mantenidas las palabras de este origen, adoptadas por nuestro idioma. Las primeras crónicas escritas sobre los húngaros también se remontan
a esta época. Dichas informaciones se las debemos a los geógrafos y viajeros
musulmanes, que observaban con suma atención los acontecimientos del mundo de
los nómadas esteparios. En este itinerario de las
migraciones por las estepas, para los pueblos nómadas la Cuenca de los
Cárpatos significaba la estación final, ya que ésta era la frontera entre el
mundo nómada y el mundo sedentario. Los nómadas que precedieron a los
húngaros, los hunos de Attila y los ávaros de Baján, también se establecieron
aquí y desde este lugar libraron su lucha -finalmente fracasada- contra las
civilizaciones romana, bizantina y franca. No obstante, los magiares, que
aparecieron en esta región a fines del siglo IX, dirigidos por Árpád,
lograron fundar su patria en la Cuenca
de los Cárpatos, y conservando su independencia étnica, lingüística y
política, se incorporaron en la civilización del mundo sedentario.Tras la
conquista de la patria, los húngaros conservaron durante varios siglos sus
recuerdos referentes al oriente. Un monje llamado Otón fue el primero que buscó y encontró, en las cercanías del
Cáucaso, a los húngaros rezagados, y luego, en 1235, un grupo de monjes
domínicos encabezados por el monje
Julianus partió con el fin de buscar a los grupos étnicos de los húngaros
que se habían quedado en la patria primitiva. En la zona de los ríos Volga y
Kama, efectivamente encontraron a tribus que hablaban húngaro, sin embargo
estos se dispersaron debido al ataque mongol que se desencadenó pronto, y
después los diseminados pequeños grupos de húngaros se asimilaron a los
pueblos de la región. El monje Julianus fue el único que sobrevivió la
peligrosa hazaña, quien nos legó su informe escrito acerca del accidentado
viaje. Al mismo tiempo, los húngaros
siguieron manteniendo contactos con pueblos del Oriente (por ejemplo, con los
pechenegos y los cumanos), porque la Cuenca de los Cárpatos, que pasó a
formar parte del mundo europeo sedentario, siguió siendo durante siglos el
objetivo de las migraciones nómadas. Los húngaros lucharon contra ellos y
después asentaron a una parte
importante de ellos en tierras
húngaras. La última migración nómada que sacudió al mundo europeo, la
invasión mongola del siglo XIII, apenas por un año pudo convertir nuevamente
la Cuenca de los Cárpatos en parte del mundo nómada. La continua apertura del país
hacia el Oriente en la Edad Media lo demuestra bien el importante papel que
jugaron los caliz y los ismaelitas en la vida comercial de Hungría, en el
mantenimiento de relaciones con el Levante. En el Medio Oriente también se
tenía en cuenta a los húngaros, cuyo nombre aparece con frecuencia en
distintos escritos de historia árabe. A mediados del siglo XVI, los turcos osmanlíes ocuparon durante 15O
años Buda, la capital húngara, y el tercio central del país. Con ello se
inició un nuevo capítulo de la
historia húngara sobre las relaciones orientales. Los enfrentamientos armados que
se libraron durante siglos y que desembocaron en la ocupación del país,
naturalmente cobraron muchísimas víctimas y causaron una enorme devastación.
No obstante, este cruento capítulo de la historia da testimonio de la
simbiosis cultural de los pueblos y del fortalecimiento de las influencias orientales que afectaron
a nuestro país. En los territorios ocupados cambió la fisonomía de las ciudades: se construyeron mezquitas, minaretes,
baños, etc., que hoy en día forman parte de nuestros monumentos
arquitectónicos más preciados. En los mercados aparecieron las mercancías
orientales de los Balcanes y también se arraigaron en tierra húngara algunos
ramos de la artesanía del mismo origen, como por ejemplo los oficios de
peletería y orfebrería. Las alfombras, las prendas de vestir, las joyas,
armas, etc. orientales se apreciaban mucho en aquella época, y pasaron a
formar parte del decorado de las casas de las familias húngaras más
acomodadas, mientras que los motivos ornamentales de las mismas enriquecieron
el arte folklórico húngaro. Numerosos hechos testifican los
efectos de la cultura turca sobre
la vida cotidiana. Es suficiente sólo mencionar el deleite del café y del
tabaco, que también se arraigó en ese período. También es testigo de dicha
influencia, la cocina húngara, que conoce gran cantidad de platos de origen
turco. El vocabulario del idioma húngaro en ese período se enriqueció con
centenares de palabras advenedizas turcas. Los siglos posteriores a la
ocupación turca dan muestras de un creciente interés por el Oriente. Ello se
fortaleció de sobremanera a fines del siglo XVIII, comienzos del s. XIX,
cuando el país, que entraba en la era de la renovación nacional, quería
revelar su prehistoria con medios
científicos. En Hungría, donde la conciencia del origen oriental no se ha olvidado
en ningún momento, las cuestiones de la historia del pueblo y de su idioma
comprensiblemente dirigieron hacia Asia la atención de los investigadores. El primero en emprender viaje
hacia el lejano Oriente fue el ya legendario y mundialmente famoso orientalista
húngaro Sándor Kõrösi Csoma
(1784-1842). Provenía de una familia szekler de escasos recursos. Inició sus
estudios en el colegio de Nagyenyed, en Transilvania, como alumno sirviente
(se enseñaba gratuitamente a los alumnos pobres a cambio de su trabajo de
sirviente). A partir de 1815, con una beca inglesa cursó estudios de
lingüística oriental en la universidad de Göttingen (Alemania). Allá tomó la
decisión de partir a pie a Asia y buscar la patria primitiva de los húngaros.
Entre los idiomas orientales, aprendió el turco, el árabe, el persa y el
bengalí. A lo largo de su viaje iniciado en 1819, llegó a la India a través
de Irán y Afganistán. En Tibet Occidental, W. Moorcroft, viajero y estudioso
inglés, despertó su atención hacia el aprendizaje del idioma tibetano. Comenzó a estudiar la lengua y
la cultura tibetanas en los monasterios situados entre los montes del
Himalaya, en circunstancias inhumanas, y como resultado de su trabajo publicó
en Calcuta su Diccionario
tibetano-inglés y su Gramática tibetana,
con lo cual realizó un hecho de importancia pionera en la historia de la
lingüística oriental. Kõrösi Csoma, tras 10 años de trabajo en la Compañía
Asiática de Bengala en Calcuta, en 1842 partió nuevamente hacia Tibet, para
investigar los ancestros y parientes de los húngaros. No pudo cumplir su
cometido, porque durante el viaje se enfermó de malaria y murió en
Darjeeling, India. Kõrösi Csoma se distinguió
notablemente de los orientalistas de la Europa de su época por el hecho de
que sus investigaciones orientales estaban al servicio del estudio de su
propia nación. No llegó a la India al servicio de las ambiciones políticas de
ninguna potencia extranjera, ni buscando el exotismo del país. En los pueblos
asiáticos veía a nuestros parientes y amigos, estudió sus costumbres y
religiones con absoluta apertura y comprensión. Siempre hacía hincapié en los
valores humanos comunes y no en los formalismos distintivos. Al obrar de esta
forma, dio un ejemplo, aún vigente, en cuanto al comportamiento para con otras
culturas. Kõrösi Csoma no solamente se
destaca entre los investigadores y viajeros húngaros a Asia, sino también
entre todos los viajeros y orientalistas húngaros. Más allá de los estudios
tibetanos, cuyas bases las sentó él, su contribución también fue muy
importante en muchos otros ramos del orientalismo. Se le reconoce
mundialmente por sus cualidades humanas especiales, por su perseverancia y
por sus sobresalientes logros científicos.Toda una serie de estudiosos
húngaros lo consideró como ejemplo y partió hacia Asia guiado por los mismos
objetivos y siguiendo sus huellas, creando las distintas ramas
delorientalismo húngaro y logrando resultados de importancia internacional. El interés por la lengua turca
ya en el siglo XVII originó obras de gran valor, sin embargo, el primer
maestro internacionalmente reconocido de la turcología fue Ármin Vámbéry
(1832-1913), quien emprendió camino hacia el Oriente algunas décadas después
de la muerte de Kõrösi Csoma, para llevar a cabo investigaciones de las lenguas
turcas. Ignác Kúnos se consagró al
estudio del lenguaje popular turco hablado en Turquía: a él se deben los primeros registros de dialectos y
textos folklóricos. Imre Karácson
llevó a cabo una labor pionera en la investigación del valioso caudal de documentos de los archivos
de Turquía. Sigue posteriormente sus pasos Lajos Fekete, fundador de
la diplomática otomano-turca. La obra de József Thúry, Zoltán Gombócz, Gyula Németh y Lajos Ligeti abarca
casi un siglo entero, brindando conocimientos y enseñando métodos en el
terreno de la turcología. No obstante, no fue la
turcología el único ámbito de las relaciones y de la colaboración entre
Turquía y Hungría. A fines del siglo XVII finalizó
en Hungría la dominación otomano-turca. Paulatinamente desaparecieron los
recuerdos relacionados con los enfrentamientos armados, y se hizo hincapié en
los lazos que nos unían. Es más, dado que para el pueblo húngaro el cese del
dominio otomano-turco significó al mismo tiempo el inicio de movimientos y
luchas de independencia contra los nuevos conquistadores, los Habsburgo,
llegaron a establecerse relaciones amistosas entre los antiguos enemigos. Los
líderes de las luchas anti-Habsburgo, que se vieron obligados a emigrar -a fines del siglo XVII,
Thököly, a comienzos del siglo XVIII, Ferenc Rákóczi y a mediados del s. XIX,
Lajos Kossuth- todos encontraron refugio
en el Imperio Otomano. Sus recuerdos se relacionan con las ciudades de
Izmir, Tekirdag y Kütahya, respectivamente. Hasta fines del siglo XIX, la
población de Tekirdag dejó intactos los territorios puestos a disposición de
la emigración de Rákóczi, por considerarlos “tierras del rey húngaro”. Un
gran número de emigrantes húngaros jugó un papel nada despreciable en la vida
del Imperio. Ibrahim Müteferrika
(cuyo nombre húngaro aún hoy en día es un misterio), quien llegó a Turquía en
los tiempos de la emigración de Rákóczi, fue el padre de la impresión de libros en ese país. Ferenc Tóth, perteneciente a la “segunda generación” de la
emigración, se destacó en la organización de las unidades de artillería del ejército turco y en la planificación
de los fuertes del estrecho de Çanakkale.Varios de los emigrantes que
llegaron a Turquía con Lajos Kossuth (Mór Perczel, Kázmér Batthyány, Gábor
Egressy, Richard Guyon) hacen en sus respectivas memorias cálidos recuerdos
de los años pasados en tierra turca. El legendario “abuelo Bem”, Richard
Guyon, Miksa Stein y József Kollaman continuaron su actividad en el ejército
otomano. Ödön Széchenyi creó el cuerpo de bomberos de Estambul. Merece mención
especial la hija de Ödön Fényes, quien unió para siempre su vida a Turquía:
en su persona los turcos celebran a su primera
poetisa, Nigár Haním. Las relaciones políticas
llegaron a su primer apogeo a fines de los años ‘70 del siglo XIX. La opinión
pública húngara, recordando aún vivamente el papel jugado por Rusia en la
derrota de la lucha de independencia de 1848/49, expresó de manera
demostrativa su simpatía para con los turcos en la guerra ruso-turca. Por
iniciativa de la juventud universitaria, se hicieron colectas de medicamentos
y dinero, que luego, junto con una espada de oro, fueron llevados a Turquía
por una delegación especial. Todo esto ejerció una enorme
influencia sobre la opinión pública turca: inesperadamente el país había
logrado un nuevo amigo sincero, al que de inmediato saludaron como “hermano
húngaro”. Este título, surgido en aquellos tiempos, y que se aplica
únicamente a los húngaros, entre los pueblos sin parentesco lingüísticos con
los turcos, se usa aún hoy en día. Prueba fehaciente de la profundización de
las relaciones fue el gesto del sultán Abdülhamid II, quien devolvió a
Hungría los valiosos códices húngaros llevados desde Buda a Turquía, los
llamados Corvinas.La actividad desempeñada en Turquía por Oszkár Asbóth, diseñador de aviones
que posteriormente alcanzó gran fama internacional y cuyo trabajo estuvo
relacionado con los comienzos de la aviación
turca, coincidió con el período inmediatamente anterior a la primera
guerra mundial. En los años ‘20, cuando en la
Turquía de Kemál Atatürk se inicia el proceso de ampliación de los
fundamentos del estudio de la lengua, la literatura y la histora turcas, es
comprensible que la turcología húngara haya jugado un papel importante en
esto. Numerosos estudiantes turcos cursaron sus estudios en Budapest, en la
Cátedra de Turcología de la universidad. Sus nombres hablan por sí mismos: H.
Z. Koðay, R. H. Özdem, N. K. Orkun, H. Eren, T. Gökbilgin, I. Kafesoglu, S.
Bastav, S. N. Özerdim, etc. Todos ellos desempeñan un rol protagónico en las ciencias
turcas, en las universidades y demás instituciones del país. Contribuyó a
fortalecer y aún sigue fortaleciendo estos lazos la Cátedra de Hungarología de la Universidad de Ankara, cuyos
primeros profesores, László Rásonyi y Tibor Halasi-Kun se distinguieron en la
vida científica turca. En la era de la República de
Turquía, Antal Ráthly y Ferenc Csiky cumplieron un papel notable en la
modernización del servicio
meteorológico turco, de la agricultura
y de la ganadería, respectivamente. La vida científica internacional
reconoce a Lajos Fekete como creador de la institución archivística turca, y dentro de ella, de la
paleografía y diplomática turcas.En esta serie de personalidades famosas le
corresponde un lugar especial a Béla
Bartók, quien durante su permanencia en Turquía se convirtió en el
promotor de la investigación de la
música popular turca. Su ilustre acompañante de aquel entonces fue Adnan Saygun, fiel seguidor de la vía
bartokiana, el mayor compositor de Turquía. Hasta ahora, la Academia de Ciencias
de Hungría ha contado en sus filas con dos miembros turcos: M. F Köprülü y H.
Eren. Por el otro lado, la membresía de numerosos científicos húngaros en la
Sociedad Lingüística Turca y en la Sociedad Histórica Turca nos indica que
las ciencias turcas también han tenido y tienen presente los resultados de
las investigaciones de los turcólogos húngaros. Esta tradición no se ha
interrumpido. Hoy en día también un gran número de alumnos turcos estudia en
Hungría, y no son pocos los estudiantes becarios húngaros que viajan a
Turquía para cursar estudios o llevar a cabo investigaciones. Un bello símbolo de las
relaciones de amistad entre los dos pueblos lo constituyó el hecho de que
Süleyman Demirel, presidente de la República de Turquía, en su visita a Hungría
en el otoño de 1994, inaugurara un monumento a Solimán el Magnífico en
Szigetvár, donde el gran conquistador finalizó su vida durante el sitio del
castillo. Este acontecimiento demuestra fielmente el trayecto histórico que
condujo a que los antiguos enemigos, que en su momento lucharon en el campo
de batalla, hoy puedan estrecharse la mano en signo de amistad. X X
X Una de las etapas tempranas muy
importantes de las relaciones en el terreno
de la arabística, o estudios arábicos,
fue la actividad desarrollada a comienzos del siglo XIX por János Dombay, cuyo excelente libro
escrito sobre la lengua hablada en Marruecos antecedió en más de medio siglo
la aparición de las obras posteriores de carácter análoga. Edward Rehatsek, mundialmente bien conocido, pero
sobre todo en territorio de habla inglesa, nació en 1819, y tras haber
cursado estudios universitarios en Pest, en 1847 se estableció en Bombay,
donde se dedicó principalmente a traducir de los distintos idiomas islámicos
(árabe, persa, urdu) al inglés. Su obra más destacada fue una traducción de
más de mil páginas, sobre la vida del profeta Mahoma. Hungría siempre ha tenido relaciones muy estrechas con Egipto. Cabe destacar tres elementos
de la historia de las mismas: 1. Constituye un punto sumamente interesante de las
relaciones egipcio-húngaras la cuestión de los llamados “magiarabes” (hungárabes). Ello significa que en Egipto del Sur,
en Nubia (cerca de la frontera sudanesa), vive -de manera casi inexplicable
para los investigadores- una pequeña etnia que se considera originaria de
Hungría y cuyos integrantes hasta hoy en día se llaman a sí mismos
magiarabes. 2. En la arquitectura de Egipto, y especialmente del Cairo
moderno, el papel protagónico lo desempeñó un húngaro, el arquitecto Miksa Herz, conocido en
Egipto por el nombre bajá Herz. Entre los edificios públicos diseñados por
él, solo o conjuntamente con Eiffel,
se destaca el Museo Egipcio, que aún hoy en día es visitado por millones de
personas al año. 3. En Hungría, en el proceso de conocimiento del mundo árabe,
siempre tuvo mucha importancia el interés de carácter netamente cultural. La
principal fuerza motriz en este terreno fue el aprendizaje del idioma árabe. En Hungría la enseñanza de los
idiomas orientales se remonta a un pasado de más de trescientos años. Al
igual que en otros países de Europa, en Hungría la enseñanza de los idiomas
orientales también comenzó con la de las lenguas semitas, como ciencia
auxiliar de la teología cristiana y de la investigación de la Biblia. No
obstante, la cátedra para el idioma árabe establecida en 1873 en la universidad de Budapest tenía un carácter más bien
científico (de orientalismo) y no teológico. En dicha cátedra obtuvo el
título de profesor honorario el ya entonces mundialmente afamado investigador
del Islám y científico arabista, Ignác
Goldzíher (1850-1921), quien en su vida gozó de gran prestigio y era muy
conocido en el mundo árabe, sobre todo en Egipto. El famoso historiador y
ministro de cultura del siglo pasado, el bajá
Ali Mubárak, no solamente aceptó a Goldzíher como autoridad absoluta en
la materia, sino que incluso le escribió en varias oportunidades y le envió
su obra principal, de una docena de tomos, para que él expresara su opinión
sobre la misma. En Egipto, las obras de Goldzíher comenzaron a ser traducidas
al árabe poco después de su muerte, lo que se ha hecho con muy pocos
arabistas europeos. En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial,
cuando se observaba con creciente recelo la actividad de los orientalistas
europeos, y especialmente la de aquellos que se dedicaban al Islám,
culpándoles tanto de ignorancia como de subjetividad, a Goldzíher nunca le
hicieron tales acusaciones, ni siquiera después de su muerte, es más, por lo
general su nombre se mencionaba entre las excepciones. A partir de la segunda mitad de
los años 1950 se firmaron convenios culturales entre Hungría, por un lado, y
Egipto e Irak, por el otro, y posteriormente también con Kuwait y Túnez. En
muchos casos estos convenios han permitido que estudiantes viajen como
becarios a países árabes. En 1953 Gyula Germanus fue designado profesor de la Cátedra de Literatura
e Historia de la Cultura Arabes. Como conocedor de las circunstancias árabes
modernas, en sus conferencias se dedicaba a los problemas de la literatura,
la historia de la cultura, el sistema jurídico árabes, así como del
desarrollo más reciente del Islám. Estableció estrechas relaciones con
excelentes representantes activos de la literatura y de las ciencas árabes.
Sus obras fueron publicadas en numerosos países árabes y en revistas
musulmanas de Londres. La historia de la literatura árabe (1962) de Gyula
Germanus pertenece a la categoría de las obras científicas escritas de manera
comprensible para el público en general. También participó en la labor de traducción
y publicó una antología de la poesía árabe clásica y moderna en idioma
húngaro (1961). Su libro titulado Allah
Akbar es un libro de viajes y al mismo tiempo la descripción científica
del peregrinaje muslim, que tras las traducciones al italiano y al alemán, en
1968 se publicó su segunda edición en húngaro. Las investigaciones de la prehistoria húngara le dieron impulso a la
enseñanza del idioma árabe en Hungría, debido a que fuentes en lengua árabe contienen una gran cantidad de datos de
la historia húngara antigua. Entre las fuentes árabes
interesantes desde el punto de vista de la prehistoria húngara, las más importantes son las obras surgidas a
lo largo del siglo X. Entre ellas, el grupo de fuentes basado en la crónica
de Yhaijaní (Ibn Rusta, al-Bakrí,
al-Maqdisí, al-Muqaddasí), procedente de alrededor del año 870 d.C., menciona
por primera vez a los húngaros. El otro gran grupo de fuentes, que en lo
fundamental se remonta a la obra de al-Balkjí
(al-Istakjrí, Ibn Hauqal y Abúl-Fídá) ya da a conocer la situación posterior
al gran desplazamiento (migración de las tribus) del año 889. Ibn Fadlán, en su informe de
embajador, llama turcos a los bashkirios, pero sus turcos igualmente pudieron
ser húngaros. Los autores posteriores (así, entre otros, Ibn Saíd, al-Qazwíní
y Abúl-Fídá) tienen conocimiento de los húngaros del Danubio, y en base a
fuentes más antiguas también escriben acerca de los húngaros de los Urales, a pesar de no tener una imagen
clara de ellos. En la literatura geográfica
árabe de épocas posteriores también encontramos obras que constituyen
valiosas fuentes de la historia de Europa del Este. Tres escritores
estuvieron en Europa del Este, pero Abú
Hamid al-Garnáti es el único viajero árabe que visitó Hungría en 1150-53.
Durante tres años vivió en nuestro país, donde las tropas musulmanas eran las
unidades más importantes del rey húngaro. Como en todas partes, aquí también
enseña a los musulmanes nómadas, a algunos les muestra las ceremonias y otros
se convierten en sus discípulos. Al llegar a la ancianidad, cuando sintió que
era el momento de peregrinar a La Meca, el rey húngaro no quería dejarle ir,
por la influencia que ejercía sobre los muslim de Hungría. Debió prometer que
volvería y tuvo que dejar de rehén a su hijo mayor. “Los húngaros son gente
valiente y son tantos que ni se les puede contar. Su país consta de 78
ciudades, habiendo en todas ellas innumerables fortificaciones, con los
caseríos, pueblos, montes, bosques y jardines que les pertenecen. Hungría es
uno de aquellos países donde la vida es la más fácil y la mejor. Sus montes
encierran mucha plata y oro. Aquí viven millares de musulmanes originarios de
Magreb, así como también son incontables los de Jvarezm. Los que proceden de
Jvarezm sirven al rey y mantienen en secreto que son musulmanes. En cambio,
los provenientes de Magreb sólo en la guerra sirven a los cristianos y
profesan abiertamente el Islám.” - escribe Abu Hamid. X X
X El círculo de interés de la iranística (o estudios iranios) húngara
se centró en general en torno a tres núcleos. El primero, aquí también, surgió de la
investigación de la prehistoria
húngara. La obra del ya mencionado Ibn Rusta, escrita en el siglo IX-X en
idioma árabe, que describe a los húngaros de la era de la conquista de la
patria, usó como fuente el libro del visir samaníd Yhaijaní. La obra histórica de Gardézi, escrita en persa a mediados del siglo XI, también cita a
Yhaijaní al hablar de los húngaros. La cultura del antiguo imperio persa y la
supervivencia de la misma constituyen el segundo núcleo de interés. Viajeros
y orientalistas húngaros peregrinaron a las ruinas de Persépolis, hoy llamada
Takht-E Jamshid, desde Ármin Vámbéry
(1832-1913) hasta Sir Marc Aurel Stein
(1862-1943), quien investigó bajo bandera inglesa sin dejar de ser húngaro, y
sus expediciones en el territorio del Irán histórico lograron hallazgos
importantísimos para la arqueología. También se debió a Aurél Stein el
descubrimiento de los recuerdos escritos de lenguas hoy ya muertas,
pertenecientes al período mesoiraní de la familia de idiomas iraní, como el
baktriano y el khotaní, que abrió nuevos horizontes para las investigaciones
lingüísticas de la iranística de nuestro siglo. La revelación de los monumentos
lingüísticos iraníes antiguos, el examen del Avesta, de las inscripciones
reales persas antiguas y luego de las lenguas mesoiraníes, forman parte de
los grandes valores científicos de nuestra centuria. El lector húngaro ha
podido conocer algunos himnos del Avesta. Viven entre nosotros científicos
destacados del estudio de los monumentos lingüísticos iraníes antiguos y
mesoiraníes. La literatura persa es el tercer terreno e indudablemente el más
amplio, en torno al cual la atención de los científicos húngaros se remonta a
varios siglos, sin tener ninguna referencia húngara, tan sólo como
reconocimiento de lo bello y lo artístico. A mediados del siglo XVIII,
antes del inglés W. Jones, el conde
húngaro Károly Reviczky (1736-1793)
tradujo y comentó gazales
de Hafiz. Su dominio de los
idiomas persa y árabe hicieron de Mihály
Csokonai Vitéz (1773-1805), quizá el mayor poeta húngaro del Siglo de las
Luces, el mayor entendido de Omar
Khayyam y de Hafiz, y muchos
de sus poemas llevan la marca de la influencia de la poesía persa. Incluso
dedicó un estudio a la poética
asiática, incluyendo la poesía persa. De las traducciones de Béla Erõdi Harrach (1846-1936) se
destaca su traducción del Gulistan de Saadi. El que descubrió y dio a conocer
el folklor urbano, fue el terrateniente Sándor
Kégl (1862-1920), quien llegó a ser el primer profesor de lengua y
literatura persas en la Universidad de Ciencias Pázmány Péter (hoy:
Universidad de Ciencias Eötvös Loránd). Un destacado hito en la
investigación de Omar Khayyam es
la obra de Bertalan Csillik, quien
publicó los manuscritos de Omar Khayyam de la Biblioteca Nacional de París en
1933-34. Gracias a las hermosas traducciones de Lõrinc Szabó (1900-1957), aún
basadas en una versión del texto en inglés, Omar Khayyam fue justamente el
poeta persa más conocido en nuestro país hasta mediados del siglo. En los años sesenta, en la
cátedra de persa de la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd creció una nueva
generación, cuyos integrantes ya traducían del texto persa original. En varias ocasiones se publicó en
húngaro el Shah-nameh, la enorme obra épica de Firdausi, bajo el título Libro de los Reyes, así como la Antología
de poetas persas y la colección de Cuentistas persas
contemporáneos. Se tradujeron y publicaron en húngaro obras, por
ejemplo, de Bozorg Alavi, Sadeq Hedajat y Nizami Aruzi. Entre nuestros poetas, traductores literarios, se
destaca el nombre de Géza Képes
(1909-1989), quien aprendió el persa con el objetivo expreso de poder
traducirle al lector húngaro los poemas de Hafiz, Saadi y Lahuti. Los poetas traductores han conservado y reproducido fielmente las
soluciones formales espléndidamente ricas, pero de igual manera estrictas, de
la poética persa. El gazal persa se
convirtió en un gazal húngaro y la forma de verso del Shah-nameh en el húngaro siguió siendo el moteqareb. El exigente lector húngaro puede
saber cada vez más acerca de Irán y del pueblo iraní. Apareció la segunda
edición del Corán en húngaro y de la obra histórica de carácter general
titulada Irán - imperios y tradiciones. En la Universidad de Ciencias
Eötvös Loránd existe la especialidad
de iranística, cuya tarea primordial es la enseñanza del idioma persa. En
la Colección Oriental de la Biblioteca de la Academia de Ciencias de Hungría
existe una considerable cantidad de material en idioma persa que está a
disposición de los especialistas en estudios iranios, mientras que las
personas no expertas cuentan con la asistencia e información de la Sociedad
de Amistad Húngaro-Iraní, a cuyas conferencias y reuniones puede asistir
cualquiera persona. X X
X El primer dato en húngaro sobre China data del año 1760. La
intelectualidad húngara comienza a conocer en ese entonces la imagen de China
que hasta entonces se había configurado en el Occidente. Sin embargo, en el siglo XIX surge la posibilidad
de que estudiosos húngaros puedan adquirir informaciones de primera mano
acerca de China. Dichas posibilidades se establecieron principalmente en el
curso de viajes de investigación in
situ y expediciones. Cronológicamente y también por
su importancia, cabe mencionar primero la empresa del anteriormente ya
presentado Sándor Kõrösi Csoma.
Emprendió camino en búsqueda de los ancestros de los magiares, hacia
Turquestán del Este -hoy Sinkiang-, a la tierra de los uyguros que
consideraba un pueblo pariente, pero adonde no llegó nunca. Apenas medio
siglo después de su solitario viaje, entre 1877 y 1880 se llevó a cabo la
primera expedición húngara al Asia Oriental, organizada por el conde Béla Széchenyi. El éxito y
reconocimiento internacional que tuvo la expedición se debió principalmente a
los resultados de las investigaciones geográficas, paleontológicas y
geológicas del geógrafo Lajos Lóczy. Alrededor de fines del siglo
pasado y principios del presente la expedición de Széchenyi fue seguida por
otros viajes, como resultado de los cuales los lectores enriquecieron sus
conocimiento sobre China gracias a
una serie de libros y descripciones de viaje, artículos y reportajes. En
aquel entonces llegan también a nuestro país los primeros visitantes de la
China, entre ellos Kang Youwei,
líder del movimiento de reforma fracasado hacía algunos años (en 1898), que
vivía en la emigración, y que en su diario inmortalizó en versos su encuentro
con el “pueblo pariente” que había abandonado el Oriente: Blanca es la tez, de rosada
mejilla, pero la raza se conoce a la
milla: se alegran de verme, me traen
una silla, hoy me saluda toda la villa. Vengo a Hungría como raro
viajero, mi patria está lejos, en el
extranjero. En esta ocasión soy un pionero en venir de China a este
paradero. (Traducción de Tomás Bernáth) En esa misma época inicia su
serie de viajes de exploración el mayor investigador húngaro de Asia
Interior, el también ya mencionado Aurél
Stein. Recorre los caminos que conducen a China del Norte, tanto desde la
India, como por Asia Central, descubre los recuerdos de la ancestral cultura,
antiguamente floreciente en los oasis de Turquestán, los tesoros de las
cavernas-santuarios de los Mil Budas
en Tunhuang, aclara numerosos problemas del tramo chino de la ruta de la seda que atraviesa toda
Asia, etc. Resume sus viajes y sus logros en varias monografías escritas en
inglés.En la universidad de Budapest, la actividad sinológica se inició a comienzo de los años 1920, en la Cátedra
de Lenguas y Literaturas de Asia Oriental, y a principios de los años
cuarenta se puso en marcha la formación sistemática de sinólogos bajo la
dirección de Lajos Ligeti. Poco
después, a partir de los años 1950 también tuvimos la posibilidad de formar y
perfeccionar a especialistas en China misma. En los comienzos, la
investigación de China en Hungría se orientaba a la exploración del trasfondo
asiático más amplio de la prehistoria
húngara, o sea, fijó como meta primordial el examen de las fuentes chinas
referidas a los pueblos de Asia Interior. Luego, las relaciones establecidas
entre Hungría y la República Popular China crearon buenas condiciones para
dedicarse a la cultura china en sentido más amplio, desde las cuestiones
idiomático-lingüísticas hasta la historia de la literatura, desde la historia
hasta la filosofía, es más, hasta la historia del arte. A lo largo de las
últimas cuatro décadas se han publicado numerosas monografías e innumerables
estudios y artículos especializados sobre los temas arriba mencionados,
escritos sólo por algunos sinólogos
húngaros. Naturalmente, obras de las
bellas letras chinas ya se habían traducido también en épocas anteriores, de
esta forma fue muy popular el pequeño tomo titulado Poemas chinos y japoneses, publicado en varias ediciones sucesivas, de Dezsõ Kosztolányi, no obstante estas traducciones, casi sin
excepción alguna, fueron hechas sobre la base de un idioma intermedio. Como consecuencia de la aparición de los
traductores sinólogos, las dos terceras partes de las más de cien obras de las bellas letras chinas publicadas en
húngaro en los últimos 45 años fueron traducidas directamente del original. X X
X Los contactos científicos y
culturales húngaro- indios se
remontan a un largo pasado, hasta los siglos XV-XVI. La filosofía, la
religión y la literatura indias fecunda desde hace varios siglos la vida
espiritual húngara. Los húngaros primero se
encontraron con la cultura india a través de intermediarios. Las primeras
influencias identificables son del siglo XV. Una obra en latín del sacerdote
franciscano Pelbárt Temesvári hace
mención de un libro titulado Kilil,
que muy probablemente sea una alusión a la historia de Kalila y Dimma del Panchatantra. En el siglo XVI, un
autor desconocido tradujo al húngaro, en el Códice Kazinczy, la versión
latina titulada Barlaan y Josaphat,
de la leyenda de Buda. En los siglos XVII-XVIII ya existían en húngaro tres
traducciones del Panchatantra,
hechas de las versiones latina, turca y persa, respectivamente. El primer húngaro guiado a
tierras de la India por su ambición científica fue el destacado orientalista,
anteriormente ya presentado, Sándor
Kõrösi Csoma. Fue él quien descubrió que las escrituras sagradas del budismo, que se creían desaparecidas,
no se habían perdido irrecuperablemente como se pensaba en aquellos tiempos,
sino que se habían conservado en su traducción al tibetano. En 1836-39 fue el
primero en dar a conocer el contenido del canon budista tibetano de 325
volúmenes, el Kanyur (“Traducciones de las enseñanzas de Buda”) y el Tanyur
(“Traducciones de explicaciones”), así como la vida de Buda, fundador de la
religión. A raíz de sus artículos se desarrolla el estudio del budismo, e
incluso Schopenhauer, sobre quien éste ejerció una influencia decisiva,
también adquirió sus conocimientos acerca del budismo, de los estudios del húngaro.
Por lo tanto, sin ser parciales, podemos decir que Sándor Kõrösi Csoma fue
una autoridad fundamental no sólo en los estudios tibetanos, sino también del
estudio de la cultura budista. Lo que sabemos de él, se lo
debemos principalmente a otro excelente científico húngaro, Tivadar Duka
(1825-1908), quien tras el aplastamiento de la lucha de independencia húngara
se fue a la India como miembro del servicio británico, y con enorme esfuerzo
recopiló los escritos, los informes y las cartas olvidadas de Kõrösi Csoma,
para escribir la biografía del gran “húngaro-székely”. El primer taller científico
donde se llevaron a cabo investigaciones indianistas sistemáticas en Hungría,
fue el Instituto de Lingüística
Indoeuropea, creado en 1873 en la Universidad Pázmány Péter de Budapest,
donde a partir de ese entonces se impartieron clases regulares de idioma
sánscrito. El primer profesor de la cátedra fue Aurél Mayr (1846-1915). Su sucesor, József Schmidt (1868-1933) publicó numerosos libros de importancia
fundamental sobre temas de la lingüística indo-germana y de la cultura india.
Sus obras más relevantes fueron La
épica india antigua (1921), la Historia
de la literatura sánscrita (1923) y la Filosofía india (1923).En el siglo XIX son cada vez más los
húngaros que viajan a la India. Márton
János Honigberger (1795-1869), médico transilvano de origen sajón y el
pintor Ágoston Schoefft
(1809-1888) pasaron años en la corte del maharajá Randzhit Singh en Lahore.
En su libro de viajes sobre la India (Treinta
y cinco años en el Oriente), Honigberger describió una imagen rica en
detalles acerca de la vida en la corte de Lahore y de la personalidad del
maharajá. Vilmos Leitner (1840-1899) también pasó largo
tiempo en la India, donde llevó a cabo investigaciones antropológicas y
sociológicas. Estuvo entre los primeros que se dieron cuenta de la
importancia del arte de Gandhara.
Escribió un libro sobre el sistema educativo de Punjab y sobre el idioma
urdu. Fue uno de los fundadores de la Universidad de Punjab. Bálint Gábor Szentkatolnai
(1844-1913) llegó a la India con la expedición del conde Béla Széchenyi,
luego se separó del grupo y pasó largo tiempo en India del Sur. Estudió en
profundidad el idioma tamil, redactando su gramática y un diccionario. Además de Kõrösi Csoma, el otro
investigador húngaro de la India y de Asia Interior, más conocido en el mundo
entero, fue Aurél Stein
(1862-1943) -ya presentado junto con sus resultados de iranística-quien en
1888 se convirtió en profesor de lengua y literatura sánscritas en la
Universidad de Punjab en Lahore. En varias de sus obras se dedicó
a la historia india y a las condiciones religiosas y culturales del dominio
indo-escita, así como a la antigua geografía indo-iraní. Stein debió su fama
mundial a las expediciones dirigidas al actual Turquestán Oriental,
Afganistán e Irán. Buena parte del material recopilado como resultado de los
viajes de exploración fue llevada a Londres, mientras que la otra parte se
puede apreciar como una colección aparte en el Museo Nacional de Delhi. A
partir de 1910 desempeñó el cargo de director general de la Supervisión
Arqueológica de la India. Legó su valiosa biblioteca, sus manuscritos, cartas
y su colección de fotografías a la Academia de Ciencias de Hungría. En las primeras décadas del
siglo XX en Hungría se manifestaba un interés sin precedentes por la India.
Esto se debió en gran parte al culto de Rabindranath
Tagore en Hungría. Los traductores húngaros y el público reaccionaron
rápidamente al premio Nobel del poeta bengalí, que le fue otorgado en 1913.
Al cabo de muy poco tiempo más de 20 de sus obras aparecieron traducidas al
húngaro, algunas incluso llegaron a tener varias ediciones. En 1926 Tagore
viajó a Hungría y recibió tratamiento en el hospital de enfermedades cardíacas
de Balatonfüred. A orillas del lago Balaton guarda su recuerdo un árbol
plantado por él, que desde entonces
ha crecido enormemente. La visita significó el comienzo
de una relación duradera entre Tagore y Hungría. El gran poeta invitó a
muchos estudiosos y artistas húngaros a su universidad en Santiniketan. Entre
1929 y 1932 vivió y enseñó allá Gyula
Germanus (1884-1979). Perpetuó sus vivencias en la India en libros de
viajes vivos (Allah Akbar!, 1936, Hacia las luces de Oriente, 1966). Su
esposa, Rózsa Hajnóczi G. escribió
la crónica de los años que pasaron en Santiniketan en su popular libro
titulado Fuego de Bengala. En 1930
llegó a la India, por invitación de Rabindranath Tagore, la pintora Erzsébet Sass-Brunner (1889-1950),
discípula de Simon Hollósy. Las tradiciones espirituales y religiosas indias
ejercieron sobre ella una profunda influencia. Su arte -principalmente su
pintura paisajista y espiritual- se perfeccionó con el impacto de las
experiencias allí vividas. Su hija, Erzsébet
Brunner (1910-), galardonada con numerosos premios indios y húngaros, que
actualmente vive en Delhi, ha retratado a casi todas las personalidades
importantes de la India de este siglo. Ambas artistas húngaras se
convirtieron en figuras de gran prestigio en la vida artística india. El
historiador de arte Károly Fábri
(1899-1968) también viajó a la India en 1933 por iniciativa de Tagore, y
publicó muchos libros sobre distintas épocas de la historia del arte indio. En 1919 se creó un nuevo centro
húngaro de la investigación de la India, al fundarse el Museo Hopp Ferenc de Arte de Asia Oriental. El primer director de
la colección, el historiador del arte Zoltán
Felvinczi-Takáts (1900-1964), ha hecho muchísimo por enriquecer la
colección india del museo. Su libro titulado El arte del Oriente es el primer resumen de las artes indias en
idioma húngaro. A lo largo de su visita a ese país -cuyas experiencias
describió en el libro de viajes titulado Por
la ruta de Buda en el Lejano Oriente- estableció contacto con los
húngaros que vivían en la India y les alentaba a hacer donaciones al museo.
Por su mediación el comerciante de objetos de arte, residente en la India, Imre Schwaiger (1864-1940), regaló
numerosas esculturas y estatuas al museo.También estuvo relacionado con el
Museo Hopp Ferenc un importante período de la vida de Ervin Baktay (1890-1963), principal divulgador de la cultura
india en Hungría. Baktay comenzó su carrera como artista, luego dedicó su
vida al estudio de la cultura india. Fue el experto de India más
multifacético de su época. Basándose en las experiencias acumuladas en sus
viajes, escribió sus obras que aún en nuestros días se consideran manuales
básicos (India, 1931, El arte de India, 1958). También
fueron muy exitosas sus obras dedicadas a la filosofía y la astronomía indias
y al yoga. Se publicó en varias ediciones su biografía de Sándor Kõrösi
Csoma. Además, contribuyó con traducciones literarias de alto nivel a la
popularización de la literatura india en Hungría. La prima de Baktay, Amrita Sher-Gil (1913-1941), húngara
por el lado materno, se considera como una pionera de la pintura india
moderna. En sus obras se combinan las antiguas tradiciones de la India con
las mejores tentativas modernas. En 1962 se incrementaron en gran
medida las posibilidades de los contactos científicos y culturales
húngaro-indios con la firma del convenio
cultural, seguido por el acuerdo suscrito entre las academias de ciencias
de ambos países y luego por un convenio científico-técnico. Fueron cada vez
más los investigadores que pudieron viajar a India, creció una nueva
generación de indólogos, ampliando considerablemente el horizonte de los
estudios. Gracias al convenio cultural,
también en la India se sabe cada vez más acerca de la cultura húngara. En
1969 se inició la enseñanza de la lengua y literatura húngaras en la Universidad de Delhi, con la
participación de lectores húngaros. Se ha hecho más amplia la gama
de la formación indológica en Hungría. En la Cátedra Indoeuropea con grandes
tradiciones, de la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd de Budapest, la
investigación y formación sanscritista realizada hasta ese momento se
diversificó más, a partir de 1956 se inició la formación especializada de
indología y desde 1957 se enseñan los idiomas modernos de la India. En 1959
se publicó el primer libro de texto hindi para alumnos de lengua materna
húngara, y en 1973 el primer diccionario húngaro-hindi. Han sido publicadas
las traducciones de numerosas obras literarias clásicas indias (entre otros,
los Upanishads, los discursos de Buda, el Gita Govinda y el Bhagavad Gita). El Centro Cultural y de Información Húngaro de Delhi, fundado en
1978, es un importante organizador de las relaciones culturales y científicas
húngaro-indias y hasta el momento el único instituto cultural de nuestro país
en Asia. El instituto, además de organizar lecturas, encuentros profesionales
y conferencias de científicos húngaros e indios, también lleva a cabo una
intensa actividad editorial. Desde su fundación ha publicado más de cincuenta
libros y folletos en inglés, hindi y bengalí, sobre todo acerca de
científicos y artistas húngaros que han vivido y trabajado en la India, así
como traducciones de las obras de las principales figuras de la literatura
húngara. Hoy en día en Hungría se
manifiesta un interés sin precedentes hacia la cultura india. Los problemas
de nuestra era orientan la atención de muchos hacia la herencia espiritual de
las culturas orientales que destacan los valores internos. Esto explica la
expansión en Hungría de numerosas doctrinas de origen indio (movimientos
vaisnava bhakti, budistas) y la aparición de la literatura religiosa india en
un volumen nunca visto desde comienzos del siglo. X X
X La apertura nacional llevada a
cabo por Japón en la segunda mitad
del siglo XIX, así como su aparición en el ámbito político mundial, fueron
los acontecimientos que por primera vez despertaron un gran y serio interés
en la opinión pública húngara hacia ese país. Algunos reportajes de la época
dan fiel testimonio de lo dicho: “Debemos estar preparados a que
esta verdadera perla de Asia Oriental, recientemente rescatada del mar de las
tinieblas y del olvido, seguirá durante mucho tiempo atrayendo la atención
del mundo culto, lo mismo como antigüedad
que como novedad ...” (Periódico
del Domingo, Pest, 16 [1869]. Nº 18., 2 de mayo) “Con toda razón podemos ubicar a
los japoneses entre las naciones más laboriosas del mundo, y tienen un
talento sorprendente tanto para la industria y los oficios, como para las
artes más delicadas. Los productos industriales nipones que fueron
presentados en la última exposición mundial de París, despertaron admiración
general y se demostró claramente que en aquel imperio insular del Oriente
vive una nación que ha alcanzado un alto grado de desarrollo civil. Nosotros,
europeos no tenemos ningún motivo para no tomar en serio a estos asiáticos
orientales, porque en gran cantidad de cosas están al mismo nivel que
nosotros, y en muchos sentidos incluso ya nos han superado ...” (Periódico
del Domingo, Pest, 16 [1869]. Nº 19., 9 de mayo) Debido al interés generalizado,
en 1923 se crea en la Universidad de Ciencias Pázmány Péter la Cátedra de Lenguas y Literaturas
Asiáticas Orientales, dirigida por Vilmos Prõhle. En esos mismos años
comienza a funcionar de manera muy activa la Sociedad Kõrösi Csoma Sándor o
la Sociedad Nipona, que divulga en un amplio círculo la cultura japonesa.
Paralelamente, también en Japón se intensifica el interés por Hungría. En los
años ‘30 aparecen con apoyo japonés, una tras otra, obras de nivel científico
sobre Japón, como por ejemplo el Compendio
de la literatura nacional japonesa, de Vilmos Prõhle, El Museo Hopp Ferenc de Asia Oriental,
de Zoltán Felvinczi Takács, A
Historical Sketch of Hungaro-Japanese Relations, de István Mezey, y
otras. Después de la guerra la atención
hacia Japón renace principalmente con la traducción al húngaro de obras de bellas letras: primero a
través de algún idioma intermedio, luego con traducciones directas del original. Se han publicado muchos tomos de poesía y obras japonesas
clásicas, como por ejemplo: Canto del
peregrino, de Fukadzava Shichiro, Las
puertas de la tempestad, de Akutagava Ryunosuke, Novela de Gendzhi, de Murasaki Sikibu, Libro almohada, de Sei shonagon, La mujer de la arena, de Abe Kobo, El diario de un viejo loco, de Tanidzaki Dzhunichiro (en la
traducción extraordinariamente exitosa de Árpád Göncz, presidente de la
República de Hungría), El ánsar, de
Mori Ogai, Hacerse a la mar, de
Inoue Jasushi, Noche de Osaka, de
Kaiko Takeshi, Sol poniente, de
Dadzai Osamu, Mudez, de Endo
Shusaku, El gato, de Nacume Soseki,
El templo dorado, de Mishima Yukio,
Sumida, de Nagai Kafti, las piezas no de Dzeami y otros, etc. Mientras tanto, en la Cátedra de China y Asia Oriental de
la universidad comienzan a formarse los especialistas jóvenes dedicados a la
literatura, historia y lingüística japonesas. Desde 1975, la Fundación Japonesa de Tokio apoya
sistemáticamente la enseñanza del japonés en la universidad, donando libros y
material didáctico. Una vez formado el equipo
docente y creada la biblioteca especializada, gracias al apoyo que durante
tantos años prestara la Fundación Japonesa, finalmente en el otoño de 1986, por primera vez en la
historia de las investigaciones orientales húngaras, se hizo posible poner en
marcha la enseñanza del japonés como
especialidad independiente en la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd. Los estudiantes egresados de la
especialidad de japonés de la universidad propagan, en los años ‘80, la
enseñanza del japonés en otras instituciones de la enseñanza superior, por
ejemplo en el Instituto Superior de Comercio Exterior. Debido a las relaciones
económicas, científicas y culturales cada vez más multifacéticas, entre los
jóvenes crece con gran rapidez el interés por el idioma japonés. En los
últimos cinco años (como resultado de la actividad de los profesores de
idioma llegados a Hungría con el apoyo del gobierno japonés) cada vez más
estudiantes de las universidades de ciencias de Szeged, Pécs, Debrecen y
Veszprém, así como de la Universidad de Ciencias Agrícolas de Gödöllõ llegan
a conocer el idioma y la cultura japonesa en clases facultativas de idiomas,
lo mismo que en las escuelas secundarias y primarias.La universidad de
Budapest prevé iniciar desde otoño de 1996
la formación de profesores, y de
acuerdo con la nueva ley de enseñanza superior, también está en el orden del
día la organización de cursos Ph.D.,
con la colaboración de la especialidad de japonés de la universidad de
Hamburgo, que cuenta con una enorme tradición, y con una considerable ayuda
japonesa. Como evento japonés en homenaje
a las celebraciones del undécimo
centenario de Hungría, en septiembre de 1996 se celebró en Budapest la
conferencia científica “New Dialogue
between Central Europe and Japan”, la cual contó con el apoyo de la
Fundación Japonesa y la organización común de la Especialidad de Japonés de
la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd, la Academia de Ciencias de Hungría
y el Centro de Investigaciones Internacionales de la Cultura Japonesa de
Kioto, así como con la participación de numerosos especialistas húngaros y
extranjeros. Este acontecimiento ilustra claramente los resultados alcanzados
por los estudios nipones de Hungría, importantes también en la vida
científica internacional. |
|
|||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||||||||