Húngaros en el mundo (en miles)

Rep. Checa y Eslovaquia       ~700
ex-Yugoslavia                 ~650
Rumania                        ~2,000
ex-Unión Soviética            ~200
Austria                       ~70
Bélgica                       ~10
Francia                       ~35
Holanda                       ~5
Gran Bretaña                  ~10
Italia                        ~10
Alemania                      ~50
Suiza                         ~10
Suecia                        ~16
Otros países de Europa occid. ~10
 
EE.UU.                         ~730
Canadá                         ~140
Argentina                      ~10
Brasil                         ~70
Uruguay                        ~5
Otros países de Sudamérica     ~10
Sudáfrica                      ~5
Australia                      ~55   
Israel                         ~220
    TOTAL           --------~  5,000 
                               

Además de los 10 millones de húngaros que viven en Hungría, hay otros 5 millones viviendo en otros países que se consideran a sí mismos como húngaros.

 

Introducción

 

Puede parecer injusto destacar algunos nombres de los hacedores de la cultura y las ciencias húngaras, porque son innumerables las personas que han realizado algo duradero para el bien de toda la Humanidad. He aquí algunos nombres de destacadas figuras de nuestra nación: Sándor Kõrösi Csoma (1784-1843), orientalista, quien sirvió de enlace entre el corazón y el espíritu de Oriente y Occidente. Ányos Jedlik (1800-1895) fue el inventor del dínamo. Debemos a János Irinyi (1817-1895) las cerillas silenciosas. Tivadar Puskás (1844-1893) construyó la primera central telefónica. El transformador fue obra conjunta de Károly Zipernowsky (1853-1942), Miksa Déri (1854-1938) y Ottó Bláthy (1860-1939). Lumbrera de las ciencias húngaras fue el matemático y filósofo János Bolyai (1802-1860), quien revolucionó la geometría. 

Hasta nuestros días, 12 científicos de procedencia húngara han recibido premios Nobel: 1905 - Fülöp Lénárd (1862-1947), 1915 - Róbert Bárány (1876-1936), 1925 - Richárd Zsigmondy (1865-1929), 1937 - Albert Szent-Györgyi (1893-1986), 1943 - György Hevesy (1885-1966), 1961 - György Békésy (1899-1972), 1963 - Jenõ Wigner (1902-1955), 1971 - Dénes Gábor (1900-1979), 1986 - John C. Polanyi (1929-),  1986 - Elie Wiesel (1928-), 1994 - György Oláh (1927-) y 1994 - János Harsányi (1920-). Con justa razón podríamos agregar a esta lista los nombres de: János Neumann (1903-1957), Zoltán Bay (1900-1992), Tódor Kármán (1881-1963), Leó Szilárd (1898-1964) y Ede Teller (1908-).

            Y todavía no hemos mencionado a Ferenc Liszt (1811-1886), Béla Bartók (1881-1945) y Zoltán Kodály (1882-1967), o a Mihály Munkácsy (1844-1900) y Tivadar Csontváry-Kosztka (1853-1919). Un juguete extremamente popular en el mundo entero, el "cubo mágico", que sirve para desarrollar el pensamiento lógico y la visión tridimensional del espacio, también es un producto intelectual húngaro, invento de Ernõ Rubik (1944-).

 

¿De dónde provienen los húngaros? 


El surgimiento y los resultados del orientalismo húngaro

Para nuestro pueblo, el Oriente significa más que un mero concepto geográfico, ya que la Historia demuestra que en Europa Central no hay otro país, pueblo ni idioma, que guarde una relación tan estrecha con el Oriente como el húngaro. El origen de nuestro pueblo, y luego también numerosos capítulos de nuestra historia se vinculan con el continente asiático. Por esta razón, los estudios orientales se han convertido en parte orgánica de nuestra vida científica nacional.

La atención, que no sólo ha abarcado el continente asiático, sino también los países de Africa del Norte, en nuestro país siempre ha surgido del interés científico, siempre ha estado encaminado a servir alguna meta científica, por lo cual no ha hecho más que conseguirnos nuevos amigos.

Según lo testifica la prehistoria húngara, los antepasados de los húngaros de hoy debieron separarse de los pueblos fino-ugrios residentes en la región de los ríos Volga y Kama alrededor del siglo V de nuestra era, para desplazarse luego a los territorios al norte del Cáucaso y de Crimea. Dicha región era, en todos los aspectos, parte orgánica del enorme mundo de las estepas, que se extiende desde el Asia Interior hasta la cuenca del Danubio y fue el escenario de la milenaria migración de los pueblos nómadas, procedentes del Este con rumbo a Occidente. Entre los pueblos migrantes procedentes de las estepas asiáticas llegaron aquí, sin excepción alguna, los hunos, los ávaros, los búlgaros, los pechenegos, los kipchakos y los mongoles,  que luego prosiguieron su camino hacia el oeste o suroeste.

La aparición de los húngaros en las estepas rusas meridionales prácticamente determinó su suerte futura: se hicieron partícipes del grandioso desplazamiento este-oeste de los pueblos nómadas. A lo largo de sus migraciones, entre el siglo V y el siglo IX, establecieron contacto y convivieron con pueblos, principalmente de etnia e idioma turco e iraní. Dan fiel testimonio de las estrechas relaciones mantenidas las palabras  de este origen, adoptadas por nuestro idioma.

Las primeras crónicas escritas sobre los húngaros también se remontan a esta época. Dichas informaciones se las debemos a los geógrafos y viajeros musulmanes, que observaban con suma atención los acontecimientos del mundo de los nómadas esteparios.

En este itinerario de las migraciones por las estepas, para los pueblos nómadas la Cuenca de los Cárpatos significaba la estación final, ya que ésta era la frontera entre el mundo nómada y el mundo sedentario. Los nómadas que precedieron a los húngaros, los hunos de Attila y los ávaros de Baján, también se establecieron aquí y desde este lugar libraron su lucha -finalmente fracasada- contra las civilizaciones romana, bizantina y franca. No obstante, los magiares, que aparecieron en esta región a fines del siglo IX, dirigidos por Árpád, lograron fundar su patria en la Cuenca de los Cárpatos, y conservando su independencia étnica, lingüística y política, se incorporaron en la civilización del mundo sedentario.Tras la conquista de la patria, los húngaros conservaron durante varios siglos sus recuerdos referentes al oriente. Un monje llamado Otón fue el primero que buscó y encontró, en las cercanías del Cáucaso, a los húngaros rezagados, y luego, en 1235, un grupo de monjes domínicos encabezados por el monje Julianus partió con el fin de buscar a los grupos étnicos de los húngaros que se habían quedado en la patria primitiva. En la zona de los ríos Volga y Kama, efectivamente encontraron a tribus que hablaban húngaro, sin embargo estos se dispersaron debido al ataque mongol que se desencadenó pronto, y después los diseminados pequeños grupos de húngaros se asimilaron a los pueblos de la región. El monje Julianus fue el único que sobrevivió la peligrosa hazaña, quien nos legó su informe escrito acerca del accidentado viaje.

Al mismo tiempo, los húngaros siguieron manteniendo contactos con pueblos del Oriente (por ejemplo, con los pechenegos y los cumanos), porque la Cuenca de los Cárpatos, que pasó a formar parte del mundo europeo sedentario, siguió siendo durante siglos el objetivo de las migraciones nómadas. Los húngaros lucharon contra ellos y después asentaron a una parte importante de ellos en tierras húngaras. La última migración nómada que sacudió al mundo europeo, la invasión mongola del siglo XIII, apenas por un año pudo convertir nuevamente la Cuenca de los Cárpatos en parte del mundo nómada.

La continua apertura del país hacia el Oriente en la Edad Media lo demuestra bien el importante papel que jugaron los caliz y los ismaelitas en la vida comercial de Hungría, en el mantenimiento de relaciones con el Levante. En el Medio Oriente también se tenía en cuenta a los húngaros, cuyo nombre aparece con frecuencia en distintos escritos de historia árabe.

A mediados del siglo XVI, los turcos osmanlíes ocuparon durante 15O años Buda, la capital húngara, y el tercio central del país. Con ello se inició un nuevo capítulo de la historia húngara sobre las relaciones orientales.

Los enfrentamientos armados que se libraron durante siglos y que desembocaron en la ocupación del país, naturalmente cobraron muchísimas víctimas y causaron una enorme devastación. No obstante, este cruento capítulo de la historia da testimonio de la simbiosis cultural de los pueblos y del fortalecimiento de las influencias orientales que afectaron a nuestro país. En los territorios ocupados cambió la fisonomía de las ciudades: se construyeron mezquitas, minaretes, baños, etc., que hoy en día forman parte de nuestros monumentos arquitectónicos más preciados. En los mercados aparecieron las mercancías orientales de los Balcanes y también se arraigaron en tierra húngara algunos ramos de la artesanía del mismo origen, como por ejemplo los oficios de peletería y orfebrería. Las alfombras, las prendas de vestir, las joyas, armas, etc. orientales se apreciaban mucho en aquella época, y pasaron a formar parte del decorado de las casas de las familias húngaras más acomodadas, mientras que los motivos ornamentales de las mismas enriquecieron el arte folklórico húngaro.

Numerosos hechos testifican los efectos de la cultura turca sobre la vida cotidiana. Es suficiente sólo mencionar el deleite del café y del tabaco, que también se arraigó en ese período. También es testigo de dicha influencia, la cocina húngara, que conoce gran cantidad de platos de origen turco. El vocabulario del idioma húngaro en ese período se enriqueció con centenares de palabras advenedizas turcas.

Los siglos posteriores a la ocupación turca dan muestras de un creciente interés por el Oriente. Ello se fortaleció de sobremanera a fines del siglo XVIII, comienzos del s. XIX, cuando el país, que entraba en la era de la renovación nacional, quería revelar su prehistoria con medios científicos. En Hungría, donde la conciencia del origen oriental no se ha olvidado en ningún momento, las cuestiones de la historia del pueblo y de su idioma comprensiblemente dirigieron hacia Asia la atención de los investigadores.

El primero en emprender viaje hacia el lejano Oriente fue el ya legendario y mundialmente famoso orientalista húngaro Sándor Kõrösi Csoma (1784-1842). Provenía de una familia szekler de escasos recursos. Inició sus estudios en el colegio de Nagyenyed, en Transilvania, como alumno sirviente (se enseñaba gratuitamente a los alumnos pobres a cambio de su trabajo de sirviente). A partir de 1815, con una beca inglesa cursó estudios de lingüística oriental en la universidad de Göttingen (Alemania). Allá tomó la decisión de partir a pie a Asia y buscar la patria primitiva de los húngaros. Entre los idiomas orientales, aprendió el turco, el árabe, el persa y el bengalí. A lo largo de su viaje iniciado en 1819, llegó a la India a través de Irán y Afganistán. En Tibet Occidental, W. Moorcroft, viajero y estudioso inglés, despertó su atención hacia el aprendizaje del idioma tibetano.

Comenzó a estudiar la lengua y la cultura tibetanas en los monasterios situados entre los montes del Himalaya, en circunstancias inhumanas, y como resultado de su trabajo publicó en Calcuta su Diccionario tibetano-inglés y su Gramática tibetana, con lo cual realizó un hecho de importancia pionera en la historia de la lingüística oriental. Kõrösi Csoma, tras 10 años de trabajo en la Compañía Asiática de Bengala en Calcuta, en 1842 partió nuevamente hacia Tibet, para investigar los ancestros y parientes de los húngaros. No pudo cumplir su cometido, porque durante el viaje se enfermó de malaria y murió en Darjeeling, India.

Kõrösi Csoma se distinguió notablemente de los orientalistas de la Europa de su época por el hecho de que sus investigaciones orientales estaban al servicio del estudio de su propia nación. No llegó a la India al servicio de las ambiciones políticas de ninguna potencia extranjera, ni buscando el exotismo del país. En los pueblos asiáticos veía a nuestros parientes y amigos, estudió sus costumbres y religiones con absoluta apertura y comprensión. Siempre hacía hincapié en los valores humanos comunes y no en los formalismos distintivos. Al obrar de esta forma, dio un ejemplo, aún vigente, en cuanto al comportamiento para con otras culturas.

Kõrösi Csoma no solamente se destaca entre los investigadores y viajeros húngaros a Asia, sino también entre todos los viajeros y orientalistas húngaros. Más allá de los estudios tibetanos, cuyas bases las sentó él, su contribución también fue muy importante en muchos otros ramos del orientalismo. Se le reconoce mundialmente por sus cualidades humanas especiales, por su perseverancia y por sus sobresalientes logros científicos.Toda una serie de estudiosos húngaros lo consideró como ejemplo y partió hacia Asia guiado por los mismos objetivos y siguiendo sus huellas, creando las distintas ramas delorientalismo húngaro y logrando resultados de importancia internacional.

El interés por la lengua turca ya en el siglo XVII originó obras de gran valor, sin embargo, el primer maestro internacionalmente reconocido de la turcología fue Ármin Vámbéry (1832-1913), quien emprendió camino hacia el Oriente algunas décadas después de la muerte de Kõrösi Csoma, para llevar a cabo investigaciones de las lenguas turcas. Ignác Kúnos se consagró al estudio del lenguaje popular turco hablado en Turquía: a él se deben los primeros registros de dialectos y textos folklóricos. Imre Karácson llevó a cabo una labor pionera en la investigación del valioso caudal de documentos de los archivos de Turquía. Sigue posteriormente sus pasos Lajos Fekete, fundador de la diplomática otomano-turca. La obra de József Thúry, Zoltán Gombócz, Gyula Németh y Lajos Ligeti abarca casi un siglo entero, brindando conocimientos y enseñando métodos en el terreno de la turcología.

No obstante, no fue la turcología el único ámbito de las relaciones y de la colaboración entre Turquía y Hungría.

A fines del siglo XVII finalizó en Hungría la dominación otomano-turca. Paulatinamente desaparecieron los recuerdos relacionados con los enfrentamientos armados, y se hizo hincapié en los lazos que nos unían. Es más, dado que para el pueblo húngaro el cese del dominio otomano-turco significó al mismo tiempo el inicio de movimientos y luchas de independencia contra los nuevos conquistadores, los Habsburgo, llegaron a establecerse relaciones amistosas entre los antiguos enemigos. Los líderes de las luchas anti-Habsburgo, que se vieron obligados a emigrar -a fines del siglo XVII, Thököly, a comienzos del siglo XVIII, Ferenc Rákóczi y a mediados del s. XIX, Lajos Kossuth- todos encontraron refugio en el Imperio Otomano. Sus recuerdos se relacionan con las ciudades de Izmir, Tekirdag y Kütahya, respectivamente. Hasta fines del siglo XIX, la población de Tekirdag dejó intactos los territorios puestos a disposición de la emigración de Rákóczi, por considerarlos “tierras del rey húngaro”. Un gran número de emigrantes húngaros jugó un papel nada despreciable en la vida del Imperio. Ibrahim Müteferrika (cuyo nombre húngaro aún hoy en día es un misterio), quien llegó a Turquía en los tiempos de la emigración de Rákóczi, fue el padre de la impresión de libros en ese país. Ferenc Tóth, perteneciente a la “segunda generación” de la emigración, se destacó en la organización de las unidades de artillería del ejército turco y en la planificación de los fuertes del estrecho de Çanakkale.Varios de los emigrantes que llegaron a Turquía con Lajos Kossuth (Mór Perczel, Kázmér Batthyány, Gábor Egressy, Richard Guyon) hacen en sus respectivas memorias cálidos recuerdos de los años pasados en tierra turca. El legendario “abuelo Bem”, Richard Guyon, Miksa Stein y József Kollaman continuaron su actividad en el ejército otomano. Ödön Széchenyi creó el cuerpo de bomberos de Estambul. Merece mención especial la hija de Ödön Fényes, quien unió para siempre su vida a Turquía: en su persona los turcos celebran a su primera poetisa, Nigár Haním.

Las relaciones políticas llegaron a su primer apogeo a fines de los años ‘70 del siglo XIX. La opinión pública húngara, recordando aún vivamente el papel jugado por Rusia en la derrota de la lucha de independencia de 1848/49, expresó de manera demostrativa su simpatía para con los turcos en la guerra ruso-turca. Por iniciativa de la juventud universitaria, se hicieron colectas de medicamentos y dinero, que luego, junto con una espada de oro, fueron llevados a Turquía por una delegación especial.

Todo esto ejerció una enorme influencia sobre la opinión pública turca: inesperadamente el país había logrado un nuevo amigo sincero, al que de inmediato saludaron como “hermano húngaro”. Este título, surgido en aquellos tiempos, y que se aplica únicamente a los húngaros, entre los pueblos sin parentesco lingüísticos con los turcos, se usa aún hoy en día. Prueba fehaciente de la profundización de las relaciones fue el gesto del sultán Abdülhamid II, quien devolvió a Hungría los valiosos códices húngaros llevados desde Buda a Turquía, los llamados Corvinas.La actividad desempeñada en Turquía por Oszkár Asbóth, diseñador de aviones que posteriormente alcanzó gran fama internacional y cuyo trabajo estuvo relacionado con los comienzos de la aviación turca, coincidió con el período inmediatamente anterior a la primera guerra mundial.

En los años ‘20, cuando en la Turquía de Kemál Atatürk se inicia el proceso de ampliación de los fundamentos del estudio de la lengua, la literatura y la histora turcas, es comprensible que la turcología húngara haya jugado un papel importante en esto.

Numerosos estudiantes turcos cursaron sus estudios en Budapest, en la Cátedra de Turcología de la universidad. Sus nombres hablan por sí mismos: H. Z. Koðay, R. H. Özdem, N. K. Orkun, H. Eren, T. Gökbilgin, I. Kafesoglu, S. Bastav, S. N. Özerdim, etc. Todos ellos desempeñan un rol protagónico en las ciencias turcas, en las universidades y demás instituciones del país. Contribuyó a fortalecer y aún sigue fortaleciendo estos lazos la Cátedra de Hungarología de la Universidad de Ankara, cuyos primeros profesores, László Rásonyi y Tibor Halasi-Kun se distinguieron en la vida científica turca.

En la era de la República de Turquía, Antal Ráthly y Ferenc Csiky cumplieron un papel notable en la modernización del servicio meteorológico turco, de la agricultura y de la ganadería, respectivamente. La vida científica internacional reconoce a Lajos Fekete como creador de la institución archivística turca, y dentro de ella, de la paleografía y diplomática turcas.En esta serie de personalidades famosas le corresponde un lugar especial a Béla Bartók, quien durante su permanencia en Turquía se convirtió en el promotor de la investigación de la música popular turca. Su ilustre acompañante de aquel entonces fue Adnan Saygun, fiel seguidor de la vía bartokiana, el mayor compositor de Turquía.

Hasta ahora, la Academia de Ciencias de Hungría ha contado en sus filas con dos miembros turcos: M. F Köprülü y H. Eren. Por el otro lado, la membresía de numerosos científicos húngaros en la Sociedad Lingüística Turca y en la Sociedad Histórica Turca nos indica que las ciencias turcas también han tenido y tienen presente los resultados de las investigaciones de los turcólogos húngaros.

Esta tradición no se ha interrumpido. Hoy en día también un gran número de alumnos turcos estudia en Hungría, y no son pocos los estudiantes becarios húngaros que viajan a Turquía para cursar estudios o llevar a cabo investigaciones.

Un bello símbolo de las relaciones de amistad entre los dos pueblos lo constituyó el hecho de que Süleyman Demirel, presidente de la República de Turquía, en su visita a Hungría en el otoño de 1994, inaugurara un monumento a Solimán el Magnífico en Szigetvár, donde el gran conquistador finalizó su vida durante el sitio del castillo. Este acontecimiento demuestra fielmente el trayecto histórico que condujo a que los antiguos enemigos, que en su momento lucharon en el campo de batalla, hoy puedan estrecharse la mano en signo de amistad.

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Una de las etapas tempranas muy importantes de las relaciones en el terreno de la arabística, o estudios arábicos,  fue la actividad desarrollada a comienzos del siglo XIX por János Dombay, cuyo excelente libro escrito sobre la lengua hablada en Marruecos antecedió en más de medio siglo la aparición de las obras posteriores de carácter análoga.

Edward Rehatsek, mundialmente bien conocido, pero sobre todo en territorio de habla inglesa, nació en 1819, y tras haber cursado estudios universitarios en Pest, en 1847 se estableció en Bombay, donde se dedicó principalmente a traducir de los distintos idiomas islámicos (árabe, persa, urdu) al inglés. Su obra más destacada fue una traducción de más de mil páginas, sobre la vida del profeta Mahoma.

Hungría siempre ha tenido  relaciones muy estrechas con Egipto. Cabe destacar tres elementos de la historia de las mismas:

1.         Constituye un punto sumamente interesante de las relaciones egipcio-húngaras la cuestión de los llamados “magiarabes” (hungárabes). Ello significa que en Egipto del Sur, en Nubia (cerca de la frontera sudanesa), vive -de manera casi inexplicable para los investigadores- una pequeña etnia que se considera originaria de Hungría y cuyos integrantes hasta hoy en día se llaman a sí mismos magiarabes.

2.         En la arquitectura de Egipto, y especialmente del Cairo moderno, el papel protagónico lo desempeñó un húngaro, el arquitecto Miksa Herz, conocido en Egipto por el nombre bajá Herz. Entre los edificios públicos diseñados por él,  solo o conjuntamente con Eiffel, se destaca el Museo Egipcio, que aún hoy en día es visitado por millones de personas al año.

3.  En Hungría, en el proceso de conocimiento del mundo árabe, siempre tuvo mucha importancia el interés de carácter netamente cultural. La principal fuerza motriz en este terreno fue el aprendizaje del idioma árabe. En Hungría la enseñanza de los idiomas orientales se remonta a un pasado de más de trescientos años. Al igual que en otros países de Europa, en Hungría la enseñanza de los idiomas orientales también comenzó con la de las lenguas semitas, como ciencia auxiliar de la teología cristiana y de la investigación de la Biblia. No obstante, la cátedra para el idioma árabe establecida en 1873 en la universidad de Budapest tenía un carácter más bien científico (de orientalismo) y no teológico. En dicha cátedra obtuvo el título de profesor honorario el ya entonces mundialmente afamado investigador del Islám y científico arabista, Ignác Goldzíher (1850-1921), quien en su vida gozó de gran prestigio y era muy conocido en el mundo árabe, sobre todo en Egipto. El famoso historiador y ministro de cultura del siglo pasado, el bajá Ali Mubárak, no solamente aceptó a Goldzíher como autoridad absoluta en la materia, sino que incluso le escribió en varias oportunidades y le envió su obra principal, de una docena de tomos, para que él expresara su opinión sobre la misma. En Egipto, las obras de Goldzíher comenzaron a ser traducidas al árabe poco después de su muerte, lo que se ha hecho con muy pocos arabistas europeos. En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando se observaba con creciente recelo la actividad de los orientalistas europeos, y especialmente la de aquellos que se dedicaban al Islám, culpándoles tanto de ignorancia como de subjetividad, a Goldzíher nunca le hicieron tales acusaciones, ni siquiera después de su muerte, es más, por lo general su nombre se mencionaba entre las excepciones.

A partir de la segunda mitad de los años 1950 se firmaron convenios culturales entre Hungría, por un lado, y Egipto e Irak, por el otro, y posteriormente también con Kuwait y Túnez. En muchos casos estos convenios han permitido que estudiantes viajen como becarios a países árabes.

En 1953 Gyula Germanus fue designado profesor de la Cátedra de Literatura e Historia de la Cultura Arabes. Como conocedor de las circunstancias árabes modernas, en sus conferencias se dedicaba a los problemas de la literatura, la historia de la cultura, el sistema jurídico árabes, así como del desarrollo más reciente del Islám. Estableció estrechas relaciones con excelentes representantes activos de la literatura y de las ciencas árabes. Sus obras fueron publicadas en numerosos países árabes y en revistas musulmanas de Londres. La historia de la literatura árabe (1962) de Gyula Germanus pertenece a la categoría de las obras científicas escritas de manera comprensible para el público en general. También participó en la labor de traducción y publicó una antología de la poesía árabe clásica y moderna en idioma húngaro (1961). Su libro titulado Allah Akbar es un libro de viajes y al mismo tiempo la descripción científica del peregrinaje muslim, que tras las traducciones al italiano y al alemán, en 1968 se publicó su segunda edición en húngaro.

Las investigaciones de la prehistoria húngara le dieron impulso a la enseñanza del idioma árabe en Hungría, debido a que fuentes en lengua árabe contienen una gran cantidad de datos de la historia húngara antigua.

Entre las fuentes árabes interesantes desde el punto de vista de la prehistoria húngara, las más importantes son las obras surgidas a lo largo del siglo X. Entre ellas, el grupo de fuentes basado en la crónica de Yhaijaní (Ibn Rusta, al-Bakrí, al-Maqdisí, al-Muqaddasí), procedente de alrededor del año 870 d.C., menciona por primera vez a los húngaros. El otro gran grupo de fuentes, que en lo fundamental se remonta a la obra de al-Balkjí (al-Istakjrí, Ibn Hauqal y Abúl-Fídá) ya da a conocer la situación posterior al gran desplazamiento (migración de las tribus) del año 889. Ibn Fadlán, en su informe de embajador, llama turcos a los bashkirios, pero sus turcos igualmente pudieron ser húngaros. Los autores posteriores (así, entre otros, Ibn Saíd, al-Qazwíní y Abúl-Fídá) tienen conocimiento de los húngaros del Danubio, y en base a fuentes más antiguas también escriben acerca de los húngaros de los  Urales, a pesar de no tener una imagen clara de ellos.

En la literatura geográfica árabe de épocas posteriores también encontramos obras que constituyen valiosas fuentes de la historia de Europa del Este. Tres escritores estuvieron en Europa del Este, pero Abú Hamid al-Garnáti es el único viajero árabe que visitó Hungría en 1150-53. Durante tres años vivió en nuestro país, donde las tropas musulmanas eran las unidades más importantes del rey húngaro. Como en todas partes, aquí también enseña a los musulmanes nómadas, a algunos les muestra las ceremonias y otros se convierten en sus discípulos. Al llegar a la ancianidad, cuando sintió que era el momento de peregrinar a La Meca, el rey húngaro no quería dejarle ir, por la influencia que ejercía sobre los muslim de Hungría. Debió prometer que volvería y tuvo que dejar de rehén a su hijo mayor. “Los húngaros son gente valiente y son tantos que ni se les puede contar. Su país consta de 78 ciudades, habiendo en todas ellas innumerables fortificaciones, con los caseríos, pueblos, montes, bosques y jardines que les pertenecen. Hungría es uno de aquellos países donde la vida es la más fácil y la mejor. Sus montes encierran mucha plata y oro. Aquí viven millares de musulmanes originarios de Magreb, así como también son incontables los de Jvarezm. Los que proceden de Jvarezm sirven al rey y mantienen en secreto que son musulmanes. En cambio, los provenientes de Magreb sólo en la guerra sirven a los cristianos y profesan abiertamente el Islám.” - escribe Abu Hamid.

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El círculo de interés de la iranística (o estudios iranios) húngara se centró en general en torno a tres núcleos. El primero, aquí también, surgió de la investigación de la prehistoria húngara. La obra del ya mencionado Ibn Rusta, escrita en el siglo IX-X en idioma árabe, que describe a los húngaros de la era de la conquista de la patria, usó como fuente el libro del visir samaníd Yhaijaní. La obra histórica de Gardézi, escrita en persa a mediados del siglo XI, también cita a Yhaijaní al hablar de los húngaros.

La cultura del antiguo imperio persa y la supervivencia de la misma constituyen el segundo núcleo de interés. Viajeros y orientalistas húngaros peregrinaron a las ruinas de Persépolis, hoy llamada Takht-E Jamshid, desde Ármin Vámbéry (1832-1913) hasta Sir Marc Aurel Stein (1862-1943), quien investigó bajo bandera inglesa sin dejar de ser húngaro, y sus expediciones en el territorio del Irán histórico lograron hallazgos importantísimos para la arqueología. También se debió a Aurél Stein el descubrimiento de los recuerdos escritos de lenguas hoy ya muertas, pertenecientes al período mesoiraní de la familia de idiomas iraní, como el baktriano y el khotaní, que abrió nuevos horizontes para las investigaciones lingüísticas de la iranística de nuestro siglo.

La revelación de los monumentos lingüísticos iraníes antiguos, el examen del Avesta, de las inscripciones reales persas antiguas y luego de las lenguas mesoiraníes, forman parte de los grandes valores científicos de nuestra centuria. El lector húngaro ha podido conocer algunos himnos del Avesta. Viven entre nosotros científicos destacados del estudio de los monumentos lingüísticos iraníes antiguos y mesoiraníes.

La literatura persa es el tercer terreno e indudablemente el más amplio, en torno al cual la atención de los científicos húngaros se remonta a varios siglos, sin tener ninguna referencia húngara, tan sólo como reconocimiento de lo bello y lo artístico.

A mediados del siglo XVIII, antes del inglés W. Jones, el conde húngaro Károly Reviczky (1736-1793)  tradujo y comentó gazales de Hafiz. Su dominio de los idiomas persa y árabe hicieron de Mihály Csokonai Vitéz (1773-1805), quizá el mayor poeta húngaro del Siglo de las Luces, el mayor entendido de Omar Khayyam y de Hafiz, y muchos de sus poemas llevan la marca de la influencia de la poesía persa. Incluso dedicó un estudio a la poética asiática, incluyendo la poesía persa. De las traducciones de Béla Erõdi Harrach (1846-1936) se destaca su traducción del Gulistan de Saadi.

El que descubrió y dio a conocer el folklor urbano, fue el terrateniente Sándor Kégl (1862-1920), quien llegó a ser el primer profesor de lengua y literatura persas en la Universidad de Ciencias Pázmány Péter (hoy: Universidad de Ciencias Eötvös Loránd).

Un destacado hito en la investigación de Omar Khayyam es la obra de Bertalan Csillik, quien publicó los manuscritos de Omar Khayyam de la Biblioteca Nacional de París en 1933-34. Gracias a las hermosas traducciones de Lõrinc Szabó (1900-1957), aún basadas en una versión del texto en inglés, Omar Khayyam fue justamente el poeta persa más conocido en nuestro país hasta mediados del siglo.

En los años sesenta, en la cátedra de persa de la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd creció una nueva generación, cuyos integrantes ya traducían del texto persa original. En varias ocasiones se publicó en húngaro el Shah-nameh, la enorme obra épica de Firdausi, bajo el título Libro de los Reyes, así como la Antología de poetas persas y la colección de Cuentistas persas contemporáneos. Se tradujeron y publicaron en húngaro obras, por ejemplo, de Bozorg Alavi, Sadeq Hedajat y Nizami Aruzi. Entre nuestros poetas, traductores literarios, se destaca el nombre de Géza Képes (1909-1989), quien aprendió el persa con el objetivo expreso de poder traducirle al lector húngaro los poemas de Hafiz, Saadi y Lahuti.

Los poetas traductores  han conservado y reproducido fielmente las soluciones formales espléndidamente ricas, pero de igual manera estrictas, de la poética persa. El gazal persa se convirtió en un gazal húngaro y la forma de verso del Shah-nameh en el húngaro siguió siendo el moteqareb.

El exigente lector húngaro puede saber cada vez más acerca de Irán y del pueblo iraní. Apareció la segunda edición del Corán en húngaro y de la obra histórica de carácter general titulada Irán - imperios y tradiciones.

En la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd existe la especialidad de iranística, cuya tarea primordial es la enseñanza del idioma persa. En la Colección Oriental de la Biblioteca de la Academia de Ciencias de Hungría existe una considerable cantidad de material en idioma persa que está a disposición de los especialistas en estudios iranios, mientras que las personas no expertas cuentan con la asistencia e información de la Sociedad de Amistad Húngaro-Iraní, a cuyas conferencias y reuniones puede asistir cualquiera persona.

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El primer dato en húngaro sobre China data del año 1760. La intelectualidad húngara comienza a conocer en ese entonces la imagen de China que hasta entonces se había configurado en el Occidente. Sin embargo, en el siglo XIX surge la posibilidad de que estudiosos húngaros puedan adquirir informaciones de primera mano acerca de China. Dichas posibilidades se establecieron principalmente en el curso de viajes de investigación in situ y expediciones.

Cronológicamente y también por su importancia, cabe mencionar primero la empresa del anteriormente ya presentado Sándor Kõrösi Csoma. Emprendió camino en búsqueda de los ancestros de los magiares, hacia Turquestán del Este -hoy Sinkiang-, a la tierra de los uyguros que consideraba un pueblo pariente, pero adonde no llegó nunca. Apenas medio siglo después de su solitario viaje, entre 1877 y 1880 se llevó a cabo la primera expedición húngara al Asia Oriental, organizada por el conde Béla Széchenyi. El éxito y reconocimiento internacional que tuvo la expedición se debió principalmente a los resultados de las investigaciones geográficas, paleontológicas y geológicas del geógrafo Lajos Lóczy.

Alrededor de fines del siglo pasado y principios del presente la expedición de Széchenyi fue seguida por otros viajes, como resultado de los cuales los lectores enriquecieron sus conocimiento sobre China  gracias a una serie de libros y descripciones de viaje, artículos y reportajes. En aquel entonces llegan también a nuestro país los primeros visitantes de la China, entre ellos Kang Youwei, líder del movimiento de reforma fracasado hacía algunos años (en 1898), que vivía en la emigración, y que en su diario inmortalizó en versos su encuentro con el “pueblo pariente” que había abandonado el Oriente:

Blanca es la tez, de rosada mejilla,

pero la raza se conoce a la milla:

se alegran de verme, me traen una silla,

hoy me saluda toda la villa.

Vengo a Hungría como raro viajero,

mi patria está lejos, en el extranjero.

En esta ocasión soy un pionero

en venir de China a este paradero.

(Traducción de Tomás Bernáth)

 

En esa misma época inicia su serie de viajes de exploración el mayor investigador húngaro de Asia Interior, el también ya mencionado Aurél Stein. Recorre los caminos que conducen a China del Norte, tanto desde la India, como por Asia Central, descubre los recuerdos de la ancestral cultura, antiguamente floreciente en los oasis de Turquestán, los tesoros de las cavernas-santuarios de los Mil Budas en Tunhuang, aclara numerosos problemas del tramo chino de la ruta de la seda que atraviesa toda Asia, etc. Resume sus viajes y sus logros en varias monografías escritas en inglés.En la universidad de Budapest, la actividad sinológica se inició a comienzo de los años 1920, en la Cátedra de Lenguas y Literaturas de Asia Oriental, y a principios de los años cuarenta se puso en marcha la formación sistemática de sinólogos bajo la dirección de Lajos Ligeti. Poco después, a partir de los años 1950 también tuvimos la posibilidad de formar y perfeccionar a especialistas en China misma.

En los comienzos, la investigación de China en Hungría se orientaba a la exploración del trasfondo asiático más amplio de la prehistoria húngara, o sea, fijó como meta primordial el examen de las fuentes chinas referidas a los pueblos de Asia Interior. Luego, las relaciones establecidas entre Hungría y la República Popular China crearon buenas condiciones para dedicarse a la cultura china en sentido más amplio, desde las cuestiones idiomático-lingüísticas hasta la historia de la literatura, desde la historia hasta la filosofía, es más, hasta la historia del arte. A lo largo de las últimas cuatro décadas se han publicado numerosas monografías e innumerables estudios y artículos especializados sobre los temas arriba mencionados, escritos sólo por algunos  sinólogos húngaros. 

Naturalmente, obras de las bellas letras chinas ya se habían traducido también en épocas anteriores, de esta forma fue muy popular el pequeño tomo titulado Poemas chinos y japoneses, publicado en varias ediciones sucesivas, de Dezsõ Kosztolányi, no obstante estas traducciones, casi sin excepción alguna, fueron hechas sobre la base de un idioma intermedio. Como consecuencia de la aparición de los traductores sinólogos, las dos terceras partes de las más de cien obras de las bellas letras chinas publicadas en húngaro en los últimos 45 años fueron traducidas directamente del original.

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Los contactos científicos y culturales húngaro- indios se remontan a un largo pasado, hasta los siglos XV-XVI. La filosofía, la religión y la literatura indias fecunda desde hace varios siglos la vida espiritual húngara.

Los húngaros primero se encontraron con la cultura india a través de intermediarios. Las primeras influencias identificables son del siglo XV. Una obra en latín del sacerdote franciscano Pelbárt Temesvári hace mención de un libro titulado Kilil, que muy probablemente sea una alusión a la historia de Kalila y Dimma del Panchatantra. En el siglo XVI, un autor desconocido tradujo al húngaro, en el Códice Kazinczy, la versión latina titulada Barlaan y Josaphat, de la leyenda de Buda. En los siglos XVII-XVIII ya existían en húngaro tres traducciones del Panchatantra, hechas de las versiones latina, turca y persa, respectivamente.

El primer húngaro guiado a tierras de la India por su ambición científica fue el destacado orientalista, anteriormente ya presentado, Sándor Kõrösi Csoma. Fue él quien descubrió que las escrituras sagradas del budismo, que se creían desaparecidas, no se habían perdido irrecuperablemente como se pensaba en aquellos tiempos, sino que se habían conservado en su traducción al tibetano. En 1836-39 fue el primero en dar a conocer el contenido del canon budista tibetano de 325 volúmenes, el Kanyur (“Traducciones de las enseñanzas de Buda”) y el Tanyur (“Traducciones de explicaciones”), así como la vida de Buda, fundador de la religión. A raíz de sus artículos se desarrolla el estudio del budismo, e incluso Schopenhauer, sobre quien éste ejerció una influencia decisiva, también adquirió sus conocimientos acerca del budismo, de los estudios del húngaro. Por lo tanto, sin ser parciales, podemos decir que Sándor Kõrösi Csoma fue una autoridad fundamental no sólo en los estudios tibetanos, sino también del estudio de la cultura budista.

Lo que sabemos de él, se lo debemos principalmente a otro excelente científico húngaro, Tivadar Duka (1825-1908), quien tras el aplastamiento de la lucha de independencia húngara se fue a la India como miembro del servicio británico, y con enorme esfuerzo recopiló los escritos, los informes y las cartas olvidadas de Kõrösi Csoma, para escribir la biografía del gran “húngaro-székely”.

El primer taller científico donde se llevaron a cabo investigaciones indianistas sistemáticas en Hungría, fue el Instituto de Lingüística Indoeuropea, creado en 1873 en la Universidad Pázmány Péter de Budapest, donde a partir de ese entonces se impartieron clases regulares de idioma sánscrito. El primer profesor de la cátedra fue Aurél Mayr (1846-1915). Su sucesor, József Schmidt (1868-1933) publicó numerosos libros de importancia fundamental sobre temas de la lingüística indo-germana y de la cultura india. Sus obras más relevantes fueron La épica india antigua (1921), la Historia de la literatura sánscrita (1923) y la Filosofía india (1923).En el siglo XIX son cada vez más los húngaros que viajan a la India. Márton János Honigberger (1795-1869), médico transilvano de origen sajón y el pintor Ágoston Schoefft (1809-1888) pasaron años en la corte del maharajá Randzhit Singh en Lahore. En su libro de viajes sobre la India (Treinta y cinco años en el Oriente), Honigberger describió una imagen rica en detalles acerca de la vida en la corte de Lahore y de la personalidad del maharajá.

Vilmos Leitner (1840-1899) también pasó largo tiempo en la India, donde llevó a cabo investigaciones antropológicas y sociológicas. Estuvo entre los primeros que se dieron cuenta de la importancia del arte de Gandhara. Escribió un libro sobre el sistema educativo de Punjab y sobre el idioma urdu. Fue uno de los fundadores de la Universidad de Punjab.

Bálint Gábor Szentkatolnai (1844-1913) llegó a la India con la expedición del conde Béla Széchenyi, luego se separó del grupo y pasó largo tiempo en India del Sur. Estudió en profundidad el idioma tamil, redactando su gramática y un diccionario.

Además de Kõrösi Csoma, el otro investigador húngaro de la India y de Asia Interior, más conocido en el mundo entero, fue Aurél Stein (1862-1943) -ya presentado junto con sus resultados de iranística-quien en 1888 se convirtió en profesor de lengua y literatura sánscritas en la Universidad de Punjab en Lahore.

En varias de sus obras se dedicó a la historia india y a las condiciones religiosas y culturales del dominio indo-escita, así como a la antigua geografía indo-iraní. Stein debió su fama mundial a las expediciones dirigidas al actual Turquestán Oriental, Afganistán e Irán. Buena parte del material recopilado como resultado de los viajes de exploración fue llevada a Londres, mientras que la otra parte se puede apreciar como una colección aparte en el Museo Nacional de Delhi. A partir de 1910 desempeñó el cargo de director general de la Supervisión Arqueológica de la India. Legó su valiosa biblioteca, sus manuscritos, cartas y su colección de fotografías a la Academia de Ciencias de Hungría.

En las primeras décadas del siglo XX en Hungría se manifestaba un interés sin precedentes por la India. Esto se debió en gran parte al culto de Rabindranath Tagore en Hungría. Los traductores húngaros y el público reaccionaron rápidamente al premio Nobel del poeta bengalí, que le fue otorgado en 1913. Al cabo de muy poco tiempo más de 20 de sus obras aparecieron traducidas al húngaro, algunas incluso llegaron a tener varias ediciones. En 1926 Tagore viajó a Hungría y recibió tratamiento en el hospital de enfermedades cardíacas de Balatonfüred. A orillas del lago Balaton guarda su recuerdo un árbol plantado por él, que desde entonces  ha crecido enormemente.

La visita significó el comienzo de una relación duradera entre Tagore y Hungría. El gran poeta invitó a muchos estudiosos y artistas húngaros a su universidad en Santiniketan. Entre 1929 y 1932 vivió y enseñó allá Gyula Germanus (1884-1979). Perpetuó sus vivencias en la India en libros de viajes vivos (Allah Akbar!, 1936, Hacia las luces de Oriente, 1966). Su esposa, Rózsa Hajnóczi G. escribió la crónica de los años que pasaron en Santiniketan en su popular libro titulado Fuego de Bengala. En 1930 llegó a la India, por invitación de Rabindranath Tagore, la pintora Erzsébet Sass-Brunner (1889-1950), discípula de Simon Hollósy. Las tradiciones espirituales y religiosas indias ejercieron sobre ella una profunda influencia. Su arte -principalmente su pintura paisajista y espiritual- se perfeccionó con el impacto de las experiencias allí vividas. Su hija, Erzsébet Brunner (1910-), galardonada con numerosos premios indios y húngaros, que actualmente vive en Delhi, ha retratado a casi todas las personalidades importantes de la India de este siglo. Ambas artistas húngaras se convirtieron en figuras de gran prestigio en la vida artística india. El historiador de arte Károly Fábri (1899-1968) también viajó a la India en 1933 por iniciativa de Tagore, y publicó muchos libros sobre distintas épocas de la historia del arte indio.

En 1919 se creó un nuevo centro húngaro de la investigación de la India, al fundarse el Museo Hopp Ferenc de Arte de Asia Oriental. El primer director de la colección, el historiador del arte Zoltán Felvinczi-Takáts (1900-1964), ha hecho muchísimo por enriquecer la colección india del museo. Su libro titulado El arte del Oriente es el primer resumen de las artes indias en idioma húngaro. A lo largo de su visita a ese país -cuyas experiencias describió en el libro de viajes titulado Por la ruta de Buda en el Lejano Oriente- estableció contacto con los húngaros que vivían en la India y les alentaba a hacer donaciones al museo. Por su mediación el comerciante de objetos de arte, residente en la India, Imre Schwaiger (1864-1940), regaló numerosas esculturas y estatuas al museo.También estuvo relacionado con el Museo Hopp Ferenc un importante período de la vida de Ervin Baktay (1890-1963), principal divulgador de la cultura india en Hungría. Baktay comenzó su carrera como artista, luego dedicó su vida al estudio de la cultura india. Fue el experto de India más multifacético de su época. Basándose en las experiencias acumuladas en sus viajes, escribió sus obras que aún en nuestros días se consideran manuales básicos (India, 1931, El arte de India, 1958). También fueron muy exitosas sus obras dedicadas a la filosofía y la astronomía indias y al yoga. Se publicó en varias ediciones su biografía de Sándor Kõrösi Csoma. Además, contribuyó con traducciones literarias de alto nivel a la popularización de la literatura india en Hungría.

La prima de Baktay, Amrita Sher-Gil (1913-1941), húngara por el lado materno, se considera como una pionera de la pintura india moderna. En sus obras se combinan las antiguas tradiciones de la India con las mejores tentativas modernas.

En 1962 se incrementaron en gran medida las posibilidades de los contactos científicos y culturales húngaro-indios con la firma del convenio cultural, seguido por el acuerdo suscrito entre las academias de ciencias de ambos países y luego por un convenio científico-técnico. Fueron cada vez más los investigadores que pudieron viajar a India, creció una nueva generación de indólogos, ampliando considerablemente el horizonte de los estudios.

Gracias al convenio cultural, también en la India se sabe cada vez más acerca de la cultura húngara. En 1969 se inició la enseñanza de la lengua y literatura húngaras en la Universidad de Delhi, con la participación de lectores húngaros.

Se ha hecho más amplia la gama de la formación indológica en Hungría. En la Cátedra Indoeuropea con grandes tradiciones, de la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd de Budapest, la investigación y formación sanscritista realizada hasta ese momento se diversificó más, a partir de 1956 se inició la formación especializada de indología y desde 1957 se enseñan los idiomas modernos de la India. En 1959 se publicó el primer libro de texto hindi para alumnos de lengua materna húngara, y en 1973 el primer diccionario húngaro-hindi. Han sido publicadas las traducciones de numerosas obras literarias clásicas indias (entre otros, los Upanishads, los discursos de Buda, el Gita Govinda y el Bhagavad Gita).

El Centro Cultural y de Información Húngaro de Delhi, fundado en 1978, es un importante organizador de las relaciones culturales y científicas húngaro-indias y hasta el momento el único instituto cultural de nuestro país en Asia. El instituto, además de organizar lecturas, encuentros profesionales y conferencias de científicos húngaros e indios, también lleva a cabo una intensa actividad editorial. Desde su fundación ha publicado más de cincuenta libros y folletos en inglés, hindi y bengalí, sobre todo acerca de científicos y artistas húngaros que han vivido y trabajado en la India, así como traducciones de las obras de las principales figuras de la literatura húngara.

Hoy en día en Hungría se manifiesta un interés sin precedentes hacia la cultura india. Los problemas de nuestra era orientan la atención de muchos hacia la herencia espiritual de las culturas orientales que destacan los valores internos. Esto explica la expansión en Hungría de numerosas doctrinas de origen indio (movimientos vaisnava bhakti, budistas) y la aparición de la literatura religiosa india en un volumen nunca visto desde comienzos del siglo.

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La apertura nacional llevada a cabo por Japón en la segunda mitad del siglo XIX, así como su aparición en el ámbito político mundial, fueron los acontecimientos que por primera vez despertaron un gran y serio interés en la opinión pública húngara hacia ese país. Algunos reportajes de la época dan fiel testimonio de lo dicho:

“Debemos estar preparados a que esta verdadera perla de Asia Oriental, recientemente rescatada del mar de las tinieblas y del olvido, seguirá durante mucho tiempo atrayendo la atención del mundo culto, lo mismo como antigüedad que como novedad ...” (Periódico del Domingo, Pest, 16 [1869]. Nº 18., 2 de mayo)

“Con toda razón podemos ubicar a los japoneses entre las naciones más laboriosas del mundo, y tienen un talento sorprendente tanto para la industria y los oficios, como para las artes más delicadas. Los productos industriales nipones que fueron presentados en la última exposición mundial de París, despertaron admiración general y se demostró claramente que en aquel imperio insular del Oriente vive una nación que ha alcanzado un alto grado de desarrollo civil. Nosotros, europeos no tenemos ningún motivo para no tomar en serio a estos asiáticos orientales, porque en gran cantidad de cosas están al mismo nivel que nosotros, y en muchos sentidos incluso ya nos han superado ...” (Periódico del Domingo, Pest, 16 [1869]. Nº 19., 9 de mayo)

Debido al interés generalizado, en 1923 se crea en la Universidad de Ciencias Pázmány Péter la Cátedra de Lenguas y Literaturas Asiáticas Orientales, dirigida por Vilmos Prõhle. En esos mismos años comienza a funcionar de manera muy activa la Sociedad Kõrösi Csoma Sándor o la Sociedad Nipona, que divulga en un amplio círculo la cultura japonesa. Paralelamente, también en Japón se intensifica el interés por Hungría. En los años ‘30 aparecen con apoyo japonés, una tras otra, obras de nivel científico sobre Japón, como por ejemplo el Compendio de la literatura nacional japonesa, de Vilmos Prõhle, El Museo Hopp Ferenc de Asia Oriental, de Zoltán Felvinczi Takács, A Historical Sketch of Hungaro-Japanese Relations, de István Mezey, y otras.

Después de la guerra la atención hacia Japón renace principalmente con la traducción al húngaro de obras de bellas letras: primero a través de algún idioma intermedio, luego con traducciones directas del original. Se han publicado  muchos tomos de poesía y obras japonesas clásicas, como por ejemplo: Canto del peregrino, de Fukadzava Shichiro, Las puertas de la tempestad, de Akutagava Ryunosuke, Novela de Gendzhi, de Murasaki Sikibu, Libro almohada, de Sei shonagon, La mujer de la arena, de Abe Kobo, El diario de un viejo loco, de Tanidzaki Dzhunichiro (en la traducción extraordinariamente exitosa de Árpád Göncz, presidente de la República de Hungría), El ánsar, de Mori Ogai, Hacerse a la mar, de Inoue Jasushi, Noche de Osaka, de Kaiko Takeshi, Sol poniente, de Dadzai Osamu, Mudez, de Endo Shusaku, El gato, de Nacume Soseki, El templo dorado, de Mishima Yukio, Sumida, de Nagai Kafti, las piezas no de Dzeami y otros, etc.

Mientras tanto, en la Cátedra de China y Asia Oriental de la universidad comienzan a formarse los especialistas jóvenes dedicados a la literatura, historia y lingüística japonesas. Desde 1975, la Fundación Japonesa de Tokio apoya sistemáticamente la enseñanza del japonés en la universidad, donando libros y material didáctico.

Una vez formado el equipo docente y creada la biblioteca especializada, gracias al apoyo que durante tantos años prestara la Fundación Japonesa, finalmente en el otoño de 1986, por primera vez en la historia de las investigaciones orientales húngaras, se hizo posible poner en marcha la enseñanza del japonés como especialidad independiente en la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd.

Los estudiantes egresados de la especialidad de japonés de la universidad propagan, en los años ‘80, la enseñanza del japonés en otras instituciones de la enseñanza superior, por ejemplo en el Instituto Superior de Comercio Exterior.

Debido a las relaciones económicas, científicas y culturales cada vez más multifacéticas, entre los jóvenes crece con gran rapidez el interés por el idioma japonés. En los últimos cinco años (como resultado de la actividad de los profesores de idioma llegados a Hungría con el apoyo del gobierno japonés) cada vez más estudiantes de las universidades de ciencias de Szeged, Pécs, Debrecen y Veszprém, así como de la Universidad de Ciencias Agrícolas de Gödöllõ llegan a conocer el idioma y la cultura japonesa en clases facultativas de idiomas, lo mismo que en las escuelas secundarias y primarias.La universidad de Budapest prevé iniciar desde otoño de 1996 la formación de profesores, y de acuerdo con la nueva ley de enseñanza superior, también está en el orden del día la organización de cursos Ph.D., con la colaboración de la especialidad de japonés de la universidad de Hamburgo, que cuenta con una enorme tradición, y con una considerable ayuda japonesa.

Como evento japonés en homenaje a las celebraciones del undécimo centenario de Hungría, en septiembre de 1996 se celebró en Budapest la conferencia científica “New Dialogue between Central Europe and Japan”, la cual contó con el apoyo de la Fundación Japonesa y la organización común de la Especialidad de Japonés de la Universidad de Ciencias Eötvös Loránd, la Academia de Ciencias de Hungría y el Centro de Investigaciones Internacionales de la Cultura Japonesa de Kioto, así como con la participación de numerosos especialistas húngaros y extranjeros. Este acontecimiento ilustra claramente los resultados alcanzados por los estudios nipones de Hungría, importantes también en la vida científica internacional.