Esta es una información ofrecida por Beáta Bankó, traductora de húngaro, español y alemán.

 

 

 

Hungría


 

Mapa de Hungría

 

                       TRES MOMENTOS DE SU HISTORIA


                                 El esplendor de Hungría.

A mediados del siglo XIV, bajo el reinado de Luis el Grande, las fronteras del reino se habían ampliado y la moneda húngara era la más fuerte de Europa. Este período de esplendor culminó durante el reinado del rey Matías. Bajo su prolongado gobierno (1458-1490), Hungría floreció económica y culturalmente. Matías, siguiendo el ejemplo de su célebre padre, János Hunyadi, resistió la creciente amenaza que por el sureste representaba el expansionismo del Imperio Turco. Después de su muerte, sus sucesores demostraron ser incapaces de mantener unido el país, prestando más atención a aplastar la revuelta masiva de los campesinos de 1514 que a la amenaza turca.

 

                                    La Hungría turca

En 1526, los turcos derrotaron al rey Luis II en las afueras de Mohács, en el sur. Luego siguió la humillante ocupación de gran parte del país por las tropas y pachás del sultán. A pesar de la tolerancia turca con la religión cristiana, el siglo y medio de dominación fue nefasto para Hungría, pues aunque realizaron edificaciones al estilo oriental, y algunas ciudades prosperaron, casi todo el país quedó abandonado e inició la decadencia. Las constantes incursiones turcas y las escaramuzas entre los dos bandos impidieron una vida estable en la amplia y estrecha franja fronteriza formada por casi la tercera parte del país, y que se extendía desde las estribaciones de los Alpes, en el suroeste, hasta Eslovaquia, en el noreste. Los Habsburgo se instalaron firmemente como reyes de Hungría, siendo coronados con ese fin en Pozsony (hoy Bratislava), que servía como capital húngara. Fueron ellos los que acabaron expulsando a los turcos a costa de grandes destrucciones. La ciudad de Buda fue ocupada en 1686, y la mayor parte del país se liberó a fines del siglo XVII.

                                La Hungría de los Habsburgo 

Al igual que otras ’liberaciones’ húngaras, la expulsión de los turcos sirvió más a los intereses de los liberadores que a los de los liberados. Los Habsburgo deseaban extender sus dominios y construir un imperio obediente y próspero, mientras que los magiares esperaban recobrar su tradicional relevancia. Para lograr sus objetivos, los Habsburgo trajeron numerosos colonos para repoblar el campo abandonado y ayudar a reconstruir las ciudades. La mayoría de estos nuevos súbditos de la corona húngara eran de lengua alemana, y procedían de todas partes de Alemania aunque se les conocía como ’suavos’. Los nuevos gobernantes contaban con su lealtad, a diferencia de los rebeldes magiares, que se alzaron en armas más de una vez. Pero las fuerzas locales, a pesar de su espíritu, no eran enemigo para el ejército imperial, que reducía toda resistencia en el país y destruía, de forma sistemática los castillos que pudieran servir de apoyo a futuras rebeliones. El papel que desempeñaron los húngaros bajo los Habsburgo fue, sobre todo, el de proveer productos agrícolas al resto del imperio austro-húngaro y rendir tributo a las formas de gobierno occidentales. Durante más de un siglo después de la liberación de Budapest, la coronación de los Habsburgo como reyes de Hungría tuvo lugar en Pozsony/Bratislava, situada a sólo 65 km de Viena bajando por el Danubio. Ésta fue la época triunfal del barroco: las grandes iglesias y catedrales, muchas de ellas diseñadas y decoradas por austriacos o italianos, fueron construidas de acuerdo con la moda de la Contrarreforma de la iglesia católica, y sustituía al protestantismo que había echado raíces firmes en este rebelde país. Pero el resentimiento contra los Habsburgo seguía presente. A mediados del siglo XIX se produjo una nueva rebelión, dirigida por el periodista y demagogo Lájos Kossuth e inspirada por el vehemente y joven poeta Sándor Petöfi. Pese a sus triunfos iniciales, este alzamiento nacional de los magiares fue definitiva y brutalmente aplastado con la ayuda del zar de Rusia. Una de las razones de su fracaso está en el rechazo de algunas de las otras nacionalidades del país, en unirse a lo que identificaban como una lucha entre los magiares y los Habsburgo, un mal augurio para la futura unidad de la nación.

 

 

 

 

 

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