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Símbolos nacionales de la
República de Hungría
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EL ESCUDO
NACIONAL
El escudo es uno de
los emblemas más importantes de un país, es el símbolo de su historia. Las
alteraciones en el escudo nacional de Hungría reflejan cambios ocurridos en
el destino de la nación.
Los componentes del escudo de la mayoría de las naciones modernas sancionan
su pasado histórico. La validez del escudo de una nación no sólo depende de
las leyes y decretos que le respalden, sino de su reconocimiento por parte de
los ciudadanos del país como símbolo; en su capacidad de identificarse con
dicho escudo. Así pues, el escudo no sólo diferencia a un país del otro, sino
que presenta una imagen compleja, arraigada en las tradiciones únicas,
nacionales e históricas de un país.
La cruz patriarcal es
el componente más antiguo del histórico escudo nacional de Hungría,
rehabilitado hace poco, en 1990. La cruz patriarcal forma parte del conjunto
de símbolos nacionales desde hace ochocientos años, cuando apareció por primera
vez en las monedas, a fines del siglo XII, y más tarde ocupó el flanco
siniestro del escudo nacional. El color del blasón es gules. Los tres
montículos fueron incorporados unos cien años más tarde, debido probablemente
a la influencia napolitana de la casa real de la época. Originalmente la cruz
patriarcal se apoyaba sobre tres pies, de éstos se formaron los tres
montículos que al principio eran incoloros.
En lo que concierne a
las franjas del flanco diestro se supone que se incluyeron por influencia española
a fines del siglo XII, principios del siglo XIII, por medio de una relación
familiar con la dinastía de la época.
La corona húngara
también aparece en el escudo nacional desde hace más de seiscientos años.
El centenario escudo
histórico húngaro pasó por una serie de cambios. No hay ni un detalle en el
escudo húngaro que tras un detenido estudio, no hable sobre las razones
históricas, las grandes luchas que produjeron estos cambios. Guerras y paces,
luchas internas, revoluciones, cambios de familias reales, caídas de los
sistemas en el poder y conmociones históricas han dejado sus huellas en el
escudo nacional de cada época.
En el verano de 1990,
el Parlamento húngaro decidió rehabilitar el escudo nacional histórico como
nuevo emblema del país. Este escudo es el llamado "pequeño blasón"
con corona, que consta de un blasón dividido verticalmente en dos. El flanco
diestro está cortado en siete franjas color gules y plata. En el flanco
siniestro, en el trasfondo rojo sobre tres montículos, se encuentra, en el
medio, una corona de oro y sobre ella una cruz patriarcal de plata. Sobre el
borde superior reposa la corona húngara.
LA BANDERA DE HUNGRIA
La bandera nacional de la
República de Hungría consta de tres franjas horizontales de la misma anchura,
de color rojo, blanco y verde.
Por primera vez en la
historia milenaria de Hungría, durante la Revolución y Guerra de
Independencia húngara de 1848-1849 contra los Habsburgo, se proclamó la
utilización legal de la bandera roja-blanca-verde. Hasta ese momento histórico
la forma y utilización de la bandera se basaba en el derecho consuetudinario.
Según algunas
fuentes, la mayoría de las banderas de las tribus Magiares provenientes del
Este en el siglo IX exhibían el Turul, el águila mítico. Más tarde, las obras
pictóricas representaron a varios reyes húngaros con banderas, portadoras de
la cruz patriarcal y franjas rojas y blancas. Esta situación se mantuvo
durante siglos, tras la fundación del estado por el rey San Esteban
(1001-1038).
La primera aparición simultánea
de los colores nacionales de Hungría (rojo-blanco-verde) sobre un cordón de
sello se remonta a la época de Matías 11, en 1618. El color verde,
probablemente, vino del escudo, para acompañar el rojo y el blanco. El
tricolor impulsado por la Revolución Francesa se convirtió en el prototipo de
las banderas nacionales.
La generación de la
época de Reformas húngaras (años 1830-1840) utilizó de forma consciente las
banderas de colores rojo-blanco-verde en sus reuniones políticas.
Entre los primeros
logros de la Revolución y Guerra de Independencia de 1848-49 se cuenta la
reintegración de los colores nacionales y el escudo histórico del país en sus
derechos ancestrales. Según descripciones posteriores, el color rojo
simboliza el vigor, el blanco la lealtad y el verde la esperanza. En el
período de la Monarquía, la corona fue parte integrante de la bandera
nacional húngara.
Después de 1945, el
escudo sin corona conocido como escudo "Kossuth"' pasó a ornar la
bandera. La Constitución de 1949 desestimando las tradiciones y la
continuidad jurídica histórica reemplazó el escudo "Kossuth" por el
escudo de la República Popular. Actualmente, desde el cambio de sistema
político, con el establecimiento de la República de Hungría, de nuevo el
escudo con la corona decora la bandera roja-blanca-verde.
LA CORONA DE HUNGRÍA
El rey Esteban,
canonizado tras su muerte, organizó la institución del reino en Hungría. En
símbolo por su labor desarrollada en la formación del estado y la iglesia, el
Papa Silvestre 11 le envió en el año 1 000 la corona real, con la cual
Esteban se hizo coronar rey en el primer día del nuevo milenio, cuando toda
Europa temblaba por la llegada del Fin del Mundo y el Anticristo.
En esa época la
corona recibida del Papa tenía un doble significado. Por una parte, subrayaba
el hecho de que el rey de Hungría espiritualmente dependía en forma directa
del Papa en Roma y no se transformó en un vasallo del Emperador
Germano-Romano. Así pues, simbolizaba hasta cierto punto, la soberanía de la
nación. Por otra parte, la corona era el símbolo del poder secular y el Papa
al entregársela al rey Esteban le señalaba que propagara las doctrinas de la
Iglesia Católica romana en Hungría. Esta corona, reproducida en obras de arte
antiguas, en ningún detalle coincide con la corona que conocemos actualmente,
la corona original era una banda con piedras preciosas, igual que las coronas
que llevaban los demás reyes europeos a principios del milenio.
Es interesante notar
que a lo largo de muchos siglos persistió la idea en el reino húngaro de que
la corona llamada santa, era la misma otorgada por el Papa para la coronación
del fundador del Estado.
¿Qué pasó en realidad
con la corona de San Esteban?
De todas las
hipótesis expuestas por historiadores, actualmente la teoría más fundamentada
parece ser aquella, que sostiene que el emperador germano Enrique III, la
tomó como botín y debido a que la soberanía húngara quedó provisoriamente
suspendida, devolvió la corona a Roma, desde donde ya no se pueden seguir las
huellas de la reliquia. La corona que conocemos hoy en día como Santa Corona,
también es una reliquia de la época de San Esteban. Esta corona probablemente
está compuesta por la unión de un relicario del cráneo de San Esteban y la
parte inferior por la corona griega ofrecida por el emperador bizantino
Miguel Ducas alrededor de 1074 al rey húngaro Géza 1. Según una hipótesis, la
Santa Corona, símbolo de la monarquía húngara cobró su forma actual en 1166.
Es decir, la reliquia más bella de la historia y el símbolo más glorioso de
Hungría tiene más de ochocientos años.
A lo largo de los
siglos la corona de Hungría pasó por una serie de aventuras increíbles. Es
posible que no exista otra obra de arte en el mundo, que debido a las
vicisitudes históricas haya sido escondida en tantos países, palacios,
castillos, fortalezas y ciudadelas.
Para poseer este
tesoro se libraron muchas guerras de sucesión, luchas por el poder y
conflictos armados. A veces la corona se perdió en el curso de repatriación
desde el extranjero, o simplemente fue apropiada por personalidades
históricas, otros la secuestraron para protegerla, fue empeñada y enterrada.
Muchas veces la sacaron del país y cada vez se festejó su retorno, su
devolución.
Durante la historia
tan agitada de este tesoro se formó una institución especial para protegerlo.
Los guardianes de la corona fueron escogidos de la alta aristocracia húngara,
así como se constituyó un destacamento militar especial con el fin de velar
por la seguridad de la corona.
A fines de la Segunda
Guerra Mundial, políticos del gobierno de entonces de extrema derecha
escaparon a occidente con la corona, donde la reliquia llegó a parar a manos
de las fuerzas militares norteamericanas. La corona y varias joyas de la
corona fueron custodiadas y en parte restauradas en Estados Unidos hasta
1978, cuando a base de la decisión del entonces Presidente Cárter, el
Secretario de Estado Norteamericano Vance devolvió solemnemente las reliquias
de la corona al pueblo húngaro. Desde entonces la corona y las joyas de la
corona están expuestas al público en el Museo Nacional de Hungría.

Corona de San Esteban
Como pueden apreciar
en la fotografía adjunta, la corona está compuesta de dos partes. Su
ensamblaje se remonta, según la opinión de la mayoría de los especialistas,
al último cuarto del siglo XII. Sobre una de las placas de esmalte, en la
parte inferior de la corona, de origen griego, se lee la siguiente
inscripción griega, al lado del busto del rey húngaro: "Géza, rey leal
de Turkia (Hungría)". Sobre la cabeza del rey Géza vemos una diadema
similar a la parte inferior de esta corona, pero sin ornamentos y los
pendientes colgantes. Esta parte de la corona, como ya hemos mencionado, fue
un regalo del Emperador bizantino, Miguel Ducas a Géza, quien había contraído
nupcias con la hija de un patricio bizantino. La parte superior de la actual
corona se asemeja a un relicario de cráneo que se usaban en la Edad Media. En
su forma original las figuras de los doce apóstoles decoraban las bandas
ensambladas en sentido transversal y las cuatro bandas se juntaron con una
placa que llevara Cristo en el trono. Para poder integrar el relicario a la
corona hubo que cortar una placa de cada banda, con la imagen de sólo ocho
apóstoles.
EL HIMNO NACIONAL DE HUNGRÍA 
El Himno Nacional de
Hungría fue escrito por Ferenc Kölcsey (1790-1838), uno de los mayores poetas
de la Época de las Reformas y se publicó por primera vez en 1828. La música
fue compuesta por el compositor y director de orquesta, Ferenc Erkel
(1810-1893) en 1844, como resultado de un concurso público que se organizó
para obtener la música del Himno. El Himno de Kölcsey-Erkel se estrenó en
1844, en el teatro Nacional de Budapest. Se convirtió oficialmente en Himno
Nacional, tan sólo en 1903.
El Himno tiene ocho
estrofas pero en las ceremonias oficiales generalmente se interpreta y canta
sólo la primera estrofa.
Bendice al Húngaro, Señor, que la abundancia sea consigo; que
halle tu amparo protector cuando se enfrente al enemigo; que deje atrás su
adverso hado, y vea su trigo al fin maduro este pueblo que ya ha pagado por
su pasado y su futuro.
A los Cárpatos
condujiste nuestros ancestros, y, a su luz, horizontes nuevos nos diste en la
sangre de Bendeguz. Y donde la corriente pasa del Tisza y del Danubio, has
hecho perpetuar a la noble Casa de Árpád, por siempre en nuestro pecho.
Tú convertiste en
mar dorado las mieses de nuestra llanura y del Tokaj has destilado la vid en
su esencia más pura. Por ti nuestra enseña llameó sobre el turco fortín
agreste y a Viena en su empuje arrolló de Matías la negra hueste.
Pero cuando
nuestros pecados te hicieron tronar de furor, nos llegó en tus rayos sagrados
la pena, el llanto y el dolor. Primero enviamos te plugo, del Mongol los
dardos acerbos; después, del turco bajo el yugo, esclavos fuimos más que
siervos.
Cuántas veces,
sobre el montón de nuestros muertos Insepultos, de Osmán la ciega presunción
nos llenó de oprobio e insultos! Y cuántas, desdichada Hungría, tus propios
hijos convirtieron en una fúnebre y sombría el mismo seno en que nacieron!
Por más que el
fugitivo huyera, la cruel espada hasta él llegó, sin que patria encontrar
pudiera en la tierra que lo engendró. En la montaña o en el llano hay en sus
labios sólo hiel. A sus pies, de sangre un pantano; un mar de llamas sobre él
Aquí entre estos
muros, en donde antes reinaba la alegría, ahora el infortunio se esconde,
ayes se escuchan noche y día. La libertad se extingue; muere la patria entre espinas
y abrojos. Ahora es su canto un miserere, un río de lágrimas sus ojos.
Piedad del
Húngaro, Señor juguete de encontrados vientos. Tíéndele un brazo protector,
haz que terminen sus tormentos. Que quede atrás su adverso hado y vea su
trigo al fin maduro este pueblo que ya ha pagado por su pasado y su futuro.
Traducido por Éva Tóth y S. Hernández Rivera (1980)
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