Museo Nacional

Cultura

 

Hungría desarrolló en sus orígenes un arte metalúrgico similar al arte de las estepas*, pero a partir del s. XI se abrió a las influencias occidentales. De época románica se conservan las torres de Pécs y la decoración escultórica de portadas como la de Ják. En estilo gótico destacan la catedral de Kosice, las esculturas de madera policromada de Matheóc y Felsöguz, la estatua ecuestre de bronce de San Jorge esculpida por Jorge y Martín de Kolozsvár y la pintura de Thomas Kolozsvár y del maestro del que sólo se conocen sus iniciales M. S. El renacimiento tan sólo dejó edificios, como el castillo de Frics, mientras que el barroco alcanzó gran difusión, como lo demuestran en la arquitectura las iglesias de Santa Ana en Pest y de los franciscanos de Egar y el palacio de Gödöllo, en escultura las obras de J. A. Krauss y Hebenstreit y en pintura las de J. Kupeczky, A. Mányoky y Bogdány. En el neoclasicismo sobresalen los arquitectos Mihály Polláck y J. Hild y el escultor I. Ferenczy. De estilo neogótico son el Parlamento de Budapest, de E. Steindl, y la Casa de los Pescadores en Buda, de Schulek. En el s. XIX debemos citar a los pintores Pál Szinyei Merse, C. Ferenczy, L. Paál y M. Munkácsy y ya en el s. XX a los arquitectos B. Latja, B. Árkay y J. Vágó; a los pintores abstractos Barcsay y Korniss; a los surrealistas Bálint, Kondor e Illes; a los escultores Schaár, Varga, Vigh, Kö y Vilt, y a los ceramistas Gorkä y Kovács.

La literatura en lengua húngara comenzó su desarrollo en el s. XVI, en que fue redactada la primera gramática magiar, y alcanzó un gran florecimiento en época barroca gracias a István Gyöngyösi en prosa y Miklós Zrinyi en poesía, pero después decayó debido a la hegemonía cultural de las lenguas francesa y alemana. En el s. XVIII comenzó un periodo de renacimiento nacionalista; los dramaturgos György Bessenyei, József Kármán y Ferenc Kazinczy renovaron la literatura. El movimiento nacionalista llegó a su mayor esplendor en el periodo romántico con el poeta Sándor Petöfi, el novelista József Eötvös y el dramaturgo Zsigmond Czako. La época de dominio austriaco impuso de nuevo la lengua alemana, pero ello provocó un brote más violento de nacionalismo magiar, en el que se significaron el poeta János Arany, los novelistas Maurus Jókai y Zsigmond Kemény y el dramaturgo Imre Madách. A principios del s. XX escribió el gran poeta lírico Endre Ady, de estilo modernista. Tras la Primera Guerra Mundial, la disolución del imperio austrohúngaro significó el retroceso de la influencia cultural germánica, pero tras la Segunda Guerra Mundial la inclusión de Hungría en el bloque soviético favoreció la implantación de un estilo de realismo socialista poco fructífero para las letras. En el s. XX merecen especial mención el premio Nobel Lajos Zilahy, los también novelistas Kálmán Kikszáth y Zsigmond Móricz y el dramaturgo Ferenc Molnár.

La música húngara tuvo su primer gran representante en el romanticismo: Franz Liszt, compositor de rapsodias y creador del poema sinfónico. En el s. XX, dentro del nacionalismo musical, Bela Bartók y Zoltán Kodály recuperaron gran número de temas del folclore magiar.

Hungría ha proporcionado grandes figuras al cine, algunas de las cuales han dirigido sus películas en otros países, como Alexander Korda en el Reino Unido o Michael Curtiz en EE UU. Los más destacados de los que han desarrollado su labor en Hungría son Miklós Jancsó e István Szabó.

 

 

 

Enseńanza: (1998/1999)

 

 

 

 

 

Cursaron estudios diurnos, en porcentaje, según la edad de la población:

 

 

-párvulos:

86,5

 

-alumnos de escuela primaria:

97,7

 

-alumnos de escuelas formadoras                             de  obreros especializados:

22,5

 

-alumnos de escuela secundaria:

60,7

 

-estudiantes universitarios y de institutos superiores:

18,8

 

Fuente: Vademécum de Estadísticas, 1998 KSH (Oficina Central de Estadísticas)

 

 

 

 

 

            También constituyen valores húngaros sui géneris el vino de Tokaj y la porcelana de Herend. Podemos enumerar en esta misma categoría nuestras riquezas naturales sin igual, como son los parques nacionales o el mayor lago de aguas calientes y curativas de Europa, en Hévíz. La UNESCO declaró parte del patrimonio universal el panorama del Castillo de Buda con la ribera del Danubio, la pintoresca población de Hollókő, la gruta de estalactitas de Aggtelek y la milenaria abadía de Pannonhalma. Las piezas del arte folklórico húngaro de colores y formas de espléndida riqueza no son solamente productos de nuestro pasado: aún en la actualidad viven entre nosotros los artistas que las elaboran.