Hacia el siglo XXI

Cantabria es, hoy en día, un proyecto de autogobierno dentro de España. Sin más pretensiones y sin pretender tampoco una desvinculación del Estado Español. Las únicas pretensiones de la Comunidad Autónoma de Cantabria es el fomento de un autogobierno que vuelva a poner en marcha la cultura cántabra, que represente a los cántabros como pueblo dentro del Estado, y que administre nuestras vidas.
    Cuando Cantabria eligió convertirse en Comunidad Autónoma, la polémica entre partidarios de seguir vinculados a Castilla-León y autonomistas surgió. Uno de los argumentos más usados fue el de las posibilidades como región uniprovincial.
    Hoy, sin grandes aspavientos, se puede decir que Cantabria acertó al elegir el camino de la Autonomía. Dentro de las Comunidades Autónomas, ha sido la única que ha conseguido salir de Objetivo 1 en la década de los 90 y formar parte del pequeño grupo de las Comunidades más saneadas del Estado Español, aunque queda mucho camino por recorrer. El hecho de mejorar algunos indicadores económicos no significa que toda la labor esté hecha. La industria y el sector primario, sobre todo el ganadero, deben mejorar para poder competir en Europa. Y el éxodo de nuestros mejores cerebros a ciudades donde se ofertan mejores condiciones laborales dificulta esa misión.
    Este debe ser el objetivo de los futuros Ejecutivos Cántabros: mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos y crear las condiciones necesarias para que las empresas encuentren atractiva para sus inversiones nuestra tierra, ya que Cantabria no es sólo un sitio turístico.
    Abandonadas ya las ideas populistas, los políticos deben pensar que el poder es efímero. Con la desaparición de la aventura de Juan Hormaechea, la UPCA, del mapa político de Cantabria, se confirma que los barcos fletados para la situación terminan por hundirse y que sólo la correcta gestión, respetando la ley aprobada por los todos los españoles en referéndum el 6 de Diciembre de 1978, y las leyes promulgadas por los Palamentos nacional y autonómico, termina por encumbrar a los buenos políticos. Esta deberá ser la labor del actual ejecutivo cántabro.
    Los cántabros miran al futuro con la misma estoicidad y laconismo que su tierra arraiga en su carácter. Sin embargo, no miran al futuro con desesperanza. Están convencidos de que la democracia que llegó de la mano de D. Juan Carlos I permitirá el desarrollo futuro del Estado, apuestan por Europa, y por la buena convivencia con el resto de las Comunidades.Lo único que quieren es ser parte integrante de ese proyecto con nombre propio. Lo que no desean es una nueva guerra fraticida. Ya han batallado bastante a lo largo de los siglos y sólo desean la paz.
 
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