Cantabria en los inicios del Medievo

    Cantabria empieza a formar parte del Reino de Asturias al suceder a Fabila el hijo del Duque Pedro de Cantabria, Alfonso. A partir de este momento, el nombre de Cantabria se desplazará y aparecerá en otras zonas lejanas de la tierra donde nacía el río Iberus. Aparece en Logroño, donde una ciudad recibe el nombre de Cantabria, situada en la sierra del mismo nombre. Es un misterio la razón de este desplazamiento territorial, ya que los historiadores romanos siempre situaron a los berones en la zona de La Rioja.
    Aparece en León otra referencia a Cantabria, en la ermita de Santa Catalina de Cantabria, y la región de Valencia de Don Juan (Soria), en pleno siglo X, se denominaba Cantabria.
    También se denomina Rex Cantabriense al rey de Navarra en sus inicios, quizá por la proximidad de éste con La Rioja. Aunque del mismo modo los historiadores romanos siempre destacaron al "ouaskon" como pueblo diferenciado de los cántabros.
    Lo cierto es que el nombre de Cantabria se ha perdido, o se ha desplazado a otras regiones del sur de la región histórica, y aparecen en ese momento "las Asturias". El Reino de Asturias se divide en varias zonas o comarcas, siendo estas  Asturias de Oviedo, Asturias de Trasmiera, Asturias de Liébana y Asturias de Santillana. La parte más oriental de la antigua Cantabria formará más adelante, junto a sus nuevos vecinos, los Bizkainos, el embrión del Condado de Castilla.
    Los reyes de Asturias trasladan la corte a la ciudad de León, iniciándose el Reino de León y desapareciendo el de Asturias. Su aliada desde siempre Cantabria se difuminará cada vez más en la Historia, sin que nadie pueda remediarlo.
    El Condado de Castilla, fruto de los Bizkainos y los Cántabros orientales, se emancipa del Reino de León de la mano del conde Fernán González. Empieza a formarse el embrión del Reino de Castilla de la mano de vascones y cántabros. En La Rioja un monje vasco escribe las primeras frases en castellano y euzkara.
    Cantabria ha desaparecido ya de la memoria histórica. No hay apenas referencias dentro de los textos de la época que reivindique su status dentro de la historia medieval, aunque ha sido pieza fundamental de la Reconquista. Lo que no consiguió César Augusto lo logró el devenir de los años. Cantabria se transforma en una zona sudbita de los reyes leoneses y castellanos.
    Sin embargo, dentro de las montañas subyace la cultura ancestral cántabra. Es la montaña, como casi siempre en esta tierra, la que salvaguarda a la nación y la que conserva su cultura. Mientras que la cultura romana sigue permaneciendo en la costa, la mitología y cultura cántabra permanece en la montaña. Esa montaña inexpugnable tanto para romanos como para los propios cántabros. El pueblo cántabro debe su supervivencia a la Montaña. Es su razón de ser.
    Empiezan los tiempos de las "villas": Santander, Laredo, Santoña y Santillana. Estas villas se disputan el control de la región. Santillana pierde la capitalidad de la región en detrimento de Santander. Cantabria desaparece en beneficio de la ciudad que, a partir de ese momento, será su capital. Olvidadas Aracillum y Amaya, la vieja abadía de San Emeterio (que da nombre a la ciudad) se convierte en uno de los puertos más importantes del Norte de España, y los reyes españoles reconocen ese derecho hasta nuestros días.
 
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