Cantabria y los Visigodos

    Como ya se ha visto, los cántabros fueron sometidos por César Augusto en el año 19 antes de la era cristiana. De aquí hasta la caída del Imperio, Cantabria vive administrada por los romanos, como ocurre en el resto de la península. Sin embargo, esta romanización sólo es administrativa, ya que los cántabros siguieron conservando sus costumbres bárbaras. Tampoco el Imperio estaba deseoso de que los cántabros abandonasen esas costumbres, ya que la tierra de Cantabria era inhóspita para un ciudadano romano medianamente civilizado.
    Con la caída del Imperio, en el siglo IV de nuestra era, las tribus germanas del Norte de Europa invaden éste, e Hispania con él. Los asentamientos germanos que se dieron en el norte fueron alanos y suevos, mientras que en la Meseta se asientan los visigodos, que fueron desplazados de Francia por las hordas hunas que venían de Asia.
    Este momento es aprovechado por los cántabros para independizarse del Imperio en declive y volver a sus costumbres y a su deseada independencia. Mientras que los galaicos son sometidos por los suevos, y el resto del mundo hispano-romano por los visigodos, los astures, cántabros y vascones vuelven a tener la soñada independencia que perdieron con Octavio Augusto.
    Ya se ha formalizado la cristianización del Imperio. Los germanos que invaden Hispania son cristianos arrianos, mientras que los hispano-romanos son seguidores de la doctrina de Roma. Las tribus montañesas siguen siendo paganas, a diferencia del resto de la península. Y, como ya ocurrió con los romanos, los visigodos tampoco dieron mucha importancia a la independencia de los montañeses.
    Los visigodos se mezclaron poco con los hispanos, al contrario que los romanos. Formaron sus propias sociedades con sus propias leyes, respetando las leyes romanas que regían en la península. Respetaron hasta el Clero Romano, convirtiendo a los obispos hispanos en consejeros personales cuya influencia se notó hasta el punto que los reyes visigodos más tardíos abandonaron el arrianismo, volviendo a la tutela de Roma.
    Es lógico pensar que los visigodos, teniendo una Meseta rica para cultivar cereal, no se fijasen en una tierra tan agreste como Cantabria, Asturias o Vasconia. Por esta razón los montañeses no tuvieron muchos problemas cuando éstos invadieron Hispania. Sin embargo, muy pronto los visigodos caerían en su error. Las tribus montañesas volvieron a ejecutar sus rapiñas en la Meseta, y el Rey Leovigildo no tuvo reparo en invadir el Norte de la península en el siglo VI. Sin embargo, en esta ocasión ocurrió que donde más enconamiento encontraron fue en las tribus vasconas. Los cántabros fueron sometidos cuando se destruyó la ciudad de Amaya, el bastión cántabro más importante. En los escritos sobre San Millán ya se cuenta la visión que tuvo el santo sobre la caída del antiguo castro cántabro. Y posiblemente fuese debido a que los cántabros fueron más castigados en la época de Octavio Augusto que los vascones. Por esta razón se dió la frase "domuit vasconi" que se pronunció cuando los visigodos creyeron tener dominado todo el Norte.
    Sabedores de la indomabilidad de los montañeses, los visigodos crearon un plan de repoblación de Cantabria con gentes de la Meseta, y también en sentido contrario. Crearon a su vez un Ducado de Cantabria, para dotar así de una administración propiamente cántabra a dicha zona. El plan de los visigodos fue muy inteligente. Dotaron a Cantabria de unos derechos feudales, y al mismo tiempo los sometieron a la corona visigoda, que aceptaron sin rechistar. Quizá era lo que buscaba el indómito pueblo, un reconocimiento de su existencia y no un mero pasar por manos de naciones conquistadoras.
    Aún así, muchos montañeses siguieron conservando las costumbres de sus antepasados, sin que el cristianismo ahondase profundamente en el sentir de la población. Tiene que llegar la invasión árabe para que los cántabros tomen las riendas, junto a sus vecinos astures, de la defensa del cristianismo.
    Con la caída de Rodrigo, los árabes inician su paseo por España hasta llegar a la cornisa cantábrica. Gentes que huyeron de la Meseta a refugiarse en las tierras del Norte, junto con cántabros, astures y nobles visigodos, repelieron en la Batalla de Covadonga, al mando de un noble astur, Pelayo, el avance. Los vascos hicieron lo propio en su tierra, y los habitantes de la cuenca del Ebro y Pirineos frenaron el avance por el este, que amenazaba a Europa. Los cántabros, que habían acogido a los foramontanos (habitantes de la Meseta huídos por el avance musulmán), se romanizaron en esta época, y se convirtieron en los defensores de la fe de Cristo. En esta época aparece un monje famoso en toda la cristiandad, Beato de Liébana, cuyas obras son la doctrina que impulsa la Reconquista.
    Por otro lado, Pelayo muere y le sucede Fabila, su hijo, que muere poco después en manos de un oso durante una cacería. Alfonso, hijo de Pedro, Duque de Cantabria sucede a Fabila. Se inicia entonces el Reino de Asturias como primer reino cristiano de la época en la península, y los cántabros se sienten integrantes de una comunidad superior. El afán de independencia se vuelve afán de defensa del cristianismo frente al invasor árabe, y se empiezan a configurar los reinos cristianos de la Península Ibérica.
    Los vascones siguen una trayectoria paralela, formando el reino de Navarra, mientras que en el resto del pirineo se establece la Marca Hispánica, frontera con el mundo árabe, dependiente del todopoderoso Carlomagno.
    Cantabria desaparece entonces de la historia como nación independiente. Su anexión al reino de Asturias, provocada por el hecho de la subida a su trono del hijo de Pedro, está plenamente consumada. No hay motivos para pensar que los cántabros no deseasen esa anexión, ya que los astures eran sus hermanos más directos, a diferencia de los vascones, que conservaban su lengua y su paganismo y no lo abandonan hasta bien entrado el siglo XII.
    Sin embargo, no hay que olvidar la influencia cántabra en la España de la Reconquista. Son los monjes cántabros quienes crean los mitos que aflorarán a lo largo de ésta, como lo fue el del Apóstol Santiago, hoy patrono de España. También son cántabros los que empiezan a repoblar la Meseta. Ya no son ese pueblo belicoso de tiempos de Augusto. Son un pueblo comprometido en la recuperación de las tierras dominadas por el invasor árabe.
 
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