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ASOCIACION PARA EL ESTUDIO DE LOS ENCLAVES TEMPLARIOS EN EL PAIS VASCO |
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No hay constancia de que sea un enclave templario aunque se cite como tal en algunos textos. La tradicación la cita como tal quizás por su estructura hexagonal, quizás por su peculiar altar formado por una especie de dolmen natural.
Situada en las inmediaciones de Markina, en territorio de la anteiglesia de Xemein, San Miguel se integra en el conjunto de Arretxinaga compuesto por el ayuntamiento, el carrejo de arrastre de piedra y la propia ermita. En la actualidad se halla rodeada por una serie de talleres y almacenes que deslucen algo el entorno que originalmente rodeaba al conjunto.
HISTORIA Y LEYENDAS
La historia constructiva de esta ermita es bastante
oscura. Según muchos escritores atribuyen su construcción
a la orden del temple, debido entre otras cosas a su planta hexagonal.
Se sabe que en 1734 ante el estado ruinoso del edificio anterior se
decidió construir el actual, bajo las trazas de un arquitecto
desconocido y la dirección del guipuzcoano Joseph de Lizardi,
quien las concluía en 1741.
El mayor interés verdaderamente caso
exótico- de esta ermita se debe al curioso fenómeno de
los tres peñascos que se sostienen entre sí creando
una especie de capilla. Es una rareza natural,
fruto de la descomposición de rocas, en torno a la cual se
desarrolló el culto a San Miguel.
Los espacios centrados son frecuentes en el culto
cristiano especialmente para venerar reliquias. A esa categoría
se han elevado las tres piedras de Arretxinaga
que sumadas a la sugerente advocación a San Miguel dotan de un
halo de misterio al conjunto.
La tradición popular alimenta la leyenda
de que si un mozo quiere desposarse antes de un año
deberá deslizarse tres veces por debajo de los peñascos
de la ermita.
ARQUITECTURA
La ermita de San Miguel es un edificio de planta
centralizada, hexagonal, aparejado en piedra sin labrar, excepto los
elementos estructurales, esquinas y molduras que emplean
sillería de piedra caliza.
Se cubre mediante una cúpula de seis
nervios unidos al centro por una clave con jugosa decoración
vegetal. La bóveda descansa en seis recios pilares trapeciales
unidos en la cornisa por una moldura lisa de placa. Entre los pilares
dispone de tribunas altas generadas por arcos que se techan por
bóveda.
La luz penetra al interior por un coherente y
eficaz sistema de vanos adintelados abiertos en cada uno de los
paños del muro.
El exterior traduce bien la disposición
interior, excepto la cúpula cobijada bajo la armadura del tejado.
El acceso se hace por un sencillo ingreso
adintelado moldurado. En su eje superior se localiza una pequeña
espadaña de un cuerpo de un vano de medio punto para campanas
con decoración de eolípiles.