LAS ERMITAS


Los siglos XVI y XVII fueron siglos de las ermitas porque en casi todos los pueblos se construyeron una o varias; había pueblos con siete u ocho ermitas. Eran y son las ermitas pequeños templos dedicados a una sola advocación, principalmente de Jesús o de la Virgen María, y también en algunos casos dedicadas a algun santo. Se construían a las afueras de los pueblos, ya en pleno campo y eran atendidas la mayoría de las veces por piadosas mujeres que cuidaban de la limpieza de ellas y el alumbrado. Alguna vez se celebraba misa en ellas. Recibían visitas de piadosos y también de curiosos pues el viajero que por ellas pasaba, movido de la curiosidad, se acercaba para conocer el interior por un orificio a modo de mirilla que tenian las puertas. Por él se ofrecía aquel interior emotivi de una dorada y brillante lámpara que lucía permanentemente, un sencillo y pequeño altar con candelabros y ornamentos a veces muy antiguos y sobre él una imagen a veces impresionante y casi siempre muy antigua.
Con el tiempo y lamentablemente las ermitas han ido desapareciendo. Algunas fueron derruidas en los combates que se libraron a la entrada de los pueblos cuando la guerra de la independencia y después ya no se reconstruyeron quizá por falta de medios. Otras, el paso del tiempo las fué deteriorando y arruinando. Hoy quedan pocas; una en cada pueblo y no en todos.
El antecedente de algunas ermitas fue una cruz de piedra que se levantaba a la entrada de los pueblos y a la que dieron el nombre de "humilladero" porque ante ellas los antiguos cristianos observaban la piadosa costumbre de humillarse cuando pasaban inclinando la cabeza o doblando la rodilla.
Después, junto a ellas se construyó una ermita dedicada a Cristo Crucificado pasando este nombre a ella pues en muchos pueblos se le llama la ermita del Cristo del Humilladero por referencia a aquel lugar que así denominaron siempre.