DATOS DE INTERES


El precio o valor de las tierras vendidas por el Rey a los que las poseían ya pero no en propiedad , fue de 459.568 maravedíes. No se especifica si el maravedí era nuevo, prieto o viejo por lo que no se puede sacar el valor exacto en la actualidad, pero aproximadamente pueden ser unas 76.000 pesetas o 458 euros. El valor del maravedí era de cinco o seis veces menor que el de un real, cuyo valor era de veinticinco céntimos. Los veinticinco reales, valor de cada hanega, no especifica si era de plata o no.
Las 540 hanegas equivalen a unas 270 hectáreas de hoy.
El estadal era una medida de longitud equivalente a once metros cuadrados de hoy.
Es de destacar que por aquel entonces había viñas en Masueco lo cual demuestra la antigüedad de su cultivo, aunque debía haber muy pocas; su cultivo se extendió en siglos siguientes.
Los compradores de las tierras son 137, la mayoria de Masueco que por aquel entonces eran 200. De ellos solo 19 tienen dos apellidos, que supongo seran los 19 hidalgos (hijos de algo) los que tenian algo. Varias clases había de hidalgos pero aqui no señala de que clase son. Serin hidalgos de gotera que gozaban de unos privilegios y unos bienes solo allí y si marchaban del pueblo los perdian. Y tambien hidalgos de solar conocido, que tenian casa solariega, uno de ellos era Baltasar Ramos Ortiz, padre de Gaspar Ramos Ortiz estudiante en Salamanca y del que se a publicado un libro de sus andanzas.
Los demás compradores son de los que llaman "pecheros", es decir que pagaban impuestos o tributos por las tierras que poseian. Estos pecheros solo tienen un apellido y para distingirlos, se le pone el oficio, barbero o carnicero o le añaden alguna referencia como "hijo de la aldeana" o también los distinguen por el lugar donde viven "de Arriba, de Abajo de la Iglesia". Tambien se saca la conclusión de la dependencia de la mujer del varón de forma que ella no figura en parte alguna y las viudas que compraban tierras carecian de apellido por lo cual se le añade " viuda que fue de.." y se señala el nombre del marido difunto. Tambien se añadian los calificativos de "viejo" "mozo". Algunos de estos calificativos se convirtieron luego en apellidos. Y por fin a los que no tenian apellidos se le añade el apodo.