En
las primeras edades la evolución de la resistencia es muy suave, como consecuencia
del crecimiento. A partir de los 7
u 8 años tiene una progresión moderada que se mantendrá hasta el final de
la primaria.
En el paso de
la primaria a la secundaria, coincidiendo con el período puberal, se produce
en el sujeto un estancamiento relativo. Desde
aquí, se entra en una fase de rápido desarrollo que coincide con el período
de mayor velocidad de crecimiento.
Entre los 17 y
22 años, se aprecia un crecimiento más moderado en velocidad, que le conducirá
al máximo nivel de resistencia, tanto aeróbica como anaeróbica.
Desde los 30 años
se iniciará un lento proceso de involución marcado por el nivel de entrenamiento
y las características individuales de cada sujeto. A partir de esta edad, un adecuado estímulo
de trabajo basado fundamentalmente en esfuerzos aeróbicos, permite que la
curva de inducción sea poco acentuada.
Las cargas anaeróbicas
no tienen sentido o son incluso perniciosas, en la infancia y la adolescencia
ya que no aportan ningún beneficio, pues no se tiene capacidad de asimilar
el trabajo. Por ello los trabajos
anaeróbicos no empezarán a combinarse con el trabajo aeróbico hasta los 16-17
años; no consiguiéndose el máximo poder anaeróbico hasta los 22-23 años.
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