TRES DÍAS EN SAN SEBASTIÁN DE GARABANDAL

            

            Día 29 de junio de 1962, festividad de S. Pedro y S. Pablo:

            Después de pasar el Puerto de Piedras Luengas, de contemplar la maravillosa panorámica de los picos de Europa, tomamos la carretera sinuosa y estrecha en dirección a los Saltos del Nansa, llegando a Cosío ya entrada la tarde. Por un camino no transitable para vehículos y malamente para personas, iniciamos la subida con agradable temperatura y cielo despejado hasta San Sebastián de Garabandal sin borrar todavía de nuestras memorias aquel plomizo y lluvioso diez y ocho de octubre. La suave brisa de la montaña purificaba nuestros cuerpos y preparaba nuestros espíritus para recibir la acción benéfica de la Virgen María. 

            Tuvimos tiempo de descansar como una hora y media, cuando ya entrada la noche nos dijeron por una de las calles del pueblo que las niñas caminaban en éxtasis, fácilmente las encontramos y nos unimos al grupo que las seguía hacia los Pinos, perdiéndolas de vista un poco más arriba del Cuadro; esta palabra es fácil que a muchas personas no les diga nada, consiste en una piedra alargada entre otras dos más pequeñas, una a cada lado de la mayor, donde con frecuencia caen de rodillas las videntes con una exactitud matemática; allí se colocó un cuadro de madera para protegerlas de la multitud que las arrollaban, tocaban e incluso pinchaban, deseosas de satisfacer su curiosidad y sobre todo palpar aquella rigidez que chocaba contra las mismas piedras. Nos quedamos a cierta distancia siguiendo instrucciones  que las había dado la Virgen y quedando fuera de nuestro alcance, esperamos un poco angustiados e incluso algunos creían oír u oían débiles gemidos, acaso recordando los fuertes sollozos de la víspera del Corpus; más tarde bajaron un poco pero lo suficiente para que con la poca luz que proyectaba una linterna potente, contempláramos cómo las niñas caían y se incorporaban repetidamente sobre aquel suelo pedregoso, prestándole un encanto especial las luces de las linternas que portaban las niñas y con las que habían acudido a la cita de la Señora. Adelantados sobre los demás, ligeramente, aparecía el padre de Mari Loli y la madre de Jacinta.

El silencio simulaba el eco de la noche estrellada y serena que nos ayudaba a meditar, asociándonos en espíritu a las niñas que terminada la visión, reflejaban en sus rostros lágrimas mal limpiadas y un aspecto serio y triste que contrastaba con el risueño y alegre que les es característico y habitual. 

Durante este primer día mi espíritu quedó templado y preparado para recibir todo aquello que é1 fuese capaz de captar de esas percepciones que escapan a los sentidos y que solamente es posible recoger abriendo los ojos de la fe.

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Día 30 de junio.-

Este fue el día más grandioso y emocionante de los tres que pasé en San Sebastián de Garabandal y reviví en mi alma los días gozosos y esperanzadores del Cursillo de Cristiandad.

Un incipiente amor filial iba penetrando por las grietas abiertas en mi corazón, un ardiente deseo junto con el reconocimiento de mis propias miserias y el recuerdo del esquilón de la Ermita que esta Virgen del Carmen tiene en mi pueblo, iba saturando mi espíritu, resonando sus campanadas hasta en lo más recóndito de mi alma.

Ya de noche, esperábamos en casa de Conchita, su madre la mandaba ponerse unas catiuskas de goma como si presintiera la hora de la llamada, la niña cae en éxtasis, sale de su casa y comienza el rezo del Santo Rosario por las calles, callejas y caminos del pueblo, arrastrando tras de si a todos los forasteros y otras personas de la Aldea.  Se rezaban unos misterios y se cantaban otros, su voz musical y tono de auténtica, genuina, sincere y profunda piedad se iba apoderando de todos nosotros, embargándonos una sensación especial de bienestar y placidez. Nunca las había visto caminar de espaldas pero sí haber oído hablar con desdén y hasta con burla, de este andar que por su armonía, gracia y ritmo me parecía una danza celestial; durante el trayecto la vidente encuentra el coche de Fidelín, haciendo la señal de la cruz sobre, el volante y la vuelve a repetir sobre el parabrisas; este detalle curioso me sugería el pensamiento de que acaso la Virgen bendecía y aprobaba con este signo al único hombre que se arriesgaba diariamente a subir por un camino muy parecido al que conduce al Parador de Aliva; a continuación sorprende a la cuñada del P. Andréu, haciendo sobre su rostro la señal de la cruz con el crucifijo de un modo solemne y a la vez lleno de unción, quedando visiblemente emocionada. Penetró más tarde en casa de un vecino, también fue en busca de Mari Cruz. La puerta estaba ya cerrada, la golpeó con fuerza y persistentemente hasta que fue abierta, sube por una escalera pendiente, llevando el crucifijo a los labios de su compañera a quien no olvida ni en los momentos de visión pidiendo a la Virgen se le aparezca con la misma frecuencia que a ellas.  Me extraña que nos llevara a1 Cementerio, frente a la puerta del mismo se detuvo breves instantes e hizo la señal de la cruz como si impartiera una bendición por la forma que adoptó; al regreso, entra en casa de su tía, Maximina, sus primos dos niños de corta edad se encontraban dormidos, les destapa hasta encontrarles la ropa interior, prendiéndoles a cada uno su medalla sin equivocarse, pues ambos tenían su correspondiente inscripción comprobándolo el P. Pasionista.  Por fin llegó la carrera que era para mí una novedad; no pudimos seguirla y menos alcanzarles resultaba curioso ver como antes de iniciarla, se detenía y extendiendo ligeramente los brazos salte como una exhalación sin hacer blanco en esquinas, tapias, setos o piedras que acechan por todas partes, sin olvidar también los balcones de baja altura capaces de lastimar, nuestras cabezas, como ocurrió con la mía.

                El Rosario concluyó en el mismo Pórtico de la Iglesia, que permanece siempre cerrado a las horas de las Apariciones, con el canto de la salve.

Me llamó la atención sobremanera cuando en el rezo del Credo, además de la palabra “católica y romana”, que según me han dicho solo lo dicen en éxtasis; también observé como llevan la dirección del rosario sin auxiliares de medio alguno para la cuenta exacta de las diez  ave marías de cada misterio.

La segunda visión la tuvo Mari Loli, presencié la entrada en su casa, sube por unas escaleras casi, verticales, recorre todas las dependencias y enseguida el padre intuye que busca les sandalias de goma, se les coloca próximas a sus pies, se las pone en esta situación y acto seguido cae violentamente de rodillas, se contorsiona hacia atrás dándose fuertemente con la cabeza en el suelo de madera por insinuación de su madre, Jacinta le pregunta, cómo te has dado ese golpe? todos oímos salir de aquellos labios entreabiertos y esbozando una débil sonrisa estas palabras: ¿qué golpe?

Días más tarde al contarle este detalle al padre Rodrigo S.J., me explicó el fenómeno de la comunión entre videntes, aún cuando no estén ambos en visión al mismo tiempo.  Ahora las dos en éxtasis, aunque no recuerdo el momento exacto en que quedó Jacinta, las vi marchar hacia los pinos con el rezo del, segundo Rosario de la noche; en la cima cayeron primero de rodillas y después de espaldas, daban la impresión que la bola del mundo las amenazaba con aplastarlas; mi mayor sorpresa llegó cuando comienzan el descenso del monte vueltas de espaldas, abandonando el camino para llegar a encontrarlo hacia la mitad del mismo, cortándole transversalmente, sin seguir vereda alguna y después de salvar un corte vertical de cerca de un metro de altura; me imagino que la figura que contemplaban, se había parado de pronto para que ellas se deslizaran suavemente, sirviéndoles de guía en su marcha hasta el pueblo donde no quedó calle ni calleja que no presenciara este Rosario nocturno al que no pudieron sustraerse ni los mozos que cantaban en una cantina cuando penetraron los niñas dándoles a besar el crucifijo y adoptando aquellos una actitud de completo respeto a pesar  de la  momentánea interrupción de sus cantos. Mari Loli pierde una sandalia, vuelve sobre el mismo camino completamente de espaldas hasta tropezar justamente con el pie desnudo en la sandalia perdida, se la puso sin necesidad de los manos, después se detiene unos segundos, levanta ligeramente los brazos y sale a una velocidad de vértigo propia de un especialista en los cien metros libres: a pesar de las piedras y de la velocidad  pudo detenerse frente a Concepción Zorrilla, miembro de una .Compañía de Teatro extranjera, que acababa de actuar días entes en el Teatro Español de Madrid. Esta mujer buena, abierta y sincera, había acudido a este pueblecito escondido de la geografía hispano desviando su ruta hacía Paris de regreso ya para el Uruguay; dentro del silencio y el recogimiento de la noche Mari Loli puso fin a sus dudas e inquietudes, extendiendo el brazo con la mirada hacia adelante sin volver la cabeza hacia su lado para darla a besar el crucifijo que si bien lo rechazó por dos veces, no pudo vencer la violencia de esta criatura que llega con el crucifijo a sus labios, arrancándola lágrimas que hicieron brotar en su alma una alegría y felicidad interior como nunca había experimentado y muy diferente a la de los escenarios. Más tarde ella misma confesó que si había rechazado el crucifijo fue porque se consideraba indigna de besarlo. T uve la oportunidad el mismo día de su marcha de sacarle una fotografía junto con Maria Dolores para que pudiera rememorar este episodio en las lejanas tierras de su país.

El Rosario terminó también en el pórtico de la Iglesia con el canto de la Salve; después vi como se elevaban de puntillas ofreciendo las mejillas para besar después de haber sido basados por la visión, y por último, elevándose la una a la otra como si la Señora se hubiera distanciado lo suficiente pera hacer más palpable que Ella estaba junto o al menos cerca de nosotros.

Mi  curiosidad me llevó a preguntar por que las niñas van tantas veces a la Iglesia en éxtasis encontrándose cerrada, la respuesta ya estaba dada de hace tiempo: "A la Virgen le gusta ir cerca de donde está su hijo".

Mi fe fortalecida y aumentada me decía lo mismo que el corazón:”Pocas veces la Virgen se ha manifestado con tantas muestras de amor de nuestra madre a sus hijos los hombres, y comencé a entender, a sentir a vivir intensamente la devoción a la Blanca Señora».

                Aprovechamos un rato para cambiar impresiones y comunicarnos todas les incidencias y detalles que pudieran haber escapado a nuestra atención que se prolongó hasta altas horas de la noche con la segunda aparición de Jacinta, Mari Loli y Conchita, que se sucedieron por este orden.

                Estábamos en la cocina de Jacinta.  Ella dormías vestida echada sobre la cama en una habitación que se comunica con la cocina, se encontraban además de sus padres, Máximo Foerschler, el protestante convertido recientemente por mediación de  esta niña a quien él llama con mucha frecuencia: “mi Jacinta” y alguna otra  persona. A su madre la fue difícil despertarla del primer sueño, luego se sentó sobre le cama, se frotaba los ojos y se le abría la boca, pocas palabras habíamos cambiado con ella, cuando cayó de rodillas en visión, se levanta, sale a la cocina, ofrece distintos objetos a besar a la Virgen y así terminó esta aparición. El día de mi llegada la había entregado una fotografía que la hice con Mari Cruz, observé que durante el éxtasis también se llevó la foto, cuando la pregunté si la Virgen la había besado, me contestó: “Se la he enseñado pero no la ha besado”. Con una estampa que la daba a besar en principio por el lado en blanco  la volvió instintivamente.

Corrí a casa de Mari Loli aunque ignoraba el momento y el orden de sucederse las apariciones, me coloqué en la puerta que comunica la cocina con la cantina desde otra dependencia contigua a la misma, debido a mi altura pude ver el momento de caer en éxtasis sobre el duro pavimento de mosaico de la cocina,...

 

 

En construcción.

Última actualización el 22/08/01

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