CAPITULO 9º
Bilbao en el siglo XVII
Historia y
desarrollo económico-social
La prosperidad
de mediados del siglo XVI había conseguido un cambio en la estructura social.
Se había consolidado una nueva “nobleza”: la de los Comerciantes y
Funcionarios. La vieja aristocracia pasa a un segundo plano.
También
reaparecieron ciertas rencillas entre la Tierra Llana y la Villa. Seguían con
sus pléitos y con sus discordias. Era una guerra contra los nuevos “jauntxos”
que detentaban el poder y que habían acumulado capital con el ejercicio del
comercio. Los aldeanos incrementaron su odio contra los poderosos, odio que se
concentró de una forma especial en la Villa de Bilbao.
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Como ya hemos
indicado en el capítulo anterior, Bilbao empieza este siglo XVII sumido en una
época de crisis. Crisis motivada por su primer declive económico de finales del
siglo XVI. Y así, entre los años 1.600 y 1.635, aparecieron en la Villa una
serie de establecimientos ingleses y holandeses, que se iban haciendo cargo de
las actividades industriales y mercantiles abandonadas por la población, que, a
su vez, se iba haciendo rural.
Pese a ello,
los bilbaínos no vieron con malos ojos la presencia de estos comerciantes
extranjeros, ya que, de alguna manera, venían a sustituir la tradicional
dependencia de Burgos, hasta la creación del Consulado Mercantil en 1.511.
Podríamos incluso decir que tuvieron un efecto positivo.
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Y siguiendo con
la crisis, entre los años 1.631 y 1.634 se produjo en Vizcaya, con un gran
impacto en Bilbao, el conflicto que se conoce como “La Rebelión de la sal”.
Reinaba por
entonces en España Felipe IV, que sucedió en 1.621 a su padre Felipe III. Ya en
tiempos de éste, que abandonó la dirección del país en el Duque de Lerma, no
pudo reorganizarse la hacienda. Pues bien, reinando aquél, que abandonó el
Poder en manos del Conde-Duque de Olivares hasta que fue derribado en 1.643, se
acabó de perder en 20 años cuanto quedaba de la buena situación anterior,
refiriéndonos a Felipe II. Y todo esto nos salpicaba.
Volviendo al
conflicto, la Real Orden de 3 de enero de 1.631, comunicada al Regimiento de
Vizcaya el 18 del mismo mes y año, embargaba la sal que hubiese en el Señorío y
había que ponerla estancada (de aquí también el nombre de “El Estanco de la sal”)
de manera que, en adelante, no se vendiera sino por cuenta de la Real Hacienda.
Además aumentó su precio en un 44%.
El intento de
aplicar tal resolución, provocó varios amotinamientos:
- El primero
fue el 23 de septiembre de 1.631, durante la celebración de la Junta General de
Guernica. Fue una celebración tumultuosa, con asistencia de más de 1.500
vecinos. Este brote popular tuvo éxito y se consiguió que no se aplicase la
disposición real.
- El segundo
fue en 1.632 en Bilbao. El Corregidor quiso implantar el estanco de la sal,
recrudeciéndose el motín y teniendo como resultado la muerte, a manos de los
amotinados, del procurador de la Audiencia del Corregidor. Se movilizó en
Bilbao un amplio espectro de la población y nuevamente los amotinados
consiguieron sus objetivos, imponiendo sus reivindicaciones al Ayuntamiento de
Bilbao.
- El tercero y
último estallido del conflicto se produjo durante la Junta General de febrero
de 1.633. Se congregaron en Guernica cerca de 2.000 marineros y campesinos
armados con lanzas, pidiendo la sanción de 24 decretos. El conflicto continuó
en 1.634 y el 24 de mayo de este año eran detenidos los 6 principales
responsables, juzgados sumariamente y ejecutados.
Surgió una gran
tensión entre las anteiglesias y la Villa. Los pueblos lo consideraban
contrario a sus fueros. Los caballeros y diputados de Bilbao lo aceptaban. Los
mercaderes bilbaínos, unidos inicialmente a los amotinados, se separaron
después, ante las represalias que sufrieron. Durante varios días ningún casero
bajó a Bilbao, que tuvo mucho que ver en la prisión de los responsables, en la
sentencia y en su ejecución.
Existió una
placa sobre el muro exterior de la iglesia de San Antón, que se colocó en los
años inmediatamente anteriores a la guerra civil de 1.936 y que recordaba a
estos “mártires de la foralidad”, cuyos nombres fueron esculpidos en placa de
bronce con bajorrelieves, por Lucarini. La placa fue arrancada. Hoy se haya
colocada otra más sencilla con los nombres de los ejecutados y con la fecha del
día 24 de Mayo de 1.634.
Posteriormente,
se suplicó al Rey Felipe IV que, una vez castigados los responsables de la
rebelión, se librase al Señorío del impuesto de la sal, una sociedad en la que
su uso era imprescindible, al utilizarse en la conserva del pescado y de la carne;
se restituyese al Señorío en su antiguo Gobierno, ya que éste se puso en tela
de juicio, y se le diese un veedor oficial para que el comercio no padeciese.
El mismo año
1.634 llegaría el perdón para los implicados en el motín y la corona otorgó lo
que se había pedido, esto es, la no aplicación del estanco de la sal.
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A mediados del
siglo XVII empieza a renacer la esperanza.
Bilbao pudo
soslayar la crisis al ir concentrando las actividades mercantiles de la costa
cantábrica. Así, mantuvo vivo su comercio, en detrimento de los puertos
santanderinos y guipuzcoanos, que perdieron casi todo el tráfico de lana, la
principal exportación castellana.
Esta actitud,
en cierto modo complaciente, cambió hacia 1.680. Fue cuando los mercaderes
bilbaínos diseñaron una estrategia para hacerse con la iniciativa comercial y
captar los tráficos controlados, hasta ese momento, por los establecimientos
extranjeros.
También se
preocuparon de mejorar el acceso a la Meseta por Orduña. En 1.686, Consulado y
Ayuntamiento bilbaínos colaborarían en dichas mejoras, empujados por el
meteórico ascenso de la burguesía bilbaína a finales del siglo XVII.
Y en esta línea
de recuperación y mejora, durante el último tercio del siglo que estamos
estudiando, Bilbao se afana en acceder al pleno control del tráfico mercantil
del Nervión. Así, a finales de siglo, el comercio sería el sector que
dinamizaría la economía vizcaína, sustituyendo, en este papel, a la siderurgia.
El corolario
fue la contundente reforma de las Ordenanzas Municipales de 1.699, disponiendo
que ningún forastero ni extranjero pudiesen intervenir en el comercio bilbaíno.
La iniciativa tuvo éxito, pese a que los extranjeros reaccionaron y fracasaron
en su propósito.
Se consigue,
con todo ello, el pleno control. Y los bilbaínos se convierten en los
auténticos gerente económicos, nacionalizando el comercio.
Expansión
territorial
En 1.654, se
abrió un nuevo cauce de la ría, canalizándose por lo que hoy es el Campo de
Volantín, y se formó la isla de Uribitarte. La función de esta obra era la de
evitar nuevas inundaciones. La última tuvo lugar en 1.651. Los bilbaínos le
llamaron Río de la Plata, porque, al parecer, costó un dineral.
En medio quedó
la isleta que se explotó, ya en la segunda mitad del siglo XIX, como una
especie de balneario local. En 1.858 se anunciaban en Bilbao los “Baños de agua
salobre en Uribitarte”. Se ofrecía un servicio completo y las lanchas salían
del Campo de Volantín. Esta isleta se cerraría en 1.870, formándose el muelle
de Uribitarte.
Otros
acontecimientos
-Religiosos:
En 1.643 fue
proclamado Patrón de la Villa el Apóstol Santiago, quien ya era tenido como
patrón natural de la misma. El Papa Urbano VIII lo proclamó.
En 1.675 se
construyó el Colegio de Jesuitas, a donde posteriormente, en 1.770, se
trasladaría la iglesia de los Santos Juanes. Más información en la Ficha nº 3.
-Civiles:
En 1.653 fue
edificado el Matadero municipal en la actual calle Banco de España.
En 1.680 se
construyó un edificio adosado al templo de San Antón y en ángulo recto a los
arcos de la Ribera, en donde se instaló el Ayuntamiento de la Villa y el
Consulado (Ver Ficha nº 11), demostrándose así la tan estrecha colaboración
entre estas dos instituciones, que compartían la misma casa. Esta construcción
facilitó la formación de la Plaza Vieja en esa zona de la Ribera, de donde
partían las famosas Siete Calles.