Si la palabra neurosis ha caracterizado la salud mental del siglo xx, el estrés pasará a ocupar el protagonismo del siglo XXI. La sociedad está cambiando a gran velocidad, evolucionando desde la fuerza muscular a la nerviosa, solo hay que ponerse delante de un ordenador para comprobarlo.
Mujeres y hombres estamos hechos de una materia pensante y de otra que en muchas ocasiones nos impide pensar, me refiero a los sentimientos, a las emociones. Es natural tener pensamientos, imágenes, sueños,..., lo mismo que es natural sentir alegría, tristeza, miedo, cólera y la propia ansiedad ligada a las preocupaciones. Está claro que la emoción como su propio nombre indica está ligada al movimiento y al calor, es movimiento ascendente. Según éste sencillo principio para controlar los excesos emocionales habrá que ejercitarse en sentido contrario, es decir, se desarrollará la quietud y el movimiento descendente, así equilibraremos la fuerza emocional.
Si observamos a los niños vemos con sorpresa la facilidad que tienen de moverse de un lado para otro, tanto en el plano físico como en el emocional; podemos verlos reir con todo su cuerpo y seguido enfadarse porque les han quitado un juguete, o bien asustarse porque no ven a la persona que se encarga de su cuidado. Pasan de un sentimiento a otro con una destreza sin igual, esta flexibilidad emocional hace que vivan la vida con plenitud e intensidad. Con los años aprenderán a concentrar su pensamiento y ésto les facilitará el control emocional.
El secreto para disfrutar la vida está en vivir la alegría, la tristeza, la ira o el miedo, sin apegos, sin agarrarse a ninguna de ellas, dejándolas que sigan su camino y en ningún momento permitiendo que las emociones se nos suban a la cabeza. Cuando éste mecanismo de flexibilidad emocional se debilita, las emociones se mueven con mayor lentitud y acaban estancándose, es así que se van acumulando los miedos, el odio, los resentimientos, la tristeza y las preocupaciones. Es el comienzo del estrés emocional, la emoción bloqueada genera un calor excesivo que de modo natural tenderá a ir hacia arriba confundiendo la actividad mental y obscureciendo el pensamiento. Si ésta situación de exceso y bloqueo persiste durante meses desembocará en un proceso de somatización, apareciendo los primeros síntomas físicos: es así que el enfado constante afectará el sistema hepático, los excesos de placer y alegrías al corazón, las preocupaciones al estómago, la tristeza a los pulmones y los miedos al riñón y a la vejiga.

La solución al estrés emocional tendría tres fases: en la primera se abrirían puertas y ventanas para que la emoción estancada empezara de nuevo a moverse con flexibilidad y sin excesos, es la fase de limpieza del órgano afectado. En la segunda fase, se recuperaría el movimiento continuo a través de la quietud y en la tercera fase se aprendería a vaciar arriba y llenar abajo, es decir aprender a llevar el calor de los pensamientos y emociones a los pies a través del abdomen.
Por naturaleza hay personas más emotivas que otras y son éstas personas con mayor fuerza emocional las más expuestas a padecer éste tipo de estrés en situaciones de mucha presión psicológica. Como medida preventiva sería conveniente practicar la flexibilidad y la quietud, aprender de la montaña que generosamente lleva toda la energía del cielo a la tierra.
Dr. Iñaki Rivero Urdiain