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COMPOSTELA:

El camino de las estrellas

Desde hace mil doscientos años, hombres y mujeres de todo el mundo han caminado hasta Compostela para orar ante la tumba del apóstol Santiago. Mil doscientos años son muchos, demasiados, para que una simple leyenda perviva en la memoria.

La peregrinación a Santiago puede considerarse un fenómeno que desborda las simples fronteras de una fábula o de una invención medieval para convertirse en uno de los ejes sobre los que se construyó Europa.

La hospitalidad, la tradición depositada por miles y miles de viajeros desde hace once siglos en cada piedra, cada árbol y cada rincón de la Ruta Jacobea hacen de este camino al oeste, al finis terrae, una experiencia única en el mundo

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Los preparativos

Elegir un camino
Existen tantos caminos como caminantes. En realidad, las vías utilizadas por los antiguos peregrinos para alcanzar Santiago hollaron todos los rincones de la península. Pero una destacó por su importancia histórica y estratégica. Es el llamado Camino Francés, con sus dos ramales de entrada, Roncesvalles (Navarra) y Somport (Huesca). Ambos se unen en Puente la Reina (Navarra).

La primera decisión por tanto es cuál elegir. La ruta navarra es más bella y frecuentada; la aragonesa, por la soledad de sus parajes, reproduce para muchos el verdadero camino medieval. Para los que optan por el ramal navarro, también hay otras dos opciones: iniciar la marcha, como la mayoría de peregrinos, en Roncesvalles, o añadir un día más al viaje para comenzar en San Jean Pied de Port, en Francia, y añadir al zurrón la maravillosa experiencia de cruzar los Pirineos.

 

Época
El Camino Francés puede hacerse durante todo el año. Julio y agosto son los meses con más horas de sol y menos riesgos meteorológicos, pero también los de mayor afluencia, lo que masifica los caminos y provoca saturación en los refugios; los Ayuntamientos habilitan polideportivos y zonas de acampada para acoger semejante riada. Quienes busquen el verdadero espíritu medieval del peregrino solitario o se planteen la ruta como un viaje interior deben optar por el invierno: los albergues están vacíos y apenas hay gente en la ruta; el precio a pagar es el barro, la lluvia y el frío. Junio y septiembre aparecen como los meses ideales: buen tiempo y una afluencia moderada de caminantes, sobre todo extranjeros.

Tiempo necesario
La división de etapas propuesta contempla 30 jornadas para salvar los 774 kilómetros que separan Saint Jean Pied de Port de Santiago de Compostela, o 32 si se empieza en Somport por el Camino Aragonés. El cálculo está hecho para una media diaria de entre 20 y 25 kilómetros, con etapas que en ocasiones superan los 30.

Preparación
Afrontar más de 800 kilómetros a pie si nunca se han caminado largas distancias es una temeridad. Conviene en ese caso entrenar durante los meses previos, dando largos paseos (de varios kilómetros) con las mismas botas y mochila que se vayan a emplear para el viaje.

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El camino en bicicleta
Un 35 % de los peregrinos que solicitan la Compostela han completado la peregrinación en bicicleta. Desde Roncesvalles se deben preveer entre 12 y 14 días, si se pretenden saborear algo de la ruta. Desde Somport, añadir un par de días más.

Seguir la traza original, la señalizada con flechas amarillas, es duro, en especial en la travesía de puertos de montaña, en las etapas gallegas y cuando llueve. Por eso, muchos ciclistas empiezan con toda la voluntad del mundo por la ruta de los senderistas y acaban devorando kilómetros por el asfalto de la nacional. Es mucho más aconsejable ir lento y tardar más días en llegar a Santiago, ajustándose fielmente a las flechas amarillas, aunque suponga un esfuerzo suplementario, que desvirtuar la ruta por el arcén de la nacional.

En cuanto a la máquina, la ideal es una de montaña, ligera, con ruedas de tacos, pero sin mucho dibujo, para que no provoque un rozamiento excesivo. Es preciso ir ligero de equipaje y no cargar las alforjas. Hacer una revisión de la bicicleta antes de salir, y añadir herramientas, bomba, cubiertas y cámaras de repuesto, parches, tronchacadenas, guardabarros y juego de luces.

Quien decida que va a hacer más kilómetros por asfalto que por camino debería cambiar las cubierta de montaña por unas de cicloturismo o mixtas, que rocen menos en la carretera.

En Santiago de Compostela, la empresa Galibroker (981 59 56 60) envía bicicletas desde Santiago a cualquier punto de España. Está en la misma estación de Renfe y cobran una tasa fija de 2.484 más 16% de IVA a cualquier capital.

 

Refugios
La red de albergues para peregrinos es la más genuina representación de la tradición hospitalaria jacobea. En ellos pueden dormir quienes viajen a pie, en bici o caballo, a cambio de un donativo voluntario que en algunos casos — todos los de Navarra, excepto en Sangüesa, y algunos de Castilla y León— se ha convertido en obligatorio (entre 200 y 500 pesetas). Dejar un donativo es la única manera de contribuir a que el Camino no cambie, y a que los refugios puedan seguir ofreciendo una acogida agradable con espíritu desinteresado.

Credencial
Es imprescindible para pernoctar en los refugios. Los hospitaleros la sellan para autentificar el paso por la Ruta Jacobea. En teoría la dan en las principales iglesias y refugios, pero la práctica es que suele agotarse con facilidad. Quienes hacen el tramo navarro la consiguen en la colegiata de Roncesvalles. Para el aragonés, en la oficina de turismo de Canfranc Estación o en la iglesia de Santiago, en Jaca.

 

El equipaje

Documentación
Además de la credencial, el D.N.I o pasaporte, la tarjeta de la Seguridad Social o del seguro médico y una tarjeta de crédito. No llevar mucho dinero en efectivo; a lo largo de la ruta abundan los cajeros automáticos.

Mochila
Debe estar en consonancia con el peso a transportar. Muy pequeña obligará a dejar cosas fuera colgando. Demasiado grande es una tentación para llenarla de objetos innecesarios. Debe ser de buena calidad, con refuerzos en las costuras, almohadillado en espalda y correas y un sistema de sujeción que permita ajustarla al cuerpo para que no se mueva en los descensos. Si el chubasquero no cubre la espalda, añadir un protector de plástico para evitar que la mochila se moje cuando llueve.

Calzado
Es la pieza fundamental del equipaje. Nunca, nunca, estrenar unas botas para hacer el Camino. Es la mejor garantía de volver pronto a casa. Llevar unas viejas y cómodas, ya utilizadas con anterioridad. Si son nuevas, andar muchos kilómetros antes con ellas, para comprobar posibles roces. En verano sirven unas ligeras de trekking, que sujeten el tobillo y no agobien demasiado el pie. Deben llevar un buen dibujo en la suela. En invierno, unas con refuerzos de piel o gore-tex, que aíslen del barro y la lluvia.

Ropa
Siempre se necesita menos de lo que uno programa antes de salir de casa. En verano basta con tres camisetas de algodón, otros tantos pares de calcetines y mudas interiores, un pantalón corto y otro largo y un jersey para las noches frescas. Es mejor hacer colada en los refugios que cargar con todo el armario. En invierno se hacen imprescindibles gorro y guantes de lana, chubasquero, jersey o forro polar y anorak. En esa época es fácil encontrar nieve en los pasos de montaña.

Saco de dormir
Es necesario para pernoctar en los refugios, donde no hay sábanas y sólo algunos ofrecen mantas. En verano, uno ligero de fibra sirve; en invierno es mejor llevarlo de pluma natural o sintética, ya que en los albergues hace mucho frío y son pocos los que cuentan con calefacción. Incluir una esterilla aislante para cuando no queden camas o se desee dormir a la intemperie. Cargar con una tienda de campaña es poco aconsejable si no se lleva vehículo de apoyo. En verano, pueblos y ciudades habilitan gimnasios, polideportivos, escuelas e incluso cocheras particulares para los peregrinos, por lo que un techo nunca va a faltar.

Bordón
No es un elemento decorativo de la iconografía medieval. Un buen bordón ayuda a caminar por terrenos escabrosos o resbaladizos —por ejemplo, sendas embarradas—, contribuye a mantener el ritmo y es infalible para ahuyentar perros. En los bosques pirenaicos es fácil encontrar una buena vara de roble o pino.

Lo que siempre se olvida
Una gorra o sombrero para protegerse del sol, bañador, crema solar en verano, cacao para los labios en invierno, bolsa de aseo, toalla pequeña, aguja e hilo para las ampollas,   mechero,  cantimplora y un cuaderno

 

EL ARTE EN EL CAMINO DE SANTIAGO

 

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