CRÓNICA DE UN AUSENCIA DENUNCIADA

 

Diario Vasco, Enero de 1996.

Autora: Eva Martínez Hdez.

 

        Hace aproximadamente una semana un rotativo guipuzcoano publicaba un interesante reportaje sobre la participación (y las ausencias) de las mujeres en la tamborrada donostiarra (DV, 26-I-96), incluyendo algunas declaraciones realizadas por el alcalde donostiarra al respecto. En este mismo sentido, pocos días antes del 20 de enero, Plazandreok denunciaba en la prensa la ausencia de mujeres tamborreras en la Plaza de la Constitución. Me alegra observar que el Sr. Elorza ha hecho suya la reivindicación y se compromete a "facilitar la plena integración de la mujer tocando el tambor o el barril" con el objeto de evitar "polémicas" como las de "algunas localidades cercanas". Más aún, me conmueve su deseo de que "lo antes posible" pueda haber mujeres "en la izada y en la arriada de la bandera tocando el tambor". Hasta ahí, completamente de acuerdo, lo que ya no entiendo es porque considera esto como un "sueño", no sé si inalcanzable, cuando sólo se trataría de unas cuantas dosis de voluntad política. Tampoco comprendo porque niega la existencia de un debate al respecto, argumentando que "no hay negativas a la presencia de la mujer". Está claro, y a su sueño me remito, que sí hay negativas a que las mujeres seamos protagonistas de los dos momentos más señalados de la fiesta y son negativas justificadas exclusivamente en "imposibilidades estatuarías" de asociaciones privadas. Yo también, como usted, intento respetar estas decisiones privadas; lo que ocurre es que no puedo dejar de pensar que la fiesta del 20 de Enero pertenece por igual a mujeres y a hombres donostiarras y aunque sólo sea por razones democráticas me cuesta creer que en los actos más emotivos de este día se impongan los estatutos discriminatorios de entes de carácter privado. Le agradezco su empeño en dar "pasitos" hacia nuestra "plena integración en las tamborradas" e incluso que se plantee el "hecho histórico" de que una mujer pueda izar la bandera el próximo año; pero, puesto a cambiar las tradiciones le sugeriría todo su esfuerzo para conseguir que las mujeres que así lo deseen puedan también ser tamborreras de honor. Como mujer, pero sobre todo como donostiarra, quiero una fiesta llena de pluralidad, que las mujeres dejemos de ser cómplices en la invisibilidad de la plaza, y logremos protagonizar nuestra fiesta de verdad.

 

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