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CÍRCULOS,
LÍMITES Y COMPARTIMENTOS |
Incluso
antes de mis primeras exposiciones, mi obra ha girado en torno
al trabajo con el círculo y más concretamente al
vaciado o la de-construcción del círculo. Al principio
de forma casi inconsciente y después como verdadera preocupación
espacial, el círculo me interesó, por un lado, como
figura geométrica predominante, por otro como hueco o espacio
vacío que rompe la materia de un lado al otro, dejando
pasar la luz, pero también y casi más importante
que estos dos aspectos es el filosófico, el metafísico,
el espiritual o la búsqueda de ellos. Es el círculo
como forma con la que expresar el todo conocido, un “objeto-símbolo”
o espacio sagrado en el que la dispersidad queda concretizada.
Me
refiero a los significados que encierra la figura del círculo
incluso desde la prehistoria, me refiero a ese círculo
vacío construido con piedras, la nada-cromlech que nos
enseñó a ver Jorge Oteiza, a ese viaje iniciático
que en realidad nos devuelve al principio que es la nada, ¿o
es al “todo”?.
Quizá
algún día encontremos respuestas, o quizá
ni siguiera las haya. En realidad ¿que nos diferencia del
hombre del neolítico?, ese hombre que construía
círculos de piedra para adorar a la divinidad solar (otro
círculo), si seguimos con las mismas preguntas sin respuesta,
con las mismas dudas, a la caza simbólica de supuestos
Dioses, buscando algo en qué creer y adorando a los mismos
símbolos.
Mientras
tanto, yo sólo puedo creer en el arte como solución
o como respuesta. Trato de investigar sobre el círculo,
de viajar por el abismo de sus límites, intentando perfilarlos
sin perder el equilibrio, trato de meterme en sus compartimentos,
moverme por esos mundos extraños acotados por paredes (negro
= negativo, ausencia de luz) y formados por masas de materia y
vacíos (hueco = positivo, trasvase de luz) que van de un
lado a otro, indicándome que el mundo de la investigación
plástica está lleno (como la existencia del hombre)
de agujeros que van de un lado a otro, de huecos que traspasan
la escultura, de túneles que nos hacen viajar por lo más
recóndito de nuestros pensamientos y que ni siquiera sabemos
a ciencia cierta a donde nos llevarán.
Pero
además del círculo y sus límites, también
son importantes en mis obras los conceptos de “dualidad”,
que surge al crear el círculo en dos masas escultóricas
enfrentadas. La “fracturación” o rotura de
la materia y la “superposición”, que generan
volúmenes y huecos y que responde la idea de trabajar formando
puzles, creando piezas con lo que yo llamo “módulos”.
El “ensamblaje”, al crear el cuerpo de las obras a
base de estos módulos, y cierta simpatía por la
utilización de formas arquitectónicas (adorado Van
der rohe), como muros y paredes que encierran o acotan partes
del objeto escultórico, formando con el un todo inseparable.
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EL
HOMBRE, LAS RESPUESTAS Y OTRAS COSAS |
Vuelvo
al inevitable Oteiza con su idea de recuperar al niño,
de la idea del juego. Porque esa idea de ir armando y desarmando
piezas (que tanto me han enseñado las esculturas, los bajorrelieves
de madera pintada y los collage de Jean Arp), ese proceso de romper
y unir, de construir otras nuevas de la unión de muchas
piezas (recuerdo ahora a Gerardo Rueda); esa forma constructivista
de crear las obras es la que me interesa, y me refiero no tanto
al objeto artístico final, a la obra terminada, sino al
proceso de construcción mismo, que es el momento del verdadero
debate escultórico.
En realidad ese proceso de creación o de debate nos lleva
en su final (cuando la obra está acabada) al principio
(cuando se gesta la obra) de la proposición escultórica,
porque cuando se ve la obra terminada es cuando se empieza a buscar
nuevas respuestas. Por eso algunos seguiremos des-andando lo andado,
buscando hacia atrás, en el pasado, re-interpretándolo,
para avanzar, para ganar el futuro. Seguiremos buscando ese vacío
enriquecedor y seguiremos pensando en la idea del círculo
como principio y fin, como un “todo” donde encontrar
al hombre. Ese hombre que ha ganado con los siglos estatura física,
pero que ha perdido, indudablemente, estatura existencial.