¿Es posible desaprender los estereotipos en la escuela?

“La actitud de los padres y de las madres es de vital importancia en la trasmisión de valores a l@s hij@s. El respeto, el escepticismo ante los estereotipos, el conocimiento y el espíritu crítico pueden convertirse en la mejor aliada para luchar contra el racismo y el sexismo y en la mejor base sobre la que construir y trasmitir valores libres de prejuicios y estereotipos”  UNICEF

No podemos ocultar que, desgraciadamente, las desigualdades, discriminaciones e incluso la violencia, también tienen lugar en el entorno escolar, en el que se han llegado a normalizar comportamientos agresivos como los insultos, cachetes, empujones,  exclusiones de miradas, amenazas veladas y explícitas,  etc.  

Por lo tanto, si éstas se consideran formas normales de relación entre niños, con sus padres y madres, con sus maestros y se aceptan, no se valorarán o legitimarán otras formas de comportamiento y otras relaciones. Sin querer ser alarmistas, pero siendo realistas, hay que reconocer que comportamientos agresivos, en mayor o menor medida, todo el mundo  ha sufrido y, lo más preocupante, ha ejercido, de manera más o menos consciente. 

La agresividad verbal, por ejemplo, es algo tan frecuente que puede llegar a normalizarse, cuando todos somos muy conscientes de que este tipo de lenguaje que incorpora insultos, amenazas, burlas, chistes, insinuaciones, rumores... hiere, degrada, humilla, victimiza o coacciona a quien lo está recibiendo. ¿A quién hacen reír los chistes que degradan normalmente a las mujeres? ¿Quién los cuenta? ¿Con qué intención?  

Desnormalizar estos comportamientos forma parte del proceso de sensibilización, de tomar conciencia, de repensar el papel de la escuela y del rol del profesorado en cuanto a enseñar pautas de convivencia que no reproduzcan las desigualdades por razón de sexo, en este caso, ni comporten discriminación alguna. 

Nuestro planteamiento coincide con el de aquellos que piensan que la escuela es capaz y además tiene la responsabilidad de procurar que todo el alumnado, el profesorado y el grupo de padres y madres  se equipen de estrategias para la resolución de conflictos en los que las agresiones, estereotipos, tópicos y discriminaciones no sean nunca la respuesta adecuada.

Sabemos que la construcción de nuestra identidad es un proceso continuo, contradictorio que se va definiendo en todas y cada una de las acciones humanas a lo largo del proceso de vida. Por esto, el desaprendizaje de los estereotipos no se puede plantear de forma aislada, sino a través del trabajo en la construcción de nuevas relaciones entre las personas en el centro escolar.

Desde una Educación en Valores hay que intentar impulsar hábitos de conducta que comporten relaciones de respeto, de corresponsabilidad, de autonomía, de reconocimiento y de confianza. 

¿Por qué  muchas niñas no confían en explicar lo que les pasa cuando tienen algún problema en casa o en la escuela? ¿qué hacemos nosotr@s, padres, madres, maestr@s... cuando somos testigos de  situaciones y acciones que nos incomodan, que nos irritan, que consideramos injustas? 

Las soluciones pasan por la utilización de estrategias educativas como la mejora de la comunicación verbal, el trabajar la empatìa, la enseñanza de relaciones de respeto a partir de  la escucha sistemática o el trabajo de la corresponsabilidad a partir de proyectos en equipo.

Todo esto supone un cambio de actitudes que conlleva el cuestionamiento sistemático de los valores, actividades, roles... 

Para poder trabajar nuevos modelos  tenemos que cuestionarnos de forma colectiva los estereotipos y los límites impuestos socialmente a los géneros tanto masculinos como femeninos (hombres: fuertes, deportistas, agresivos; mujeres: frágiles, miedosas, pasivas, etc.), reflexionar sobre los modelos que trasmiten los contenidos curriculares o por el uso de los materiales y los espacios escolares, preguntarnos sobre nuestra propia relación con nuestras alumnas y nuestros alumnos (por ejemplo, si atendemos más a las niñas que a los niños, si les hablamos de la misma forma, qué adjetivos utilizamos para definir a unas y otros, qué expectativas tenemos de unos y otras, etc.). 

Entre otras cosas, la utilización de grupos de aprendizaje cooperativo contribuye a derrumbar las barreras de los prejuicios y estereotipos, por una parte, y a aumentar la simpatía y acercamiento  hacia niñ@s que presentan diferencias de raza, etnia y de aptitudes físicas. 

Los métodos interactivos, participativos y basados en la discusión en grupo, en los debates, en las simulaciones ayudan, también, al intercambio de perspectivas y permiten una comprensión global de los problemas y de la diversidad. 

 

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Gurasoek ere hezkuntza komunitatearen atala bezala, beraiei dagokien ardura dute, baloreen eta estereotipoak alderatzen hezitzeko lan honetan. 

Norabide modura, heziketa honetan lagun dezaketen helburu eta jarrera batzuk aipatuko ditugu. 

§         Seme-alabek, beraien giza harremanetan erakusten dituzten jarrera baikorrak azpimarratzen ikasi. 

§         Norberaren seme-alaben jarreretan, telebistaren eta bestelako teknologia berriek ahalbidetzen duten informazioaren eragina aztertzen ikasi eta jasotzen dituzten mezu eta informazio hori guztia beraien giza-garapenerako baliogarriak diren irizpideekin kontrajarri. 

§         Seme-alabak entzuteko eta beraiekin errespetuz eta  konfidantzan oinarritutako komunikazioa posible egiteko denbora eskeini.

 

 

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