HISTORIA DE HERRÁN

El pueblo de Herrán se encuentra cerca de la raya divisoria con Álava, en donde el Purón penetra en Tobalina. El fuero de Valderejo (año 1273) cita ya uno de sus mojones con Álava que se encontró en Vacamea, poco más arriba de los puentes en donde una altísima roca lanza un chorro de agua que le da tal nombre. Por este lugar y sobre sus famosos puentes, asentados en la roca viva, se dice que pasó la vía romana que desde Briviesca, por Frías, llevaba a Orduña.

El nombre de Herrán deriva del monasterio fundado en los años de la repoblación, que podría traducirse algo así como la cerca o el cercado. Una herrén es una huerta cercada. Argáiz le hace proceder equivocadamente de Fernán (Ferrán) González. Herrán es, sin duda, un lugar nacido y desarrollado a la sombra del barrio de S. Martín. El caserío actual se halla en la margen derecha del río, en una pronunciada cuesta, lo que explica que sus calles sean tan tortuosas.

El término vecinal es amplio pero con el inconveniente de que su mayor parte se extiende por la Arcena. La economía ha consistido tradicionalmente en un equilibrio de agricultura y ganadería, aunque antiguamente ésta tuvo mayor peso, como lo demuestra la fundación del antes citado monasterio a quien se dotó de un numeroso y variado rebaño.

A mediados del siglo XVIII Herrán pagaba al duque de Frías 214 rs. Por alcabalas, sembraba 192 fanegas de cereal, dedicaba 130 obreros al viñedo y criaba mucha ganadería. Entre su vecindario, que era numeroso, aparecen un maestro de niños, tres herreros, un escultor, un barbero y un notario. Su actividad le proporcionaba anualmente y a fines del mismo siglo una cosecha de 735 fanegas de trigo, 110 de cebada, 90 de avenas y 96 de otros cereales. Después del monasterio de S. Millán uno de los mejor heredados desde antiguo era el de Oña.

El hombre de esta tierra supo aprovechar desde siempre la pendiente y encajonamiento del Purón para levantar numerosos molinos. En el arriba mencionado siglo consta que uno pertenecía a la cofradía de Santa Agueda, que rendía 12 fanegas de trigo al año, otro era del cura y tres pertenecían a particulares. Todos tenían una sola rueda y han estado en actividad hasta tiempos muy recientes.

Conservamos todavía unas interesantes ordenanzas de Herrán del año 1710, en las que se reflejan aspectos fundamentales de su convivencia: el día de Año Nuevo elegían regidor, este mismo día se arrendaba la panadería cuyo expendedor debía vender a vecinos y caminantes al mismo precio que regía en Frías. Otro tanto se hacía con la taberna, cuyo encargado debería comprar obligatoriamente el vino entre el vecindario. Varios puntos detallan otros aspectos como el apacentamiento del ganado, corte de leña... Todo nuevo vecino debía pagar dos cántaras de vino, dos cuarteles de pan y dos libras de queso y fruta al ingresar. El regidor tendría plena facultad para registrar las casas si se cometía algún delito y también para poner en prisión. El conjunto lo componen 54 artículos muy diversos y desordenados, resultado de distintas ampliaciones.

En Herrán también existió un pequeño hospital. En 1691 el cura Pedro Ortiz de Ibarrola fundó un arca de misericordia con 20 fanegas de trigo.

Herrán es posiblemente el pueblo más antiguo del valle. Se habla de un asentamiento de la Edad de Hierro. Que hubo un poblado romano es seguro confirmado, entre otras cosas, por la reciente aparición de diversos hallazgos, entre ellos varias monedas consistentes en un lote de 12 pequeños bronces del siglo IV(8). Es el primero de los lugares ocupados en los años de la repoblación. El desfiladero abierto por el Purón fue una de las vías más importantes del valle durante toda la Edad Media, lo que explica cierta prosperidad de Herrán en tiempos pasados, el que su vecindario haya sido crecido y el que allí se estableciera una pequeña colonia judía. Con la apertura de la carretera de Miranda fue abandonado por completo el camino hacia Ribera, lo que ha herido de muerte a Herrán.

La iglesia es indudablemente una de las mejores del valle. Interiormente aparece perfectamente iluminada, amplia y bien conservada. Consiste fundamentalmente en una gran nave central con ábside poligonal. El retablo rococó es de nogal sin policromar, de buena factura y ocupa todo el frente. Entre sus imágenes pueden verse S. Antonio, S. Isidro, Santa Agueda y S. Miguel. Fue altar privilegiado hasta 1908.

A los lados, formando crucero, hay dos capillas alargadas pero poco profundas, con retablos de la Inmaculada y el Rosario e imágenes muy interesantes. Destaca junto al coro una buena capilla particular, de Santa Lucía, perteneciente al siglo XVI. Entre ella y la nave lateral izquierda está el enterramiento de un presbítero llamado Vizcarrondo. El bulto es de escaso mérito, constando de un solo bloque de piedra arenisca con algunos trabajos en almohadones y casulla. A los pies aparece un pajecillo. El arco que le cobija es de casetones y se encuentra cerrado por ambos lados con rejas de vulgar aspecto. El pequeño retablo de esta capilla resulta muy interesante. Es sencillo: una gran imagen central de la Virgen Madre con el Niño, de mucho movimiento y excelentemente tallada (quizá inspirada en la de Medina de Pomar), flanqueada por el matrimonio donante. La calle central está resaltada con -dos grandes columnas que sostienen un frontón con la figura del Padre Eterno. Los bajorrelieves del citado matrimonio aparecen arrodillados, presentados por un santo obispo (posiblemente S. Martín) y Santa Agueda. Todo el retablo ha perdido ya una buena buena parte del estofado. La mano de Juan de Bueras, dentro de las formas y técnicas romanistas, es manifiesta en ropajes y especialmente en los rostros.

A mediados del siglo XVI comenzaban los preparativos para la construcción de la iglesia. En 1557 se entregaban 56.844 mrs. al cantero Rodrigo Martínez Peñasco «para en paga de la obra que hace en la dicha yglesia con los quales ha de acabar de hacer la dicha obra conforme al contrato que tiene hecho». Consta que también trabajó el cantero Pedro Ruiz de la Torre. Parece que tras pleito, la obra fue continuada por los hermanos Gonzalo, García y Juan de Ribas, quienes la acabaron hacia 1580. No debió de resultar sólida pues a principios del siglo siguiente tuvieron que realizar nuevos trabajos Juan de Cubas y Hernando de la Rozas sobre trazas de Juan de Naveda. Posteriormente se levantarían la sacristía y se haría alguna obra más en las que intervino Simón de Jorganes. El resultado fue un amplio templo de complicadas bóvedas sostenidas por nervaduras estrelladas, pintado todo hoy de colores chillones.

A juzgar por el testamento de D. Juan Ochoa de Salazar, obispo de Plasencia y natural de S. Martín de Don, buena parte de la construcción pudo ser pagada por él. Además de 400 ducados que había prometido a la parroquia «donde fui primero benefiçiado y nunca he pagado la dicha cantidad» añadía ahora (año 1594) 30.000 mrs.

Hay que destacar en esta iglesia la buena cojonería de la sacristía y una cruz procesional de plata con el punzón de Burgos. Consta que hubo otras alhajas hoy vendidas. Esto mismo ocurrió en 1887 con uno de los altares.

Los feligreses se agruparon en varias cofradías. La del Santísimo y la Vera Cruz se regían por una regla. La de la Minerva (o Santa Agueda) estaba bajo la advocación del Smo. Sacramento. Hubo otra llamada del Rosario.

El famoso monasterio de S. Martín fundado «in territorio Castellense, ín loco qui dicitur Pontecerzi» es el pionero de la repoblación eclesiástica en Tobalina. Se alzó al este de Herrán, junto a las tumbas rupestres, en lo alto de un montículo. Como nos recuerda el documento de S. Millán de la Cogolla sería levantado el 4 de julio del año 852 (o hacia estos años) por escasas personas: 4 clérigos, 5 presbíteros, y tres monjes, a los que habría que añadir sus tres fundadores, Paulo, Juan y Nuño. El monasterio era consagrado poco después por el obispo del Valpuesta D. Felmiro. Fue dotado ricamente, entre otras cosas con treinta libros, una de las mayores bibliotecas de entonces, una serie de alhajas de culto y un numeroso rebaño.

Los fundadores tomaron «presuras» de todo tipo puestas ya en producción, posiblemente, en años anteriores. La obra no fue fácil, pues nos hablan de trabajos personales de roturación, plantaciones y construcción de edificios. La ocupación de las márgenes del Purón se hizo aguas abajo hasta Gabanes, pues allí se ubican las tierras dezmeras del monasterio durante muchos siglos. Según documentos tardíos parece que consistieron en explotaciones de aproximadamente unas 10 fanegas, cuyo centro lo ocupaba una ermita, posiblemente primitiva parroquia de los colonos y casa prioral, cuyo santo patrón se englobó en la extensa relación del documento fundacional junto al patrón principal del monasterio, pero que en realidad era bien distinto.

El mismo año de la fundación del conde D. Diego anexionaba este monasterio al de S. Felices de Oca. La datación es insegura pues parece que posteriormente (872?) pasó a depender del recién fundado monasterio de S. Martín de Losa, levantado por los clérigos citados en Herrán. Los mismos personajes y posiblemente en igual año agregaban a sus vez al de Herrán otro pequeño monasterio que acababan de crear en la zona, probablemente hacia el norte, llamado S. Román de Dondisle. Finalmente hay que señalar que el año 978 un rico matrimonio se entregaba como donado al monasterio de Herrán y a su abad Munio, aportando numerosos bienes en Tobalina y la Bureba.

Consta que en 1527 el barrio pegante al monasterio se denominaba de S. Millán mientras que la ermita seguía dedicada a S. Martín. Residía en ella un monje prior que hacía de párroco. Quedaban aún por entonces restos de la pila bautismal, manifestación palpable de su antigua función parroquial. En 1545 el papa Paulo III confirmaba a S. Millán de la Cogolla sus derechos en Herrán.

Hacia 1525 los parroquianos y vasallos de las casas de alrededor de la ermita pasaron a depender de Santa Agueda. Desapareció el prior-cura por lo que el monasterio de S. Millán puso cuidado en que el arrendador de su coto se comprometiera en adelante a «hazer decir en la iglesia de S. Martín de Herrán misa todos los domingos y algunos días de fiesta señalados, pagando a los clérigos». Los monjes riojanos veían claramente que en caso contrario iban a perder los diezmos que percibían en Herrán, Villanueva del Grillo, Promediano, Villafría, La Lastra, Edeso, Villarmardones y Gabanes, correspondientes a las antiquísimas «presuras». Efectivamente a fines del siglo XVIII el cura de Santa Agueda, unido al de Gabanes, intentaba cobrar los diezmos de S. Millán por falta de «parroquialidad», por lo que se entabló pleito.

Por arriendo de sus tierras S. Millán cobraba unas 25 fanegas de trigo anuales. En el siglo XVII poseía en el pueblo de Herrán 26 fanegas de sembradura, 25 obreros de viñedo más los derechos de ciertos diezmos. También fue suyo el molino que trocó en 1640 por un censo de 200 ducados.

El monasterio-ermita de S. Martín levantó, como ya se dijo, en la margen iquierda del Purón, pegante a las tumbas antropomorfas de las que aún pueden verse cuatro. «Sobre las aguas del Purón y encima de un peñasco ha existido y existe una ermita llamada S. Martín... junto al dicho encinal... con una campana que tiene una espadaña... el barrio era horca y cuchillo de S. Millán de la Cogolla y el que cometía algún delito pasando a aquel barrio estaba libre de la justicia de Herrán... cada vecino pagaba una gallina... el monte con 1.000 encinas era suyo».

Aún son bien visibles las ruinas. Parte del edificio se apoyó en la roca viva, en entalladuras todavía notables. Consta que en 1576 estaba «mal aderezada», sin ropas ni objetos de culto. Los vecinos no sólo hablan de las paredes y tejas de las casas sino que demuestran la existencia del barrio «porque la propiedad de aquel sitio está muy dividida que es donde estaban las casas y su huerta». De todo ello habría que deducir que Herrán y Pontecerci es lo mismo o muy parecido.

De la ermita de Nuestra Señora del Pópulo, (que significa lugar de pobos o chopos, hoy denominada de Pópilo) queda una sección de arco de medio punto perfectamente tallado en la roca viva en dirección sureste-noroeste. En un extremo se conserva el nicho de una tumba que debió de estar cubierta de lápida con un hueco superior para Sagrario o lucerna. Dicha tumba mide 2 metros de longitud por 0,90 de profundidad y 1,10 de altura. A media altura pueden verse tres agujeros para incrustar vigas que sirvieron seguramente de base a la vivienda del ermitaño. El conjunto rupestre mide 6,25 metros de largo por 4 de altitud. Cerca de esta ermita existe un camino tallado en la roca que se dirige al sur. En la finca cercana se han encontrado algunas tumbas.

La ermita de San Roque (antiguamente S. Felices) es la que se levanta poco después de los puentes, cobijada por la peña, por donde primitivamente pasó el camino hacia Ribera. Todavía puede verse el edificio que consta de dos partes semejantes consecuencia, seguramente, de alguna ampliación. En 1780 «estaba cuasi arruinada». Consta que en 1912 guardaban la imágenes de S. Roque y Nuestra Señora de la Silla. Las tierras de su contorno fueron puestas en cultivo en los primeros momentos de la repoblación por lo que diezmaban a S. Martín. En realidad eran de esta ermita todos los diezmos desde los puentes arriba, lo que podría indicar que antes fue parroquia de algún pequeño poblado que allí se levantaba, posiblemente el antiguo Pontecerci.

Finalmente hay que destacar en Herrán una buena casa armera llamada de los «Gallegos». «Estando en frente de la cassa que llaman de Otheo Angulo, en el pórtico de ella, nos pareçió grande en quadro çerrado, de paredes, reconoçimos la dicha cassa, que es por la fachada de piedra labrada y por las esquinas y los otros tres lienços tiene de mampostería, más prolongada que alta y tiene sobre la puerta prinçipal un escudo de armas acabado con una çelada por remate y aviertas en piedra en el primer quartel de la mano derecha çinco manojos de vereços e debajo deste otro quartel dos árboles con dos lobos atados en ellos y en el primer quartel de la mano Izquierda un aspa que le atraviesa todo, con tres flores de lis, la una encima de la cruz y las dos debajo cada una en su lado y en el último quartel tiene un castillo y la dicha cassa es de apariencia ostentosa». Así es efectivamente. La puerta de ingreso es muy esbelta, de excelente dovelaje encuadrado por columnas y cornisas, protegido todo por un pronunciado alero. Habría que fecharla en la primera mitad del siglo XVII.


Esta información ha sido extractada del libro EL VALLE DE TOBALINA (de Inocencio Cadiñanos Bardeci), editado por el EXCMO. AYUNTAMIENTO DEL VALLE DE TOBALINA (1986).


Debajo se puede ver una casa blasonada de Herrán, con el escudo de los Angulo.

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Si deseáis acceder a un pequeño reportaje fotográfico sobre el pueblo de Herrán, pulsad en la foto.Ir a la página de fotografías

En cualquier caso, admito sugerencias (ir a página de Miguel Ángel).

Esta página ha sido actualizada el 3 de enero de 2.006