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NOBLEZA GIJONENSE.

 

Texto escaneado de la obra “Gijón en la Historia General de Asturias”, de Julio Somoza García Sala

 

(véase ascendencia de éste en el apellido García_Sala, en Genealogías Astures de esta web).

 

La nobleza en los siglos XIII y XIV.

 

1º.- La nobleza en los siglos XIII y XIV.

2º.- "Entrevista" al autor realizada por don Don José Ignacio Gracia Noriega

3º.- Condado   de   Gijón. Los Álvarez de las Asturias

 

 

Bajo la denominación de hijos ilustres de Gijón, enumera el Sr. Rendueles en su obra, una porción de personages, cuya celebridad no discutiremos, pero acerca de cuya oriundez abrigamos grandes sospechas, por no indicarse la fuente de donde proceden las noticias; y porque los apellidos, y los supuestos que sobre ellos se establecen, están en pugna manifiesta, con lo generalmente recibido y establecido en la materia.

Dos advertencias preliminares: primera; empieza la heráldica en España en el siglo XIII; y no se usaron armas de linage, ni aún de persona hasta fines del sigloXII. Segunda; el apellido de localidad, que acompaña al patronímico, es, en esta época, y fue durante mucho tiempo, indicativo de la oriundez de sus llevadores.

Siguiendo, como de ordinario, á JoveLlanos, autoridad competente en la historia nobiliaria del Concejo, antes que al visionario Señor de Cornellana, que dándoselas de genealogista, incurre en innumerables gazapos, de los cuales vemos con sentimiento, que se hace solidario de un modo irreflexivo el Sr. Rendueles; afirmaremos, que no son gijoneses, ni siquiera asturianos, los nobles caballeros Diego Porcellos, Gonzalo Ansúrez, Pelayo Pérez, y los ínclitos GarciLassos (pág. 69 y 80 de la Hist. de Gijon).

 

YERROS DE ORIUNDEZ Y GENEALÓGICOS.

La manía de seguir ciegamente al Padre Carballo (aunque no se le cita en este pasage) hace que el Sr. Renduéles señale como hijo ilustre de Gijón (y de Porceyo, por añadidura) al Conde poblador de Burgos, Diego Rodríguez (a) Porcelos. Absurdo semejante, fundado sólo en la fonética, queda palmariamente deshecho por Don Ángel de los Ríos en su interesante obra sobre los apellidos castellanos, á que nos remitimos (1. 1. pág. 46). Conviene añadir, que el referido Conde, pobló á Burgos en 884, y que en esa fecha, ni Crónicas, ni documentos, mencionan para nada la humilde aldea de Porceyo.

Lo propio decimos de los otros gijoneses ilustres y preclaros magnates (pág. 80), Gonzalo Asúrez, y Pelayo Pérez, Señores de Valladolid; porque los Asúrez, Condes de Saldaña, Carrión y Valladolid, eran leoneses puros, y descendientes del Diego Rodríguez (a) Porcelos antes mencionado, según la genealogía razonadamente histórica, que presenta el Sr. RÍOS (1. c. pág. 51 y siguientes). Y con tales y tan gratuitas suposiciones, poco faltó para que también hicieran gijonés ilustre al famosísimo Peranzúles, de igual descendencia que los precedentes; cuando los verdaderos peranzúles, son Carballo, y Trélles, y Tirso de Aviles, y toda la taifa de tonti-locos que, tan inflados de vanidad y orgullo, como hueros de saber, y ayunos de conocimiento sólido, se pasaron la vida, dando tajos y mandobles contra el sentido común.

 

LOS GARCILASSOS.

De los GarciLassos, no hay que hablar, que bien conocido es su abolengo en la montaña cántabra: y en lo tocante á ser tronco de las familias nobiliarias de Gijón, demostrada queda su falsedad, pues Gonzalo Ruiz de la Vega, solo tuvo una hija única llamada Teresa (que casó con el Señor de Villegas) y á mayor abundamiento, no vino á Gijón con Garcilaso el niño, pues había muerto en 1349.

El cuadro siguiente, lo patentizará mejor (lo pasamos a texto):

 

LOS GARCILASOS DE TORRE-LA-VEGA

 

I.- GarciLasso de la Vega, El Viejo, asesinado en Soria en 1326, fue padre de:

1.- Gonzalo Ruiz de la Vega, mueto en 1349 en Castro del Río (Córdoba). Hija única:

1.1.- Teresa de la Vega, casada con Pedro Ruiz de Villegas, asesinado en 1355 por orden del rey Don Pedro.

2.- Garcilasso de la Vega, El Joven, que sigue en II.

 

II.- GarciLasso de la Vega, El Joven, asesinado en Burgos en 1351 por orden del rey Don Pedro, había casado con Leonor de Cornago. Padres de:

 

III.- GarciLasso de la Vega, El Niño, muerto en 1367 en la batalla de Nájera, había casado con Mencía de Cisneros. Hija única:

 

IV.- Leonor de la Vega, única heredera de los Gracilazos y de la casa de la Vega con todos sus estados. Casó primero con Juan de Castilla, hijo del Infante don Tello, y después con Diego Hurtado de Mendoza, Almirante Mayor de Castilla. De éste tuvo a:

 

V.- Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, insigne escritor.

 

Comete Rendueles el imperdonable yerro de confundir al tercer GarciLasso, con GarciLaso el poeta, que nació en Toledo en 1503 y murió en 1536.

Otro lapsus desliza, al suponer que el tercer GarciLasso vino á Asturias después de 1351, en compañía de su tío Gonzalo Ruiz, cuando éste había muerto dos años antes, en Castro del Rio (375), y cuando la Crónica del Rey Don Pedro, año 1351, cap. VI, expresamente declara, que algunos criados de GarciLaso leváronle para Asturias (las Asturias de Oviedo) donde estaba el Conde Don Henriyue. Así que todos los párrafos que siguen en la susodicha Historia local, son pura fantasía del Sr. Rendueles: pero no se le puede imputar en absoluto todo el yerro, pues en él, incurrieron antes, todos los genealogistas de Gijón, al querer derivar de los GarciLassos, las armas parlantes de las más viejas familias de esta villa, que pintan en sus escudos, el sotuer del Ave-María (376).

Siguen á los anteriores linages, los que llevan los caballeros Ramír Flores de Cifuentes, y Ramír Fróilaz de Cifuentes de Suerón, (que si no es todo uno, lo parece). El apellido Flores ó Flórez (antes Fróilaz) no es propio del Concejo de Gijón, sino de los del Occidente de Asturias; y en lo tocante á Suerón, posible es que se refiera al Señor del Castillo de Suerón, sito en el lugar de Montealegre, localidad y río en la Vega de Rivadeo (Vigil: loco. cu. pág. 342). En cambio, es gijonés el apellido geográfico de Cifuentes, cuyo solar, radica en la aldea de Cabueñes, y en el barrio á que da nombre (Cefóntes), donde aún subsiste la casa señorial con su escudo de armas, y la capilla, arruinada (377). Pero, sin negar, ni conceder, somos de opinión que los personages, no son distintos, sino uno sólo, confundido por mala redacción en los documentos, ó por su equivocada interpretación.

Tampoco tenemos por gijonés al Conde de Presares, (Rendueles, 1. c. pág. 69), título exótico en esta comarca. Y tan es así, que Presáres (nombre que recuerda la tribu céltica de los Praesamarci, citada por Plinio, lib. iv, c. 20) es una localidad gallega (prov. de la Coruña); y la villa de Presares, fue donada en el año 930 por Rodrigo, abad del Monasterio de Sobrado, al Rey Don Alfonso IV de León, con todos sus bienes y siervos domésticos (familiares), á quienes había dado libertad, según más latamente puede verse en Muñoz Romero (1. c. pág. 12, not. 2) 378.

Y provienen todos estos reveses, de haber seguido ciegamente nuestro ingenuo cronista, á dos escritores provinciales de la región occidental, á saber: Trélles-Villademoros, natural de Navia, y el P. Carballo, de Entrambasaguas (en Tineo). ¿Quién ha dado carta de gijoneses á tan ilustres guerreros? No nos importa averiguarlo; cuando se alleguen más sólidas razones, lo discutiremos .

Por motivos semejantes, rechazamos, como naturales de nuestra villa, á Garci Fernández de Carreña, y Suer Alfonso de Solís. Más nos inclinamos á creer que fueran de Avilés; porque en la familia Carreño de Aviles, recayó el privilegio real de conservar las ropas que el Monarca usara en Viernes Santo (MSS. del Inst. de Jove-Llanos: vol. v, fól. 117): y el que Suer Alfonso de Solís (asturiano no más, le llama la Crónica) condujera al sitio de Seteníl la lombarda de Gijón, no es motivo bastante para suponerle gijonés, cuando su apellido local, está delatando á voces su procedencia avilesina.

 

LINAJES LOCALES

Por genuinamente locales, estimamos á Alvar González Moran (379), á Garci Morán su hijo (380), y al Señor de Beloño (en Cenero) Arias González de Valdés.

Del primero, supone JoveLlanos que derivan las familias gijonesas de los Moran y Alvargonzález (Gijón en la Ed. Media, § 25), sospechando fuese hijo suyo, Garci-Morán. El Señor de Beloño, mandaba una de las carracas tomadas á los venecianos; y de unos y otros, se ocupa extensamente en el trabajo mencionado (ibidem, § 51 y 52).

Nota del transcriptor (del que suscribe): He aquí lo que en tales notas dice don Gaspar:

51: Para esta expedición, se armó también una gran carraca tomada á los venecianos, en la cual hizo el Rey construir tres castillos, y poner para su defensa, 160 hombres de armas, y 120 ballesteros. Y es bien notable, y de nuestro propósito, que el mando de estos castillos se fió á tres, que podemos creer asturianos. Eran, Suer Pérez de Quiñones (nombrado después Merino mayor de Asturias), Diego González de Oviedo (hijo del desgraciado Maestre de Alcántara Don Diego Núñez ó Martínez de Oviedo), y Arias González de Valdés, á quien la Crónica llama Señor de Veloña, y la abreviada, de Villena, y que yo creo gijonés, pues aunque el solar de esta familia estuvo en San Cucao (de Llanera), de muy antiguo la hallamos heredada y avecindada en Gijon (quizás –agrega en nota- tuviera su casa solariega en el barrio de Beloño, de la parroquia de Cenero, con jurisdicción señorial). El mando que se les dio puede probar, no solo el favor y confianza del Rey, sino también que estos caballeros se distinguían en la milicia naval de aquel tiempo: y por lo mismo que eran dados con preferencia á esta profesión, algunos nobles de Asturias.

52.—Ni debemos callar, en honor de los dos últimos, la constante fidelidad en que siguieron al Rey Don Pedro, y el favor con que los distinguió; pues Valdés fue nombrado su embaxador para negociar una alianza con el Rey de Navarra en 1362; y Oviedo que no le abandonó aún en su último apuro, entró con él en el Castillo de Montiél (donde los acogió otro gijonés Garci Moran, acaso hijo de Alvar-Gonzalez Moran, que ya no suena en la Crónica por este tiempo) y le acompañó á la posada del traidor Guesclin, donde fue muerto.

A Alvar González Moran (que seguía la causa de Don Pedro, contra el Conde de Gijón) debió el Monarca la conservación de Salamanca, cuando los coligados pretendieron ocuparla en 1354 (ibidem, § 26j). Lo contrario parece desprenderse del texto de la Historia de Salamanca, del Sr. Villar y Maclas, que en la pág. 424 del tomo I, se expresa en los siguientes términos: «determinaron también (los rebeldes) apoderarse de Salamanca, donde tenían muchos parciales: vino el caballero salmantino (?) Alvar González Moran, y aunque quiso convenirse con ellos, nada pudo conseguir, por tener el Alcázar, Juan Alonso de Tejeda». Nada mas dice de él: su nombre, no figura en las listas de Gobernadores y Señores de Salamanca, ni en la de los Alcaides del Alcázar, que publica el citado cronista de Salamanca (381).

Esta divergencia, se deberá tal vez á no haber concordado bien las fechas, ó á distinta interpretación en la lectura de las Crónicas. Quizá el magnate gijonés vaciló entre el proceder sangriento de Don Pedro, y la rebeldía de su bastardo hermano. Los parciales henriquenos, buscaban en estas discordias su medro personal, y, como de costumbre, la satisfacción de sus rencores y venganzas locales. Más claro lo veremos al tratar de los sitios de Gijón.

Los Menéndez Valdés de San Cucao, y su rama de Contruéces; los Valdés de Gijón; y tal vez un Diego Menéndez de Villar (¿de Cenero?) siguen los pendones de Don Pedro el Justiciero. Solo la pobla de Gijón, feudo de Don Henrique, alza bandera de rebeldía y ampara su causa. Los hidalgos, con solar en el Concejo, no miran con buenos ojos al Bastardo.

Solo por acumular nombres, cita Renduéles como hijos ilustres, á Fernández de Somonte, Munio Alfonso Moran, Fernando Busto de Jove, y Laso García de Jove. Pero se necesita una dosis de credulidad muy grande, para proclamar la ilustración ó celebridad de tales caballeros, que sabrían repartir mandobles, romper lanzas, y desmontar ginetes, á reserva de poner en sus sepulcros una inscripción encomiástica, donde constara que habían vivido cristiana y valerosamente.

En conclusión, puede afirmarse: que descontados los próceres que llevan los sonoros apellidos de Alvarez de las Asturias y Bernaldo de Quirós, que están diciendo á voces su procedencia señorial, los demás apellidos (sean ó no de armas pintar) son simplemente de caballeros blancos, o infanzones. La nobleza de linaje o jurisdicionál (fuera de los dos casos citados) no existía en Asturias ni nunca existió, ni pudo existir, por la pobreza del país, por la subdivisión de su territorio y por la desigual condición del carácter de sus habitantes, rayano del ultra-individualismo. ¿Dónde están esos próceres que levantan mesnadas de 800 ó mil infantes, ó ginetes, y van por su propia cuenta á servir al Monarca? ¿Dónde, aquellos altivos magnates que se llaman Marqués de Santillana, Conde de Oropesa, Duque de Altamira, Conde Duque de Benavente, Alvar Fáñez, los Laras, los Manriques, los Castros, los Lunas, y Osrios?

Nuestros hidalgos no podían levantar pendones, ni arrastrar huestes á la pelea, porque aquí lo absorvió todo el poder eclesiástico. Gracias si conseguían vivir humildemente en medio de sus míseras tierras. Por que si bien es cierto que hubo algunos señores feudales, eran, por lo común, unos pobres plagiarios de aquellos soberbios proceres aragoneses, y castellanos, extremeños ó catalanes, que con sus proezas y desmanes, abatían ó menospreciaban las prerrogativas de la corona, haciendo vacilar á los Monarcas en su castigo.

Por lo tocante á la nobleza titular, puede decirse que es de ayer. Ahí están los documentos que lo atestiguan. Antes de 1702, existían en España 410 títulos nobiliarios; de los cuales, sólo correspondían á Asturias, media docena: dos marquesados (CampoSagrado, y Valdecarzana), tres condados y un vizcondado. En tiempo de Felipe IV, ninguno.

Así es, que promueve la hilaridad general, el leer la enfatuada prosa de tantos majaderos que no aciertan á escribir de las cosas de Asturias, sin mentar á roso y velloso, las familias linajudas, las casas armeras, los esclarecidos timbres, y los antepasados de ilustre abolengo; lo cual resulta muy provechoso para las empresas periodísticas que explotan semejantes sandeces á tanto la línea; pero que son indignas de quienes conocen y estiman, que la verdadera nobleza, no estriba en pasadas y agenas glorias, ni en pordioseras gacetillas, sino en debérselo todo al propio esfuerzo, y al animoso espíritu.

Recordémoslo con JoveLlanos:

“el más humilde cieno, fermenta y brota espíritus altivos, que hasta los tronos del Olimpo se alzan”.

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2º.- Don José Ignacio Gracia Noriega: “El tremendo erudito Julio Somoza”.

 

Publicado en La Nueva España de Oviedo el 16 de mayo de 2005.

 

Julio Somoza, el irascible erudito gijonés, es conocido más que por sus erudiciones por sus malhumores, y esto, que tratándose de cualquier otra profesión podría ser malo, tratándose de un erudito resulta hasta normal. Los eruditos se han convertido en algo parecido a los «viejos verdes» de zarzuela: en personajes cómicos. Al sabio distraído de la novela decimonónica sucede casi de inmediato el erudito que siempre está como si se lo llevaran los diablos. Dedicados las más de las veces a resolver insignificancias puntuales, pretenden convertir las más de las veces sus amplios saberes centrados en asunto reducidísimo en castillo roquero. No existe nada que merezca la pena ser valorado fuera de su saber, y arremeten contra lo que se aparte de lo que ellos tienen por suprema sabiduría: por ejemplo, descubrir quién era alguien a quien Jovellanos cita sólo con las iniciales. En la cornisa cantábrica abunda este tipo de eruditos, siendo muy representativos de la especie el santanderino Ángel del Río, también conocido por «el Sordo de Proaño», por estar sordo como una tapia y vivir en su torre de Proaño, «compañero de la lluvia y del viento», según Leopoldo Rodríguez Alcalde, muy cerca del nacimiento del Ebro, y el gijonés Julio Somoza. Se cuenta que el Sordo, en cierta ocasión, resolvió una discusión a tiros; bien es verdad que, en aquel momento, no discutía sobre behetrías, sino sobre fincas rústicas. Respecto a Somoza, Jesús Menéndez Peláez se pregunta en el prólogo a «Las amarguras de Jovellanos»: «¿Qué valor tienen para la investigación actual sobre Jovellanos las investigaciones realizadas por Somoza?»; y cede la palabra, para que dé la respuesta, a otro gran jovellanista, José Caso: «No es posible tratar hoy a Jovellanos sin consultarle (a Somoza) constantemente. Pero Somoza era, en primer lugar, un hombre de su tiempo, y en segundo, un autodidacta. Su método de trabajo a la hora de editar textos no se ajusta a lo que hoy consideramos un método científico. Tenía también sus rarezas. Todo esto nos obliga a ser enormemente cautos al utilizar sus materiales, tanto los impresos como las copias suyas que se conservan. De todas formas, la bibliografía jovellanista dio pasos de gigante con Somoza». Luces y sombras, pues.

Encontramos a don Julio Somoza en una habitación polvorienta, examinando un libro de Jovellanos con una lupa. Al verme, levanta la cabeza y me saluda con un gruñido.

—¿Qué le parece, don Julio, que van a hacer santo a fray Melchor García Sampedro?

—¿Quién le ha dicho tal barbaridad, so zoquete?

—No es ninguna barbaridad.

—¡Claro que es una barbaridad! Yo he afirmado como rasgo del carácter de los asturianos que en dos mil años de cristianismo no hubo un solo santo asturiano, y así fue, y así ha de ser, aunque se hunda Roma.

—En fin, si usted lo dice... Pasemos a otra cuestión, don Julio, si le parece. Dígame su opinión sobre el obispo don Pelayo.

El erudito está a punto de echar espuma por la boca.

—¿Es que ha venido aquí a tocarme las narices? Era un «malaventurado escritor», y conste que es lo más suave que se me ocurre decir sobre él, y Fuertes Acevedo es un asno, por haber ponderado su «amor a la verdad». ¡Amor a la verdad el obispo Pelayo, que era un mixtificador! Si no tiene mejores preguntas que hacer, ¡ahí tiene la puerta!

—¿Es usted de Gijón?

—¿De dónde voy a ser si no, so burro? Nací en Gijón, en la plaza Mayor, esquina a Trinidad, número 6, el 23 de diciembre de 1848, aunque algún mentecato me da por nacido en El Ferrol. ¡Inadmisible!

—Sin embargo, su segundo apellido, Montsoriú, no parece ser muy de Gijón.

—¿Y a usted qué le importa?

—Tiene razón: no me importa. Hábleme un poco de su vida, si le apetece, y si no, hable de lo que quiera.

—¡Eso es lo que voy a hacer! Hablar de lo que me dé la gana. Así que voy a hablarle de mí mismo. ¿Sabe usted que siendo joven sentí la vocación de las armas y marché a Segovia, para ingresar en la Academia de Artillería? Pues así fue: pero fracasé por tres motivos. El primero: mido 1,60 metros. El segundo: soy sordo de nacimiento e incorregible. Y el tercero: me arrastraban más los estudios histórico-literarios que la artillería, que, en el fondo, maldita si me importaba.

—Pero no se preocupe, hombre. Beethoven y Goya eran sordos, y Napoleón bajito, y mire usted...

—¿Es que ahora pretende compararme con esos tres señores? No me ofenda. ¿Es que cualquiera de ellos ha estudiado a Jovellanos tanto como yo? Entonces, ¿qué hicieron de provecho en la vida?

Me encojo de hombros. No me parece que ésta vaya a resultar una entrevista fácil. Tengo que hacerle las preguntas a gritos, y repetirlas hasta cuatro o cinco veces. Don Julio, en el fondo, está gozando con mis gritos desaforados.

—¿Qué hizo cuando fracasó como artillero?

—Me vine a vivir a Gijón. Era el año 1873, y desde entonces no he salido de Gijón. ¿Qué le parece?

—De mucho mérito.

—Y aunque bajito, sordo y con mala uva, me casé con doña Josefa Menéndez Sánchez. Una santa que murió en 1905, hace treinta y cinco años. Desde entonces, la erudición y Gijón constituyen mis consuelos.

—A usted se le encuadra en el movimiento intelectual asturianista del último cuarto de siglo XIX, junto a Máximo Fuertes Acevedo, Fermín Canella, Braulio Vigón, Ciriaco Miguel Vigil, Fortunato de Selgas, Félix de Aramburu, Bernardo Acevedo y otros. Con Fuertes Acevedo, Canella y Vigón fundó en 1881 «La Quintana», una especie de academia asturianista. ¿Le parece que está en buena compañía?

—No me haga hablar, Noriega, no me haga hablar.

—De acuerdo. Corramos un tupido velo. Además de la erudición, usted cultivó el periodismo, ¿no es así?

—Sí, sí, en efecto. Aunque sin prodigarme demasiado, colaboré en «El Productor Asturiano», de Gijón; «El Eco de Asturias», y más tarde la «Revista de Asturias» y «El Carbayón», de Oviedo, y en «La Ilustración Gallega y Asturiana», de Madrid. En «El Carbayón» tuve una sección fija rotulada «Diálogos gijoneses», desde 1888 a 1890, y algunos de mis artículos van firmados con el pseudónimo de «Don Diego de Noche».

—Muchos de sus libros están dedicados a Jovellanos y sus obras: «Catálogo de manuscritos e impresos notables del Instituto de Jovellanos, de Gijón», «Jovellanos. Nuevos datos para su biografía», «Las amarguras de Jovellanos», «Inventario de un jovellanista», «Escritos inéditos de Jovellanos», «Cartas de Jovellanos a lord Vassal Holland sobre la guerra de la Independencia», «Documentos para escribir una biografía de Jovellanos», «Jovellanos: manuscritos inéditos, raros o dispersos», el prólogo a «Jovellanos: miscelánea de trabajos inéditos», de 1931, o la preparación de los diarios de Jovellanos para su edición, en dos tomos. Tanto fervor jovellanista, ¿obedece a que Jovellanos era de Gijón?

—¿Se le ocurre mejor motivo? Aparte de que Jovellanos fue la gran figura española del siglo XVIII; esto se puede afirmar sin duda alguna. Pero, además, he escrito sobre otras cosas: «Gijón en la historia general de Asturias», «Cosiquines de la mio quintana», «Registro asturiano», sobre numismática asturiana, etcétera. Ahora estoy preparando un libro sobre «El carácter asturiano».

—¿Cómo es el carácter asturiano?

—¡De mil demonios! ¿Cómo quiera que sea?

Y me señala la puerta, dando a entender que la entrevista ha terminado. Pero, al tiempo que salgo, le oigo decir, con tristeza: «Todo me ha salido mal, hasta el nacimiento, pues que vi la luz con una sordera total de oído izquierdo y no oigo el violín, ni el canto de los pájaros, ni puedo percibir la voz angelical de la divina Patti, ni la maravillosa voz del egregio Emilio Castelar...».

Me vuelvo y le digo: don Julio, buenas noches. Y él baja el rostro sobre el libro, como si ocultara una lágrima.

 

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3º.- CONDADO   DE   GIJÓN

Los Álvarez de las Asturias

 

Escaneado de la obra GIJÓN EN LA HISTORIA DE ASTURIAS, de Julio Somoza García Sala.

 

Confuso y obscuro se presenta el origen del Condado de Gijon, que con más propiedad, debiera llamarse Señorío, pues así se denomina en la mayor parte de los documentos conocidos, y de que se hará mención. Y como para mejor inteligencia, debe seguirse este proceso desde su origen, adoptamos el método cronológico, que fija los sucesos y las fechas con caracteres más indelebles. Con unos y otras, podrá el lector formar juicio más aproximado de las vicisitudes porque atravesó la Ciudad, y si el afán de la investigación, le arrastra á estudiar y ahondar el problema, conseguirá trabajando con ahínco, llegar á esclarecer un punto harto interesante para la historia de esta localidad, y aún para la de Asturias, en uno de los linajes donde estuvo vinculada por más tiempo, la supremacía del poder.

Para su más fácil estudio, dividiremos esta materia en las siguientes partes:

a)       Los Álvarez de las Asturias.

b)       Don Rodrigálvarez.

c)       Henrique de Trastamara.

d)       Alfonso Henriquez.

e)       Los pretendientes.

 

DOCUMENTOS Y EFEMÉRIDES.

Año 905.—Por escritura (donación) de 20 de Enero de este año, hemos visto que Alfonso III, donó á la Catedral de Oviedo la Ciudad de Gijón en toda su integridad. Y que por otros dos privilegios de donación y confirmación, de 1112 (Marzo, 27), la Reina Doña Urraca de Castilla, dio asimismo á la Catedral, la tierra de Llanera y de Gijón.

Ya tenemos, por lo tanto, al comienzo del siglo XII, convertida la Ciudad de Gijón y su tierra, en feudo de la Iglesia de Oviedo.

980-999.—A fines del siglo X, suena un Don Rodrigo (nombre genérico de la dinastía) Alvarez de Asturias, como Conde-Gobernador de Asturias. Este dato, le tomamos del Sr. Sangrador Vítores, en cuya excelente obra (no exenta de lunares) le encontramos registrado, para lo que después se dirá.

S. XII-XIII—El Señor JoveLlanos, sin indicar fecha, en su apunte histórico Gijón en la Ed. Media, párrafo XVI, afirma que vio en un Bulario, un documento, en el cual, un Alvarez de las Asturias, firma con el calificativo de Tenente Gegionem, deduciendo de aquí que la tenencia de nuestra Villa, entró en aquella antigua y poderosa familia (882).

Pero..... ¿cuándo, cómo, y por qué? No se ha dilucidado hasta ahora este punto, que á nuestro juicio, es de importancia, y en tal incertidumbre, aventuraremos dos soluciones, á saber: ó los Alvarez de las Asturias fueron gobernadores de Gijón, y usurparon y detentaron su Señorío abusivamente; ó recibieron la Ciudad y su territorio, en encomienda de la Iglesia de Oviedo.

Sabido es, que bajo la dominación de la Monarquía asturiana, continuó la administración de los pueblos, como en la época visigoda; y así, siguió un duque al frente de cada provincia; gobernando los Condes (comité), las Ciudades. Puede que se originara de aquí, el poderío de los Alvarez de las Asturias sobre Gijón como ciudad, que algunos suponen de muy remota fecha (383).

En lo tocante á la segunda solución, parece también muy factible, pues la voz tenente casi implica el concepto de tener en encomienda la dicha Ciudad y su jurisdición, por su antigua propietaria la Iglesia Catedral de Oviedo. Mas hasta el presente, no han aparecido documentos que lo confirmen. (659).

De todos modos, admitiendo condicionalmente la afirmación del Arzobispo Don Rodrigo Ximenez de Rada, al declarar á Gijón desierto, en el sigloXII, pueden considerarse á los Alvarez de las Asturias, como los repobladores de Gijón.

 

Primeras noticias.

1230-1252.—«En el reinado de Don Fernando III el Santo (1230-1252) se encuentra por primera vez sin que se sepa cuál fue su origen, el título de Conde de Gijón, en la persona de Don Ordoño Alvarez de las Asturias».

En semejantes términos se expresa el Sr. Renduéles (pág. 81 de su Historia), sin decir, en asunto de tanta monta, de donde toma la noticia, que á la verdad, parece por su forma, arrancada del in-folio de algún historiógrafo ó genealogista. Más adelante (pág. 82) agrega que los señores del antiguo solar de Alvarez de las Asturias eran descendientes de los Infantes Don Ordoño el Ciego y Doña Cristina (hija de Vermudo II y Velasquita). Esta fábula ridícula de los genealogistas, está tomada de otra fábula del Obispo Don Pelayo, y consignada en la fundación del Monasterio de Cornellana.

Al crédulo autor del Memorial genealógico de los Alvarez de las Asturias (vid. la Bibliografía), no se le cae de la boca, lo de la ascendencia real doble (que es una ridícula patraña) con otra porción de incongruencias, desatinos, falsedades y simplezas, de que está plagada su obra, de la cual no hemos debido prescindir, á pesar de todo, por la superabundancia de sus citas 385.

 

SEÑORÍO, NO CONDADO.

Se nos ofrecen algunas dudas sobre el particular, y vamos á declararlas:         

primera:

dudamos que los Señores de la Casa Alvares de las Asturias, se titularan Condes de Gijón en 1230. Señores les llama siempre su genealogista; y Señor, llama á Don Ordoño, que lo era en dicha fecha. A nuestro modo de ver, proviene dicho yerro, de que la voz Comiti, en la diplomática de aquella época, se interpretaba siempre por Señor, y no por Conde, en el sentido de autoridad que tenía en la época visigoda, ó en el de título nobiliario, que posteriormente se le dio.

Da más fuerza á esta suposición, la circunstancia de que el autor del Memorial (como podrá verse en el árbol que va al fin de esta sección) no consigna el título de Señor de Gijon hasta 1269, en que lo usa por primera vez, un nieto de Don Ordoño. En el texto de la obra (que hemos leído con toda la paciencia que su soporífero estilo requiere) no se lee con anterioridad á la fecha dicha; y faltaríale tiempo á su autor para estamparlo, si lo hubiera visto en cualquier texto ó diploma de los muchos que cita (386).

segunda:

En la lista de autoridades y jefes de esta región, formada por el Sr. Sangrador, figuran: en 1306, Don Rodrigo Alvarez de las Asturias, como Adelantado Mayor de Asturias; y en 1309, el mismo, con igual cargo, por segunda vez. En 1310, el propio Don Rodrigo, concede privilegio para la población de Siero; y, según el documento ya citado del año 1324. Don Rodrigo, menciona á los vecinos de su pobla de Gijon, y demás lugares de su Señorío en Asturias. No se alude para nada al Condado de Gijon, ni al título de Conde.

tercera:

Todavía en 1377, el Rey Don Henrique II, al referirse á tiempos pasados, se expresa así en una de sus Cartas.....: «según lo hacía en tiempos de Don Rodrigo Alvarez, et dé los otros Señores de Norenna..... (Vigil: loco cit. pág. 102).

cuarta:

La precedente cita, nos lleva á la conclusión, de que el apellido jurisdiccional, de Asturias, agregado al patronímico Alvarez, lo fue en virtud de la costumbre, por el mucho tiempo que estuvo vinculada en dicha familia, el cargo de Merino y Adelantado. Con más fundado motivo, siguiendo el estilo de la época, debieron haberse llamado Alvarez de Nava, Alvarez de Noreña, Alvarez de Varé ó de Lillo.

 

Últimos Señores del linaje.

    Oigamos ahora al autor del Memorial (fol. 47) describiéndonos al XIV descendiente de este linage:

«XIV.—Don Pedro Alvarez de las Asturias, hijo mayor y sucesor legítimo de el Conde Don Alvaro Díaz, XIII Señor de las Asturias, como también de los dichos Estados de Nava y Noreña, y otras muchas pueblas, y dueño asimismo de los estados de Xijon y Trastamara por merced del Señor Rey Don Fernando el Quarto 1295-1312): así lo testifica la Crónica del Señor Rey Don Alonso XI, cap. 140 (387): fue Ricohombre de Castilla, y tuvo la dignidad de Conde (388) como su progenitor, y fue Mayordomo Mayor del Señor Rey Don Sancho el Bravo (1284-1295) como se firma en la confirmación de los privilegios de Baeza, año de 1286 (389). Don Pedro Alvarez de las Asturias (XIV Señor) falleció en 1290 (390), y mandóse enterrar en la Iglesia de Valladolid. donde se ven sus armas que son: escudo de quince jaqueles».

Resulta claro, como la luz meridiana, que pues Don Fernando IV empezó á reinar en 1295, y concedió los estados de Gijón (en Asturias) y de Trastamara (en Galicia) á los Alvarez de las Asturias, el que recibió la merced, fue Don Rodrigo, XV Señor; siendo lo más probable que el Cronista de la casa, haya confundido á Don Pedro, XVI Señor de Nava, con su padre, de igual nombre. Y también pudiera suceder, que los de la casa de Noreña, tuvieran á Gijon, en Encomienda desde luengos años, por la Iglesia de Oviedo, y hubieran querido sancionar el despojo, pidiéndola al Rey por merced, en Señorío, cosa muy corriente en aquellas revueltas centurias, y que se patentiza con la lectura del testamento de Don Rodrigo, hecho en 1331.

Respecto á la sepultura de Don Pedro en la Iglesia de Valladolid, hallamos la clave de ella, en la obra de Don José María Quadrado (Recuerdos y bellezas de España - Valladolid, Palencia y Zamora: Madrid: 1865-pág. 35), donde, al tratar del Convento de San Francisco de Valladolid, expresa, que en su Capilla mayor, estaba enterrado Don Pedro Alvarez, Señor de Noreña, padre de Don Rodrigo Alvarez de las Asturias.

Luego añade: «Dice Morales, que era de palo esto sepulcro, con las armas de Noreña: pero en tiempo de Flórez, el sepulcro y los versos leoninos que le adornaban, ya no existían. Estos versos, nos los ha conservado una Historia manuscrita del Convento (los inserta Quadrado, con la fecha Anno Domini M.CC.LXXX.VI). Este magnate, fue gran servidor de Sancho IV, y era padre (y no abuelo, como dice Flórez) de Don Rodrigo Alvarez, de quien hablamos en el tomo de Asturias, pág. 143. Dicho convento, fue demolido en 1837».

Por donde venimos á deducir, que si Don Pedro se enterró en 1286, yerra su genealogista al señalar su muerte cuatro años después; y se aventura mucho al imaginarle en Baeza el propio año de su fallecimiento en Valladolid.

En lo tocante á las armas, debemos aclarar, que las de esta familia, son: ocho jaqueles gules, alternados con siete veros de azur y plata.

Don Tomás López, en su Colección de Privilegios (tomo VI, págs. 166 y 178) señala dos, el de Córdoba y el de la Puebla de Muro, con las fechas de 28 de Julio de 1284 (en Sevilla), y 4 de Octubre de 1286 (en León), en los que aquel magnate aparece como confirmante, bajo las siguientes formas: Don Pedro Paez de Asturias, y Don Pero Alvarez, Mayordomo del Rey. Llegamos ya al más famoso de los próceres de esta poderosa casa

Árbol de la familia en el período que abarcamos (árbol que paso a texto).

Partimos de estos dos hermanos:

1.- Rodrigo Álvarez de las Asturias (IV de este nombre). Primogénito. Murió sin descendencia.

2.- Ordoño Álvarez de las Asturias, que sigue en I.

 

I.- Ordoño Álvarez de las Asturias (2º hijo), Señor de las Asturias,  Liévana (Laviana), Nava y Noreña. Alcalde 1º de Jaén (1214-1243) (391), casa con Elvira García de Braganza. Padres de:

1.- Álvaro Díaz de Asturias, que sigue en III.

2.- Sancha Ordóñez.

3.- Mayor Álvarez.

4.- Munia.

5.- Arias Díaz.

 

II.- Álvaro Díaz de Asturias, señor de Asturias, Nava y Noreña (1253-1269), casa con Teresa Pérez Girón. Padres de:

1.- Pedro Álvarez de Asturias, que sigue en III.

2.- Alonso Álvarez de Nava. Casa con María Rodríguez.

3.- Ordoño. Cardenal en Roma (1278).

4.- Álvaro Díaz.

5.- Mayor.

 

III.- Pedro Álvarez de Asturias, Señor de Gijón y Trastamara (1269-1286), Adelantado de León, Mayordomo de Sancho IV. Casa con Sancha Rodríguez de Lara. Padres de:

1.- Rodrigo Álvarez de Asturias, que sigue en IV.

2.- Pedro Álvarez de Asturias, Señor de Nava. Casa con Mencía de Quiñones y Nava (sigue la Línea de la Casa de Nava).

3.- Teresa Álvarez de Nava. Casa con Alfonso de Meneses, Infante y señor de Molina.

 

IV.- Rodrigo Álvarez de Asturias, último Señor de Asturias, Laviana, Noreña, Gijón, Trastamara, Allande, etc. (392) (1295-1335), Adelantado de León y Merino Mayor de Asturias. Tuvo estas cuatro mujeres:

1ª esposa: María Fernández de Saldaña. Sin sucesión.

2ª esposa: Isabel de la Cerda, condesa de Medinaceli. Sin sucesión.

Amante 1ª: Sancha Álvarez, en la que tuvo a:

1.- Álvaro Díaz. Muere antes de 1331. Sin sucesión.

1.1.- Per Álvarez. Muere en 1343 (dudoso).

 

Amante 2ª: N…, en la que tuvo a:

3.- Sancha Rodríguez, que casó con Pedro Núñez de Guzmán-Acebedo. Heredera en León  y El Infantado.

 

b.- Don Rodrigálvarez.

Llegamos ya al más famoso de los próceres de esta poderosa casa. Don Rodrigo Alvarez de Asturias, que ocupó puesto preeminente durante los reinados de cuatro monarcas castellanos, y que llegó á ser amigo y confidente de Don Alfonso XI, era el más poderoso Señor de su tiempo en tierra de León y Asturias. No nos detendremos en poner de relieve su figura, por ser bien conocida de los historiadores provinciales; y quien más á fondo desee conocer su vida y hechos, y sobre todo, su preponderancia, puede consultar con éxito los archivos conventuales, y monasteriales, que reflejan cumplidamente su época, y de un modo más duro y realista, que lo hicieron los folicolarios del siglo XVI, los románticos soñadores del XIX, y algunos tontilocos oradores de nuestros días, muy creídos de qué si resucitaran los de la Edad Media, todos serían apuestos donceles, insignes magnates, y señores feudales, y no míseros siervos de la gleba, familias de criación, y viles vasallos adscriptos al terruño, inventariados, y clasificados, trocados, y vendidos como cosas.

Además de la privanza del Monarca, era este magnate, Ricohome de Castilla, Merino ó Adelantado Mayor de Asturias y León, Mayordomo Mayor de la Reyna Doña María, Caballero Santiaguista, y posteriormente, Ayo de Don Henrique II, y su padre adoptivo. Era además, Señor de Asturias, de Laviana, Biménes, Nava, Noreña, Gijón y Allande; de Trastamara (en Galicia); y dueño de grandes feudos en tierra de León y del Infantado.

No consta de una manera terminante, su casamiento con Doña Juana Fernández de Saldaña, pero así lo asevera (equivocando el nombre) el Cronista de la familia, de quien afirma, no tuvo sucesión. Más claro es su casamiento con Doña Isabel de la Cerda, hija de Don Alonso de Castilla, en quien tampoco hubo descendencia (394).

Señálasele dos hijos ilegítimos; uno, llamado Alvar Díaz, que tuvo con Doña Sancha Alvarez, y que murió viviendo su padre. Madre é hijo, están enterrados en el Monasterio de la Vega de Oviedo. Con otra muger desconocida, tuvo á Sancha Rodrigues, que más tarde casó con Pedro Núñez de Guzmán.

En 7 de Mayo de 1322, donó al Convento de San Vicente de Oviedo, varias propiedades en los Concejos de Laviana, Biménes y Nava, con obligación de darle sepultura delante del altar mayor de dicha iglesia. Esta donación, está impresa en el Memorial..... del claro y antiguo linage de Asturias (fol. 49-á-53); su fecha, á 7 de Mayo, Era de 1360 (año 1322). [Vigil, Astur. monum. página 117, señala, por error, la fecha de 1332, error en que también incurre el autor de la monografía de Biménes.}

En dicho documento, se citan, como de su Señorío, los lugares y términos de Tiraña, Entralgo, Nava (sobre entendido), Fontória, La Oteada, Bodian, Laviana, Tamiélles, Ostero, Biménes, Buyéres, Tamón, Cabruñes, y Santullano. Para nada se menciona á Gijón

En donación especial, hecha en Oviedo, á 14 de Septiembre de 1325, ante Juan Pérez, Notario del Rey, cedió á Don Gutierre Bernaldo de Quirós (XV Señor de la Casa de Quirós, llamado luego el Rey chico de Asturias) su ahijado, el Estado y coto de Villoría (en el Concejo de Laviana), cuya donación veremos más tarde confirmada por el Bastardo de Trastamara. Tampoco aquí suena el nombre de Gijón, ni para bien, ni para daño (395).

 

SUS TESTAMENTOS.

A 16 de Agosto de 1331, otorgó en Lulo su testamento, notable por varios conceptos, y que, original, se conservaba en el archivo del Convento de San Vicente de Oviedo (396).

Y aquí empiezan las contradiciones.

Según unos, instituía en él por heredero especial de casi todas sus haciendas, honores, y preeminencias con el Señorío de Gijón, á Don Henrique de Trastamara (más tarde, Henrique II de Castilla). En este documento se titula Conde de Noreña, y Adelantado en tierra de León y Asturias, hijo de Don Pedro Alvarez. Semejante cláusula, es falsa, porque Don Henrique, nació en Sevilla cinco meses después (13 de Enero de 1332), y no le prohijó Don Rodrigo, hasta pasados dos años, en 1333.

De una nota del Sr. Don Juan Catalina García en su concienzuda obra, Castilla y León durante los reinados de Don Pedro I, Don Henrique II..... etc. (tomo i, pág. 21) parece desprenderse, que Don Rodrigo Alvarez de las Asturias, hizo dos testamentos:

a) Por el primero, en Lulo (pr. de León) á 16 de Agosto de 1331 (no 1338) dejaba por heredero á su sobrino Fernán Rodrigues de Villalobos (que según la Crónica de Alfonso XI, era tutor de Per Alvarez, nieto de Don Rodrigo), dejando mandas á una hija bastarda, y á la madre de otro hijo que tuvo fuera de matrimonio (Sancha Alvarez).

b) Otro testamento, en 1338 (que nadie ha visto todavía) en el cual, según todas las congeturas, instituiría por heredero á Don Henrique de Guzmán, bastardo de Alfonso XI, que por casado con Doña Juana Manuel de la Cerda, era pariente de su muger (398). Pero es evidente, que habiendo fallecido Don Rodrigo, en 1335, según indica Villasandino, no pudo otorgar semejante documento.

El Sr. Catalina García, sienta, que Doña Isabel de la Cerda, fue la primera esposa de Don Rodrigo. Agrega este señor, que en una donación que antes de ceñir la corona hizo Don Henrique á las monjas de la Vega, refiere su adopción por Don Rodrigo.

Ni el segundo testamento, ni la donación mencionada, se registran en la obra del docto Vigil, lo cual nos pone en gran perplegidad. Conviene advertir, que andando por medio de unas y otras citas, Tirso de Aviles, y Carballo, eternos perturbadores de nuestra historia provincial, nada de particular tiene esta confusión, que no desaparecerá, hasta que sea debidamente esclarecida por medio de una documentación escrupulosamente analizada.

Mas aún suponiendo que existieran dos testamentos, con mutación de herederos, no se explican muy satisfactoriamente algunas cláusulas del testamento de 1331. La cláusula de institución de heredero, ó está borrosa ó borrada, pues después de haber nombrado testamentario á su sobrino, Fernán Rodríguez de Villalobos (hijo de su prima carnal Doña Teresa Alfonso), expresa: «Otro sí; mando que si (al tiempo del) mió finamiento (non dejare) fijo ó fijos ó fija Legitimo ó Legitimes que (me sucedieren, mando á Fernán) Rodríguez de Villalobos mió «Sobrino, fijo de Ruy Gil de Villalobos y de Doña Teresa Alfonso mió prima, fija de Don Alfonso Alvarez y de Doña María, míos TÍOS, el mió solar (de) Noreña, con so casa fuerte, y con el apellido, y con las mías Armas traya siempre él y los que del vinieren. Otro si mando á este dicho Fernán Rodríguez, todos los heredamientos, que yo he en Siero y la pola de Siero con todos sus bienes derechos y señoríos, según que lo yo gané del Rei Don Fernando que Dios perdone, é fagolo en esto que le yo mando, por Dios y por mió alma, mió heredero».

La institución de heredero (supliendo los tres huecos que faltan al comienzo), es aquí muy clara.

En tan notable documento, que aún está por estudiar, nombra Don Rodrigo á sus padres, Don Pedro Alvarez y Doña Sancha Rodríguez; á su hija natural Sancha Rodríguez (casada con Pedro Núñez de Guzman Acebedo), á la que otorga inmensos bienes en León, Palencia y Burgos, con inclusión de todo El Infantazgo, comprado por su padre Don Pedro Alvarez á Don Diego Núñez de Aro, Señor de Vizcaya. Menciona asimismo á su hijo natural Alvar Díaz, enterrado en el Monasterio de la Vega de Oviedo, donde su infeliz madre, Sancha Alvarez, vivía recluida: nombra á su esposa María Fernández, que aún vivía, á la que lega su casa fuerte de Trigueros, por los 40.000 maravedís de arras que le quedó á deber. También menciona á su hermana Doña Teresa, con quien debe reintegrar, por mitad, los 12.600 maravedís que en mandas dejó su madre Doña Sancha. Hace mención igualmente de su tío Alfonso Alvarez (casado con Doña María Rodríguez), hermano de su padre; y de su prima Teresa Alfonso (casada con Ruy Gil de Villalobos), á cuyo hijo, Fernán Rodríguez de Villalobos, sobrino suyo en segundo grado, instituye heredero.

Además de las dos cantidades ya mencionadas, instituye varios legados que importan 70.050 maravedís, lo que, unido á lo anterior, representa una suma de 122.650 maravedís (equivalentes á 40.883 pesetas efectivas, ó á 163.533 con relación á época). La distribución de la última partida, se aplica á Monasterios y Conventos de Asturias; Mulaterías (leprosos) en Asturias; Monasterios de León y Valladolid; Misas, y legados particulares.

Es inmensa la propiedad acumulada en manos de este prócer; legítima, una; de dudoso origen, otra. El repertorio geográfico de ella, es considerable y extenso. Dentro de la provincia, nombra á Tudela (Oviedo); Camañas (Cabránes); Poreño (Villaviciosa); Trúbia (Gijon), La-viana, La Xugueria de Tamón (Carreño); Monasterio de San Antolin (Lena); casa fuerte y solar de Noreña; Siero (concejo), y las Poblas de Siero, Gijón, Rivadesella, Colunga y Nava. La tenencia de los Castillos de Gozón, Arenas, y Sobrescobio; y el Hospital de Siero. Fuera de Asturias, á Lillo (en León), los Castillos de Malpica, y Castulverde, y otros pueblos y tierras en las provincias de León, Palencia, Valladolid, y Burgos.

Ya dijimos que mucha de esta propiedad fue obtenida por la violencia ó el saqueo, como lo confirman las mismas cláusulas de restitución ó compensación. Entre las víctimas, se cuentan, la Abadesa y monjas del Convento de Gradéfes (en León, p. Sahagún), que eran saqueadas por las gentes de Don Rodrigo, mientras éste las esperaba tranquilamente en Almanza: los vecinos de Astorga, que debieron ser terriblemente expoliados, á más de combatidos: y los monges de San Pedro de Eslonza (en León), á quienes quitaron todo su ganado, en tanto que el gefe de tales bandoleros, se hacía el distraído en Belmente. Rapiña, saqueo, y allanamiento, era todo esto.

Mas otra parte de su riqueza, la logró de la munificencia de Fernando IV, que compensó sus hazañas guerreras dándole el territorio de Siero, y las pablas de Siero, Ribadesella, y Nava. La de Colunga, la obtuvo por compra á Obar Alfonso Beltran, que la recibiera de aquel monarca. Pertenecían á su patrimonio, la Villa y el Alcázar de la pobla de Gijón, que regía un lugarteniente suyo, á quien ordena, que á su muerte, lo entregue á sus testamentarios.

Habiendo declarado ya que la Pobla de Nava la obtuvo por gracia del Monarca; y expresando, además, textualmente, que deja á su sobrino, heredero del mió solar de Noreña, con so casa fuerte, y con el apellido, y con las mías armas, visto está que la casa solariega de esta familia, corresponde por legítimo título á Noreña, y de ninguna manera á Nava, ó á Buyeres de Nava, como erróneamente se ha venido creyendo hasta aquí, mal informados los genealogistas, ó interesados en adjudicar esta gloria á los descendientes de la segunda línea que llevaban el apellido Alvarez de Nava.

No resulta cierto (como afirma el Sr. Tubino en su monografía), que Doña Sancha Rodríguez, fuera hija del testador y de su primer esposa, María Fernández. Que no era hija legítima, se deduce de la cláusula de institución de herederos, en la cual, aunque incompleta, se implica el concepto de excluir de la herencia á su sobrino Fernán Rodríguez, caso de tener aquél á su finamiento, fijo ó fijos ó fija legítimos, lo que nos induce á sospechar, que Doña María Fernandez sería joven aún, cuando Don Rodrigo redactó dicha cláusula.

¿Qué pasó después de 1331? Graves sucesos sin duda: la muerte de Doña María Fernández; las segundas nupcias con Doña Isabel de la Cerda; el prohijamiento de Don Henrique de Trastamara en 1332 ó 1333, la revocación del testamento de Lillo, y la institución de nuevo heredero á favor del Bastardo. El documento, debe existir, porque aún cuando el primer testamento fue cerrado, no deberían ignorar del todo, su contenido, los hijos naturales, los parientes, los legatarios y las comunidades, ya favorecidas ó compensadas por él.

Don Rodrigo, alcanzó en su larga vida, 16 años en el reinado de Alfonso X; todo el reinado de Sancho IV (11 años); todo el reinado de Femando IV (17 años), y 23 años del reinado de Alfonso XI.

Cuatro años después del testamento de Lillo, en 1335 (y no posteriormente al fallecimiento de Alfonso XI (399), como insinúa JoveLlanos; ni en 1332, como afirma Tubino), dejó de existir Don Rodrigo, entrando en la posesión de sus bienes, no por nueva gracia, sino á título de heredero y sucesor, Don Henrique el de las Mercedes.

Según Villasandino (Juan Núñez de Villaizan ó Villasandino), finó Don Rodrigo Alvarez de las Asturias, el año veinticuatro del reinado del Señor Rey Don Alfonso, que corresponde al de 1335 (pues Don Alfonso comenzó su reinado en el de 1312); y este dato, se acomoda bien á lo que arrojan los documentos que hemos registrado. En tal supuesto, el testamento de 1338, ó no existió, ó es apócrifo. Viene en apoyo de esto, la Encomienda de los Castillos de Sobrescobio y Gozón, que tuvo Don Rodrigo, y que por muerte de éste, fueron dados á Henrique de Trastamara en 1336.

Enterrado en la Iglesia de San Vicente de Oviedo, fue trasladado su notable sepulcro, al Museo Arqueológico Provincial, donde en la actualidad se encuentra (400). En su lápida, sólo se alcanza á leer: AQUÍ  / JAZE / DON / RODRIGALUAREZ  / SENNOR / DE / NORENNA   / E   /  FINO /  DÍA /  I.....

 

Por la transcripción:

 

Antonio Castejón.
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www.euskalnet.net/laviana
 

 

 

 

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