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«Día de la logopedia»

Por LUIS CASTEJÓN FERNÁNDEZ

Publicado en La Nueva España, Oviedo, 16-XI-2005.

Un psicólogo en una visita a un centro de Educación Especial entró en una sala llena de ordenadores en la que había varios chicos con discapacidad motriz trabajando. El visitante se detuvo ante Isabel, una joven de unos 13 años que permanecía en silencio ante la pantalla. Entonces la logopeda dijo: «Isabel, dile algo a nuestro amigo». Ella comenzó a mover la cabeza tratando de controlar los movimientos atetósicos y a golpear con un puntero que sujetaba con la frente un teclado especial. Imagínense el tiempo transcurrido y la espera paciente, impresionada, del psicólogo. Poco a poco fueron apareciendo letras en la pantalla. Era un mensaje impresionante que no podía dejar indiferente a aquel visitante: «Quiero... volar... como un... pájaro». Al terminar de escribir Isabel miró al visitante sonriente y llena de orgullo. Después el psicólogo, que se llamaba Ángel, escribió: «Con su frase lacónica me había dicho mucho más de sus sueños, sufrimientos y deseos que la mayoría de las personas con las que hablo normalmente».

Hoy se celebra el «Día de la logopedia». Un día señalado para dar a conocer qué es la logopedia y cuál es su campo de actuación. Isabel es un ejemplo de una persona que por no poder hablar necesita un medio de expresión alternativo para comunicarse. Pero no todos los casos son tan graves. Se considera que entre un 5 y un 7% de la población precisa intervención logopedia. Los trastornos que atienden los logopedas se distribuyen en un amplio abanico que incluye alteraciones de la comunicación, del lenguaje oral y escrito, del habla y de la voz. Afectan tanto a adultos como a niños, algunas son transitorias y otras persistentes, algunas son graves, otras dificultades ligeras.

Un abogado me comentaba recientemente: «No se me entiende bien cuando hablo, con frecuencia mis clientes me preguntan «¿qué?» y esto es desagradable para mí, tengo que repetir... de pequeño tendría que haber ido a un logopeda, pero no había». Algunas personas piensan que la logopedia es sólo para los niños y, en consecuencia, arrastran durante toda su vida una leve dificultad de dicción que afea su imagen personal y sí tiene remedio. Hoy en día es importante para muchas profesiones tener una buena dicción, una voz clara y, con frecuencia, se olvida que la habilidad comunicativa se puede mejorar con un entrenamiento logopédico. Los logopedas se ocupan tanto de la rehabilitación como de la prevención de dificultades comunicativas, siendo ya muchas las personas que se han beneficiado de estos servicios.

 

Logopedas, profesionales por descubrir.

 

Uno de los ámbitos en los que trabajan los logopedas es el de la prevención y rehabilitación de las alteraciones de la voz. La doctora María Luisa Arias, jefa de los Servicios Médicos de la Universidad Autónoma de Madrid, señala que, tras el estrés, los problemas de voz son las enfermedades laborales más comunes en el profesorado universitario. Lo mismo podríamos decir del profesorado de Educación Primaria y Secundaria y de otros colectivos que utilizan la voz como herramienta de trabajo (periodistas, comerciantes...). La voz es motivo de preocupación para muchos profesionales, pero con frecuencia esperan demasiado tiempo sin ocuparse del problema. De manera general se recomienda que tras 15 días con «ronquera» se debe hacer una consulta médica para descartar una posible alteración de la voz. Es necesario también promover la prevención secundaria de alteraciones de la voz en las poblaciones de riesgo mediante cursos en los que se den a conocer el funcionamiento vocal, los contenidos de una educación vocal y las pautas de higiene de la voz necesarias para desarrollar labores docentes. También sería necesario incluir estos contenidos en los planes de estudios de la Diplomatura de Magisterio.

La Diplomatura de Logopedia, tras establecer las bases médicas, lingüísticas, psicológicas y sociales necesarias para el estudio de las alteraciones del lenguaje, se centra en la evaluación, prevención y rehabilitación de las mismas. Al mismo tiempo se realiza un extenso prácticum. El resultado final es una formación sólida y específica, siempre mejorable, pero suficiente para dar respuesta al grupo de población que precisa intervención logopédica. Sin embargo, los recursos humanos que la Universidad pone al servicio de la sociedad no son siempre aprovechados.

La integración de los logopedas en el sistema educativo y sanitario es dificultosa. En la actualidad son muy pocos los logopedas que trabajan en el Sistema Educativo. La atención a los alumnos con necesidades educativas relacionadas con las alteraciones de la comunicación y el lenguaje la desempeñan maestros de Audición y Lenguaje y no logopedas. Los pocos logopedas que trabajan en el Sistema Educativo Público han tenido que completar la diplomatura de Logopedia y después la de Magisterio para poder presentarse a las oposiciones.

Por lo que se refiere al Sistema Sanitario, el reconocimiento de la logopedia como profesión sanitaria en la LOPS ha supuesto un avance importante para su desarrollo pero, al mismo tiempo, la escasez de plazas de Logopedia es alarmante. La población asturiana en este aspecto no está suficientemente atendida por la sanidad pública. Los logopedas, ante la escasez de plazas, se integran en la sanidad privada, bien en clínicas que ofrecen servicios de logopedia, bien en clínicas específicas de logopedia. Aquí surge otra dificultad: el intrusismo profesional.

La logopedia es una profesión joven que tiene una demanda social importante y, al mismo tiempo, encuentra limitaciones de orden administrativo para desarrollarse tanto en el ámbito sanitario como en el educativo. Estamos seguros de que los escollos se salvarán con la voluntad de todos. Con ese fin trabaja la Asociación de Logopedas del Principado de Asturias (ALPA).

 

Luis Castejón Fernández es profesor Asociado del Departamento de Psicología, Universidad de Oviedo.

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