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HIDALGUIA UNIVERSAL DE LOS BIZKAINOS.

 

Ver también HIDALGUÍA e HIDALGUÍA_2

 

“Vizcaya y Guipúzcoa, como es sabido, estaban consideradas como solar conocido de notorios hijosdalgo. Todos los originarios de ambas provincias que descendieran de padres, abuelos, y abuelos de los abuelos y aún más de la misma región, y de una casa determinada, por modesta que fuese, eran tenidos por hijosdalgo, sin que fuera necesaria ninguna otra prueba. Ambas gozaban del título de solar conocido de hidalguía, por interpretación in­memorial declaratoria en favor de todo un territorio, según lo habían confirmado numerosas Provisiones Reales, acuer­dos de las Audiencias de Valladolid y Granada, y en lo que respecta a Vizcaya, consta expresamente en su Fuero. La consideración de solar conocido se extendía también, dentro de límites más restringidos, a Alava y una parte de lo que constituyó el núcleo primitivo de la Monarquía Asturiana.

 

“La Pragmática de Córdoba de los Reyes Católicos, por la que se ordenaba la revisión de las sentencias de hidalguía dadas desde 1474 a 1492, por los grandes abusos cometidos en la época de su predecesor, y que entre otros extremos establecía la prueba de propiedad y posesión de hidalguía de padre y abuelo por veinte años continuos en los lugares donde vivían y el disfrute de las preeminencias propias de los hijosdalgo, no podía tener ninguna repercusión en Viz­caya, como no la tuvo, porque de antiguo se venían obser­vando estas normas, hasta el punto de que nadie podía establecerse en el Señorío sin previa información de hidalguía.

 

“Que este concepto de solar conocido —lo que equivalía a proclamar la hidalguía general y universal para todos los habitantes de territorios tan extensos-— tuviese sus detrac­tores y hasta enemigos irreconciliables, es cosa que no debe sorprendernos, porque era difícil comprender en pleno si­glo XVI, en el que la distinción de clases era universal, que todos los naturales de una extensa región, cualquiera que fuese su situación económica y el menester a que se dedi­caran, disfrutasen de una calificación personal como la de hijodalgo, que les abría todas las puertas para poder os­tentar los más altos honores individuales y los más encum­brados destinos de la vida civil y de la carrera de las armas”.

 

Hasta aquí hemos tomado el texto de Jaime de Kerexeta. Para simplificar, agregaré yo mismo lo siguiente:

 

Esta hidalguía reconocida a todo vasco de sangre pura, suponía disfrutar de los privilegios propios de todo noble, respaldados por ley positiva:

 

A/ La Justicia Ordinaria o se inhibía o tenía un trato de favor y, sobre todo, no aplicaba tormento para obtener confesiones del reo.

 

B/ La liberación total frente al fisco en el Pecho o Servicio (y otros impuestos) que el Reino pagaba a la Corona.

 

C/  La Inquisición frenaba sus ímpetus al toparse con un noble.

 

D/ Un miembro de la nobleza, aunque fuera un simple hijodalgo o caballero, no podía ser condenado a galeras, ni encarcelado por deudas, y su condición le abría las puertas de la burocracia.

 

Y estos privilegios los gozaron los bizkainos desde el siglo XV hasta el año 1876. En este año, tras finalizar la segunda guerra carlista, le fueron retirados los fueros a los bizkainos. Hasta ese momento, entre otras ventajas, tenían la de no acudir al servicio militar en unos años en que el soldado que era destinado a Africa o Filipinas, o moría en el servicio o regresaba tullido o enfermo, salvo rara excepción.

 

Todo lo explicado sobre la nobleza universal del vasco viene a cuento de la probanza de hidalguía efectuada por los hermanos Tellechea en 1671. ¿Por qué la hacían, si eran vascos originarios? Porque se vigilaba con mucho empeño el que no habitaran en este solar más que hidalgos; y cuando una persona llegaba a residir como nuevo a un lugar, se le exigía la prueba de su pureza de sangre vasca, o en su defecto la de su nobleza, y caso de no demostrarla se le expulsaba del mismo. Aunque se tratara de un simple traslado de Baracaldo a Valmaseda, como es el caso de los citados Tellechea. Sobre este tema queda mucho por decir, pero creo que los conceptos básicos ya han sido expuestos.

 

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Volvemos a tomar texto de Jaime de Kerexeta.

 

¿Por qué eran Bizkaia y Gipuzkoa solar conocido de notorios hijosdalgo?

 

Todos los habitantes de Bizkaia, Gipuzkoa y –aunque con excepciones- Alava, eran considerados hijosdalgo, pertenecientes a la nobleza, y con pleno derecho al disfrute de los mencionados Privilegios. Era así porque se consideraba que en estas tierras todos sus habitantes eran mílites; todos atendían en tiempos de paz a sus labores cotidianas, y todos habían de acudir a las armas cuando surgían conflictos bélicos.

 

Cuando las tierras vascas fueron pasando a formar parte de la Corona de Castilla, impusieron como condición esencial el que se reconociera este hecho, y el que todo vasco, por el simple hecho de serlo, de habitar sus lugares, fuera considerado hidalgo por la Ley de la Corona.

 

En estas tierras no se permitía vivir a quien no acreditara sangre pura vasca en sí mismo y en sus ascendientes.  La costumbre vasca era inexorable y, bajo pena de inmediata expulsión, obligaba a justificar su nobleza de sangre (pura vasca) a cuantos intentaban residir tanto en Bizkaia como en Guipúzcoa.

 

Este uso y costumbre pasó a ser ley foral escrita (reconocida y respaldada por el rey hispano) en las Juntas Generales de Cestona en 1527, siendo reafirmada y desarrollada posteriormente en las Juntas de Vergara en 1558, Azpeitia en 1564 y Fuenterrabía en 1557 y 1566, y otras posteriores hasta finales del siglo XVIII, en que se suavizó algo la exigente ley para evitar que cayera en desuso ante los cambios de costumbres que imponía la realidad social. Así pues, el euskaldún que probaba absoluta pureza de sangre vasca, era noble -hidalgo al menos- y tenía pleno derecho al goce de los mencionados Privilegios.

 

Tal ley suponía la exclusión absoluta de permiso de residencia en tierra vasca para judíos, moros, negros, mulatos, gitanos, agotes, conversos y villanos, y la necesidad de probar hidalguía (sangre pura vasca) para obtener el carácter legal de vecinos concejantes; pero se toleró, a título de moradores, la residencia de los que siendo conocidos popularmente como hidalgos (de raza pura vasca)  por su origen, no tuvieran peculio suficiente para acreditar su hidalguía conforme a derecho. Aun a esa residencia tolerada a los moradores se la llamó interina y se exigía para la misma (al menos oficialmente) una sumaria información de limpieza de sangre que relevara a los moradores de toda sospecha.

 

En tiempos pasados la condición personal, en gran parte, ha estado en relación con los movimientos emigratorios de conquista y sus ulteriores vicisitudes, circunstancias que no han concurrido, sino en pequeña escala, entre los habitantes de esta zona montañosa de España, frente a las numerosas invasiones y guerras, unas luctuosas y otras victoriosas, que en el transcurso de tantas generaciones ha sostenido la na­ción española en otros territorios más alejados de la Península.

 

No hubo aquí pecheros, es decir, gentes que pagaran pechos o tributos reales, concejiles o de otra índole por su condición personal, de los que estaban libres los hijosdal­go, según es notorio. Los labradoriegos vizcaínos, llamados de otro modo labradores censuarios, pagaban al señor por razón de las mismas casas, y no de las personas, una renta anual, o si se quiere mejor, un censo como usufructuarios que eran de una porción de terreno perteneciente al mismo. En ningún momento se tuvo esto como pecho propiamente dicho, ni se estimó que afectase en nada a la condición per­sonal de los mismos, de tal manera, que está admitido que ello no constituya ningún impedimento para que se les siguiera considerando como hijosdalgo con las mismas prerro­gativas que a los demás vizcaínos.

 

No se conocieron tampoco otros escalones sociales in­feriores, cuya existencia choca tanto con nuestra mentali­dad actual, como son «los villanos de parada», «vasallos de signo servicio», «payeses de remensa», «familias de criazón», «Peyto Bordelo», etcétera. No se impuso tampoco la ley de cas­tas, ni la distinción legal de clases, que debió nacer en España como consecuencia de la reconquista, en la que constituye­ron nobleza los héroes cristianos, y plebe los árabes de las regiones reconquistadas.

 

Por otra parte, las Juntas y Diputaciones velaron siem­pre porque no se alterase el nivel de igualdad legal, primero frente a los Parientes Mayores, que venían a ser las familias de más alcurnia, las más ilustres por sus hechos, haza­ñas y servicios reales que constantemente fueron premiados por los reyes, y las más poderosas por sus riquezas —muy re­lativas, naturalmente, tratándose de un país pobre como el nuestro—, y después, poniendo impedimentos para adquirir la vecindad a las personas que no probaran ser híjosdal­go o al menos cristianos viejos, con lo que en realidad todo el país se convirtió en un solar único, caso singular y extraordinario. Nada tiene de particular, por tanto, que Her­nando del Pulgar, cronista de los Reyes Católicos, dijera a propósito de una Ordenanza promulgada para Guipúzcoa «Ordenanza para no ir a casar ni morar allá».

 

“La Pragmática de Córdoba de los Reyes Católicos, por la que se ordenaba la revisión de las sentencias de hidalguía dadas desde 1474 a 1492, por los grandes abusos cometidos en la época de su predecesor, y que entre otros extremos establecía la prueba de propiedad y posesión de hidalguía de padre y abuelo por veinte años continuos en los lugares donde vivían y el disfrute de las preeminencias propias de los hijosdalgo, no podía tener ninguna repercusión en Viz­caya, como no la tuvo, porque de antiguo se venían obser­vando estas normas, hasta el punto de que nadie podía establecerse en el Señorío sin previa información de hidalguía.

 

Antonio Castejón.
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