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¿Son fiables las demostraciones de hidalguía?

 

Escaneado de la obra de Juan Jesús Virto Ibáñez “Bartolomé Carranza de Miranda”,

en el nº 36 de la colección Panorama. Los subrayados o negritas son míos.

 

CARRANZA y NAVARRA

La familia Carranza ¿Hidalgos vizcaínos?

 

Estamos en Miranda de Arga, reino de Navarra, a finales de 1522. Por entonces era un pequeño pueblo de unos 700 habitantes, donde vivían enfrentados desde hacía algún tiempo los sacerdotes de su iglesia con el ayuntamiento de la villa. Los vecinos pretendían que los sacerdotes también pagasen por pastar sus ganados en las tierras comunales.

 

Para resolver el conflicto ambas partes designan dos árbitros. Al concejo representa su alcalde, Juan Fernández, y al cabildo un sacerdote de su iglesia, el mirandés Sancho Ximénez de Carranza. Este Sancho, que había sido profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, era canónigo de la iglesia de Santi Justi en Alcalá y canónigo a la vez de la catedral de Calahorra, donde ejercía de inquisidor del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.

 

Seis años después, en 1528, el inquisidor Sancho Ximénez de Carranza presenta ante los tribunales de Navarra una demanda de reconocimiento de hidalguía para él y para su hermano Pedro. Ahora Sancho ya no dice llamarse Sancho Ximénez, sino Sancho de Santesteban, alias de Miranda, doctor en Santa Teología. Pedro, su hermano, aparece como escudero.

 

Los Ximénez aseguran que descienden por parte de padre, abuelo y antepasados hijosdalgo, "de la casa y solar conocido de Santesteban de Concha, que es en la villa de Carrana del condado de Vizcaya", como lo tenían escrito en un pergamino grande. Para que no hubiera dudas sobre su nobleza, describen incluso las insignias y armas propias de los Santesteban de Concha en Carranza: un pendón y tiendas en campo verde con sus calderas debajo, y también en campo verde una encina con dos lobos y una corona del rey sobre la encina.

 

El procurador de los hermanos Santesteban comunica al tribunal que ha realizado diversas pruebas en el condado de Vizcaya y en el reino de Navarra, para saber si era verdad que los antepasados de los Santesteban descendían de familia hidalga de Carranza. Ni las pruebas, si es que las hubo, ni lo que dijeron los testigos se transcriben en el proceso de 1642, donde se inserta éste de 1528.

 

El fiscal, por su parte, rechaza la petición de los Santesteban. No eran gente noble, afirma, porque la nobleza que reclamaban no la habían conseguido "generis belli sanguinis" (combatiendo en el campo de batalla). Y, en segundo lugar, los oficios "mecánicos" que ejercían o habían ejercido los Santesteban se tenían por oficios pecheras, de gente baja, y no de hidalgos.

 

Estos argumentos los empleaban y siguieron empleando los fiscales de los tribunales reales, cuando querían oponerse a las demandas de hidalguía. Los fiscales no presentaban pruebas ni testigos, frente a los numerosos testigos que aportaban los demandantes. Quizá no encontraban personas que quisieran declarar contra sus vecinos. A veces tenían dificultades para acceder al proceso o éste se les entregaba fuera de plazo. Zancadillas extrajudiciales que obstaculizaban a la parte contraria y que debían de ser habituales en los tribunales. Y el dinero corría bajo los procesos de hidalguía.

 

El dinero consigue cuantos testigos sean necesarios y dicta sus declaraciones, a favor siempre del aspirante a hidalgo. Bien se encargaban el procurador o procuradores de arreglar lo que iban a decir los testigos. Y lo que iban a cobrar por decirlo. Pocas veces aparecen testigos condenados por perjurio, aunque se tenga conocimiento de que mienten. Rara vez era encarcelado algún escribano, por comprar testigos y amañar sus declaraciones.

 

El soborno de unos y otros se presiente por quien lee los procesos, pero deja pocas huellas documentales. Por eso las sentencias de hidalguía en los tribunales de Navarra de los siglos XVI y XVII resultan cuando menos "sospechosas". De entrada, no hay que creerlas. En estas declaraciones de hidalguía, las historias familiares que cuentan los testigos son tan inventadas como los imaginativos escudos que para ellos dibujaron los reyes de armas, especialistas en genealogías. Los escudos serían más tarde esculpidos en piedra y colocados sobre las fachadas de sus casas. Éste era el objetivo final de cada proceso: la ostentación pública del escudo.

 

Los hermanos Ximénez-Santesteban fueron declarados en 1529 hidalgos en Navarra. En pocos años, los Ximénez-Santesteban de Concha irán olvidando estos apellidos y usarán sólo el de Carranza.

 

No parece que influyera en la marcha del proceso la peste que padeció Pamplona ese mismo año de 1529 y que obligó a muchos de sus habitantes a huir de la ciudad. Ni que el fiscal y el tribunal temieran enfrentarse a Sancho Ximénez, el poderoso inquisidor de Calahorra, ahora consultor de la Inquisición de Sevilla, de donde era arzobispo en ese momento el propio Inquisidor General, Alonso Manrique.

 

Como gastos por el título de hidalguía, los hermanos Santesteban habrían de pagar "quinientos sueldos según fuero de España que es en la tierra de Carranza del condado de Vizcaya". Fijémonos bien. Mientras la sentencia del tribunal se refiere a la "tierra" de Carranza, los hermanos Santesteban afirman que descienden de la "villa" de Carranza. No era cierto, porque en el "valle" de Carranza no existía "villa" ni pueblo alguno llamado Carranza.

 

Reconocidos como hidalgos en Navarra, ya pueden los Carranza colgar su escudo de armas en la iglesia de Miranda. Lo pondrán años después encima del púlpito que estaba en la pared del evangelio, por ser esta pared de mayor honor que la pared de la epístola.

 

Hoy nos es difícil comprender la importancia que tenía en la época que el escudo de armas de una familia estuviera esculpido o pintado dentro de cualquier iglesia, bien fuera en una tumba, en las paredes de la misma o en un retablo. Aquella familia que lo conseguía, era considerada hidalga, de limpio linaje, no descendiente de judíos ni de moros.

 

Dos preguntas podemos hacemos sobre el origen de estos Carranzas.

 

En primer lugar, ¿por qué se tienen como descendientes del valle de Carranza, allá en lejanas montañas de Castilla entre Burgos y Vizcaya?

 

Cuestión esta de difícil respuesta. Sancho Ximénez de Carranza bien pudo conocer por primera vez el valle de Carranza, cuando en febrero de 1528 viajó al Señorío de Vizcaya por mandato del Inquisidor General, Manrique, para realizar allí una investigación sobre brujería.

 

Un encargo que sin duda le obligó a visitar los valles montañosos del Señorío, los más proclives, como en Navarra, a supuestas prácticas de brujería. Cinco meses después, este mismo Sancho solicitaba de los tribunales reales que le reconocieran en Navarra la hidalguía, de la que habían gozado sus antepasados en el valle vizcaíno de Carranza. ¿Fue su estancia en Vizcaya la que animó a Sancho a presentar la demanda de hidalguía?

 

Sancho de Miranda vino desde Alcalá de Henares a ejercer de inquisidor en Calahorra, donde se le llama "el canónigo Ximénez". En el mismo tiempo, 1522, otra persona ligada a Miranda, de nombre Ladrón de Mauleón --la familia Mauleón había tenido a su cargo el castillo de la villa- y después su hijo Juan, fue nombrado por la Inquisición de Navarra receptor de los bienes confiscados a los presos por el tribunal. Dos personajes ligados a la Inquisición y conocedores del pueblo, suponen un seguro para la fe de los pocos cristianos viejos que debían vivir en Miranda por aquellos años.

 

Y otra segunda pregunta, ¿por qué ese interés de los Carranza en recordar públicamente a los vecinos de Miranda su limpieza de sangre? ¿Conversos judíos?

 

Con estos Carranzas nos encontramos casi con toda seguridad ante una familia de cristianos nuevos, descendientes de judíos. Una más de las muchas que por entonces, 1529, vivían en el reino de Navarra. De ellos se desconoce casi todo. Es dudoso que fueran originarios del valle de Carranza, no se conoce la fecha en que se establecieron en Miranda, ni cuándo abandonaron la fe judía, ni cuál fue su nombre hebreo antes del bautismo.

 

Es posible que los Ximénez-Carranza fueran descendientes o estuvieran emparentado con dos notarios del mismo apellido que vivieron en Miranda en el siglo XV: Martín Ximénez (1406) y Martín Ximénez de Marcellano (1465).

 

Al igual que de los Carranza, es posible que otras familias mirandesas como los Colom o Colomo -también notarios de Miranda- y los Ezquierdo o Ezquerro fueran conversas. Dos personas de estos Ezquerro y Colomo, ambos sacerdotes, pagaron de su bolsillo entre los años 1500 y 1520 la construcción de dos capillas en la iglesia de Miranda -las primeras con que se amplió el edificio. Es muy posible que las levantaran, entre otros motivos, para facilitar el olvido de su condición de cristianos nuevos por parte de sus vecinos.

 

Resulta por lo menos curioso que estas tres familias, y una cuarta, los Sandallo, de parecido origen, tengan hacia el año 1500 un sacerdote en la familia y los cuatro hayan sido beneficiados de la iglesia de Miranda.

 

Estos Sandallo, emparentados con los Carranza, habían añadido a su apellido el apelativo de "Osumbelza", supuesto palacio en el pequeño pueblo de Otano, en la sierra de Aláiz. Dicen los Sandallo que descienden de este palacio, aunque no lo describen en el proceso de hidalguía que plantean ante los tribunales, similar al de los Carranza. También los Sandallo de Osumbelza obtuvieron en 1542 la hidalguía, por supuesto con la oposición del fiscal.

 

A la hidalguía que habían conseguido los Carranza y los Sandalia, aspiran en 1579 otras dos familias de Miranda: los Colomo, ya citados, y los López de Caués, sin duda también conversos judíos. Los Colomo aprovecharán la noche para poner en la iglesia su bandera, pendón y escudo, con sus armas de nobleza pintadas en papel. La familia López de Caués hará lo mismo de forma silenciosa. Los Colomo las cuelgan sobre la capilla de San Jorge, la que construyó su antepasado, y la familia López de Caués sobre la de San Nicolás.

 

En la pared del evangelio, sobre el altar de Santa Marina, se halla colocado ahora el escudo de armas de los Carranza -era costumbre poner los escudos cerca de las tumbas familiares en los suelos de las iglesias-.

 

Además de los apellidos citados, también parece que los Musgo, Benedit y López Barbo -apellidos de las tres esposas del citado Pedro Carranza- fueron cristianos nuevos. Del mismo modo, entre 1500-1550, tenemos por familias de conversos de Miranda a los Bueno, Bayona, Carnero, Marcellano, Gadea, Virto "de Espinar", Vergés "de Aragón", Femat, Férriz, Ferrándiz, Calahorra, Gómez, Fidalgo, Sesma, Olite, Tafalla, del Río, Castejón, Ibáñez de Ibero, Garcés, Mena, Franco, Lazcano, Vizcaíno, Esteban, Romeo de la Çarça (luego de Cárcar), La Puente de la Oliva ...

 

La Genealogía de los Carranza es una pequeña muestra de lo que decimos. Los Carranza casaron con descendientes de posibles conversos, tanto en Miranda como en pueblos cercanos (Lerín -los Baigorri-, Tafalla -los Mencos-, y Olite -de la Calva-).

 

He escaneado este texto de la obra de Juan Jesús Virto Ibáñez “Bartolomé Carranza de Miranda”,

en el nº 36 de la colección Panorama.

 

 

 

Antonio Castejón.

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