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JUAN DANIEL FULLAONDO.

Copio aquí el prólogo escrito por Dª María Teresa Muñoz

a la obra”Escritos críticos”, de Juan Daniel Fullaondo,

en edición de Mairea Libros, año 2007.


Esta antología de textos críticos de Juan Daniel Fullaondo no es sino una pequeña parte de su extensa producción dentro de la crítica arquitectónica durante más de treinta años, la mayoría en forma de artículos de revista que él mismo, en alguna ocasión, ha reunido en un volumen de escritos. Sin embargo, resulta extraño que, cuando ha pasado ya más de una década de su desaparición, no se haya acometido la tarea de reunir y hacer más accesible a las jóvenes generaciones su pensamiento arquitectónico, dada la relevancia de Fullaondo, no sólo como representante destacado de su generación, sino como figura que ha influido decisivamente en muchos de los arquitectos que fueron sus alumnos o simplemente se relacionaron con él personalmente o a través de sus publicaciones. En este libro se recoge una muestra, no por limitada menos importante, del enfoque que propone Juan Daniel Fullaondo desde sus primeros ensayos y que consiste en considerar la arquitectura ante todo como forma, plasmada en edificios reales y proyectos tanto como en las ideas y funciones sociales de la arquitectura, pero éstas experimentadas siempre a través de la forma. La mayoría de los textos elegidos proceden de la revista Nueva Forma, fundada y dirigida por él mismo, y cubren una etapa comprendida entre los últimos años sesenta y los primeros setenta del siglo XX un momento crucial en el desarrollo de la arquitectura heredera del movimiento moderno y también de la aparición de multitud de publicaciones en las que los arquitectos cambian el tablero de dibujo por la escritura, buscando expresar por medio de la crítica sus intenciones y las posibilidades que se abren a la disciplina arquitectónica en un tiempo de cambios radicales en la sociedad, en la industria y en el arte.


Juan Daniel Fullaondo es un ensayista marcado por la erudición, más que por la pretensión de construir un cuerpo compacto de teoría de la arquitectura, que a menudo se ve desbordada de sus límites para adentrarse en otros territorios. Sus escritos son tan importantes, o quizá lo son más, que las arquitecturas que descubre, que rescata del olvido, para ofrecérselas a sus lectores, y lo que puede parecer una colección de temas diversos tratados de maneras también diferentes contiene en realidad todo un instrumental crítico con el que Fullaondo penetra en la arquitectura de su momento y en la de cualquier otra época que le sea útil para diseccionarla, encontrar sus contradicciones inherentes y abrir hipotéticas vías para el futuro. Sus escritos son así una batalla incesante de las formas con las ideas. y, aunque pudiera pensarse lo contrario, en esos a menudo inmensos caudales de palabras, se esconde una actitud absolutamente selectiva frente a la arquitectura, una ideología propia que tanto busca desesperadamente apoyos como combate despiadadamente a sus enemigos. Los métodos y los gustos de Fullaondo han contado, además, con un decisivo aliado a la hora de fijar su propia posición y enjuiciar el trabajo de los arquitectos, el escultor Jorge Oteiza, al que recurre una y otra vez como modelo de pensamiento libre y con quien comparte su visión estética e incluso un cierto pesimismo sobre el camino emprendido por el arte y la arquitectura moderna en la segunda mitad del siglo XX.

Oteiza ha sido, a lo largo de toda su carrera, un compañero inseparable de Fullaondo, y tanto la obra como los escritos del escultor vasco le han servido para encuadrar y sustentar su visión de una arquitectura que, tras la explosión de la arquitectura moderna en las primeras décadas del siglo, había perdido en la mayoría de los casos la riqueza espacial y la actitud de experimentación que se encontraban en la obra de Jorge Oteiza.

La posición intelectual de Juan Daniel Fullaondo, que con frecuencia le lleva antes que nada a denunciar la hipocresía y las contradicciones inherentes en ciertas manifestaciones de la arquitectura, construida o no construida, está siempre del lado del anti-clasicismo y el anti-academicismo, blancos principales de sus críticas. Su alineamiento con estas corrientes le obliga a defender también actitudes filosóficas y sociales extremas, una constante en sus razonamientos críticos. Pero, ya que la arquitectura ha de ser considerada ante todo como forma, los dardos críticos más penetrantes se dirigirán hacia aquellos que defienden una crítica arquitectónica que se desentiende de la forma, para hacerla depender de otros parámetros y a los arquitectos que colocan su trabajo bajo la óptica de otras disciplinas como la sociología, la planificación o la tecnología. En consecuencia, de los grandes maestros de la modernidad, Fullaondo se fijará sobre todo en el americano Frank Lloyd Wright y, entre los europeos, en Mies van del' Rohe y en el grupo holandés De Stijl. Pero, si la identificación con los planteamientos de Wright será total y absoluta, tanto como su defensa de la arquitectura orgánica derivada de él, no sucederá lo mismo con Mies, de quien cuestionará su vertiente clasicista y el en su opinión el viraje hacia una mayor rigidez espacial en sus edificios y proyectos americanos. Tanto Wright como Mies han sido indiscutibles creadores de forma y tanto uno como otro arquitectos que han tratado su disciplina con total autonomía de las demás artes o los condicionamientos funcionales y, a pesar de el abismo que separa las formas del americano y el alemán, ambos llegan al final de sus largas carreras construyendo edificios que suponen al mismo tiempo la culminación y el paso al límite de sus propios planteamientos espaciales.

Pero Fullaondo siempre ha mostrado, junto a su defensa de la especificidad formal de la arquitectura, un amplio conocimiento del arte contemporáneo, sobre todo de la escultura y la pintura, pero también de la música, el cine o el diseño de objetos. y, por otra parte, ha sido ante todo un profesor, sus conferencias y sus clases en los talleres de proyectos han marcado a muchos de los jóvenes profesionales que destacan hoy en el panorama nacional e internacional de la arquitectura. El contacto directo de quienes han sido sus alumnos ha sido seguramente más influyente a largo plazo de lo que lo han sido sus escritos o sus obras, que permanecen inaccesibles a las nuevas generaciones. Su presencia en la Escuela de Madrid era suficiente para atraer a quien deseaba experimentar una arquitectura que, a pesar de ser invocada desde la historia y la propia arquitec­tura moderna, pertenecía sobre todo a los jóvenes, a aquéllos que tenían en sus manos en ese momento todas las posibilidades de hacer realidad cualquier nueva idea y construirla siquiera virtualmente en sus proyectos. En este terreno, pocos profesores han tratado de entender y de impulsar la fuerza creativa de los estudiantes, suministrándoles un instrumental tan deslumbrante como efectivo a través de otras arquitecturas u obras de arte, como lo hizo Juan Daniel Fullaondo en la Escuela de Madrid a lo largo de varias décadas.

La actividad como ensayista de Juan Daniel Fullaondo comenzó en unos años en que la crítica de arquitectura ejercida por los propios arquitectos apenas existía en España y la profesión se encontraba, incluso cuando se trataba de los arquitectos más destacados y receptivos a las corrientes internacionales, en un habitual y complaciente anti-intelectualismo. Junto a otros directores de revista de ese momento, como Carlos Flores y Carlos de Miguel, fue Juan Daniel Fullaondo quien agitó las tranquilas aguas de la arquitectura española, que se limitaba a discutir sobre sus peculiaridades nacionales en forma de un cierto clasicismo o eclecticismo como marca de identidad, para abrir las puertas al conocimiento de corrientes y movimientos nunca antes considerados dignos de ser tenidos en cuenta como objeto de estudio y también a colocar a los arquitectos españoles dentro de un contexto internacional. En realidad, es difícil imagi­nar a arquitectos como Miguel Fisac, Rafael Aburto, Corrales y Molezún, Sáenz de Oiza, e incluso de Gaudí o Antonio Palacios sin los comentarios y la publicación sus obras en la revista Nueva Forma, alternando o conviviendo con la Escuela de Ámsterdam, el Expresionismo, Wright, Mies o Utzon. De algún modo. Fullaondo recoge la tradición de los historiadores españoles, hasta entonces los únicos encargados de estudiar y enjuiciar la arquitectura, y la transforma en una crítica más contemporánea y beligerante, más dirigida a los propios arquitectos y más acorde con la sensibilidad de las nuevas generaciones. Su discurso es tan abrumador en su erudición como preciso en sus objetivos, como demuestran los artículos recogidos en este volumen, intencionadamente limitados a los que se ocupan del contexto internacional y no los que, con parecida intensidad, tratan monográficamente la obra de los arquitectos españoles o estudian su ciudad de origen, Bilbao.

Por otra parte, los límites temporales de esta antología de textos se fijan en aproximadamente una década, que tiene como punto central el año 1970 y cuyo fulcro real se situaría en torno al famoso mayo de 1968, fecha en la cual Fullaondo escribe uno de sus textos más extensos y comprometidos con el presente de la arquitectura, su artículo Utopía, Agonía y Renacimiento, que ocupa la totalidad uno de los números de la revista. El primero de los textos incluidos, que fue publicado sucesivamente en Arquitectura y Nueva Forma, tiene como objetivo examinar los dos movimientos holandeses de comienzos de siglo, la llamada Escuela de Amsterdam y De Stijl, mientras que el último, sobre la Ópera de Sydney de Utzon, marca ya el reconocimiento por parte de Fulllaondo de un cambio radical en el escenario internacional en cuanto a los caminos dominartes en la arquitectura y las teorías que los sustentan. En medio de ellos, aparcerán artículos tanto sobre personajes concretos, como el holandés Georges Vantogerloo o el suizo Max Bill, como sobre movimientos arquitectónicos y artísticos problemas más generales, tan importantes como son los que tienen que ver con la concepción del paisaje o la arquitectura de autor.

Los textos seleccionados para esta antología pueden parecer un conjunto de comentarios sobre temas casuales, que tienden a incluir tanto los personajes de la historia de la arquitectura y el arte moderno más afines a la sensibilidad de Fullaondo como los problemas más propios del momento en que se escriben. Pero, si ambas cosas son ciertas, también lo es que su discurso posee las cualidades de una fina cuchilla capaz de diseccionar e identificar cada uno de los niveles de aquello que es objeto de su análisis. Sus palabras construyen su pensamiento y el arte se abre paso en sus discusiones sobre la arquitectura como un universo de referencia inevitable tanto para las ideas como para las formas que caracterizan la arquitectura del siglo XX, principal objetivo de su crítica. Los menudo extensos ensayos de Juan Daniel Fullaondo no son la simple exhibición de un conocedor elitista y excepcional de los más variados aspectos de la cultura contemporánea, su profundidad intelectual convierte a de cada uno de ellos en un planteamiento original y una toma de posición siempre abiertos a la polémica.

Cada ensayo aparece precedido de una introducción que intenta encuadrarlo y presentarlo desde una óptica contemporánea, ya que falta aquí tanto el marco físico en que fue presentado, la revista Nueva Forma y alguna otra, como la sensibilidad dominante del momento en que fueron escritos. Estos comentarios individualizados contribuyen a que aparezcan todavía más como elementos aislados y ligados únicamente por una cronología que se ha mantenido como hilo conductor, más que la temática que se elige en otras colecciones de ensayos. Y estas introducciones tratan de poner en énfasis, más que en el propio contenido de los escritos, en proporcionar algunas de las claves para entender a uno de los pocos arquitectos españoles que se manifestó a lo largo de toda su vida contra el convencionalismo y el automatismo de la práctica arquitectónica, que fue capaz de crear un clima para la discusión seria de la arquitectura e impulsó a una generación joven de arquitectos hacia una actividad crítica hoy indispensable en la arquitectura. Reconocer su papel excepcional en la cultura arquitectónica española de la segunda mitad del siglo XX, su impacto incluso sobre los profesionales más reacios a la crítica, estemos o no de acuerdo con él, es una obligación para todos los que hemos sentido la fuerza de su consciencia en uno u otro momento. Su sensibilidad y su intensidad crítica, su percepción amplia y compleja de los temas involucrados en la creación de la arquitectura, podrán ser conocidos y disfrutados a través de la lectura directa de sus ensayos, cualquiera que sea la época y los problemas concretos que a cada uno nos haya tocado vivir.

Este texto ha sido copiado del prólogo escrito por Dª María Teresa Muñoz

a la obra”Escritos críticos”, de Juan Daniel Fullaondo,

en edición de Mairea Libros, año 2007.

 

 

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