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  DOBLE PARTIDA DE BAUTISMO.

Tanto monta, monta tanto, Hervías como Alesanco

He copiado este texto del capítulo primero de la obra de

don Felipe Abad León “El marqués_de_ la_Ensenada, su vida y su obra”.

Dos pueblos riojanos, próximos entre sí, Hervías y Alesanco, se disputan desde antiguo el alto honor de haber sido la patria de don Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada.

El origen de este pleito radica en que existen dos partidas de bautismo del niño, ambas, al parecer, auténticas: la de Hervías tiene fecha de 25 de abril de 1702, y la de Alesanco, el 2 de junio del mismo año, es decir, que se llevan treinta y ocho días de diferencia.

Sea lo primero conocer el texto de ambas partidas. La de Hervías dice literalmente así:

«A Zenón de Somodevilla y Bengoechea, hijo legítimo de Francisco de Somodevilla y de Francisca de Bengoechea, su mujer, estantes en esta villa de Hervías, yo José de Tomhey, Cura y »beneficiado en la iglesia parroquial de ella, puse Oleo y Crisma bautizando en caso de necesidad por mí, en veinte y cinco de abril del año mil setecientos y dos, y fueron sus abuelos paternos Francisco de Somodevilla y Ana de Villaverde, vecinos que fueron de la villa de Alesanco; maternos Domingo de Bengoechea y Francisca Martínez, vecinos que fueron de la villa de Azofra. Fue su padrino Dionisio Alesanco, presbítero y beneficiado en dicha iglesia parroquial, di por otorgado a San Marcos; testigos Domingo Jiménez y Lucas de Bartolomé. Y porque conste lo firmo: José de Tomhey, rubricado. (Archivo de la parroquia de la Asunción de Hervías, Libro segundo de bautizados, folio 168.)

Por su parte, la partida de bautismo de la parroquia de Alesanco dice literalmente así:

«ZENON DE SOMODEVILLA. En dos días del mes de junio de mil setecientos y dos años: yo, don Juan Francisco Fernández de Bobadilla, teniente de cura, por ausencia de don Francisco Fernández de Bobadilla, cura y beneficiado en la iglesia parroquial de »esta villa de Alesanco, bauticé a un niño y se llamó Zenón, hijo legítimo de don Francisco de Somodevilla y de doña Francisca de Bengoechea, vecinos de esta villa. Fue su padrino Martín Gallego. Abuelos paternos, Francisco de Somodevilla y Ana de Villaverde, vecinos que fueron de esta villa; maternos, Domingo de Bengoechea y Francisca Martínez, vecinos que fueron de la villa de Azofra. Testigos, Blas Fernández, organista, y don Diego de Somodevilla y don Carlos Andrés. Y para tanta fe lo firmo, ut supra: Juan Fernández de Bobadilla, rubricado. (Archivo de la parroquia de Santa María, de Alesanco, Libro tercero de bautizados, que empieza el 21 de febrero de 1662, folio 174. En ambas partidas hemos actualizado la ortografía y desarrollado las abreviaturas, pero el texto es del todo fiel al original.)

Puede parecer insólito el hecho de encontrar dos partidas de bautismo de un mismo niño, cuando sabemos que este sacramento no se puede repetir, pues es de los que imprimen carácter y si es válido sólo se recibe una vez.

Cuando se recibe el bautismo en caso de necesidad en el propio domicilio de los padres, y se le administra solamente el agua, si después sale de ese estado de necesidad, se lleva al niño a la iglesia y allí se le suplen o administran las restantes ceremonias, como el óleo, el crisma, etc., pero no el agua, que ya la recibió válidamente en casa.

En la primera partida, la de Hervías, se dice expresamente que se administró el bautismo en caso de necesidad, pero, sin embargo, dice también expresamente que el cura le puso óleo y crisma, lo que parece indicar que el bautismo fue completo en todas sus ceremonias.

En la segunda partida, la de Alesanco, nada se dice de la suplen­cia de ceremonias, sino que se redacta en términos absolutos, como si no hubiera existido bautismo anterior.

Estos son los hechos. Las interpretaciones y las hipótesis han sido las más variadas y algunas pintorescas. No creo que valga la pena enzarzarse en este tipo de suposiciones. Según nuestra opinión, la interpretación más lógica pasa por estas claves:

1º- tratándose de una familia seria, culta y cristiana hay que descartar el hecho del doble bautismo.

2º- Tampoco parece claro que en Alesanco se suplieran las restantes ceremonias que, por el estado de necesidad del niño, no se le hicieron en Hervías.

3º- No es infrecuente que se dieran dos entablamientos en lugares distintos de un solo y único bautismo. Y aún hoy se sigue haciendo. Claro que eso supone un trámite, que en casos ordinarios se debe hacer constar con todo detalle para evitar confusiones.

Según estos criterios, nuestra opinión es que nuestro protagonista nació y fue bautizado en Hervías; que al padre del niño le interesó que se inscribiera la partida del bautismo de su hijo también en Alesanco; que quizá por esto se incluyó deliberadamente en la partida de Hervías la cláusula de «estado de necesidad» del bautizando; que el padre, muy relacionado con el clero de la comarca, comunicó a la parroquia de Alesanco el propósito de inscribir también allí la partida de bautismo de su hijo, y que así se hizo sin más formalidades, de una forma absoluta, como si allí se hubiera hecho el bautismo en la fecha indicada del 2 de junio de 1702.

¿Y qué razones pudo tener el padre del futuro marqués de la Ensenada para hacer esta segunda inscripción en Alesanco?

Pues pudo tener y, sin duda, tuvo varias, y en aquella época muy importantes. Aparte de las razones sentimentales, pues los Somodevilla eran naturales de Alesanco, debemos destacar que en aquella época la naturaleza de una persona tenía efectos jurídicos muy considerables. Vamos a destacar dos.

El estado de hidalguía iba unido a la naturaleza de una persona, es decir, que era hidalgo en un pueblo y en ese pueblo transmitía sin más a sus hijos el estado de hidalguía; sin embargo, al trasladarse a otro pueblo no se le reconocía ni a él ni a sus hijos este estado de hidalguía, a no ser que lo demostrara judicialmente, en un largo y costoso proceso, ante la correspondiente Sala de Hijosdalgos en la Chancillería de Valladolid.

De hecho, el padre del futuro marqués de la Ensenada era hidalgo en Alesanco, pueblo de su naturaleza; no lo era en Hervías, pueblo de su estancia y residencia. Obsérvese un detalle en las partidas de bautismo del hijo en uno y otro pueblo. En Alesanco, a los padres de Zenón se les antepone el tratamiento de don y de doña, signo inequívoco de hidalguía, y en la partida de Hervías no se les otorga esa distinción. En consecuencia, el padre del futuro marqués de la Ensenada, al entablar en Alesanco la partida de bautismo de su hijo varón primo~énito, estaba poniendo los cimientos jurídicos para que un día pudiera su sucesor heredar el estado de hidalguía.

Esta es la razón de que posteriormente el marqués se declarara siempre natural de Alesanco, y que la partida de bautismo de este pueblo se considerara la oficial en los documentos públicos. Así, por ejemplo, en el proceso para ingresar en 1742 en la Orden de Calatrava, en la que se exigía hidalguía, como veremos después más detenidamente.

Hemos dicho que íbamos a destacar dos razones que, sin duda, tuvo don Francisco para inscribir la partida de bautismo de su hijo en Alesanco. Acabamos de explicar brevemente la primera. Vamos ahora con la segunda.

En aquella época existían numerosos beneficios eclesiásticos que sólo podían disfrutar los hijos naturales y patrimoniales, así se decía, del mismo pueblo donde radicaban esos beneficios. Aún existe una palabra más popular y más apegada físicamente a este derecho: beneficios «pilongos», es decir, que sólo podían aspirar a ellos quienes hubieran sido bautizados en la «pila» (de ahí «pilongos») de ese pueblo y parroquia. Los Sínodos diocesanos están llenos de preceptos para regular este derecho. Los documentos antiguos, la bibliografía, los pleitos y la jurisprudencia sobre este asunto llenan los anaqueles de nuestros viejos archivos, lo que nos dispensa ahora de detenernos a probar asunto tan claro y frecuente en la antigüedad.

Esto lo sabía muy bien don Francisco, pues tenía el oficio de notario apostólico e intervenía personalmente en la confección de numerosos documentos eclesiásticos, como veremos en su lugar. Por ser él natural de Alesanco y su condición de «estante» en Hervías tenía derecho de transmitir esa naturaleza alesanquina a su hijo, según las leyes de entonces, y ejercitó ese derecho, y quiso dejar constancia documental de ello, mandando transcribir la partida de bautismo de su hijo en el pueblo de Alesanco. Que esa transcripción se hiciera de una forma digamos precipitada, es otro asunto. Porque lo normal hubiera sido recurrir a la autoridad diocesana para pedir el pertinente permiso de segunda inscripción, haciendo constar al pnnclplO de esta partida la correspondiente autorización con referencia explícita al bautizo realizado días atrás en Hervías. Pero eso costaba un tiempo, un dinero y unas molestias, se prescindió del trámite y se transcribió la partida de una forma directa y absoluta, como si se tratara no de una transcripción legalizada, sino de la administración verdadera del bautismo.

Si aquel niño, al que se le puso el nombre de Zenón, porque nació efectivamente el día de San Zenón, 20 de abril de 1702 en Hervías, hubiera llevado una vida oscura y anónima, como la mayoría de los mortales, nunca hubiéramos conocido la existencia de estas dos partidas. Pero como, para fortuna de España, llegó a primer ministro de la nación y alcanzó para siempre la categoría de personaje histórico, es por ello por lo que venimos a conocimiento de estos pequeños, digamos que «apaños», en el comienzo mismo de su existencia.

Desde antiguo se ha debatido el viejo pleito del nacimiento del marqués de la Ensenada en Hervías o en Alesanco. De sus biógrafos se inclinan a favor de Hervías, entre otros, Martín Fernández de Navarrete, Angel Casimiro de Govantes (ambos a la vez riojanos), Juan Sala, Cesáreo Fernández Duro, C. Carabias y Modesto Lafuente. A favor de Alesanco están Ignacio Alonso Martínez, que se planteó expresamente el tema, Antonio Rodríguez Villa, el mejor biógrafo hasta ahora de Ensenada, a nivel general, aunque no manejó documentación de los primeros años riojanos del marqués, Constantino Garrán, natural de Nájera, que defiende apasionadamente el nacimiento de Ensenada en Alesanco, Joaquín María de Aranda, Antonio Ballesteros, Merino Urrutia, Jaime Salva, Carlos Rodríguez y, en general, los diccionarios, que dependen naturalmente del biógrafo más conocido, el citado Rodríguez Villa. Yo, personalmente me hice eco en varias de mis primeras publicaciones de esta opinión más común a favor de Alesanco. . .

Hoy en día, si se quiere plantear el asunto con rigor y conocimiento completo de las fuentes originales, creo que no hay mas remedio que afirmar que nació en Hervías, según vamos diciendo, aunque con la misma certeza y seguridad se puede y se debe afirmar que era natural de Alesanco.

Puede parecer la nuestra una cómoda solución salomónica, pero hemos llegado a ella con toda honestidad, no por afán de contetar a ambos pueblos riojanos, tan queridos ambos por mi, sino sencillamente por el análisis riguroso de todos los datos, unos ya expuestos y otros que expondremos a lo largo de esta obra. .

Si existen dos partidas de bautismo, equivalentes a las de nacimiento (en aquella época no existía registro de nacimiento, solamente de bautismo), por una lógica aplastante hay que hacer caso para fijar la fecha y el lugar de su venida al mundo de la primera. A los campesinos de la Rioja, al hacerse pública y popular esta contienda entre ambos pueblos, les he oído comentar con su clásica cachaza y socarronería: «Vaya que fue profeta el cura de Hervías, que acertó el nombre e inscribió su partida de bautismo 38 días antes de nacer».

Por tanto insistimos: Zenón de Somodevilla nació en Hervías, en la provincia de la Rioja. ¿Y qué día nació? Fue bautizado el día 25 de abril de 1702. Afirmamos, sin sombra de duda y con certeza moral absoluta, que vino a este mundo cinco días antes, es decir, el 20 de abril del citado 1702, lo cual es un argumento más a favor de su nacimiento en Hervías. ¿De dónde sacamos esa certeza y seguridad?

Cuando empezamos a planteamos este tema se nos ocurrió un camino que no habíamos visto hasta entonces y que creemos nos lleva a conclusiones muy claras y seguras, el camino del santoral, el camino de la onomástica de nuestro protagonista.

Aparte del uso generalizado en aquella época, comprobamos que era costumbre de la familia Somodevilla poner a sus hijos el nombre del Santo del día en que habían nacido. Zenón tuvo los cinco hermanos siguientes: Juana, la mayor, baut.izada en Alesanco el 15 de abril de 1690, celebrándose el día anterior, 14 de abril, la festividad de San Juan, mártir; Teresa, bautizada en Hervías el 22 de octubre de 1699, celebrándose la festividad de Santa Teresa de Jesús siete días antes, 15 de octubre, fecha en la que sin duda nació; Julián, bautizado en Azofra el 5 de febrero de 1705 celebrándose ocho días antes, 28 de enero, la festividad de San Julián, obispo y confesor; Sixta, bautizada en la ciudad de Santo Domingo de la Calzada el 5 de abril de 1707, celebrándose ocho días antes, 28 de marzo, la fiesta del Papa San Sixto III, en cuya fecha sin duda nació y Paula, cuya partida de bautismo no hemos podido localizar hasta ahora.

Y viene ahora el caso de Zenón, nuestro protagonista. Según la partida de Hervías fue bautizado, como venimos diciendo el 25 de abril, y según la partida de Alesanco lo fue el 2 de junio, ambos de 1702. En el calendario cristiano hay varios Santos con el nombre de Zenón. uno de ellos es el 20 de abril, cinco días antes de la fecha del bautismo de nuestro protagonista, según la partida de Hervías. En cambio no hay ningún San Zenón inmediatamente anterior y próximo a la fecha de la partida de Alesanco, pues el siguiente Santo con ese nombre aparece en el calendario el 23 de junio. No se ve ninguna otra razón convincente para que se le pusiera ese nombre de Zenón, si no es la apuntada, pues ni sus padres, ni abuelos ni padrinos lo tenían, ni era esa la costumbre en su familia, como lo acabamos de ver por sus hermanos.

Por cierto que el marqués de la Ensenada profesó especial devoción al Santo de su nombre, como recomienda la piedad cristiana. En el pueblo riojano de Ojacastro, próximo al de Hervías, existía en aquella época y existe todavía, una fervorosa y numerosa cofra­día de San Zenón, con su imagen, su altar y retablo, siendo caso único en toda esta comarca. Pues bien, no se le escapó este detalle al marqués de la Ensenada, que mandó dorar a sus expensas dicho altar y retablo de San Zenón, patrono suyo, lo que se realizó en el año 1751, como oportunamente recuerda una inscripción al pie de ese altar, que he leído y transcrito en una visita que he girado con este motivo a dicho pueblo.

Corno prueba de lo mismo, cabe indicar que uno de los hornabeques del famoso castillo de Figueras, en la raya de Francia por Cataluña, obra en gran parte realizada por iniciativa e impulso del marqués de la Ensenada, se llamó de San Zenón, sin duda en honor de su Santo, como era costumbre en la época, y si no se llamó así todo el castillo es porque se dedicó a San Fernando, por el rey Fernando VI, reinante en aquel momento.

Con todo lo dicho hasta ahora, expuesto con la mayor brevedad y claridad posible, creo que no es posible la duda sobre el nacimiento cierto de Zenón de Somodevilla y Bengoechea en la villa de Hervías, el 20 de abril de 1702, y su consiguiente bautismo en la parroquia de dicha villa el 25 del mismo mes y año.

Queda por probar la segunda parte de nuestro aserto, a saber, que pese a todo lo anterior, el citado Zenón de Somodevllla y Bengoechea era con toda propiedad, y así se podía proclamar, natural de la villa de Alesanco. Así declararon en 1742 nada menos que ocho testigos de Alesanco y otros ocho testigos de Azofra cuando se les interrogó para el expediente de ingreso del marqués de la Ensenada en la Orden de Calatrava, y así lo rubricó el interesado con su propia firma el 14 de julio de 1744 cuando se «sentó por Congregante» de la Cofradía de la Virgen de Valvanera en la parroquia de San Ginés, en Madrid, documento que ofrecemos en reproducción facsímil.

Ante todo es preciso distinguir cuidadosamente entre el hecho del nacimiento y el estado jurídico de la naturaleza u origen de una determinada persona. Normalmente ambas cosas coinciden, pero no siempre.

La naturaleza de una persona estaba determinada y se regía en aquella época por la constitución «Speculatores» del Papa Inocencio XII, del año 1694, que en su párrafo cuarto, recogido, por cierto, en el actual Código de Derecho Canónico, decía en esencia lo siguiente: «El lugar de origen del hijo es aquel en que el padre tenía el domicilio cuando el hijo nació.» Es decir, que el lugar de origen o la naturaleza de una persona no era, ni es en el actual Derecho Canónico, el lugar de nacimiento, sino el lugar del domicilio del padre a la hora del nacimiento del hijo. Por supuesto, repetimos, que en la mayoría de los casos ambas cosas coinciden pero en algunas no. Se comprenderá mejor lo razonable de esta disposición canónica (no hila tan fino la legislación actual civil) por los numerosos casos que suceden en la sociedad moderna de hoy. Ahora son miles los niños que nacen en las clínicas y residencias de la Seguridad Social del Estado, que suelen estar en las capitales de provincia y en las grandes ciudades. Los niños que allí nacen, procedentes de los pueblos, no son naturales de la capital de provincia donde está la residencia o la clínica, sino del pueblo donde, a la hora de nacer, tienen el domicilio sus padres, según el Derecho Canónico.

Lo que acabamos de decir es un ejemplo, no es el caso exacto del marqués de la Ensenada. Cuando Zenón de Somodevilla llegó al mundo, en Hervías, sus padres, Francisco de Somodevilla y Francisca de Bengoechea «residían», «estaban», «tenían su asiento», «ejercían su oficio» en Hervías. «Estantes en esta villa de Hervías», como se dice expresa y literalmente en la partida de bautismo de su hijo, según la transcripción de Hervías.

«Estantes» y «vecinos» eran dos figuras jurídicas totalmente distintas y bien distinguidas en aquella época. No hay más que asomarse a los censos y padrones de entonces para comprobarlo con toda claridad. Los casos son tan patentes y numerosos para un investigador que no es preciso detenerse ni insistir más en ello.

La «estancia» de estas personas en un determinado pueblo no tenía por qué ser sinónimo de «fugaz», y podía durar y de hecho se solía mantener durante años. «Estantes» o «habitantes» de un pueblo, en contraposición a «vecinos», solían ser lo que podríamos llamar con lenguaje actual los «funcionarios» de hoy y los «empleados» en oficios más o menos distinguidos: practicantes, maestros, médicos y notarios apostólicos, que era el caso concreto en Hervías de don Francisco, padre del futuro marqués de la Ensenada. Por la documentación que poseo, y que expongo en otro lugar, los padres de Zenón residieron en Hervías durante seis años consecutivos, de 1698 a 1704, y allí les nacieron dos de sus seis hijos, Teresa en 1698 y Zenón en 1702.

Por tanto, los padres del marqués de la Ensenada, a la hora de nacerles su hijo, según el estado jurídico de aquella época, eran «estantes» en Hervías, pero «vecinos» de Alesanco, donde conservaban su «domicilio» y «naturaleza», aunque llevaban varios años residiendo en Hervías.

Y los padres de aquel niño, el primer varón que tenían, y que andando los años iba a ser uno de los españoles más distinguidos, podían, según el derecho de aquella época, y de hecho quisieron conservar para su hijo varón primogénito la naturaleza de Alesanco, donde gozaban del privilegio de hidalguía, y como el padre era especialmente previsor, ordenado y meticuloso, preparó las cosas para que se inscribiera su partida de bautismo también en Alesanco, con lo que poder demostrar para siempre prueba documental de esta naturaleza. Y de hecho, esta partida de bautismo de Alesanco fue siempre la oficial para todos los actos jurídicos del marqués, fue la que se exhibió en el expediente para su ingreso en la Orden de Calatrava, porque era la que le favorecía por poseer en Alesanco, y no en Hervías, estado de hidalguía, y así en tantos otros momentos de su vida.

U n ejemplo notorio y curioso de lo que llevamos diciendo nos lo da La Gazeta de Madrid del 25 de diciembre de 1781, al dar cuenta de la muerte de Ensenada, ocurrida el 2 de diciembre, y donde se dice que le había sobrevenido «a los 79 años y seis meses de edad», lo que coincide exactamente con la partida de Alesanco, la oficial, y no con la de Hervías, la real.

Para que se compruebe que todo lo que vamos diciendo no es un montaje de nuestro raciocinio, queremos ofrecer el texto literal de un documento de insuperable valor, que es el acta del fallecimiento del marqués de la Ensenada, que amablemente se nos ha enviado de Medina del Campo, y donde existe una simpática mezcla de las dos partidas de bautismo, pues dice que fue bautizado «en la Iglesia Parrochial de la villa de Hervías, Obispado de Calahorra, en la Provincia de Rioja» (cita literal, muy densa para los riojanistas, por hablarse de «provincia» en 1781 y por escribirse «Rioja» sin artículo), pero a la vez se dice que este bautismo fue «en dos de junio del año passado de 1702», que es la fecha de la partida de Alesanco, no la de Hervías, que es donde taxativamente fue bautizado.

Bonito y oportuno desliz el del buen párroco de Medina del Campo, mezclando fechas con pueblos, lo que nos demuestra dos cosas, que son las que vamos defendiendo en este capítulo: que no sólo fue bautizado en Hervías, sino que el marqués era consciente de ello y lo comentaba frecuentemente con sus contertulios de Medina del Campo, a nivel personal y amistoso, y el citado párroco era uno de los principales confidentes de Ensenada, por lo que le sonaba tanto al oído el bautismo de Hervías, que así lo transcribió en la partida. Y la segunda cosa que se demuestra en el «traspiés» del acta que comentamos es lo que decimos de siempre: que a pesar de ser bautizado el marqués de la Ensenada en Hervías el 25 de abril, la partida oficial que se usaba era la partida de Alesanco del 2 de junio.

Transcribimos a continuación la cabecera de la citada acta de defunción, que dice así al pie de la letra:

«En dos de diciembre de este presente año de mil setecientos ochenta y uno, a las dos de la mañana (poco más o menos) falleció en esta villa de Medina del Campo, en un Palacio que está en la calle de Santiago y es propio del Mayorazgo de Dueñas, el Excmo. Señor don Zenón de Somodevilla y Bengoechea, bautizado en dos de. Junio del año pasado de setecientos y dos en la Iglesia Parrochial de la Villa de Hervías, Obispado de Calahorra en la Provincia de Rioja.» '

Nacido en Hervías, natural de Alesanco. No es ningún juego de palabras, sino la pura realidad. Y si honroso es una cosa no lo es menos la otra. El nacimiento no se elige, sino que viene marcado frecuentemente por las circunstancias. La naturaleza de Alesanco del marqués de la Ensenada fue fruto de una decisión positiva y sin duda amorosa de sus padres, que quisieron para su hijo varón primogénito la continuidad del origen familiar en este pueblo.

El viejo plpeito de ambos pueblos por la honra de este hijo ilustre se restaña de una forma conjunta y perfecta a la luz de estas verdades, que no son fruto de una componenda, sino de la más rigurosa y honesta investigación histórica.

Por mi condición de cronista oficial de la Rioja y delegado en esta provincia de la Liga Naval Española fui testigo, siempre imparcial, a la vez que entusiasta, de las delicadas situaciones que vivieron ambos pueblos vecinos y hermanos, Alesanco y Hervías, con ocasión del homenaje que se rindió al marqués de la Ensenada con ocasión del segundo centenario de su muerte. Al final todo fue feliz, porque no podía ser de otro modo. Hubiera sido un absurdo que dos pueblos hubieran acabado mal por «culpa» de su hijo más ilustre, que sin duda tanto quiso a ambos pueblos .. El homenaje tenía que ser, y debe seguir siendo siempre, para unir, nunca para desunir. El marqués de la Ensenada no aceptaría ningún homenaje si no fuera de esta manera. Por eso fue un acierto total que, con ocasión de dicho centenario, se le erigieran dos monumentos a su memoria, uno en Alesanco, el busto del Marqués, y otro en Hervías, una hermosa ancla marinera, traída de Ferrol, y que adorna una de las plazoletas mas simpáticas de esta villa.

Con ocasión de estos homenajes, el día 24 de abril de 1981, se inauguraba en Hervías la Sala de Cultura Marqués de la Ensenada, con los bancos abarrotados de público. En la presidencia, el almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, Excmo. Sr. don Saturnino Suanzes de la Hidalga, delegado regio para estos actos; le acompañaban el almirante capitán general de la Zona Marítima del Cantábrico, Excmo. Sr. don Miguel Romero Moreno; el vicealmirante director del Instituto de Historia y Cultura Naval, Excmo. Sr. don Fernando Moreno de Albarán y de Reyna, así como todas las autoridades civiles y militares de la Rioja y otras diversas representaciones. También estaban presentes el almirante don Ignacio Martel Viniegra, presidente de la Liga Naval Española, y el actual marqués de la Ensenada, don Ricardo Alvarez de Furundarena, comandante de Intendencia de la Armada. En dicho acto tenía una conferencia el contralmirante de la Armada don Jesús Salgada Alba, que la desarrolló de una manera magistral, vibrante y llena de aciertos en todas y cada una de sus palabras, que fueron seguidas con avidez y entusiasmo por todos los oyentes. En numerosas ocasiones fue interrumpido por los aplausos. Pero aquello llegó al delirio cuando en uno de sus párrafos llegó a decir, parafraseando una cita histórica, las siguientes palabras:

Tanto monta, monta tanto ... ¡Hervías como Alesanco!

El aplauso fue de gala. La sala parecía venirse abajo del entusiasmo. Las palmas se prolongaban sin cesar. En ese momento, los alcaldes de ambos pueblos, de Hervías y Alesanco, don Eduardo Urbina y don Alberto Rubio, salieron al estrado y se fundieron en un noble y sincero abrazo, rubricado por la ovación estruendosa y entusiasta de todo el público asistente. Allí revoloteaba el espíritu del marqués de la Ensenada, nacido en Hervías y natural de Alesanco, que siempre llevó en su corazón y en su alma el cariño de ambos pueblos ...


He copiado este texto del capítulo primero de la obra de

don Felipe Abad León “El marqués de la Ensenada, su vida y su obra”.


Antonio Castejón.

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