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Valle de Aramaio.

 

Fuente: “Ayer y hoy del Valle de Aramaiona”, de Jesús María Elejalde Plazaola.

 

De ésta y de otras obras del autor, hemos extractado el texto que sigue.

 

Nota previa: Ver en POESIA_2 la premiada en el año 1899 en los Juegos Florales celebrados en Aramaio..

 

Etimología probable:

 

Para Eskijaga:  

Del primitivo «ARABA-DI-ONA» se habría llegado al nombre actual, pasando por los estadios intermedios de «Arama-di-ona», «Aramai-ona», «Ara-mayona». Su significado sería: «la colina del conjunto de los llanos».

 

Para Isaac López de Mendizabal:

ARAMAIO =  «pastizal» o «helechal», siendo Aramayona -una variación suya.

 

Para José A. de Mújica:

ARAMAIO =  «pastizal acabado».

 

Para Endika de Mogrovejo y Nicanor Narbate:

Aramaio = «término, fin del valle», amén de pastizal y helecho.

Aramaiona = «colina al final del valle».

 

Koldo Mitxelena:

Defiende que el nombre original es ARAMAYONA (o ARAMAIONA, en la grafía usual vasca). De él ha derivado el de ARAMAIO, en un proceso muy conocido y frecuente de pérdida de la «n» entre dos vocales. Nada dice Koldo sobre su significado.

 

Escudo:

El escudo de Aramaiona es muy simple: flor de lis en campo azul oscuro, sostenido por dos leones y coronado por corona mural. El motivo principal es la flor de lis. Los leones y la corona son meros adornos sin significado conocido. La flor de lis era el emblema de los primitivos señores del Valle, según se nos afirma en la obra de Fray Martín de Coscojales, «Antigüedades de Vizcaya», al relatarnos los enterramientos en la iglesia de Zalgo (ahora llamada Ibarra, en Aramaio).Y era también la marca con la que el Ayuntamiento señalaba a las pesas y medidas oficiales, para evitar fraudes.

 

Situación geográfica:

El valle de Aramaio, está situado en medio de Araba, Gipuzkoa y Bizkaia. En su orografía predominan las pendientes. Al norte y noroeste, están los montes de Arangio y Gantzaga, siendo Orixol e Izpizte las cimas más altas. El monte Anboto también se encuentra cerca, con sus 1330 metros y frente a frente tiene a Udalaitz (1117 m). Entre estas dos cimas, aparece Besaide, que con su monumento nos señala el lugar donde las tres provincias bascas se unen. Al este, se encuentra el Murugain con 774 metros y al sur, camino de Legutio, Jarindo (896 m).

 

Los pueblos que hacen frontera con Aramaio son estos: al norte Abadiano y Atxondo, y al este en cambio, Arrasate y Aretxabaleta. Si vamos al sur, aparecen las tierras de Eskoriatza, Gatzaga y Legutio, y por último, al oeste Otxandiano.

 

La sierra de Arangio divide el pueblo en dos, formando dos vertientes de agua:

 

Por un lado, está el río Aramaio. Es alimentado por las aguas que bajan por las laderas del este y pasa por Ibarra. Sigue hacia Arrasate, para luego unirse al río Deba.

 

Por las laderas del oeste, los riachuelos bajan al barrio Olaeta, para acabar en el pantano de Albina.

 

Situación administrativa:

Aramaio perteneció a Bizkaia hasta el año de 1489, en que pasó a integrarse en las Hermandades de Araba, pero sólo a efectos de “defenderse de los caballeros y personas poderosas que les acosaban”, y dejando claro que los aramaioarras “han sido y son vecinos de la tierra llana y señorío de Bizkaia, y han gozado de sus fueros, usos,  costumbres y privilegios claramente y sin contradicción”. Es decir: que los de Aramaio fueron siempre y seguirían siendo bizkaínos originarios, gozando por tanto y sin más requisito de los privilegios que la Ley concedía a los nobles.

 

A estos efectos de hidalguía y consecuente goce de Privilegios inherentes a élla, no hemos de olvidar la diferencia importante que se da entre la nobleza de los gipuzkoanos y bizkaínos de un lado, y la de los alabeses de otro. “Todos los naturales, vecinos y moradores del Señorío de Bizkaia, tierra llana, villas, ciudad, Encartaciones, Duranguesado, eran notorios hijosdalgo y gozaban de todos los privilegios propios de tales. En cualquier lugar de la Monarquía hispana bastaba demostrar la condición de bizkaíno originario para probar su hidalguía y disfrutar de los derechos reservados a tales”.

Lo mismo ocurría con los gipuzkoanos. A ambos la hidalguía les venía sencillamente de su origen: bastaba ser originario de cualquier solar o caserío ubicado en Gipuzkoa o Bizkaia para ser reconocido como noble hidalgo, porque se daba por supuesto que nunca habían sido vencidos ni sojuzgados por nadie, ni sujetos a pagar tributo. Siempre habían sido librs.

 

La nobleza alabesa, en cambio, no se fundaba en el lugar de origen, sino en la sangre: era noble el descendiente de quien fue declarado tal por su condición de caballero guerrero. Por eso en Alaba no todos sus moradores gozan de la condición de hidalguía o nobleza, sino sólo aquellos que accedieron a ella por ser gente de armas, o descendiente de éstos.

 

De ahí viene el que cuando el Valle de Aramaio se integra en Araba, deje bien claro que sus habitantes siempre fueron y serán bizkaínos originarios…

  

Población e Idioma:

El censo actual (en 1996) es de 1.350 habitantes, la mitad de los cuales vive en Ibarra. Hace cien años era casi el doble. Más del 95% son vascoparlantes. El Euskera es hablado por la totalidad de los nativos y algunos de los inmigrantes. Los hijos de éstos se expresan generalmente en euskera, porque realizan sus primeros estudios en la ikastola local.

 

Aramaio comprende nueve Anteiglesias. Anteiglesia era, en Bizkaia, una comunidad de vecinos que se reunía en el pórtico de la Iglesia para tratar temas de interés general, llegando a formar una entidad jurídica. Cada anteiglesia era soberana en sus competencias y dictaba las ordenanzas o tomaba los acuerdos pertinentes para regular su vida pública. Más tarde surgirían los Concejos, que solían agrupar a varias anteiglesias. Estas son las nueve anteiglesias:

 

Arejola (Parroquia Santa Marina).                     Azkoaga (Parroquia San Juan).  

Barajuen (P. Asunción).                                   Etxaguen (2 P.: San Agustín y San Miguel).       

Ganzaga (P. San Millán).                                  Ibarra (P. San Martín de Zalgo).                      

Olaeta (P. Concepción).                                   Untzilla (P. San Pedro).           

Uribarri (P. San Esteban).

 

 

ANTEIGLESIA DE AZKOAGA

 

En Azkoaga encontramos actualmente 31 caseríos:

ABADE-ETXEA, ALTZAGA-aspikoa, ALTZAGA-gañekoa, ARRIETA, ARRUPE, AUSIBAR, AZKOAGA, BEITIA (Deshabitado), DUKIENA (Azkoaga txiki), ETXALUZE (Saloa), ETXEBARRIA-ELORRIAGA (Desaparecido), GARAIKOA 1º, GARAIKOA 2º, GATXEKARRO, GOIXENENGO (Zuarua de arriba; Deshabitado), INDUSPE beko 1º, INDUSPE beko 2º, INDUSPE goiko, IÑURRIA, ITURRALDE, LABIENA (ZUBIAURRE), LASAGA, LASAGABASTER, ORRANDI (Desaparecido), SALTURRIALDE, SALTURRIALDE, TXAMARGUENA (Astola de abajo), UNTZUETA, URUGU o Uriburu, UXAR o URIZAR, ZABALDU o ZALDUA, ZARRIA, ZUETZU (ZUAZUA).

 

Azkoaga está dividida en tres barriadas, que tomaron el nombre de su Caserío principal: ALZAGA, AZKOAGA Y  SAOLA

 

Su parroquia está situada junto al caserío Azkoaga. Los primeros datos de esta parroquia son del año 1546, aunque se cree que existía ya en el siglo XIV. Sus libros parroquiales son los más antiguos del valle, y dan comienzo en 1551. La construcción actual del edificio de la Iglesia es de 1540 (con varias modificaciones y reconstrucciones posteriores).

 

Parece ser que su caserío más antiguo, que prestó su nombre a la barriada formada a su derredor, fue el Azkoaga.

 

Etimología probable: lugar de peñas, gramal, lugar de tejones, lugar de tilos... En las aún recientes obras de restauración del caserío se vio que estaba edificado sobre peñas, y es probable que de ello le venga el nombre.

 

Este caserío está documentado por primera vez en el año 1406, aunque lo creemos –siempre habla Jesús María Elejalde-  muy anterior a esa fecha. Y es con motivo del apeamiento de montes y heredades realizado en ese año entre los valles de Aramayona y Léniz. Los comisionados se reúnen en la Iglesia de San Pedro de Uncella a hacer solemne juramento de que van a realizar su cometido con lealtad, a tenor de lo que les dicte su conciencia. Y es Martín abad de Azkoaga quien oficia la misa, durante la que se hace el juramento. A finales del mismo siglo, hallamos a Teresa y Marina de Azkoaga presentando querella contra Juan Alonso de Mugica, señor del Valle, por haberlas violado en su pudor y haber ahorcado a su padre colgándole de las almenas de su castillo de Barajuen. En los siglos siguientes, los Azkoaga ocuparán cargos de relevancia en el Ayuntamiento: alcaldes, procuradores, síndicos, etc. etc.

 

ANTEIGLESIA DE AREJOLA

 

Hoy está formada por doce caseríos: ABADETXEA, BENGOA (Bº Arriola), EREDERUENA (Bº Arriola), ETXEBARRI (Bº Arriola), GOIXENENGO (Bº Arriola),  JAUREGI  II, JAUREGI nausi, KEISTI, LEIZTERRENA (Bº Arriola), MARTO (Martona o Iza), PATXIXENA, UNTZENA (en 1826 se le llama “Heredad” y vivía en él Juan Antonio de Unzueta. Su nombre primitivo quizá fuera “Iturriazpikoa”).

 

El templo parroquial está dedicado a la mártir gallega Santa Marina. En Arejola hay una ermita bajo la advocación de San Pedro de Letazur, situada en el camino a Ibarra. Está derruida y semiabandonada, pese a que es una de las construcciones más antiguas del Valle. Fue lugar de enterramientos.

 

La historia de esta anteiglesia está unida a la de la familia AREXOLA, que la formó y dio nombre.

 

La casa solar de «Arexola» es, en la historia de Aramaiona, la más importante después de la de los señores del valle. Siempre es mencionada como de «parientes mayores», siendo la única que lleva este nombre, con la de «Garay», ubicada en Guraya. No cabe duda de que hay que considerarla entre las más antiguas del señorío.

 

Etimología: «la ferrería del roble». Esta anteiglesia, vulgarmente es conocida con el nombre de Aixola, que parece un derivado de «Aizeola». Las «aizeolas» eran ferrerías que usaban el viento como su principal fuerza motriz para fundir el hierro. Solían estar ubicadas en las proximidades de las materias primas, vena de hierro y carbón vegetal. Y se servían del desnivel del terreno para conseguir el «tiro» necesario para obtener las altas temperaturas necesarias para la fundición. Las «mendiolas» (ferrerías de montaña) solían ser «aizeolas». Según Julio Caro Baroja, «el mineral de hierro, con el carbón, se colocaba dentro de un tronco de árbol de gran diámetro, ahuecado previamente, recubierto de arcilla y otras sustancias minerales». El nombre de «Arexola» bien podría tener algo que ver con esta costumbre...

 

Sobre los Arejola y su vida en el valle en los últimos siglos trataremos en word aparte.

 

ANTEIGLESIA DE IBARRA, también llamada –hasta 1823- DE ZALGO

 

La anteiglesia de Ibarra ha tenido en su historia dos templos parroquiales: el actual, construido a comienzos del pasado siglo, y el anterior de Zalgo, derribado en la misma fecha. Diremos algunas cosas sobre cada una de ellos.

 

La Iglesia de Zalgo  estaba construida en el lugar hoy ocupado por el cementerio municipal. Mientras sirvió de parroquia, la anteiglesia de Ibarra era conocida como «La anteiglesia de Zalgo». Se perdió esta denominación al abrirse al culto el nuevo templo, en el año 1823, sustituida por la actual de «Anteiglesia de Ibarra». Algunos, poco informados de la ubicación del primer templo y de la primera denominación de la anteiglesia, han caído en el error de atribuir al caserío de Zalgogarai, vulgarmente conocido como Zalgo, lo que se afirmaba de la anteiglesia. Así, por ejemplo, se ha venido a afirmar que Martín de Alzaga (héroe de la independencia argentina, de cuya ascendencia y descendencia se trata en su apellido Alzaga)  nació en el caserío de Zalgo, porque en su partida se dice que era natural de Zalgo. Pero lo era de Zalgo anteiglesia, que comprendía todo Ibarra, Arraga, Eguzkierripa, Arriola... En las partidas antiguas no se solía anotar la vivienda o caserío donde tuvo lugar el nacimiento. Por otras fuentes, podemos inducir que Martín nació en la calle Ibargoia, porque allí vivían sus padres.

 

Muchos foráneos ignoran su nombre (Ibarra) y la llaman Aramaiona. En el Valle se la denomina La Calle, en contraposición a las demás anteiglesias, ya que esta de Ibarra se distinguió de éllas por su carácter más urbano. En ella están ubicados todos los servicios. Panadería, escuelas, médico, farmacia, etc. 650 habitantes (en 1996).

 

Tiene tres calles antiguas, que llevan el nombre de tres caseríos: Nardeaga, Ibargoia y Machain, y una cuarta reciente, la de Barrutia. Su plaza mayor lleva el nombre de Vicente Goikoetxea. Y hay una plazuela que recuerda al cura guerrillero Santa Cruz. Entres sus edificios destaca el Ayuntamiento y la Parroquia

 

Así veríamos a Ibarra en el año 1375

 

Pero la anteiglesia de Ibarra es algo más que «La Calle». También le pertenecen 36 caseríos, que fueron, sin duda, sus primeros pobladores, en los tiempos en que se la conocía como anteiglesia de Zalgo. Esto nos lleva de la mano a estudiar el nacimiento de la Ibarra de hoy. Para ello tendremos que dar un salto de seiscientos años, y situarnos en la época en que Ibarra era un topónimo prácticamente despoblado. Recordemos que el nombre y la realidad de «anteiglesia» se aplica a un grupo humano que se reúne en el pórtico de una ermita o iglesia, para tratar democráticamente los asuntos de interés común. Decíamos de éllas que eran como un ayuntamiento en pequeño, con sus montes, caminos o iglesias comunales, y su mutuo compromiso de conservarlos para bien de todos. En la zona de la actual Ibarra, la iglesia se alzaba en la colina de Zalgo, donde hoy radica el cementerio municipal. E integraban su anteiglesia los caseríos de las barriadas de Arriola, Arraga, Elosua, Eguzki-erripa, e Ibarra. Como a veces nos lo indican los mismos nombres de los caseríos, estas barriadas fueron poblándose progresivamente. Un caso similar al mencionado al referirnos a Arriola, lo hallamos en Arraga. El caserío primero sería el hoy conocido como Arraga-Azpikoa, de dos viviendas, cuyo nombre original era sencillamente “Arraga” (lugar de piedras). Más tarde se le sumaron dos más a los que se denominó «Arraga-gaiñekoa» (encima de Arraga) y «Arraburu» (en la parte superior de Arraga). El de Iturrieta, un tanto desviado de los anteriores, aunque pertenece a la misma barriada, no hace referencia a ellos y bien pudiera ser coetáneo del de Arraga. En la zona baja de la barriada hallamos al caserío Basagoiti, que extenderá su apellido por diversos solares del Valle.

 

En Elosu se han conocido tres caseríos, de los que dos desaparecieron en el presente siglo. Entre ellos el de Arbinegi, al que habremos de volver más tarde para estudiarlo con más detenimiento. Bajando hacia el fondo del Valle, nos encontramos con el gran caserío de Goikoe-rrota, cuyo nombre nos hace referencia al molino que en algún tiempo albergó. Y siguiendo la ladera hacia Belamendi (el auténtico «Eguzki-erripa», o «cuesta del sol») hallaremos primero a los de Arana y Sakone; y luego a los de Ibabe, Maskaiano, Mendiola, Ametzu, Solaia, Salezan, Zubialde, Bisili y Berastegi. Y muy desviado del resto, en la misma muga de Guipúzcoa, «Cuatro-vientos» o «Unzueta gaina», edificación del XIX.

 

En el barrio de Ibarra, hoy tan poblado si lo comparamos con el resto, había pocos caseríos: Matxain, Mugerza, Ibargoia, Nardeaga, Likiñano, Gamboa... Y en la zona de Zalgo, el de Zalgogarai y Errotabarria. En la época a la que nos estamos refiriendo existían todos ellos, o la mayoría. Pero de una sola vivienda, y consiguientemente con muchas más tierras, como serían los casos de Maskaiano, Ametzu o Arraga. Lo que hoy conocemos como «La Calle» no había nacido. Allí apenas había más que alces, juncos o zarzas en abundancia. Era lugar sombrío y húmedo, menos apto para la agricultura o ganadería que las laderas de Arraga, Azkoaga o Uncella. En la mitad de lo que hoy es la Plaza Municipal, se hallaba la ermita de San Sebastián. Y detrás de ella, algo alejado, el hospital, donde hallaban cobijo los que no tenían techo o enfermaban a su paso por nuestras tierras. Ambos habían sido levantados a la vera del camino a Elorrio y Vizcaya, uno de los principales del Valle. Por él se podía seguir también hasta la frontera con Francia, tomando en Betzaide hacia Elgueta y Astigarribia. Junto a la ermita no había plaza ni casas. En la calle Ibargoia, estaba la casa de Mugerza, que en los escritos a partir del siglo XVI es siempre mencionado como «casa torre». Y cercano a ella, por su lado Norte, el caserío Ibargoia, que dio nombre al barrio que más tarde surgió. En la calle Matxain, el caserío del mismo nombre, probablemente solo. En Nardeaga, en su parte superior, donde hoy está la taberna de «Goiko», se hallaba el caserío de su nombre, propietario de los terrenos hasta Likiñano. En la actual confluencia de la carretera de Echagüen y la calle Nardeaga, ocupando la actual calle y el solar que ocupó hasta hace poco la estatua de Vicente Goikoetxea, trabajaba el Molino viejo o «Errotazarra», aprovechando las aguas de los ríos que bajan de Echaguen y Uribarri. Y en algún lugar de lo que hoy entendemos como «Calle», la ermita de San Lorenzo. Probablemente entre las de San Sebastián y Santa Ana, en el camino de Zalgo. O en el mismo Santa Ana... Estamos queriendo pintar el cuadro de Ibarra en el año 1375, que muy pronto iba a cambiar radicalmente el conjuro de las ferrerías y fraguas, que iban a inundar los ríos. Sabemos que en 1373 había una ferrería en Albina, y que el señor de Aramaiona tenía propósito de poner en marcha otras cuatro en un plazo inmediato. Dos de ellas fueron montadas en Ibarra, y allí estuvieron fabricando hierro hasta comienzos del siglo XVIII: Fueron la ferrería mayor de Salezan y la ferrería menor de Muguerza. Más tarde, al hablar de las ferrerías del Valle, hablaremos detenidamente de ellas, de su funcionamiento y personal ocupado. Nos baste, por ahora, apuntar que la industria del hierro se hizo dueña de Ibarra; y a su conjuro los márgenes de los ríos se fueron poblando de fraguas y hornos y viviendas para ferrones. En pocos años cambió totalmente su fisonomía y se alteró seriamente la vida del Valle. El centro de gravedad, que hasta ahora estaba en los caseríos y sus anteiglesias, se fue desplazando hacia Ibarra, que llegó a tener tantos habitantes como la suma de todas las demás anteiglesias, y acaparó todos los servicios. Las Juntas Generales de vecinos de todo el Valle, que antes se hacían siempre en Barajuen, empezaron a diferenciarse: las de fin de año, para elección de autoridades, siguieron haciéndose donde siempre, pero otras se reunían en Ibarra. La anteiglesia de Zalgo, por el número de sus habitantes, adquirió un peso específico en la vida del Valle, gozando de doble número de electores en las elecciones Generales.

 

El rápido crecimiento ocasionó no pocos trastornos: el templo parroquial quedó alejado del poblado y se tuvo que ingeniar una segunda iglesia como ayuda a la titular, para prestar servicio a los ancianos, tullidos o escasos de tiempo para subir hasta Zalgo. La ermita de San Sebastián cumplió esta misión.

 

Los alrededores de la misma ermita, en la confluencia de las tres calles, se convirtieron en el centro del poblado. Se pobló de fraguas y hornos, llegando a ser la zona más densa del Valle. En sus pórticos se reunían en concejo, y en sus alrededores se hacía el mercado. Poco a poco aquello se convirtió en la plaza del pueblo. Una extraña plaza con la ermita en la mitad. Así estuvo durante dos siglos, hasta que, en el año 1681, el Ayuntamiento decidió derribarla y edificarla fuera de la plaza. Esta ganó en amplitud, y la ermita también, porque la hicieron más espaciosa y con mejores pórticos, que acogieron a numerosas Juntas Generales del Valle, hasta que se construyó la Casa Consistorial. Dos eran los caminos principales que comunicaban a Ibarra y el Valle con los pueblos vecinos: el arriba mencionado de Mendiola y Ametzu que lo comunicaba con Elorrio; y el que por Bolintxo lo unía con las ferrerías y fraguas de Mondragón. Este segundo era más problemático y costoso, porque seguía el curso del río, con algún que otro cruce forzoso del mismo. Los puentes eran de madera y las averías frecuentes. Pero era un camino vital para la industria de Ibarra. Y su entrada se solía controlar en Salezan o Zubialde. Algunos puentes apenas pasaban de ser unos pasadizos para peatones o caballería. Todavía en el año 1805, cuando decidieron trasladar de Zalgo a la nueva iglesia en construcción los materiales de la vieja parroquia, primero tuvieron que acondicionar el puente de madera que unía la orilla de Olabetxo con la de Elexoste. La calle Nardeaga no tenía el trazado recto que tiene en la actualidad. Por delante de la casa de Olabetxo, se torcía hacia la derecha, por el bolatoki, camino de Iturroste y puente de la Zapatería (el de la plazuela del cura Santa Cruz). La actual calle de Elexoste hasta el cruce para Echagüen, no existía. Después de terminar la iglesia actual, pensaron en abrir la calle por ahí, y para ello tuvieron que derribar el molino viejo que ocupaba todo el terreno desde la «Casa del Cestero» hasta el río. El Ayuntamiento se lo compró a la condesa de Mora en 1833, para poder derribarlo. Luego, aprovechando su doble caudal, lo construyó de nueva planta a la vera del arranque del camino a Basagoiti. Fue también derribado para dar paso a la carretera de Echagüen.

 

Caserío Maskaiano

 

Leemos en el «Inventario de Arquitectura Rural Alavesa» (correspondiente a Aramaiona) que es el más antiguo del valle, y que su construcción data del año 1454. Los autores de la obra no nos indican de dónde han deducido la fecha de su construcción. Confiamos en que al datarla habrán tenido más acierto que al querernos indicar el significado de su nombre. Se hacen eco de un decir, según el cual su nombre popular 'MASKAÑO', le provendría del hecho de que en su construcción tardaron más de un año («más-ke-un-año...») Esta interpretación, en mi opinión, no pasa de ser un desacertado engendro del «bersolari» que todo vasco lleva dentro de sí. «Maskaño» es una derivación del nombre original con el que es conocido en los escritos más antiguos de Aramaiona: Makaiano y Maskayno. Según Endika de Mogrobejo, MASKAIANO significa «lugar de arces». Por tanto su significado sería el mismo que el de «Azkarraga» o «Astigarraga». Es de los pocos caseríos del Valle que aún conservan su apellido original, si bien con una pequeña variación: «Maska(r)iano», introduciendo una «r» entre sus vocales. Esta intrusión de la «r» es relativamente reciente. Las formas más antiguas son las arriba indicadas, y su actual topónimo de «Maskaño» sería la lectura normal que cualquier vasco haría del «Maskayno». De siempre hemos oído que sus moradores primitivos solían acudir a los actos de culto a la iglesia de San Agustín de Elorrio, porque en el Valle aún no había iglesias. Y que el rector de la misma, antes de comenzar sus funciones, indagaba si habían llegado los de este caserío. De ser cierto el dato, que bien pudiera serlo, nos limitaría por abajo la fecha de construcción de nuestros primeros lugares de culto, o al menos del establecimiento de un culto estable en ellos, porque conocernos la fecha de la erección de la Iglesia de San Agustín de Elorrio, fundada por los condes de Durango D. Ñuño Sánchez y Dña. Leguncia, su mujer, en el año 1053.

 

Profundas tienen que ser las raíces de un solar, para aguantar incólume los embates de ocho siglos. Profundas como las raíces de nuestros centenarios robles y hayas, indefectiblemente unidos a la tierra que les da vida. O como el cáustico humor de los caseros, tan parcos en palabras como atinados en sus sentencias. Llegamos a conocer a Tomás, morador de una de las dos viviendas actuales de este caserío. Hombre de gran corpulencia, curtido por todos los vientos, carretero de toda la vida. Estando seriamente aquejado por la enfermedad fue visitado por el párroco de Ibarra, que le administró la Unción de los enfermos. Cuando terminó el sacerdote, el veterano carretero sentenció: «Engrase de carro, largo viaje...!»

 

Caserío Ibabe (apellido y nombre propio).

 

Está situado al Sudoeste del anterior, a poco más de un tiro de piedra. Ha sufrido tantos arreglos y componendas a lo largo de su historia que nos sería imposible componer su traza original. Hoy es de doble vivienda, corno el de Maskaiano, pero en su origen no fue así.

 

Su nombre aparece muy ligado a nuestra historia, aunque no conocemos ningún hijo suyo de relevancia especial. Pero en las asambleas de hidalgos nunca falta el de Ibabe. Tal vez por su antigüedad, es mencionado en diversas leyendas que aún perduran: De aquí era Berta, la hermosa joven de la que se encaprichó Juan Alonso de Mújica, el desvergonzado señor de Barajuen, que la quiso llevar a su torre contra su voluntad; cosa que no logró por la heroica defensa que hicieron de ella sus hermanos, aunque en ello les fue la vida. E Ibabe es el nombre de la ermita, ubicada al Sur del caserío, en el camino a Ibarra. Considerada entre las más antiguas del Valle, edificada en un lugar donde los ancianos impartían justicia, colgando de las ramas de un frondoso roble a quienes se les consideraba merecedores de tal castigo. Todo ello muy antiguo y entre brumas, a caballo entre la historia y la leyenda. Los moradores del caserío siguen manteniendo orgullosos su secular apellido, que según los entendidos, es originario de él. Y que últimamente se ha convertido en nombre, incluido en el Nomenclátor vasco de José Mª Satrustegui, al haberlo dado a la ermita mencionada.

 

Caserío Mendiola.

 

Está situado a la vera del camino que une al Valle con Vizcaya, a través de Elorrio; y los viejos cronicones lo consideraban como «la llave de Aramaiona». Su influencia en nuestra historia es equiparable a la de los dos parientes mayores: Arexola y Garai. A diferencia de éstos, lo hallamos siempre del lado del señor de Barajuen. Nos lo corroboran dos episodios de mediados del siglo XV, que al mismo tiempo dejan patente su preeminencia entre sus congéneres del Valle:

 

—El primero, muy conocido, ocurrió en 1443. El señor de Aramayona, Gómez González de Butrón arremetió en Vizcaya contra sus enemigos de siempre, los gamboínos, «quemándoles los cadalsos y fortalezas de Zugasti, Lezama, Fica, Belendiz, Meñaca, San Martín de Arteaga, la Torre de Olariaga y otras muchas casas de la comarca de Meñaca...» En represalia, Pedro de Abendaño, jefe del bando gamboíno y señor de Villarreal de Álava, entró en el Valle y quemó 26 caseríos (20, según Salazar), entre los que figuraba la casa torre de Mendiola. Joanes, su dueño, estaba ausente. Pero pudo llegar a tiempo para expulsarlos del Valle. Estos hechos inmortalizaron el nombre de Mendiola, al incluirlo en el conocido «Cantar de Aramaiona», al que dedicamos mayor atención en páginas posteriores.

 

—Menos conocido es el hecho, ocurrido dos años después, y protagonizado también por un Mendiola. Los parientes mayores Garai y Arexola, que se sentían un poco los adalides de las libertades locales, cansados de la opresión que el de Butrón ejercía sobre el Valle, le tomaron su torre de Barajuen y se la vendieron a su mortal enemigo, Pero de Abendaño, juntamente con todo el señorío de Aramaiona. Estíbaliz de Mendiola se personó rápidamente ante el de Butrón a ponerle al corriente de los hechos. Este le confió la recuperación de la torre, nombrándole alférez y caudillo de una tropa, con la que de inmediato se dirigió hacia Aramaiona. Pero no llegó a su destino: al paso por Mondragón quiso lucir su ascenso y humillar a algunos que osaban poner en duda sus aptitudes. No hubo mucha reyerta pero sí la suficiente para que le alcanzase una flecha envenenada, lanzada desde las murallas. Se retiró a Aretxabaleta para cuidarse, proyectando caer luego sobre Barajuen a través de Uncella. Pero murió de la herida. Su cadáver fue trasladado a Ibarra para ser sepultado en la sepultura familiar de Zalgo. Y dicen las crónicas que los aramaioneses le recibieron «con tamboril, albocas y panderos y cantando alegres «eresiyak» (coplas)», festejando la alegría que les provocó su muerte. A la vista del fracaso, Gómez González de Butrón vino en persona a recuperar su castillo. Lo cercó durante tres semanas, pero no consiguió tomarlo.

 

En los siglos posteriores, numerosos Mendiola aparecen en los puestos de más relevancia en el Valle: escribanos, alcaldes mayores, sacerdotes, alcaldes ordinarios... Hoy, de aquella casa torre medieval no queda rastro. El caserío actual es el que se construyó en 1768, en que un incendio destruyó el anterior. Recientemente ha sido comprado y remozado por la Diputación Foral de Álava, y cedido en usufructo a la Asociación «EGUNON, MENDIOLA.» para Rehabilitación de Jóvenes Inadaptados.

 

Caserío Amezua (Ametzu)

 

Caserío de dos viviendas (la segunda de las cuales ya existía en 1754), ubicado al Este de Mendiola. Pasa desapercibido en los primeros siglos de su existencia. Salta a las primeras páginas de nuestra historia allá por el s. XVII, cuando un hijo suyo, el capitán Domingo de Amezua, muere en el Perú y manda a su valle natal una fuerte cantidad de dinero: 20.000 pesos (unos 300.000 reales), distribuidos en forma que sirvieran para fundar una capellanía en Zalgo, para remozar el caserío Ametzu, para dotar a huérfanos que decidiesen contraer matrimonio o entrar en religión y careciesen de dote para ello, y para el Arca de Misericordia, cuya finalidad era también prestar ayuda al necesitado.

 

Caserío Berastegi

 

Caserío muy antiguo, que a lo largo de la historia ha pasado por muchas manos. Durante la guerra de los franceses estuvo convertido en cárcel. Fue reconstruido en 1751, tras un incendio que lo consumió por completo.

 

Caserío Zubialde

 

Es conocido por el puente que le dio nombre. Cuando las ferrerías y fraguas de Ibarra estaban en plena producción el camino más transitado era, sin duda, el que se dirige a Mondragón. Por él venía la vena de hierro, sacado en las minas de Udala; y por él salía la mayor parte del hierro ya manufacturado. Este camino pasaba por Salezan y Zubialde, para llegar a la plaza por Matxinkale. El puente de Zubialde era un punto estratégico para controlarlo, y servía de aduana en momentos de emergencia, como la peste del año 1598.

 

Caserío Salazan (Zalezan)

 

Aparece siempre aparejado con la ferrería y molino (o molinos) que se hallaban en sus inmediaciones. Como caserío no parece que haya que situarlo entre los más fuertes del Valle; pero por su relación con la ferrería, su nombre se halla, sin duda, entre los más nombrados. Lo veremos más detenidamente al estudiar nuestras ferrerías.

 

Caserío Goiko errota

 

Ubicado en la zona baja de Eguzki erripa, en sus orígenes fue molino, como nos lo indica su nombre. Pero del edificio original no queda nada. Lo que en nada extraña si tenemos en cuenta que no lo hallamos mencionado en las listas de molinos que asoman a la historia a partir del s. XVI. Ello nos hace sospechar que para entonces había desaparecido. Su origen lo podríamos datar en la Edad Media, cuando existían en Ibarra los molinos de Errotazarra y los de Mugerza. En contraposición a ellos, que estaban en la zona baja del pueblo, a éste se le denominó «Goiko errota», o «molino de arriba», nombre con el que ha llegado a nuestros días.

 

Este caserío es digno de mención, sobre todo, porque es el que mejor ha sabido cuidar su archivo familiar. Cuidadosamente inventariados posee más de cuatrocientos documentos, de los que algo más de un cuarto hacen referencia a la casa solar, su vida económica y social, desde finales del siglo XVI. El resto son referentes a los caseríos de Arbinegi, Arambea, y casa y familia de José A. Arejola. También hay numerosos que tratan de diversos temas concernientes al Valle, o a las guerras napoleónicas y carlistas. Y bastantes libros, la mayoría sobre temas religiosos. Alguno de ellos fechado a comienzos del s. XVI.

 

Su apellido original, «Goikoerrotea», fue relegado a 2° término a comienzos del s. XVIII, cuando su heredera Mariana contrajo matrimonio con Celedonio de Jauregi-Arraburu (ver Jauregi, en genealogías de esta web). Desde entonces perdura el apellido Jauregi, que se ha extendido también a otros caseríos del Valle. Sobre este Celedonio de Jáuregui y sus descendientes se trata en otro word.

 

Caserío Arbinegi

 

Caserío desaparecido poco antes de la guerra. Pertenecía a ese grupo de cabeza que, sin destacarse por nada especial, conformaba algo así como la «aristocracia» del valle, con la que se contaba a la hora de repartir los cargos o concertar matrimonios. Era la aristocracia marcada por la capacidad de dotes. Conservó su apellido hasta finales del s. XVII en que es suplantado por el de Ormaetxea, oriundo (probablemente) del caserío del mismo nombre en Echagüen, y que ha perdurado hasta hoy. Uno de sus hijos, Ignacio Ormaetxea, atesoró abundantes reales, sin que sepamos dónde ni cómo, y está enterrado en la Iglesia de San Miguel, de Vitoria. No se olvidó de su pueblo natal, y fundó en la parroquia de Ibarra una capellanía con un capital de 60.000 reales, para celebrar novenas a San José y Ntra. Sra. de los Dolores, conocida «La Piedad», que fue costeada gado suyo de 10.000 reales. Murió en 1808.  

 

Caserío Liquiñano

 

Hermoso caserío ubicado cerca de la ermita de Santa Ana, a la vera del camino real de Ibarra a Olaeta y Ochandiano. La actual construcción es del s. XVII, pero su origen hay que datarlo en la Edad Media. Solar de numerosos sacerdotes, como Juan Abad de Liquiñano, que es el primero que estampa su firma en los Libros Parroquiales de Zalgo allá por el año 1566. En el año 1551 albergaba a dos viviendas, al igual que en 1617.

 

Caserío Zalgogarai

Importante caserío en la loma de Zalgo, que albergaba veneras de hierro entre sus propiedades. Era el único situado en las inmediaciones de la primitiva iglesia parroquial. El edificio actual, muy voluminoso y llamativo, es del año 1935.

 

Caserío Mugerza

Citado repetidas veces como Casa Torre, tenía junto a él la ferrería y molino de su nombre a los que nos referiremos con amplitud más adelante. En él vivió el escribano José de Murua, a finales del siglo XVII.

 

Caserío Portua (Kuku). Los Goikoetxea.

También conocida como la Casa de Morrón, y hoy con el nombre de «Kuku». Era un conjunto de vivienda y fraguas. Pasó por muchas manos antes de que en el año 1845 Ignacio Goikoetxea (padre de Vicente) se lo comprara a Felipe de Izaguirre, aramaionés residente en Granada. En ella nació Vicente Goikoetxea, el gran compositor de música sacra de quien más adelante hacemos una pequeña semblanza. Su padre, Ignacio Goikoetxea y Usaola, era natural de Ochandiano. Probó su hidalguía en el año 1841. Su casa solar era el caserío Goikoetxea de Zeanuri (Vizcaya), propiedad de sus padres, que residían en Ochandiano. En la segunda mitad del siglo XIX fue un personaje importante en la historia del Valle, en vanguardia siempre en todas sus actividades públicas, municipales o parroquiales. En fechas sucesivas ejerció los cargos de Procurador, teniente alcalde o alcalde. Los comienzos no le fueron nada fáciles: Su primera mujer, Agustina Isasi-Isasmendi, falleció a los cinco años de matrimonio dejándole viudo y con cuatro hijos. Fue acusado de haber preñado a sus criadas Josefa Errasti (del caserío Zuazua) y Edwigis de Fuentes (de Ochandiano), a las que dotó con 1.650 y 2.000 reales, respectivamente. Luego terminó por casarse con la primera, que fue la madre de Vicente y tres hermanos más. Fue comerciante de herrajes y hostelero.

 

Fuente: “Ayer y hoy del Valle de Aramaiona”, de Jesús María Elejalde Plazaola.

De ésta y de otras obras del autor, hemos extractado el texto que sigue.

 

Otro día seguiremos… Antonio Castejón <maruri2004@euskalnet.net>

 

 

 

 

 

 

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