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Crónicas brasileñas.

Autor: Agostinho Castejón.

 

Sobre Agustín se trata en Genealogías Hispanas de esta web, en el apellido Castejón, en su apartado V.4.6.

 

Traducción del portugués: Antonio Castejón.

I.- Detalles.        

II.- Sujou! El Morro sujou!            

III.- Sistemas de comunicación.

IV.- Ellos.                                                          

V.- Folia de Reyes.

VI.- Biroscas.

VII.- Cachorros.

VIII.- Sin documentos.

VIII.- Visita.

IX.- Velas y lámparas de queroseno.

X.- Huelga de choferes de autobús.

XI.- Gatos sobre el tejado de cinc.               

XII.- Imperio.

XIII.- Vale lo escrito.

XIV.- En las sombras de la noche.

XV.- Puerta abiertas.

 

Parte 2ª. Detalles.

I - DETALLES.

Estaba yo de nuevo intentando reparar el portón de mi chabola. Los muchachos de la vecindad parece que habían tomado mi barraca como punto ideal para el lanzamiento de chinas y para recostarse sobre ella en tertulia de cuadrilla... y con ello ya lo quebraron en tres ocasiones. Mi capacidad como carpintero y ebanista no es ciertamente de primera categoría. Estaba yo absorto, cogiendo tablas, clavos y martillo...

Entonces pasó él: 37 años de favela y unos 65 ó 70 de edad.

Saluda, observa en silencio y se va.

Al poco rato, vuelve con sierra, martillo, lata de clavos usados y una charnela. “¿Da licencia?” No era una pregunta, no. Era una orden... Desmontó el portón. Deshizo todos los remiendos que yo había colocado en reparaciones anteriores e hizo todo de nuevo. “Está. Y cuando el señor me necesite de nuevo, me avisará

Trabajó una hora y media o dos y no aceptó agradecimientos: “Estamos aquí para eso mismo, para ayudarnos unos a otros. Cuando sea preciso, yo sé que  también el señor me ayudará”.

La parábola del Samaritano en versión de clavos, tablas y martillos no daría otra cosa. El Señor Zé es uno de los moradores más antiguos de la favela. Trabajó en la construcción durante muchos años e hizo de todo en la profesión, hasta llegar a Maestro de Obras de primera categoría. Ahora está retirado. Montó una tiendecita en la bodega de su barraca, con garrafas de pinga y algunas chucherías, y está aquí en el morro el día entero. Es católico practicante, pero no suele salir de casa para ir a la Iglesia; es de una escuela teológica cuyo contenido no recibiría el “imprimatur” de las censuras eclesiásticas... Pero, a fin de cuentas, el Samaritano tampoco habría sido aprobado en exámenes de teología.

“¡Entao vá a faca a mesma coisa!”

 

Parte 1ª    DETALLES.

II-   “¡SUJOU, O MORRO SUJOU!”

 

Estaba yo tranquilamente arreglando el tejado (una parte de hojalata de amianto, otra de teja de cinc y otras dos de teja de amianto), intentando resolver un problema de gotera. Entonces llegó un chiquillo de unos siete años, hijo de unos vecinos del morro. “Padre, mi mama me envía para decir al señor que debe tener cuidado, que “los hombres” están en el morro”. Él tartamudeaba.

Y cuando “los hombres” aparecen allá abajo, la voz corre moro arriba con la misma rapidez con que el agua correo morro abajo: “¡Sujou”, el morro “sujou!”.

Es una forma de defensa. La policía entra en el morro siempre armada; ametralladora lista para disparar y  revólver en mano. Y se nota que éllos vienen con miedo. Y transmiten ese miedo a todos.

Aquel día se trataba de una “blitz”. Pronto aparece un helicóptero en el cielo, volando bajo y con dos “hombres” con ametralladora apuntando hacia el morro.

Después comienzan a aparecer los policías por todos lados, con revólver, fusil o ametralladora, entrando y revisando las barracas, exigiendo documentos, invadiendo domicilios.

“¿Será  que la barraca, la chabola no es domicilio?”.

Están al servicio del bien común. Y me pregunto, ¿del bien común de quién? Ellos no hacen eso en Leblon, Ipanema, Copacabana...

Van llegando y van entrando, empujando, derribando la puerta, revolviéndolo todo, incluso llevándose objetos y sobre todo dinero si está a la vista. De esto yo tengo oído demasiado.

Y no sólo he oído. Ellos ya derribaron la puerta de mi chabola para entrar cuando yo no estaba. Y así es: si la persona está dentro, se la llevan porque es un gandul, haragán. Si no está, derriban la puerta, remueven todo... En mi caso fue el teniente Lira quién destrozó la puerta. Y así lo hizo pese a que las vecinas le dijeran que “o moco que mora aí é o Padre”. Cuando él entró, éllas vinieron detrás para ver si se llevaba cualquier cosa. Comenzó a revisar, revolver, y ellas nada dijeron ya. Y el mismo teniente dijo después: “Sí, de hecho debe ser Padre, porque todo está lleno de biblias y crucifijos por aquí”...

Me llevó una tarde entera el reparar la puerta, que después estuvo tres días amarrada con un alambre hasta que acabé de reponer la cerradura.

En general el morro es tranquilo, nadie se mete con nadie; hasta los borrachos son pacíficos... Usted puede subir a cualquier hora del día o de la noche (si usted es vecino, de dentro) sin que nadie se meta con usted. Sólo hay peligro cuando los “hombres” andan por ahí, porque ellos andan con la mano en el gatillo y andan con miedo...

La policía no vive en el morro, pero es parte de él. Y no  es por seguridad. No es como un Servicio Público... Es la policía de los pobres, pero no es a favor de los pobres...

 

Parte 2ª.  DETALLES.

III -  Sistema de comunicación.

Dos silbidos largos, discretos, dados desde puntos estratégicos de observación y repetidos segundos después desde otros lugares, aquí en el morro. Es el telégrafo de urgencia. En primera llamada significa más o menos lo siguiente: ””Los hombres” están rondando por ahí, allá abajo en la plaza. Es un furgón y una patrulla. Parece que van a subir. Estén atentos.”

La repetición de los mismos silbidos poco después, confirma el recado y avisa que la policía ha entrado en el morro.

Cuando queda limpio el campo, el aviso es dado con dos o tres silbidos del mismo estilo. ”Los hombres” se marcharon. Todo bien. No se llevaron a ninguno”.

Y otras diversas tonalidades del silbido indican si se llevaron a alguno, o si quitaron su documentación a algún trabajador... o de cualquier otra circunstancia de la situación.

También se hacen señales con los brazos en alto y, si se da el caso, con luces (linternas, velas...) cuando acontece de noche.

Este es el sistema de comunicación de urgencia, que se dirige a determinados grupos del morro. Tenemos también como medio de aviso a los chavales que suben y bajan por el morro corriendo y llevando detalles más minuciosos sobre lo que está sucediendo.

Tenemos también el sistema natural de comunicación de comadre a comadre, de vecino a vecino, de boca a boda. Es sorprendentemente rápido, si bien está sujeto a alteraciones substanciales en el contenido de la comunicación, mudando en ocasiones totalmente el sentido del mensaje.

Tenemos también el sistema telefónico colectivo: un alta-voz que da recados individuales: “Doña Fulana debe bajar, que aquí tiene un primo suyo venido del interior esperando al señora”. “Señor fulano, aquí tiene un recado para el señor”... En el altavoz también se dan recados colectivos: una reunión para tratar de las elecciones; un anuncio de concierto preparado por compositores del morro, al que se invita a todos; en la lonja de abajo hay personal de Sanidad para hacer exámenes médicos a todas las mujeres embarazadas que quisieran bajar. Etcétera.

Ultimamente el sistema de alta-voz ha sido reforzado para atender a todo el morro, o a casi todo. En mi barraca, por ejemplo, no se escucha en directo. Gracias a Dios. Se escucha a lo lejos, y no se puede entender bien. En los últimos meses comienza a las siete horas de la mañana, y es utilizado como elemento de presión para cobrar a los atrasados en el pago de la luz; para autopromoción del encargado de la administración; para reprobar a cualquier grupo que se reúna sin contar con la aprobación del administrador, o contra cualquier “cretino, crápula, cobarde, imbécil o subversivo” (sic) que tenga la osadía de cuestionar el sistema de poder de la favela. Pasó el altavoz a ser utilizado como sistema “educativo” o tal vez de presión, o represión; instrumento de dominación e intimación y desmovilización de cualquier tentativa de organización al margen del poder vigente.

En el fondo, dejó de ser un instrumento de dar recados y avisos para la comunidad, pasando a la categoría de vehículo ideológico para sustentación del poder.

 

Parte 2ª.    DETALLES.

IV.           “ELLOS”

 

Todo el mundo sabe que “ellos” existen. Su presencia en el morro es permanente, al igual que ocurre fuera. Son “ellos”, “los hombres de la escalera”, “el personal do fumo”...

Cuando se habla del asunto se evitan nombres, se habla bajo. Nadie sabe nada, nadie conoce a nadie en particular.

Y mucho menos cuando la policía anda cerca.

Hay una especie de pacto de silencio, de no mover las cosas, porque el asunto es peligroso. Es como si no existiese. No tenemos de eso en el morro...

Y no obstante, su presencia es mucho más que una presencia física.

Están haciendo su negocio con personas de allá abajo, de fuera del morro; con los “hijos de papá”, que aparecen aquí llenos de gana de comprar marihuana, cocaína o cosas más fuertes. Dejan su dinero y descienden corriendo la escalera, cuidando de no dar con la policía.

Son una presencia significativa en el morro, y no precisamente en el sentido que el personal de afuera piensa: “bandidos”, “traficantes”. Existe toda una literatura e imagen construida al respecto que no tiene nada que ver con tales términos.

La policía da redadas por temporadas, a veces con mayor violencia, a veces apenas como quien está pasando por las inmediaciones del morro.

Es una realidad compleja.

Tenemos conciencia de que están fuera de la ley... la policía no deja que se olvide eso, y la mayor parte de “ellos” ya entró en la trena más de una vez. Pero “ellos” no se consideran más fuera de la ley de lo que está el dueño de un bar que vende alcohol o cerveza.

Para “ellos” el negocio es errado, malo, tan sólo porque es peligroso, perseguido.

Y en muchos aspectos esa presencia tiene sus atenuantes.

Después lo cuento.

Parte 2ª.       DETALLES.

V-       FOLIA DE REYES.

Cantaron la noche entera aquí, en lo alto del  morro. Habían comenzado ayer de tarde en la Rua Matriz.

A las seis y media de la mañana pasaban por la escalera cercana a mi barraca. Salí. Venían serios, cansados, pero conscientes de que estaban ejerciendo una misión que sus padres ya venían cumpliendo “desde los tiempos de los reyes magos”, con el fin de anunciar a todos que Jesús nació en Belén, que nació pobre y que nació para los pobres.

Usan uniforme: zapato blanco, calza blanca, blusa azul y un Kepis tipo militar también azul y blanco adornado con cordones dorados. Detrás viene un payaso con máscara hecha de piel de carnero.

Cada uno de los participantes de la Folia se compromete a cumplir su misión durante siete años seguidos, sin faltar ni una vez.

Salen en la Noche-Buena, desde la media noche hasta las seis de la tarde del mismo día 25. Después continúan saliendo todas las noches de sábado a domingo (de media noche hasta las tres de la tarde del día siguiente) hasta el 20 de enero. Van de uniforme sólo hasta el día 6 de enero, en la Folia de Reyes. Del 6 al 20 de enero la Folia pasa a ser Bandeira de San Sebastián, conmemorando éste Santo. . El proceso es el mismo, y apenas cambia algo el ritmo de música y el contenido del mensaje.

Cumplidos los siete años, el foliao cede el lugar para otro, o bien, si quiere, puede continuar. “Es una misión que la gente cumple”. Van tocando los instrumentos de percusión, saxofones, violines... Paran en determinadas casas y cantan siempre las mismas antiquísimas melodías, anunciando el nacimiento del Niño, la visita de los Reyes o las glorias de San Sebastián.

Después beben y comen durante algún tiempo. El payaso enmascarado entra en acción, saltando, gesticulando, amenazando en broma y recolectando dinero en su bolsa...

Después continúan, doce, dieciséis, dieciocho horas seguidas. ¡Es su misión!

Las letras de las canciones no están escritas en lugar alguno. Están grabadas en la memoria del Maestro de Folia, que por cierto es analfabeto y lo confiesa con simpleza y hasta con orgullo.

Él conserva en la memoria la idea y algunos versos básicos, y después los completa, construye nuevos versos y cambia algunas estrofas.

Alaba a los santos que están en los cuadros de la casa; pide su bendición, su protección.

Y una de las glorias, satisfacciones, del Maestro de Folia es conseguir alabar a cuatro o cinco santos en un mismo verso.

Es curiosa y profundamente religiosa esta tradición, básicamente de hombres, que permanece entre el pueblo humilde mantenida por hombres que raras veces frecuentan la Iglesia, pero que se consideran sinceramente católicos.

Es toda una liturgia vivida y practicada.

Seguramente Dios entiende mejor que nosotros esta liturgia.

Ayer de tarde, cuando estaba intentando reparar el portón de mi chabola, pasó un grupo de unos treinta mozuelos, con la misma seriedad de la Folia, batiendo con pedazos de palo en latas de todos los tamaños, y llevando detrás un payaso, también chavalillo, con máscara de papel.

Venían de vuelta después de recorrer todo el morro.

También estaban comenzando a “cumplir la misión” de anunciar el nacimiento de Jesús, pobre en medio de los pobres...

En el estandarte de la Folia está escrito: “F. R. Penitentes do Morro de Santa Marta”, y llevan un dibujo de los Reyes Magos llegando para adorar al Niño del Pesebre. Es interesante la mezcla que se da en la Folia de penitencia, oración y broma de los payasos, seriedad mística y vino, cerveza y “pinga”. Y sobretodo fraternidad.

A las 11 y media de la mañana desciendo hasta el medio del morro para visitar a Zé y participar en la Folia. Algunos estaban realmente agotados, pero continuaban firmes. Dicen que en algunos lugares la folia dura tres días y tres noches seguidas. Es parte de la penitencia. Yo pensaba que las letras eran antiguas. La música lo es. La letra es compuesta por el jefe de grupo en el momento, improvisando; en cada casa una letra diferente; la parte principal cuenta la historia de Jesús, María y José; de los Reyes Magos, de Herodes... Pero después agregan versos especiales para la familia que en cada momento los recibe.

El ritmo cambia cuando entra el payaso . Es más agitado. Ronaldo baila maravillosamente. Para y recita unos versos, y después danza de nuevo. En los versos habla del dueño de la casa, habla de las elecciones; que el pueblo ya no se deja engañar con promesas; que votó en MDB, pero que ahora va a exigir de los candidatos el cumplimiento de las promesas hechas en la campaña; dice que las mozas gustan mucho de él y que la causa de ello es que su madre (que forma parte de la Folia y va uniformada) le untó con azúcar cuando nació.

Habla de Jasao, que fue muerto bárbaramente por la policía un mes atrás en un tiroteo; entre verso y verso pide dinero; dice que de la cocina llega un olor muy bueno de pastel, borona y café.

Tomé un vino con ellos. Después pusieron un Kepis en mi cabeza, colgaron un adorno en mi hombro y salí cantando con la folia...

Hoy supe que todos aquellos mozalbetes que salieron ayer con latas y pedazos de pan, con toda aquella seriedad de Folia infantil, son de los más formales del morro.

Sólo un detalle más: Noté que la mayor parte de los foliaos cerraba los ojos en profunda concentración cuando cantaban los versos de contenido religioso anunciando que nació el Niño, que vino para salvarnos, que nació pobre y que los ricos no quisieron saber nada de Él.

 

Parte 2ª -  Detalles.

VI - BIROSCAS.

 

La birosca es punto de referencia en el morro. “Cerca de la birosca de Doña María”. “Al lado de la birosca del señor Chico”. “Debajo de la birosca de Duda”. “Vaya por ahí hasta la birosca del señor Juan, allí gire a la derecha hasta una birosca pintada de verde, y desde allí suba toda la escalera”.

No sé cuantas son, pero debe haber cien o más. Basta con un mostrador, una repisa con garrafas de pinga y algunas chucherías, y ya está lista la birosca. Naturalmente tenemos biroscas más sofisticadas: la del señor China es un supermercado en pequeña escala. Tiene de todo. Y de éstas también hay muchas.

En el morro tenemos los carretones. Son hombres y rapaces que suben encargos desde allá abajo, desde la ciudad,  y cobran la carretada. Como el carretón y los birosqueiros compran en pequeñas cantidades en las tiendas de la ciudad, los precios aquí arriba son más bien altos, y en algunos casos el doble o más. El personal compra en la birosca sólo cuando lo precisa, cuando él olvidó traer alguna cosa de allá abajo: cien gramos de café, algunos metros de hilo, un litro de queroseno, y así...

Naturalmente, lo que más se vende en las biroscas es cerveza, pinga y refrescos.

En general los birosqueiros son gente amiga, de buena conversación y de una paciencia infinita con los bebidos (que en general son gente de paz). Ellos explotan al personal... “pero ¿quiénes no explotan?”...

Tenemos biroscas que son auténticas maravillas, con su ventanita y su hombre o mujer que están allá dentro el día entero, catorce o más horas. Todo el mundo conoce al birosqueiro y él cumplimenta a todo el mundo... Son clientes.

Realmente yo creo que la bebida, la pinga, hace mal a la salud, más aún que los mazazos y obstáculos de la vida... Tenemos mucha gente que no es bebedora en exceso; yo diría que la mayor parte no lo es. Pero el hombre o la mujer que entra y bebe más de la cuenta, va perdiendo la salud y todo lo demás...

Pero a veces es la única manera de huir un poco de esa vida de perro que muchos llevan. Dicen que el rico cuando bebe alterna, se pone a tono; el pobre cuando bebe es un borracho...

Cada vez está quedando más claro para mí que vivimos en un mundo donde la explotación del hombre por el hombre está incrustada, forma parte, y va en cadena de la multinacional hasta la birosca del morro. Y  es el lucro la clave de todo eso.

El birosqueiro que tiene un poco más de creatividad, descubre una forma de atraer feligreses: tenemos birosca que coloca una mesa de billar al lado y organiza de vez en cuando campeonatos; otra tiene un futbolín de mesa; en otras se juega a la baraja o a la porra, juegos éstos en que el birosqueiro participa con los feligreses durante horas.

Algunos venden fiado. Son pocos. Tengo observados casos curiosos. El señor Antonio vende fiado y no anota cosa alguna. No puede, porque es analfabeto. Guarda todo en la cabeza y en el día de pago sabe lo que cada parroquiano debe: dos pingas del lunes, un limón del martes, media docena de tomates del miércoles y una garrafa de guaraná ayer... ¡Y tanto es! Pero normalmente vender fiado no es posible, no es negocio. Se precisaría un capital de giro de cinco o diez mil cruceiros, capital del que la mayoría de los birosqueiros no dispone.

De cualquier manera, la birosca es una forma de organización comercial, el último en la escala de distribución de mercancía.

Y además desempeña una función social, de punto de encuentro de los hombres donde se comentan los resultados del fútbol, las durezas de la vida, los problemas del morro, la marcha de la escuela de samba, etcétera.

 

Parte 2ª.  Detalles.

VII – Cachorros.

En el morro el cachorro es gente. ¿Lo sabía usted? Bien, es una manera de hablar.

El hecho es que el cachorro forma parte de las familias.

Y sin querer meterme a psicólogo canino, creo que se puede decir que el cachorro va adquiriendo la psicología de la familia, de su familia. Familia tranquila, acogedora, cachorro sosegado; familia gritadora, peleona, cachorro irritado. Hay tema para una tesis de psicología.

Había allá en el pico un tal Teike del que voy a contar. Era el tipo de cachorro metido a bestia: peleaba con todo cachorro de la vecindad, y cuando estaba cerca de casa era mejor no llegar porque era de aquellos que no ladran, simplemente muerde. Un día quiso lanzarse sobre mí. Avanzó, pero llevó un golpe en el hocico que creo nunca olvidó.

No llegó a morderme porque me agarré a un poste de luz y le sacudí  puntapiés de derecha y de zurda, hasta que apareció la dueña llamándole. Después de eso y por medida de prudencia, cuando subía por aquella zona o daba una vuelta para no pasar por allí, o antes de llegar avisaba a un vecino que  conocía bien a Teike para que me acompañara, o llamaba desde lejos a la dueña para que atara la fiera.

Todo eso está pasado porque ya no tenemos a Teike. Cuando hubo un incendio en el morro Teike fue una de las víctimas. Entró en la barraca en llamas junto al dueño, que quería salvar algún objeto, y murió allí dentro entre los escombros.

Tenemos el cachorro ruidoso, que ladra como un condenado. Esos normalmente no son peligrosos. Ladran de miedo. Y con sólo amenazarles huyen, y suelen continuar ladrando de lejos, llamando así la atención de toda la cachorrada de la vecindad, y entonces usted va acompañado del coro de cachorros ladrando a todo pulmón y por todos lados... y si alguno es más atrevido, usted está perdido.

Entre ellos también hay clases sociales, tienen opresores y oprimidos.

Y cuando un extraño se aventura en un área desconocida, se lanza toda la cachorrada sobre él con una violencia impresionante.

En los caminos por donde ando normalmente parece que ya me conocen los cachorros, o quizás sea que ya voy yo impregnándome del olor de la favela (conste que tomo un baño todos los días). Para casos especiales, cuando subo de noche, descubrí que enfocando a los ojos del cachorro con la luz de la linterna de bolsillo, éste se asusta y sale corriendo, o al menos sigue ladrando desde más lejos... Pero ahora ya no utilizo la linterna. Ya no la preciso.

Creo que ni una décima parte de los cachorros de la favela fue vacunada. Si no se da más rabia por estos lugares será porque Santa Marta es fuerte. No hay duda, es un milagro más en su cuenta.

Y ahora hasta yo tengo cachorro. “Tarzán”. Es un cachorro escuálido y mal crecido, picado de viruelas como pedrigrí, que “me adoptó” como dueño sin preguntarme si yo quería. Le di las sobras de mi puchero dos o tres veces, y sin más ¡se quedó!

Continua visitando a su antiguo dueño, pero pasa la mayor parte del día y de la noche en mi barraca, vigilante... Bien... Es una manera de decir, porque es de esos que ladran de lejos, y a la menor amenaza de tirarle cualquier cosa sale corriendo con rabo entre piernas y cabeza gacha. Es de los que nacieron cuitados.

 

Parte 2ª            DETALLES.

VIII – SIN DOCUMENTOS.

“Declaro a los oportunos efectos que el señor Fulano de Tal, vecino del morro de Santa Marta, es hombre de paz, trabajador,  que ayuda en las biroscas de Fulano y Fulano, y presta servicios a otros miembros de la Comunidad”.

Ya escribí varias de estas declaraciones. El problema es que cuando vienen los “hombres” del ayuntamiento, o peor aún cuando vienen los de la policía civil, se llevan a todos aquellos que encuentran en el morro sin documentos o sin cartilla de trabajo suscrita. Ya llevaron hasta al señor Severino, que estaba en cama enfermo. Y al señor Zé, de la birosca de Cícero, que ya quedó cuatro días por allá, y sólo le soltaron cuando el señor Cícero fue con una carta mía declarando que el señor Zé es hombre de paz y trabajador. Para ellos el vecino del morro sin cartilla de trabajo firmada es sin un duda un mal elemento.

Y tenemos un buen número de vecinos que trabaja en la ciudad, ganando una miseria y sin recibir ningún documento: sin INPS y sin Seguro. Y eso sin hablar de las mujeres que trabajan “en casa de madame” y tampoco tienen cartilla de trabajo asignada.

Y el problema es que en esta sociedad de papeles y burocracias no se puede dar un paso sin tener documentos y números. Imagino lo complicado que eso debe ser para estas personas, principalmente para los que llegaron recientemente del interior y además son analfabetos.

Y hablando de papeles y documentos: Por aquí usted necesita guardar las facturas de compra de cualquier aparato que tenga en casa: radio, frigorífico, televisión; cualquier cosa. Porque cuando viene el “blitz” si usted no demuestra que compró tal o cual aparato, se arriesga a quedarse sin él.

Ya vi a la policía civil descender con un aparato de sonido que un rapaz había comprado algún tiempo atrás con un sacrificio enorme... “Quien vive en la favela, si tiene estas cosas es porque las robó”. Este es el razonamiento de “los hombres”. Por suerte, el dicho rapaz lo había comprado a un militar y recuperó luego el aparato.

 

PARTE 2ª.   DETALLES.

IX – VISITA.

Acaban de salir de mi barraca tres amigos: Zé Mineiro, Luis y Vicente, el “cuñado” de Zé (el entrecomillado es por la falta de papeles del casamiento). Zé y Luis son albañiles. Vicente vino de Paraiba hace pocos días para avisar a Zé que su mujer rompió una pierna por allá (había ido para visitar a la familia por la Navidad). Vicente volverá para Paraiba en la próxima semana.

Tomamos un café instantáneo (con Nescafé, porque es más rápido, y también porque el otro es más complicado de hacer y además no tenía yo colador en casa) y estuvimos un charlando. Cuando ya era hora de marcharse, comenzaron a decir “vamos ahora”... pero seguíamos otros veinte minutos de charla. De nuevo decía uno: “¿Bajamos ya?” Asentíamos, pero seguíamos otra media hora de tertulia. Nuevo “¿vamos ya?” e intervengo yo: “Pero es pronto; aún tenemos luz”

Y siguió la charla.

La conversación tocó todos los temas, pero el que llevó más comentarios fue el de la policía. Vicente había venido algún tiempo atrás a visitar a su hermana. Estaba sin documentación y  además no tenía cartilla de trabajo. Coincidió que hubo un “blitz” y, naturalmente, se llevaron a Vicente. Zé fue allá a la policía para hablar a favor de Vicente. Sucedió que la policía soltó a Vicente, pero se quedó con Zé allá no sé cuantas horas. Él había acabado de dejar un empleo y tenía la cartilla de trabajo sin firmar. ¡Vean si eso es posible!

Ese asunto de venir alguien del interior para visitar, aquí es muy frecuente. La persona viene para quedarse uno o dos meses. Echa una mano a alguien para pagarse el viaje y la estancia, o mejor dicho, para contribuir a las necesidades de la casa, porque lo que es pagar, no paga. Y ahí va quedando... “Tengo que volver para mi tierra”. Ya se va, pero se queda. Una o dos semanas más. Después, de nuevo “creo que voy a regresar”, pero “usted vino hace poco... quédese un poco más”. La vida es así. La gente del pueblo tiene tiempo para estar con las personas. Nosotros, los de la ciudad, siempre andamos con prisas. Yo imagino que el proceso de adaptación de estas personas cuando vienen a la ciudad es doloroso. Ese asunto de tener que correr de un lado para el otro el día entero no cabe en su mentalidad ,

Y la transición es repentina y violenta. Cuando se habla de estadísticas de emigración, de crecimiento urbano, industrialización en la periferia de las grandes ciudades, todos esos dramas de vida y desenraizamiento quedan normalmente de lado, engullidas por los números.

Y en esa transición, la propia fe de las personas, su cultura, religión, etcétera, entra en crisis; va quedando por allá.

 

PARTE 2ª.   DETALLES.

X- VELAS Y LAMPARAS DE QUEROSENO.

Acabo de comer. Estoy perfeccionando mi arte culinario. Cualquier día escribiré sobre recetas. Sólo una fórmula general que acostumbra ser buena: cójase lo que se tenga cerca; colóquese en el puchero o sartén con sal y lo que se tenga de condimento; cuando comience a oler bien, es señal de que ya está listo. Sírvase con agua y pan, si lo hay. Con buen olfato de cocinero, no falla.

Y ahora aprovecho para escribir algunas cosas mientras espero la llegada de un matrimonio, sus padres y padrinos, para preparar un bautizo. Todavía no vino la corriente eléctrica y estoy escribiendo bajo la luz de una lámpara de queroseno a un lado de la máquina, y dos velas al otro.

La luz... El domingo hablaba en Misa sobre la Luz de Dios, comentando una carta de San Pablo. En los últimos meses en la favela cortan la luz desde las seis de la tarde hasta las nueve de la noche. En las primeras ocasiones, es una curiosa experiencia... Nos sumergimos en la obscuridad; después, nos va llegando la luz que se refleja de allá abajo, de la calle, de Botafogo, iluminando un poco... Los gatos también ven de noche.

La lámpara suelta una humareda fuerte. Voy a tener que comprar un queroseno más decente en un puesto de gasolina. El queroseno que compré en la birosca debe ser de la peor calidad que existe.

Pero vuelvo a la luz. Hablaba en la Misa del domingo, allá en el Pico, sobre la luz. Dicen que la quitan en ese horario porque entonces se conectan todas las lámparas, frigoríficos, aparatos de televisión y otros, y la carga es excesiva para el transformador de la favela. De hecho, la instalación fue hecha para 350 barracas, y debe haber más de mil oficialmente con luz, aparte de los “gatos” o los que hacen “gato”, los que enganchan la luz de contrabando en la red común, y los que pasan la luz sin autorización a los vecinos, regalada o vendida.

Hay un intermediario para toda la favela. Él paga a la Central mensualmente, y cobra a los vecinos: hasta 1978, 90 cruceiros a los que sólo tienen tres o cuatro lámparas en la barraca, como yo; 125 Cr$ a quien tiene frigorífico, y más si tiene también tocadiscos y  televisión; y hasta 250 Cr$ a los birosqueiros, dependiendo de los aparatos que tengan. Hoy la tasa mínima pasó a 250 Cr$ por mes, y anuncian que va a subir más.

Un buen negocio, por lo que todo indica. También tenemos el agua, que se paga aparte.

Bien, hablar de luz eléctrica es una manera de decir, porque normalmente se trata de una luz amarillenta que apenas da para no tropezar con las sillas cuando usted se mueve por la barraca...

Hablar de Luz de Dios, de Luz de Fe en esta realidad adquiere una connotación bien diferente. Es impresionante la cantidad de veces que en el Evangelio y en las cartas de los apóstoles se habla de Luz de Dios, de Luz de Fe, de Jesucristo que es Luz del Mundo, del cristiano que debe ser luz para los demás... Todo eso me parece que pierde fuerza para nosotros, los que nacemos y vivimos con las facilidades de la electricidad.

La propia comparación parece adquirir otro sentido.

Jesucristo hablaba para personas que usaban lamparitas de aceite o cera.

Creo que volveré a tocar este asunto de la luz, porque es uno de los problemas vitales de la favela, y actualmente, con ese corte de seis a nueve (más o menos, porque ya son las diez menos cuarto y aún no llegó), la situación empeora.

En el fondo, yo espero que sea una de las fuerzas que lleven a la unión; una de las necesidades sentidas en la carne que lleve a la creación de una Asociación de Vecinos realmente activa. También puede llevar a conflictos serios. Ya llevó.

Y como no vino la luz hasta ahora, yo creo que aquel matrimonio tampoco vendrá hoy. La reunión debe quedar para mañana. Una reunión después de las diez de la noche no es para personas que tienen que madrugar para el trabajo. Además, normalmente, después de las nueve y media o diez la favela es un remanso de paz... durante la semana. Sábado y domingo en la noche, el asunto es otro.

PARTE 2ª.   DETALLES.

XI. HUELGA DE CONDUCTORES DE AUTOBUS.

Desciendo como siempre, a las siete y media de la mañana, para coger el autobús abajo, en la plaza. Había bastante gente regresando. Ya abajo, el señor Zé me pregunta: “¿Cómo es, señor Padre, el señor va a trabajar a pie?”

“¿Cómo a pié? “No tenemos bus; sólo los de CTC, y pasan abarrotados”. Era una huelga de conductores de autobús. Quedé un rato allá abajo, en la plaza, comentando con la gente. Todo el mundo está de acuerdo con los conductores, apoyando la huelga. Creen que es justa. No es posible trabajar diez o doce horas para ganar sólo tres mil y pocos cruceiros;  trabajando además sumergido en el sofoco del tráfico y ruido del motor.

No es posible llegar al trabajo. Y algunos patronos ciertamente van a castigar al empleado que no hacerlo. Va a perder el salario del día y el descanso semanal.

Algunos fueron de todas maneras, a pie, hasta Botafogo, Ipanema y Copacabana.

Una huelga (o “paralización”, como la llaman oficialmente para evitar la palabra peligrosa y maldita...) de estas proporciones atañe a toda la ciudad, inmoviliza o paraliza a millones de personas. Y tal vez “conciencia” (palabra maldita) a millones de personas de la clase trabajadora sobre el hecho de que también ellos pueden hacer valer sus intereses y derechos a través de medios legítimos de presión.

Hasta hoy sólo los dueños de empresa, los ejecutivos y los capitalistas tenían canales de acceso al poder.

Otra vez un problema de óptica: Llegando al PUC me encontré con un Padre ya anciano. Decía él que la huelga dejó de ser un medio legítimo de reivindicación, porque promueve la violencia, porque es explotada por los comunistas, porque perjudica a la nación... (Los salarios bajos no perjudican a la nación, no representan violencia, no son explotados por los comunistas... Son explotados por los capitalistas... Y como estos no son ateos y son asiduos a las Iglesias...Todo bien...).

Después de tantos años sin huelgas o paralizaciones parece que alguna cosa nueva está aconteciendo. Pero tenemos gente que ya está hablando de que ahora va a volver a ser como en el 64, con todas aquellas huelgas... Y dicen eso como quien lamenta un paso atrás: “Después de tantos años de tranquilidad y paz, se vuelve a la revuelta y a la violencia"”.. Como si todos estos años hubiesen sido años de paz, y sin violencia contra los trabajadores, contra los pobres, contra los que disienten...

No hay duda de que estamos nuevamente ante un problema que cambia totalmente de cara cuando se cambia de óptica social.

Volviendo hoy del PUC, charlé con varios hombres en la birosca sobre el ambiente general y los problemas creados por la huelga...

Comenté con ellos una frase oída hoy: tenemos gente que dice que “esa huelga debe ser prohibida ya, porque crea violencia y porque es aprovechada por los comunistas”.

Respondieron con varios casos concretos:

--“¿Y no es violencia cuando los dueños de empresas pagan salarios que no dan para sustentar las familias de los conductores, aunque ellos sigan llenando sus bolsos de dinero?”

--“¿Y no es violencia cuando exportan millones de litros de leche? ¿No es violencia contra los padres de familia que no pueden comprar un litro de leche para sus hijos? La semana pasada ocurrió eso; el personal del gobierno decía que no, pero después vino el aumento de precio. Y todo así. ¿Eso no es violencia?”

--“¿Reparó el señor cuando desaparece el arroz o la alubia o el aceite? Queda todo almacenado hasta subir el precio. Luego suben el precio y llenan de nuevo los anaqueles. Y todo así. ¿Eso no es violencia?”

--”¿Y no es violencia cuando ellos venden la carne y otros alimentos al extranjero, para poder pagar con ese dinero los coches de los ricos que andan por ahí en Mercedes, o para pagar sus viajes de recreo fuera del país?”

No hay duda de que los conceptos de violencia, de “interés” y de “paz social” son muy relativos. Depende del punto de vista. Depende de la óptica.

Hoy casi acabó la huelga. El gobierno atacó fuerte, amenazando con las cláusulas de una ley aprobada recientemente. El empresario puede despedir a los empleados por “justa causa”. Ya encontró “justa causa”. ¡Eso es justicia justa!

En esta época de “apertura relativa”, cuando ciertamente van a surgir exigencias de mayor justicia salarial, es necesario revisar actitudes y conceptos, connivencias y posicionamientos. ¿De qué lado estamos? Digo esto porque las “opciones preferenciales por los pobres” no pueden ser afirmaciones abstractas o platónicas. Precisan concretizarse en posicionamientos y actitudes.

Ocurre que durante quince años, los únicos que tuvieron acceso al poder de decidir en la sociedad, o medios de hacer oír su voz, y todavía lo tienen, son los patrones, los empresarios, los tecnócratas.

Y las propuestas de intereses de ellos siempre coinciden con la línea de política económica del gobierno: “Concentrar para desarrollar... hacer crecer el pastel para dividirlo luego”.

Se provocó entonces un “desenvolvimiento” de concentración de renta, de distanciamiento de clases; “los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres”; un desenvolvimiento a costa del empleado, del operario que no tiene ni dinero ni condiciones físicas de presentar cualquier reivindación. La represión, la manipulación de los sindicatos y el rigor de penas para cualquier tentativa de organización obrera o de oposición, mantuvieron estos años esa presión bajo control.

“Todo eso no es violencia, no señor... Es... salvaguardar el “orden” y la “paz social” de la familia brasileña”.

¿De qué lado estamos?.

 PARTE 2ª.   DETALLES.

XII – GATOS EN EL TEJADO DE CINC.

Cuitados gatos: No tienen mucha chance en el morro.

Los cachorros dominan los caminos y las escaleras. Ahí el gato no se arriesga, “que él no es animal” (viejo proverbio).

La favela es suya, de los cachorros, y de noche es territorio de las ratazas (hay cada una que parece un conejo).

Da la impresión de que las ratas son los únicos seres vivos superalimentados en la favela.

Y tenemos ahí el carnaval y los tambores...

Tenemos por aquí mucho coro de gatos marcando ritmo de samba...

Los gatos andan normalmente por los tejados. Hacen bien, cuitados.

De noche, en las primeras noches, yo llevaba unos sustos impresionantes: Como el tejado es de lata y cinc, cada salto de gato desde el tejado del vecino al mío, unido al ruido de preparación del carnaval, rompía violentamente el silencio de la noche. Decidí escribir sobre los gatos porque la ventana de la sala donde estoy escribiendo da al tejado del vecino, y ahora mismo –ya es de noche- un gato blanco que paseaba a la luz de la luna se  paró y quedó mirando para mí como para un bicho extraño... No sé si miró con curiosidad o con  miedo. El gato por aquí, por la favela, anda siempre amedrentado.

Un gato en el tejado de cinc del vecino, en noche de luna, a contra-luz, y con el Cristo del Corcovado iluminando al fondo... Daba para un poema.

Buena noche para todos los gatos del morro.

Nota: Por otra parte, hay excepciones: yo conozco dos gatos que tienen amigos entre los cachorros y son protegidos: el cachorro de “Zé 21” protege al gato de la familia, que circula a voluntad cerca de la casa. El cachorro lo protege como si fuese un hermano menor. Y anteanoche yo vi un gato pequeño del señor Dunga mamando de una perra flaca tranquilamente tendida en la escalera.

Hay siempre algunos oprimidos que consiguen beneficiarse de la amistad con los dueños del poder... Continúan siendo gatos... pero es como si fueran cachorros, al menos en algunas cosas y dentro de ciertos límites de espacio.

¿No acontece lo mismo en nuestra estructura social?.

PARTE 2ª - DETALLES.

XIII – IMPERIO.

El Carnaval está llegando de nuevo y los preparativos ya vienen de lejos. En estas últimas semanas, naturalmente, se van intensificando los preparativos y los ensayos, las reuniones de las comisiones, directores, etc. El carnaval es vivido intensamente por una buena parte de los vecinos del morro.

La escuela es relativamente nueva (comenzó hace tres años), pero ya consiguió llegar al segundo grupo B, y con excelentes calificaciones. Este año puede llegar hasta el segundo grupo A.

Primero tenemos los ensayos de la escuela, que ya comenzaron hace varios meses: todos los sábados el ensayo llega hasta las cuatro o cinco horas de la madrugada, y los domingos hasta las dos, más o menos. Durante los primeros meses en los ensayos cantan sambas de años anteriores del propio Imperio o de otras escuelas.

Los compositores están preparando sus sambas para 1980.

En el mes de diciembre se hace la selección de la samba que llevará la escuela al carnaval. El tema ya había sido escogido en reunión de la Directiva de la escuela.

Este año se presentaron diez concursantes para la samba. Y ahí comenzaron los “cortes”. En el primer fin de semana son eliminadas cinco sambas. En el segundo fin de semana son eliminadas otras tres. Y en el último “corte” se selecciona la samba de la escuela. A partir de ese momento, las otras sambas ya no son tocadas más.

En cada uno de esos cortes el proceso es el siguiente: Primero canta el intérprete solo, después el intérprete acompañado sólo por una pandereta y trompeta; después canta de nuevo acompañado por la batería (tocando bajo) y por la gente; y finalmente canta todo el mundo, con la batería a toda fuerza y todos saltando y evolucionando.

Para los últimos cortes, que son más difíciles y más comprometedores porque ya se formaron hinchadas a favor de una u otra samba, son convocados jurados de otras escuelas, de la Federación de Escuelas de Samba, periodistas de renombre, etc. La responsabilidad es grande.

En la noche del último corte yo quedé en la escuela hasta el fin: cinco de la madrugada. Querían que yo formase parte del jurado (no saben lo que hacen).

Es impresionante la organización de este personal en torno a la Escuela de Samba. (Bien: escuela de samba o grupo de samba; es una cuestión que no está muy definida. Los mismo términos son usados casi como sinónimos).

Tienen Presidente, Vice-Presidente, Secretarios, Tesoreros, como cualquier organización que se precie. Y también tienen una serie de Directores de todo: Director de Material, Director de Patrimonio, Directores de Fila (uno o varios para cada ala), Directores de Batería (varios), Directores de Ritmo, de Arte, de Escuadra... y así.

Y cada uno asume su función con una seriedad impresionante.

Además de los ensayos de las noches del sábado al domingo durante varios meses, tenemos otras reuniones cada noche, realizadas en la plaza a partir de las diez, y las reuniones extraordinarias, y las reuniones por secciones.

Y luego aún se alega en algunos sectores que el pueblo no tiene capacidad para organizarse. Cuando tiene oportunidad e interés, está claro que tiene esa capacidad.

No todo el morro entra en la escuela. En general, los norteños, que constituyen una buena parte de la población del morro, no se interesan por la samba.

Asistí al desfile y quedé impresionado por las evoluciones, el ritmo y la coordinación.

Quedé impresionado porque conozco el lugar de ensayos de la escuela y asistí a varios de estos. El lugar de los ensayos es un rincón de la plaza de entrada, a la izquierda del morro; un espacio mínimo, cercado de basura por todos lados, con regueros de cloaca descendiendo al descubierto, y donde el personal se amontona para sambear en las noches de sábado a domingo.

Y lo mejor que tiene el Imperio es que no está viciado con deformaciones para impresionar al turista. Es la samba del morro mismo, con el personal del morro en la composición, organización, arreglo artístico y todo lo demás. Sin profesionalización y sin deturpación. La samba, las fantasías, el carro alegórico, todo es hecho aquí mismo y por las personas de aquí.

Decía bien aquel canto: “Que la gente no necesita que organicen nuestro carnaval”...

 

II – DETALLES.

XIV – VALE LO ESCRITO.

Es un papel. Es un papel coloreado donde está impreso lo siguiente: “Vale lo escrito”. Quien apuesta se lleva el original, y una copia hecha con papel carbón queda con el intermediario, que la lleva al banquero local. En el papel sólo se escriben los números y la cuantía apostada en cada uno.

Sin firmas, sellos ni empresas reconocidas. Y vale lo escrito. Si usted gana, puede estar tranquilo. Ese papel tiene más garantía que cualquier cheque del Banco de Brasil.

Existen diversos “bancos” , porque la ciudad está dividida en áreas que pertenecen a diversos banqueros. Aquí, en el morro, por ejemplo, hay banco con banquero, pero no es banco matriz. Es filial. La recaudación del día es llevada a diario a la central del área, retirando de antemano la parte correspondiente al responsable. Y cuando alguien acierta en el morro, el mismo portador regresa con la cuantía correspondiente al premio.

El juego se da hasta dos veces por día, en un esquema que yo aún no entendí. Me pierdo cada vez que comienzan a darme explicaciones. Tienen día en que juegan con la Lotería Federal, o con la Estatal; y otros días lo hacen con una lotería de sistema muy particular, que incluye todos los juegos de fortuna del país (no sé cómo). En estos casos la extracción es hecha en un lugar que sólo los interesados conocen y que cambia cada semana, para evitar problemas con la policía.

Lo curioso es que personas analfabetas saben hacer los cálculos con una precisión impresionante. Analfabeto soy yo, que todavía no entendí cuándo da “el águila en la cabeza”, o cuándo gana usted o deja de ganar si acierta la centena.

La policía lleva bastante tiempo sin incomodar al personal del juego. Creo que existen para ello dos razones de peso. Primero, porque no pueden. Nada adelantan. En tiempo de clandestinidad y de persecución, el juego corría de la misma manera. Y la segunda razón, que es más fuerte aún, es que el dinero corre bajo mano. La policía no recibe su parte del pequeño banquero filial, sino de los grandes banqueros de las casas matriz...

Tal vez por haber vivido tanto tiempo en la clandestinidad, se fue creando un sistema de funcionamiento basado en la palabra y en los números escritos en el papel. Dudo que haya gente más honesta que este personal en asuntos de juego. Es una honestidad trabajada en la definición de territorios de cada banquero durante muchos años de persecución directa de la policía y del poder. Una honestidad trabajada a la fuerza.

El gobierno está interesado en desbancar a estos banqueros. Surgió así la Lotería Deportiva, y después la Zooteca, y ahora anda por ahí el proyecto de iniciar otra: la “loto”. Son diversas formas de juegos de suerte, patrocinados por la Caja Económica Federal en una tentativa de entrar en el negocio del juego. La maquinaria del juego es grande, los contactos con la policía son antiguos, y la tradición está muy arraigada para que pueda ser substituida por una lotería oficial cualquiera.

“¿El señor quiere tentar la suerte? La tenté. Jugué diez cruceiros al Aguila. Pero ese día salió “mono”. De todas formas, yo nunca fui bueno en ese negocio de las loterías.

 

2ª PARTE: DETALLES.

XV . EN LAS SOMBRAS DE LA NOCHE.

Subir al morro de noche, en las primeras ocasiones, es una señora experiencia: en la obscuridad, pisando en las vallas y en la basura muchas veces amontonada en la escalera y entre las piedras; interrumpiendo los paseos nocturnos de las ratas, asustando a los cachorros que te reconocen como extraño y ladran y amenazan de lejos con avanzar entre las sombras... (de noche en la obscuridad también hay sombras... pero sobre todo hay una sensación interior de inseguridad, de lo desconocido, de los miedos de la favela y de los mitos de marginalidad creados entre nosotros, los de la clase media o alta, respecto a este mundo extraño).,

Yo creo que todo eso es lo que los cachorros captan en el aire y contra lo que ellos ladran.

En las primeras veces, cuando subía a las diez, once o doce de la noche, tenía que hacer una especie de gimnasia interior para convencerme de que si diez o quince mil personas viven aquí normalmente y tienen que subir también a cualquier hora, porque sólo aquí tienen una casa para vivir, también podría hacerlo yo, y sin problemas. Yo creo que el mito creado en torno a las favelas, de marginalidad, de peligros, etcétera, forma parte de la base de sustentación del sistema, o tal vez de los propósitos de la ideología reinante... (el pobre vive cometiendo crímenes, y así...). Interesa a la ideología reinante mantener ese tipo de imagen.

Todo bien. Pasados los primeros tiempos y subiendo en los mismos horarios y en las mismas condiciones, fui descubriendo que lo obscuro no es tan obscuro. Cuando no hay luz eléctrica, siempre tenemos un farol o una lámpara de queroseno en las barracas, o la luz de la luna, o el reflejo de la luz de Botafogo desde allá abajo. Descubrí que la subida no es tan escarpada. Y que esos tales fantasmas y mitos respecto a los peligros de la favela no existen. Descubrí que la favela en la noche es un lugar tranquilo y sosegado donde el personal recupera fuerzas para el trabajo del día siguiente.

Hoy yo me siento más seguro y tranquilo subiendo a la favela a media noche que andando por Botafogo a las ocho de la tarde.

Una vez en la escalera, la gente se siente en casa. Como si fuese una casa grande llena de amigos y conocidos, donde usted vive en el apartamento nº 965, que es el número de mi barraca.

 

2ª PARTE – DETALLES.

XVI – PUERTA Y VENTANAS ABIERTAS.

El tamaño de las barracas varía; uno, dos o tres cuartos; una bodega. Algunos tienen dos pisos. Tenemos gente que habla de mi “caja”. “Mañana la reunión es en mi “caja”, decía la señora Taninha.

Y era eso, una caja.

“El pobre no vive; el pobre se esconde”. “Teniendo un lugar que es de uno y que sirve para acostarse bajo techado en la noche, todo está bien”. De hecho, tengo una barraca o bodega donde yo, que no soy ningún gigante, tengo que entrar agachado. Hay barracas allá en lo alto, equilibradas sobre piedra en milagro de ingeniería que daría envidia a cualquier Niemayer de Arquitectura Nacional.

El hecho es que una de las características de la favela es la vida de puertas abiertas, abiertas de par en par. Es la exigencia de las circunstancias: en muchos casos es la única manera de conseguir un poco de ventilación, literalmente.

Y eso cambia la misma concepción de vida en sociedad. Allá abajo, en la ciudad, se cierran las puertas el día entero; tienen un portero que mantiene el portal cerrado y vigilado (y por contraste, aquí viven muchos de esos porteros y vigías de edificios); las personas suben en ascensor, cada una para su apartamento, y apenas se conocen aunque vivan en el mismo edificio durante muchos años.

La ciudad grande hace que las personas se aíslen, atrancado cada uno en su piso. Da la impresión de que cuanto más alto es el nivel de vida de las personas, tanta mayor es la tendencia al aislamiento y a la exclusividad. Llega en el coche, abre la puerta automática del garaje desde el propio asiento del coche, entra y la puerta se cierra también automáticamente. Parece que la riqueza lleva al aislamiento... ¿Será una expresión de egoísmo, o será de miedo?

Aquí, hasta llegar a mi barraca, que queda un poco por encima de la mitad del morro, cumplimento normalmente como mínimo a cincuenta o sesenta personas. Y cuando subo con tiempo, suelo comenzar enseguida una conversación con uno u otro, conversación que a veces va para largo. En el morro el personal tiene tiempo para conversar, para hablar de la familia, del tiempo, del agua y de la luz, de la escuela de samba o de lo que pinte.

Esa disponibilidad de tiempo tal vez sea privilegio de la favela de la zona sur, donde el lugar de trabajo queda cerca. Las horas que otros trabajadores pierden amontonados en el autobús o tren, pueden ser dedicadas aquí a vivir, a encontrarse con las personas.

Cuando se habla de “calidad de vida”, este es uno de los factores que necesita ser tenido en cuenta. Un desfavelamiento, aunque sea para viviendas teóricamente mejores, puede representar, y de hecho representa, una reducción de “calidad de vida” por muchos factores; entre otros, porque acaba con el tiempo para vivir.

Como el morro es muy escarpado, y los barracas están inclinados en el aire –milagro de ingeniería popular- usted puede tener la certeza de que, cuando sube, es observado desde un montón de puntos estratégicos; desde un montón de ventanitas... Por eso la policía cuando sube, sube con miedo...

Lo curioso es que esa vida de puertas y ventanas abiertas y esa convivencia permanente que resulta del tipo de habitación, crea una forma de solidaridad, pero no crea automáticamente la necesidad de acción conjunta. Como decía Zézinho: “Nosotros, aquí en el morro, vivimos juntos pero no unidos”.

Hay aquí una especie de solidaridad mezclada con un fuerte individualismo y aislamiento. Las personas perciben que es necesario unirse, trabajar en conjunto para mejorar las cosas. Pero después, a la hora de la verdad, cada uno se dice: “Pero yo hago y nadie más hace... Yo limpio la valla, y otros echan basura... ¿Voy a hacer yo el papel de tonto?”

Y no es incapacidad para organizarse, porque cuando se trata de cosas que interesan mucho, ellos saber organizarse y asumir las cosas. Cuando hay alguna posibilidad de trabajo conjunto, con la certeza de que no hay explotación por medio, de que no hay aprovechadores, surge la acción comunitaria... Por lo menos existe el substrato de vida abierta.

Tal vez sea este uno de los motivos por los que el Evangelio es más fácilmente acogido por los pobres...

Construir Iglesia aquí, pasa por la construcción de una sociedad humana... y hay en esa vida de puertas y ventanas abiertas algo que ofrece una base fuerte de comunitario, de fraterno, de eclesial. El problema está en encontrar la manera de dinamizar esa dimensión.

 

 

 

 

 

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