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Crónicas brasileñas.

Autor: Agostinho Castejón.

 

Sobre Agustín se trata en Genealogías Hispanas de esta web, en el apellido CASTEJÓN, en su apartado V.4..6

 

Traducción del portugués: Antonio Castejón.

 

Parte 3ª -Teología de Birosca.      Índice.

I –        Teólogos y Teología de Birosca.                                    

II -        El celibato clerical.                                                                          

III –      Porque tú naciste, tú tienes que morir.                        

IV –     Milagros.                                                                                           

V –       Tenemos gente que sabe rezar.                                      

VI –     Justicia chiíta – Cortando manos.                 

VII –Radio, Música, Fútbol y Teología.

3ª Teología de Birosca.

I - TEOLOGOS Y TEOLOGIA DE BIROSCA

Después de una reunión sobre Pastoral Universitaria que se había demorado hasta las diez de la noche, subía yo al morro dispuesto a tomar un baño e ir directo a la cama.

Paré en la birosca de la favela para conocer  el horario de una reunión con la Directiva de la Asociación. Un minuto sólo...

Acabé llegando a casa a la una y media de la madrugada, después de más de dos horas y media largas de profundas discusiones teológicas con un grupo bastante grande de gente. Gratas, buenas y prolongadas conversaciones sobre teología, religión, fe... que vamos teniendo en la birosca cada vez con más naturalidad y con más frecuencia. Daría para escribir un tratado sobre TEOLOGIA DE LA BIROSCA, que no deja de ser teología, que tiene sus temas centrales y su sistemática característicos.

Tratando de reunir píldoras de Teología de Birosca, vamos a ver primero algunas características generales. Después pasaremos a temas concretos.

***Decididamente, la Teología de Birosca no es sistemática. Trata todos los temas. Va y viene. Sube y desciende con una agilidad considerable. Desde  el tema de encender velas en la Iglesia “por las almas” hasta la reencarnación, pasando por la Biblia, el celibato clerical (sin esas palabras, claro), el “gato negro”, la hoja que no cae del árbol sin  conocimiento de Dios, y así...

***La Teología de Birosca parte del principio de que todas las religiones son buenas si respetan a los otros y a las otras religiones. Parte del principio de que Dios es el mismo para todos, que Él es mucho más inteligente que nosotros y que  es bueno y comprensivo con todos aquellos que lo buscan, aunque sea por los caminos más diversos.

“¿Usted cree que Dios no nos entiende? Entiende siempre, pues Él es mucho más sabedor de las cosas que la gente. Desde allá arriba Él está viendo toda nuestra confusión aquí, y teniendo nosotros respeto por los otros, Él está contento”.

***La mayoría de los teólogos de birosca considera la religión como una actitud íntima, personal, de profundo respeto a Dios y a todas las cosas de la religión.

***Yo identificaría tres tipos de teólogos de birosca, dependiendo del grado de estado etílico en que el  teólogo presenta sus teorías teológicas:

--Los teólogos sobrios (en general el birosqueiro y  dos o tres compadres tertulianos que beben guaraná, o coca o apenas una cerveza). Estos respetan la palabra del que está hablando, aun  cuando le cueste desatar la lengua y repita diez veces la misma palabra cono disco rayado. Son teólogos discretos.

--Los teólogos colocados, que beben una y otra copa pero que aun así están dentro de los límites de lo razonable, y consiguen reunir ideas y construir frases completas. Son más inspirados y más atrevidos para plantear los problemas conspicuos, principalmente en caso de asuntos como el pecado, el celibato de los Padres... Son ellos los que abren el camino y presentan los problemas con mayor libertad.

--Los teólogos libertados participan como telón de fondo, como apoyo empático o tal vez como el coro en la tragedia griega, que repite, apoya, incentiva...  “Es eso mismo... “El Padre tiene razón”... “Está en lo cierto...” Eso cuando consiguen juntar todas esas palabras, que pueden parecer pocas, pero que en determinadas circunstancias etílicas constituyen todo un discurso.

El teólogo libertado es el teólogo de la complacencia, el teólogo de paz y concordia. Todo el mundo tiene razón. Todo el mundo está acertado. “Falou ta falado

La teología de Birosca parte de que todo el mundo respete el Libro Sagrado. Respeto que a veces llega hasta poseer un ejemplar en casa, aunque nunca se lea. (Obs.: Normalmente, “los hermanos creyentes” no participan en los seminarios de Teología de Birosca), Y hasta a citar frases de la Biblia, frases que quizás no están realmente incluidas en élla, pero que bien  podían haberlo estado... Por ejemplo: “Dios dice: Ayúdate y yo te ayudaré...” “Dios sabe todo. ¡Hasta cuando las hojas caen del árbol!” “Dios dice que viviréis con sangre, sudor y lágrimas”.

Porque dice  el Libro que “el hombre y la mujer nacieron para encontrarse y por eso no es bueno que el hombre ande tras el hombre...” “Un día Jesús iba con San Pedro andando por la calle y Pedro vio un trabajo de macumba y quedó asustado. Ahí Jesús dice: “¡Deja de ser burro, Pedro! ¡Usted viene conmigo que eso ahí es bobagem!. Y por eso es que yo no tengo miedo del trabajo hecho...” Y así...

**La teología de Birosca es ecléctica en cuanto a los métodos y a los contenidos. El criterio de verdad teológica es fluido. De hecho, partiendo del principio de que la religión es personal y que todas son buenas, y partiendo del principio de que Dios está por encima de nuestra inteligencia y es suficientemente bueno para comprender nuestra búsqueda, cabe todo en las discusiones de los “seminarios” de teología de birosca. Normalmente el teólogo de birosca comienza su disertación con una de estas frases: “Yo lo entiendo de este modo...”; “Puedo estar engañado, pero yo pienso que...” En la teología de birosca ninguno es dueño de la verdad.

Vamos a ver ahora algunos temas de la Teología de Birosca.

 

Parte 3ª - Teología de Birosca.

II- EL CELIBATO CLERICAL.

Bien, para inicio del tema, esas dos palabras, “celibato clerical”, no entran en el vocabulario de la Teología de Birosca, de manera que podemos olvidarnos de éllas. Son demasiado complicadas. El asunto es mucho más directo. Todo el mundo sabe que el Padre no está casado. Pero la cuestión no es ésa. La cuestión es saber si el Padre “aguanta o no aguanta”, si el Padre tiene amante o no.

Es un misterio del nivel del de la Santísima Trinidad. Pero es misterio relativo. La mayor parte de los teólogos de birosca parten del hecho de que ese asunto de no ir a la cama con mujer es conversación sin interés. Simplemente no se cree posible. Es axioma establecido, y punto final. Si él es hombre, entonces necesita de mujer, y no se casa porque no se quiere atar, amarrar. Pero eso nada tiene que ver. Una trepadinha de vez en cuando nadie la rechaza... (disculpen el vocabulario, pero la Teología de Birosca no se anda con circunloquios... sobre todo en estos temas; y especialmente cuando tienen la palabra los teólogos colocados. Y cuando la exposición corresponde a los teólogos libertados, no digamos... La presencia de mujeres, que no es frecuente, no acostumbra ser motivo de inhibición o de sofisticación del lenguaje).

En el seminario de ayer tocamos este tema, entre muchos otros, llevados por un teólogo de birosca que fluctuaba ente los “colocados” y los libertados” (aunque de hecho estaba más cerca de éstos). Tocó el tema en cuestión más o menos en estos términos:

“¿El señor me da licencia para entrar en asuntos del señor? Discúlpeme el señor; si ofende al señor no hablaré”. Naturalmente le di tal licencia y él fue derecho, de frente:

Nunca se oyó hablar de un Padre que morara en el morro. Entonces ¿por qué el señor vino a vivir aquí? Tenemos gente por ahí comentando que el señor vino al morro porque está “amando” o quizás porque está “armando”. (Yo entendí la alternativa en estos términos: o ya tiene amante o está preparando el nido para traerla). Como buen teólogo de birosca, y porque ya había oído ese comentario antes, dejé que él completase su exposición. Los teólogos sobrios quedaron quietos, entre asustados con la osadía de tratar ese asunto en presencia del Padre y curiosos por ver mi reacción  ante una exposición de “status questionis” tan directa y contundente. Aquello apenas era el enunciado de la tesis. Continuó:

“Yo ya oí decir a los creyentes que es mejor casarse que cometer adulterio! (sic). Que la Biblia dice eso”. (Muy lógico: no se casa, luego comete adulterio). Aquí entre nosotros: El señor es hombre y yo soy hombre. Entonces, ¿va a decirme que si surge una buena ocasión , el señor no la aprovechará? Si un día el señor llega a casa y  se encuentra en su cama una mujer guapa, desnuda del todo (y ahí viene la descripción de la dicha, con detalles minuciosos de geografía femenina)... ¿qué haría el señor?. Discúlpeme el señor si le ofendo, pero yo querría saber...” Calló y me dejó con la patata caliente en las manos. ¿Y ahora? ¿Cómo explicar el asunto en términos de Teología de Birosca y en el característico ambiente de nuestros seminarios?.

Intenté tratar con simpleza la cuestión, comentando el por qué de mi mudanza al morro. Más o menos como está dicho en capítulos anteriores de estos comentarios (“¿Por Qué El Morro?”). Que el Padre no está sólo para vivir con los ricos. “Que Jesús vino a anunciar la Buena Nueva a los pobres” Que si el padre no se casa es por quedar libre para dedicarse al pueblo por entero. Que yo encuentro que el sexo es una cosa buena que Dios dio al hombre. Que Dios podría haber hecho que el hombre naciese como el árbol: usted corta un galho, lo planta en la tierra, lo riega de vez en cuando y nace otro árbol. Ahora bien, el padre no deja de casarse para quedar mutilado, sino porque escoge una vida de dedicación a los otros... Y por ahí seguí.

Bien, gasté todo mi latín. Convencer, no se si lo conseguí. No sé si era posible, y ciertamente no es el objetivo de los seminarios de birosca ese “convencer” a los otros. Por otra parte, mirando bien esa palabra, contiene una dosis de “vencer” o “doblar, plegar, humillar” al otro.

Al menos queda ahí, en palabras, aquello que la gente intenta testimoniar en la vida...

El tema vuelve con cierta frecuencia, en la birosca o en otras circunstancias.

Ciertamente, el celibato asumido libremente por el Evangelio es una cuestión en debate permanente porque, a fin de cuentas, se trata de alguien que apuesta su  propia vida por aquello que está anunciando.

 

Parte 3ª - Teología de Birosca.

III.       Porque tú naciste, tú tendrás que morir.

“De la muerte yo no tengo miedo, no señor. Si llegase sólo al pobre, entonces yo intentaría por todos medios salir de la pobreza... Pero tal como es, no tenemos cómo comprar más vida; nadie puede huir de la muerte, no señor”.

Ella llega y no va preguntando cuánto dinero tienes, ni cuántas casas, ni cuántas tierras, ni cuántos coches. No pregunta si tú eres patrón o asalariado”.

“Llegó tu hora, y Ella va llegando y va llevando, y nada se adelanta con patalear. Y entonces pienso así: Si tú naces, tú vas a tener que morir: ocurre con todo lo que es vivo. Y por eso es que yo no tengo miedo de la muerte”.

“Y como yo digo al señor: Sólo quien no nace es quien no muere, y no tenemos cómo comprar más vida, y nada se adelanta con protestar...

Aquí, en la favela, la muerte no parece tan extraña, tan enemiga. Es una realidad que está  ahí y nada se adelanta con querer olvidarla, esconderla. Es algo objetivo que nadie pretende escamotear, tal como acontece en otras clases sociales. Yo siempre tuve la impresión de que en las clases media y alta se esconde la muerte como si no existiese, como si no fuese una realidad que viene ahí para todos nosotros. Cuando alguien muere en la familia, son llevados lo niños lejos; el cuerpo es arreglado y acicalado en forma que parezca como si estuviera dormido; la sala de velatorio es perfumada. Los cementerios tradicionales reproducen la división de clases sociales, como si los privilegios continuasen después de la muerte... Y los cementerios modernos pasan a ser jardín de descanso y paseo, hasta con música de fondo para amenizar la muerte. Y pasado el luto, y a veces aun antes del entierro, comienzan las peleas de hijos, yernos y nueras por la división de la herencia... y los muertos quedan apenas como un recuerdo vago que va apagándose al poco tiempo...

Por aquí, en el morro, tengo la impresión de que los muertos continúan mucho más presentes. Por otra parte, no se habla de “muertos” sino de “fallecidos”. “Cuando el fallecido señor Lima estaba vivo...” “Una vez el fallecido señor Silva...” “Mi fallecida madre decía...”... Y son tratados con el respeto de quien habla de alguien que puede estar escuchando la conversación... Por eso no se habla mal de los fallecidos, aunque hayan sido malhechores, sinvergüenzas, haraganes. Cuando uno muere, todo queda perdonado, olvidado. Él queda en manos de Dios y nada se gana con mantener el posible resentimiento u odio.... Además, tú no sabes qué es de él ahora... En cierta manera, los cientos de velas encendidas en Todos los Santos por todas las esquinas del morro simbolizan esa presencia de los fallecidos, respetuosamente tratados como “las almas”. Tal vez se pueda hablar del rito de  las velas como de una especie de “sacramento popular”, que reaviva el recuerdo y en cierta forma torna presentes a los muertos (perdón: los fallecidos).

Tengo visto numerosas veces a frecuentadores de la birosca tirando fuera, con todo respeto, una parte de pinga  o cerveza de cada vaso bebido. Pregunté varias veces el por qué de este aparente desperdicio. En algunos casos es “por el hombre” o “para que su recuerdo -el recuerdo de nuestras diferencias en vida- me deje en paz”, como quien da un pedazo de carne a un cachorro bravo para que deje de ladrar o para que no muerda. Pero en la mayoría de los casos es “para que el fallecido fulano comparta conmigo una botella”... Una forma de continuar los encuentros de taberna con el amigo o con el hermano fallecido.

Este criterio que sitúa la muerte como un hecho inherente a la propia vida que nosotros vivimos, está llevándome a percibir una dimensión de nuestro concepto de la muerte que yo no había captado antes con tanta claridad.

En el fondo, nuestra concepción de la muerte está íntimamente vinculada a la ideología global del sistema capitalista. Realmente, en una concepción de vida individualista, competitiva y

consumista, que tal es el meollo del sistema capitalista, la muerte tiene que ser entendida como un fracaso total. La enfermedad y la vejez tienen que ser entendidas como anticipación más o menos parcial de ese fracaso total; el individuo deja de ganar, deja de producir, deja de gozar la vida... y pasa a ser  y a sentirse una carga para los demás; a ser tenido como inútil, como peso muerto. Cualquier gasto hecho para ofrecerle condiciones razonables de vida pasa a ser entendido como “una inversión negativa”, a fondo perdido y sin retorno. Y la misma persona vieja o enferma pasa a sentirse inútil y marginada.

Y en este caso, queda la salvación eterna como única vía de escape, la única esperanza para el individuo, que intenta dar sentido al absurdo de una vida fracasada, al absurdo de la muerte.

Y por ahí, la propia visión de la salvación eterna pasa a ser contaminada por la misma ideología individualista, consumista y competitiva. Pasa a ser deformada al punto de ser entendida como continuación del mismo proceso de consumo en una esfera mayor: En el cielo usted continuará el mismo proceso de felicidad comprada (pague ahora y reciba después)... siempre en el nivel de felicidad individualista. No deja de ser una forma de consolación egoísta, apropiada a la ideología vigente.

Cuando se habla de “desideologizar” la fe y sus formas de expresión, en preservar la fe purificada de ideologías, se acostumbra aplicar esto a los peligros inherentes a una “contaminación” de la fe por ideologías socialistas, marxistas o comunistas. Me parece que la contaminación de la fe por la ideología individualista, consumista, capitalista, constituye un peligro mucho más serio para nosotros, porque está ahí, incrustada hasta el meollo de la propia concepción de la vida y de la muerte. Es así porque la ideología capitalista está en el aire que respiramos, y entra en nuestros pulmones, y está provocando una tuberculosis que penetra hasta en nuestra vida

 

Parte 3ª -  Teología de Birosca.

IV -  MILAGROS.

“¿El señor cree en los milagros?”

La pregunta se formuló en un seminario de birosca.

A una pregunta tan directa respondí más o menos así: “Bien, yo creo que Dios podría hacer milagros. A fin de cuentas, fue Él quien hizo las leyes de la naturaleza, y quien hace las cosas tiene el poder de mudarlas. Pero yo no creo que Dios ande por ahí haciendo milagros a todas horas. El mayor milagro que Él hizo fue crear un ser con inteligencia suficiente para resolver sus propios problemas...” Y por ahí seguí.

-“Pues yo creo Dios tiene ese poder, y que Él lo pasa a mucha gente. Pero no para usar de cualquier manera. Porque Jesús, cuando hacía milagros, ¿no exigía que la persona creyese en Él? Sí. ¡Pues entonces! Es la misma cosa. Si el señor no cree que el poder sobrenatural va a curar, ¿cómo le va a curar?  Primero tiene que creer”.

Cuando el demonio llevó a Jesús a lo alto de la montaña y le dijo: Si usted es todo eso que dice, entonces tírese ahí abajo, que nada le va a pasar. ¿Y Él se tiró? No señor, podía pero no lo hizo, por no mostrarse orgulloso. Quiere decir: Él hacía un milagro sólo para ayudar a otros, y no para lucirse, para que otros pensaran que Él era tal o cual”.

“Y tampoco cobraba por el milagro, pues esos poderes no son para ponerles precio, no señor. Y tenemos gente por ahí prometiendo milagros para quedarse con el dinero del pobre”.

“Fue así como aconteció conmigo. Yo llevaba mucho tiempo con un fuerte dolor de cabeza, que comenzaba aquí en el hombro, subía por detrás de la cabeza, hasta aquí, en el ojo de acá. Muchos días no me dejaba trabajar ni dormir. Ningún médico sabía decir lo que era y ni los aparatos ni las medicinas resolvían nada.

Entonces fui a visitar “al hombre”. Él me miró y dijo: Mira, yo no soy religioso ni ateo. Yo tengo fuerza para curarte. Pero usted tiene que creer. Ese dolor suyo ya está ahí dentro de usted hace mucho tiempo. Por eso no va a salir de una vez. Usted va a tener que volver aquí más de dos veces. Y colocó la mano aquí en mi ojo. Parecía que un fuerte calor entraba dentro de mi cabeza, y cuando él quitó la mano, el dolor había desaparecido.

Y ahora dicen que le llevaron a los EEUU para investigar si él tiene de verdad esos poderes. ¿Cómo es que pueden investigarlo? ¿Cree el señor que la máquina hecha por el hombre va a ser capaz de medir los poderes que Dios da?

¿Qué van  a hacer? ¿Colocar eso en una balanza para ver cuanto pesa, o medirlo para ver el tamaño? Es mucha la ignorancia de este personal¡”

--¿Pero  no ha vuelto su dolor de cabeza? Yo tengo visto al señor  lleno de dolor de casi no aguantar...

”Bien, eso es otro asunto. Aquella vez el dolor pasó por un mes. Pero como antes dije, él tenía dicho que yo debía volver más de dos veces y hasta hoy aún no he vuelto. Todavía volveré.”

Me parece que la búsqueda del milagro, principalmente de la cura de dolencias físicas, a través de fuerzas misteriosas forma parte de la estructura psico-social-religiosa de una buena parte del pueblo.

Es evidente que aquí hay una relación directa con la precariedad del sistema social en la atención médica para el pueblo. Sería simpleza reducirlo todo al atraso o ignorancia del pueblo. Ocurre igual que cuando se clasifica la religión meramente como mero opio para el pueblo. Tal postura me parece un gesto de absoluta ignorancia sociológica.

Creo que hasta el propio concepto y la expectativa de salud son influenciados (si no determinados) por el nivel socio-económico-cultural del personal. Hay personas que no pueden caer y quedar enfermos, porque perderían el empleo, y porque no pueden comprar las medicinas, y porque no tendrían como sustentar su familia.

No reflexioné mucho al respecto, pero algunos puntos me parecen dignos de más estudio:

***¿El poder curativo del medicamento o de las yerbas, de los rayos del aparato complicado o del toque de la mano milagrosa,  ¿no son algo misterioso? ¿Cuál es la diferencia? ¿No es todo resultado de poderes especiales que tienen su  origen en la naturaleza creada por Dios y descubierta por algunas personas?

***¿Y quién garantiza que el médico que estudió en las escuelas de los ricos, que cobra una barbaridad por la consulta o atiende con mala cara en la consulta del INPS,  sin siquiera auscultar a las personas, sabe más que la vieja miradora que receta raíces y brebajes?

***¿Y quién garantiza que los poderes parapsicológicos o simplemente psicológicos de la miradora y del tal no son eficaces en determinadas circunstancias?

El mismo médico ¿no debería tener, utilizar, una función psicológica en el proceso de cura, que él ejerce con el mayor cuidado en el consultorio particular y olvida totalmente en la atención al cuitado que forma cola en el INPS?

 

Parte 3ª - La Teología de Birosca.

 

V-                  TENEMOS GENTE QUE SABE REZAR.

 

“Tenemos así señor! Usted va allá, y Doña María te mira entero, por delante y por detrás, reza, y está hecho. Y si es preciso, ella viene a rezar en casa de usted. Y no cobra nada.

Mi tío, en la Roca del Espíritu Santo, era así. Él rezaba para curar. Curaba hasta la mordida de cobra: Le pasaba unas hojas por la herida, la untaba con hierba, le bendecía, rezaba, ¡y listo!, como si no hubiese entrado en usted el veneno de la cobra.

Hoy es difícil encontrar personas que sepan rezar de esta manera, pero todavía hay gente que sabe hacer un buen rezo.

Yo pasé tres horas en la cola del INPS. El médico ni siquiera miró a mi hija. Sólo preguntó qué tenía élla, tomó un papel y garrapateó una receta. Igual que si no hubiéramos ido allá. Entonces yo llevé a la niña al rezador. La miró bien  y le dio un brebaje para tomar, y ahí está la chiquita, como si nunca hubiera tenido nada.

Cuando iba a nacer mi hija, siempre venía mi abuela, que era rezadora de las buenas...”

¿Superstición? ¿Místicismo? ¿Primitivismo?

Me parece bastante simple intentar reducir esta realidad de los rezadores y bendecidores al nivel de la superstición y primitivismo.

Estoy creyendo, cada vez con mayor claridad, que éllos desempeñan en el pueblo un papel. Y estoy pensando, también cada vez más claramente, que ese papel es más o menos el mismo que el psicólogo o el psiquiatra desempeñan en las clases sociales más acomodadas. En cuanto al nivel de eficacia de unos y otros, yo no sé con cuál de ellas me quedaría... Por un lado, ellos guardan toda la sabiduría secular de una medicina natural, descubierta en el laboratorio o en la vida del pueblo a lo largo de generaciones. Y al mismo tiempo, cuando es preciso, éllos encaminan al personal hacia el médico. Decía Doña María: “Si fuera problema de mirada, ven conmigo. Mas si fuera problema de médico, vé con el médico. Vete allá, que yo le miraré a usted después”.

Ocurre que el psicólogo, el psiquiatra o el médico disponen de un instrumental sofisticado, presentan títulos pomposos y usan un lenguaje esotérico, sólo entendible para los iniciados.

Y luego pasan unas cuentas astronómicas, que colocan sus servicios fuera del alcance de las clases populares. (Lo que hacen en el INPS no puede ser llamado “atención médica”. Tal vez, como  mucho, podría ser calificado como “despacho médico”... Despáchanse tantas personas por hora...

Por otro lado, muchas veces la actuación de esos profesionales no va mucho más allá de la atención de la vieja que “sabe mirar”. Bendice la parte dolorida, da un remedio más o menos neutro, e intenta influenciar a la persona para que quede impresionada y reaccione positivamente.

Tal vez el mirador o bendecidor no tengan títulos o diplomas. Pero ellos son el médico, psicólogo y psiquiatra de los pobres. A pesar del instrumental, de la titulación y palabrería, se puede dudar sobre cuál de los dos es más eficaz.

 

Parte 3ª - Teologia de birosca.

VI – JUSTICIA CHIITA – CORTANDO MANOS.

 

La conversación comenzó abajo, en la ciudad, frente al Palacio de la Prefactura. Un lugar apropiado.

Éramos cuatro moradores del morro. Y el problema era la proliferación de robos y asaltos en la ciudad de Río Janeiro.

En un tono medio en broma medio en serio, la conversación fue más o menos así:

“Para mí, la solución sería coger a todas esas personas y cortarles las manos, Podría hasta hacerse con anestesia; hacer una operación rápida, sin dolor, y soltarles luego en la calle para que otros vean lo que el delito les puede acarrear. Después les enseñas una profesión que puedan ejercer sin las manos. Verías como después de hacer eso con media docena de ellos, el resto se lo pensaría dos veces antes de actuar”.

“No, yo hacía eso mismo, pero con un cuchillo bien ferruñoso o con un serrote mal afilado. Le dejaba sangrar bien, que así ellos aprenderían...”

“Yo les castraba, que así se acaba con su raza de una vez. No dejaba seguir su raza, que eso viene en la sangre”... (y explicaba con esmero como echar sal y pimienta en la herida).

“Pues eso sería hasta bueno para él, porque así tendría posibilidad de vivir veinte o cuarenta años más. Porque si sigue de la manera que va, en ésa vida, un día u otro acaba muerto por la policía. Hasta podía después aprender él otra profesión para vivir como hombre de bien...”

“La Biblia dice que es mejor ir al cielo con una mano sola o con sólo un ojo, que ir al infierno con las dos manos o los dos ojos. Si muere de la manera que está viviendo, seguro que va a ir al infierno. ¿No cree el señor Padre que es así?”

Esta última exposición y pregunta eran de un creyente, del mismo que tenía inicialmente el propósito de operarles con anestesia “para que no les doliera”...

Bien, hasta ahí yo venía escuchando, esperando una brecha... ¿Y ahora, mozo? Yo estaba muy impresionado con la simplicidad del análisis de las causas del problema, y con la tranquilidad sumaria de las soluciones: Se cortan las manos, se castra al sujeto, y se acabó el problema... ¿Cómo es que hasta hoy la policía no descubrió una solución tan simple? Mis interlocutores eran un birrosqueiro, un chófer de taxi y un pequeño empresario que hace arreglos en los apartamentos por cuenta propia...

Mi propuesta fue más o menos así:

-Bien, yo les estoy encontrando a ustedes bastante sanguinarios hoy. Pero sanguinarios sólo para un lado de la balanza:

Primero habría que ver qué es lo que lleva a esas personas a robar de tal manera. Tenemos que resolver el problema para siempre, no limitarnos a bachear... Nada se adelanta con pintar las paredes de la casa si ésta se está cayendo, porque usted va a tener entonces un montón de escombros pintados.

Y además tenemos lo siguiente: El pobre cuando roba es ladrón y sinvergüenza. Él va preso y se pudre en la cárcel. Y ustedes aún le quieren cortar las manos. Ahora bien, cuando el rico roba, es bien recibido en la sociedad, sólo porque sabe robar con clase y driblar la ley.

Por ejemplo: Lenira, mi vecina, pidió la cuenta en el empleo porque estaba esperando un niño. El patrón le hizo firmar un impreso en blanco, antes de rellenarlo. Después le entregó 750

cruceiros y rellenó él el impreso ya firmado. En el documento decía que le había pagado 3.950 cruceiros. ¿Cómo llaman ustedes a eso? El patrón no utilizó revólver ni la amenazó con cuchillo, porque no lo necesitaba. Pero ese patrón ¿Es ladrón o no? ¿Y por qué no cortarle las manos?

Otra: Jurandir trabaja desde hace tres años en una empresa, sin contrato firmado, sin seguro, sin cartilla del INPS, sin derecho alguno. ¿No está robando su patrón? Y qué hacer, ¿castrarle?.

Y al policía que a cambio de mirar para otro lado  toma dinero de los delincuentes... ¿También le cortamos las manos?

Así mis contertulios percibieron por donde iba la cosa y comenzaron de nuevo a exponer su opinión, aunque ahora ya con otra connotación:

 “Tiene razón. Si el Señor tiene dinero, él no es ladrón. No hay ley, ni policía, ni prisión. Se trata de un Señor... Y no le interroga la policía, por no incomodar al Señor. Habla con su abogado.

“Yo oí decir que el Ministro tal  robó de una tacada no sé cuantos millones... y ahí está, tan campante”.

“Yo sé de un muchacho en libertad condicional que tenía que entregar un tanto por semana al policía, porque si no éste le llevaba de nuevo a prisión. Así, él tenía que robar para pagarle y quedar libre”.

“El periódico hablaba de un propietario de empresa en Sao Paulo que explotaba a los operarios, y recibía no sé cuantos millones del gobierno para ayudarle.”

“Hoy yo trabajo por cuenta propia. Pero yo trabajé para un patrón que explotaba en demasía. La gente era obligada a hacer horas extra que en su mayor parte no cobraba. Y ante un retraso cualquiera retenía la paga del domingo...”

Entonces yo volteé el tema:

“¡No!  Si se fuera a cortar las manos a todo el que roba, iba a librarse muy poca gente. Y yo creo que si hubiese una ley de ésas, debería hacerse justicia comenzando con los que roban desde más arriba. Y desde ahí ir descendiendo... Apuesto a que cuando se llegase abajo, al ladrón que roba trescientos o mil cruceiros al que pasa por la calle, no quedarían ya muchos con ambas manos...

***El “problema de la seguridad ciudadana” fue calificado por el nuevo Gobierno del Estado de Río como uno de los problemas básicos de la ciudad. Y es justo: Hay mucha violencia en las calles, asaltos, robos. Pero ¿por qué cuando se piensa en la violencia y el robo sólo se piensa en el pillete y en el pequeño asaltante?  ¿Por qué cuando se habla de violencia sólo se refieren a la violencia individual y no se menciona la violencia institucionalizada.

***A mi manera de entender, la vida de mucha gente, tal vez de la mayoría de la población, está sometida a un proceso permanente de creciente violencia y explotación, desde el robo y expoliación por el mismo sistema, por el propio proceso socio-económico, por los patrones, los comerciantes, los banqueros, las inmobiliarias... el sistema del INPS (la persona paga todos los meses y es tratada en su enfermedad como si estuviera mendigando...), hasta los políticos (aparecen en época de elecciones y desaparecen luego, pues ya no tienen tiempo para el pueblo...).

***Está claro que estas personas no son tratadas como ladrones; usan traje y corbata, y no llevan armas. No las necesitan. Es un método demasiado primitivo. Ellos tienen otros recursos más eficaces, más seguros y más efectivos.

***No matan con bala o cuchillo, pero ahogan sofisticadamente... cortando primero la carne, la leche, escondiendo el aceite, robando en el salario, aumentando las horas de trabajo, despidiendo a las personas... Ahogan sofisticadamente con mil fórmulas “científicas” que “aumentan” el salario por debajo del coste de la vida...

Ahogan dejando al operario sin derecho a organizarse, sin derecho a defender sus derechos con el poder de la unión...

El actual gobierno se coloca a sí como juez de los conflictos laborales... en nombre del equilibrio social. Como árbitro que “objetivamente” y en nombre del “bien común” señala todas las faltas de una sola de las partes, y hasta viste la camisa del otro bando...

 ***No hay duda, si fuese aplicada la justicia chiita o islámica con justicia y comenzando por arriba, iba a haber mucho manco por ahí.

 

III - TEOLOGIA DE BIROSCA.

VII - RADIO, MÚSICA, FÚTBOL Y....TEOLOGÍA.

 

La radio de pilas, para mí, siempre había sido un instrumento para seguir los partidos de fútbol, para escuchar en casa, o para poner música de fondo en el coche o a la hora de estudiar o leer. De vez en cuando coincidía con un noticiario, pero por pura casualidad, sin buscarlo. La noticia en sí misma estaba en la televisión, y, sobre todo, en el periódico.

Aquí arriba, en la favela, el transistor pasa a tener funciones antes no sospechadas. Por ejemplo: la función de contrarrestar los ruidos externos. Es cuestión de equilibrio ecológico, o de equilibrio de ruidos. Ahora mismo, de un lado de la barraca tenemos una samba brava diciendo que “duele, ay¡, duele...; de otro, y para hacer dormir a un niño, un Roberto Carlos cantando a toda potencia a Lady Laura (si bajase el volumen tal vez consiguiese sin duda lo mismo), y de otro a los hermanos de la Asamblea de Dios rezando a gritos para ver si llaman la atención de Dios, que debe estar medio distraído. Y tengo todavía los críos de los vecinos brincando en la escalera por culpa de una pipa enrollada en los cables de la luz... Y...¡duérmase usted con un barullo de estos, o intente leer cualquier cosa...! En medio de esto, mi radio de pilas, ¡ay de mí!, intenta lanzar un poco de música de fondo moderada de Radio MEC...,  y aunque está más cerca, muy poco consigue.

Por otro lado, como ando con poco tiempo para leer los diarios y veo el viejo televisor muy esporádicamente, redescubro la radio y sus noticiarios. Una forma de conocer un poco sobre lo que anda aconteciendo por ahí.

En este redescubrimiento de la radio, lo que me llamó más la atención es la gran cantidad de horas que los creyentes de las más diversas creencias y religiones la utilizan para lanzar al aire su mensaje: Tenemos un predicador exaltado que anuncia el fin del mundo, con total convicción, para una fecha inmediata: tenemos un visionario que garantiza milagros para la salud a cambio de fe... y naturalmente de una contribución económica; tenemos un teólogo que interpreta a su modo la Biblia y la aplica a la conversión individual: la aceptación de Jesús como el Señor; tenemos un macumbeiro que garantiza que el problema que tiene el consultante se debe a que lo agüeyaron, y que es preciso tomar tal o cual remedio compensador; tenemos un misionero con línea directa con Dios, que responde a sus consultas: Voz: “escriba una nota presentando su problema, cualquiera que sea”; y el misionero pregunta a Dios y Éste le responde; y entonces, con voz divina in-crescendo, se oye:  “Su problema viene de que su enemigo hace un trabajo de magia negra contra usted. Pero las cosas van a mejorar”... Y sigue la receta...

Y tenemos propaganda de artículos milagrosos; “Líbrese del mal de ojo, artritis, dolor de cabeza o estómago... usando la milagrosa medalla magnética de la felicidad”. “Encienda una vela de esperanza para el Padre Joaquín”.

Y, naturalmente, llamadas insistentes para que el oyente recurra al consultorio del missionário, al lugar de bendición y de milagro.

Y tenemos también los testimonios de gentes simples que antes de descubrir la fe a través del missionário, tenían constantes dolores de cabeza o cualquier otro mal, y ahora tienen una felicidad total, descubierta en la fe, en el Señor Jesús y en la Iglesia de los Creyentes.

A cualquier hora del día o de la noche usted puede mover el dial de su radio y es muy probable que encuentre a alguien hablando de Jesús Salvador. Estos programas se dan en los horarios más apropiados: entre las cinco y las ocho de la mañana, o a partir de las seis de la tarde; cuando el hombre simple está yendo o volviendo del trabajo, o retirándose a su casa.

De vez en cuando encontramos un programa católico. Son poquísimos y casi siempre teológicos o temáticos, y utilizando un lenguaje sofisticado dirigido tan sólo a las clases más elevadas. Tengo la impresión de que en la mayoría de los casos pasa por encima de la cabeza del pueblo, como por otra parte ocurre con la mayoría de las predicaciones de nuestra Iglesias Católicas.

Ciertamente, si juzgamos por los programas de radio de Río de Janeiro, no se puede afirmar tan triunfalmente como se hace que estamos “no maior país católico do mundo”.

Me pregunto qué significa todo esto. Como primera observación, creo que este tipo de religión y todas las facilidades que encuentra en la actual circunstancia brasileña, no está desvinculada del sistema global socio-económico-político. Para el “equilibrio social”, para mantener el actual “orden”, ésa es la mejor forma de religión; religión que busca milagros, soluciones individuales e individualistas; que recurre a lo mágico y a lo sobrenatural para “pacificar al pueblo”; el problema es siempre individual y debe resolverse individualmente  con la ayuda de fuerza sobrenaturales; usted se convierte y encontrará la felicidad real; después con sólo mantener esa fe viva, la felicidad permanece; lo importante es descubrir a Jesús como tu salvador e incluirte en una comunidad religiosa que te absorbe, te ocupa, te salva y te aliena de los problemas; lo importante es descubrir a un missionário con fuerza suficiente para retirar el agüeyamiento que no te deja progresar en la vida, que causó tu dolencia, o tu falta de empleo o tu falta de amor. Creo que hoy en muchos sectores de nuestra Iglesia se da un viraje. Se está valorizando nuevamente la expresión popular, participada, y se está intentando expresar en esa forma la fe engajada, comprometida con la realidad de la vida; comprometida y comprometedora.

Las crítica de que la religión es el opio del pueblo, generalizada no es válida. No obstante me parece que contiene una realidad extremadamente positiva; una verdadera contribución positiva de Marx para la revisión de nuestro anuncio de La Palabra.

Porque no todo aquello que nosotros anunciamos es la Palabra; porque junto con la Palabra –queriendo o no- comunicamos una ideología; porque la Palabra de Dios es traducida en palabras nuestras, en gestos, en actitudes de vida individual e institucional a posiciones que conllevan una visión del mundo, de la sociedad, de la estructura social. Acabamos siendo predicadores de un sistema socio-económico-político; predicadores de la Escuela Superior de Guerra; predicadores del bienestar de las clases dominantes. Anunciamos un poco de generosidad para el empresario y mucha paciencia y resignación al operario. Anunciamos una paz social que no pasa  de violencia institucionalizada. Anunciamos paciencia al torturado y un poco más de delicadeza al torturador. Anunciamos un amor universal, y una paz social con un entendimiento entre patrones y empleados que significa en la práctica una continuación del proceso de explotación del hombre por el hombre.

Y esto no es predicado necesariamente con palabras. A veces nuestras palabras dicen una cosa, hablan de justicia social, del derecho del operario, de la empleada doméstica, etcétera... pero nuestras actitudes de vida, nuestras solidaridades y opciones, nuestras alianzas y connivencias dicen exactamente lo contrario. Estamos, de hecho, viviendo con los poderosos, los explotadores, los ricos. Y es la propia vida que llevamos quien desmiente nuestra palabra y ofusca el anuncio de la Palabra.

En fin, me parece que sin recurrir necesariamente al teléfono directo con Dios como un misionero de la radio (todavía queda en la Iglesia mucho Padre y mucho Obispo que también recurre a esto)  y sin necesidad de recurrir a la bendición poderosa contra el dolor de hígado, muchas veces sólo desempeñamos el mismo papel de anunciar una religión alienante: opio. ¡¡¡Traficantes de opio social envuelto en una ideología revestida de religión!!!

No digo esto como acusación. Pero hay en ello mucho para pensar...

Precisamos redescubrir la expresión popular de fe; de una fe simple,  porque estas cosas (la palabra de Cristo)  “quedaron escondidas para los sabios y fueron reveladas a los simples”;  y redescubrir al mismo tiempo una expresión de fe engajada en la vida, porque el Reino de Dios se revela aquí y ahora, en la medida en que somos hermanos, en la medida en que el otro es respetado como persona individual, social y estructuralmente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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