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ARMADA 

 

Los Armada son originarios de Rivadulla. Sobre su Solar nos informa así don Alfonso Armada Comyn:

 

“Rivadulla es una comarca enclavada a orillas del Ulla y a la sombra del pico Sacro. Es tierra santa y noble. Monta guardia al apóstol, que en Compostela descansa, entre trajín y trajín. Santa Cruz es la parroquia, y el pazo, el corazón de la misma. Allí todos los feligreses somos una gran familia. Estamos unidos en venturas y desgracias. Antes había un casar y una torre. La iglesia estaba lejos, en una zona de sotos y labradío. Era románica, pequeña., con el cementerio incorporado. Se quemó, y provisionalmente se trasladó del soutiño a la capilla de los Mondragones. Lleva allí más de trescientos años. Lo provisional, como sabemos, es siempre lo que más dura.

 

La capital de Rivadulla es Santiago. Allí van los vecinos a comprar y a vender, a curarse el alma o el cuerpo, a estudiar o a presumir. No falta el saludo al apóstol o el cabezazo al «santo dos Croques». El pazo de Santa Cruz de Rivadulla es hoy un jardín, con una casa grande. Su historia podría ser muy breve: de casar a torre, de torre a granja, de granja a jardín. Son las etapas que recorrió el pazo. Algunas cosas que aquí voy a contar sobre el pazo las he oído; otras las deduzco, y alguna la sueño. Cómo se ha formado el parque, de dónde vinieron las plantas y cómo se han reunido los libros de la biblioteca, es la historia del pazo. Como no hablan, desconocemos los detalles, ignoramos circunstancias. Pero... ¿y el archivo? Lo hemos rebuscado y, efectivamente, allí aparecen datos para la historia de la familia. Sin embargo quedan huecos, y a nadie se le ocurrió rellenarlos.

 

Sabemos bien y con puntualidad, por las cédulas papales, cómo se compraron las tierras, y cómo la familia construyó iglesias; dotó parroquias, la Fundación del Patronato de la Capilla de la Piedad, en la santa iglesia catedral de Compostela; las obras y añadidos en la casa y huerta; los testamentos, pleitos e inventarios; y por fin cuentas y más cuentas de todos los bienes del mayorazgo. Muy poco más. Los Ibáñez de Mondragón escribían poco. Los marqueses de Santa Cruz de Rivadulla, menos. Defendían la propiedad y la transmitían con lujo de precauciones. Rezaban mucho y daban culto al Señor. Cuando por matrimonios enlazaban con otras familias importantes del norte de España —los Valdés, los Fernández de Córdoba, etc.—, los Armada salen de Galicia y la historia se enriquece con nuevas aportaciones. Santa Cruz cae un poco en el olvido. En la generación de mis padres, vuelve a resurgir. Vayamos por partes. Daré algunas pinceladas sobre los temas más interesantes. Vamos a recorrer a grandes zancadas la historia del pazo. Hay parte de leyenda y parte de historia. Hoy es difícil separarlas. Veamos: La Fundación

 

A mediados del siglo XV vivía en el lugar de Ortigueira, de la parroquia de Santa Cruz, un señor noble, hacendado y piadoso, apellidado Abraldes. Temeroso de Dios y obediente al cabildo de Santiago, tomó partido por la Beltraneja como tantos señores gallegos. No era posible admitir las fábulas que le llegaban de boca en boca de los murmuradores. Santiguándose, sentenció: «La hija de la reina, lo es del rey y a ella le pertenece la Corona de Castilla.» En aquella casona inhóspita y lúgubre de Ortigueira, no se volvió a tratar del asunto. Los Reyes Católicos, enterados, mandaron «desmochar» la torre, que era señal de afrenta para el que en ella vivía. Abraldes, señor del casar de Ortigueira, abandonó su casa y nunca volvió. Su hijo construyó la casa de «Guimarans», pazo más alegre, que estaba más cerca de Santiago. Sin torre, pues nunca quisieron en aquella familia volver a sufrir humillación.

 

En aquellos felices años de final del siglo xv, apareció por Santiago de Compostela un clérigo influyente, abierto y con posibles: don Juan Ibáñez de Mondragón. Nombrado canónigo de Santiago, pronto aumentó su fortuna y adquirió fama y predicamento. Parece ser que un hermano era prelado en Roma y otro servía en el Ejército. El origen de la familia era el solar de Eremuzqueta, en las tierras Vascongadas, donde además los Ibáñez tenían cuantiosos bienes. Familia noble, hermanos bien situados, y la diócesis de Santiago, poderosa, nuestro canónigo se encontró pronto satisfecho y decidió afincarse en Compostela. Vendió los bienes de Mondragón y buscó una casa en el campo. La «torre de Ortigueira» estaba vacía. Le gustó, y la compró. Cambió su estructura y edificó capilla, que palomar y ciprés ya los tenía. Según parece, se entraba en el terreno por lo que hoy llamamos el portal de la Cruz y la carrera de los Olivos; de allí, circunvalando la bodega, se llegaba al típico corral gallego y por escalera adosada se ascendía al gran salón, contiguo a la torre. El canónigo abrió puerta frente a la capilla y construyó suntuosa escalera. Hizo desaparecer los vestigios del torreón, y cambió el escudo encima de las puertas.

 

Don Juan no vivía mucho, sin embargo, en Santa Cruz. Pasaba las tardes de primavera, pues en verano solía ir a tomar los baños a Noya. Pero todo el año se hacía llevar frutas y verduras del Ulla. Compró muchas tierras para redondear la finca. Dotó a la parroquia con generosidad, distribuyendo además cuantiosas ayudas. Pero la obra en la que puso mayor empeño y cariño, fue la construcción de la capilla de la Piedad, en la santa iglesia catedral. El documento fundacional fue dado en Noya y modificado más tarde por escritura notarial. Encargó el retablo a Sevilla y la verja a una fundición de su tierra de origen. Quiso ser enterrado allí, cerca del altar mayor de Santiago y de la Puerta Santa. Fundó un mayorazgo electivo y vinculó al patronato cuantiosos bienes.

 

La finca de Santa Cruz toma entonces forma. Se comienza la muralla que la rodea en todo su perímetro. El canónigo plantó viña y olivar, mejoró los lagares (que antes eran casas de vecinos del lugar) y compuso buenas parras. El molino para el aceite fue una de sus adquisiciones, así como unos buenos cuadros de limoneros, cerca del bosque de robles y castaños. La huerta era excelente, y de ella se enviaba a Santiago una cesta todos los días. En el piso principal de la casa había amplias estancias, divididas por mamparas. La cocina la puso en el piso principal, dejando lugar en el bajo para acomodar el ganado y almacenar el grano procedente de los foros. La propiedad tenía buen arbolado, pero mandó ampliarlo con nuevas plantaciones. De flores y plantas exóticas nada, o al menos no se tienen noticias. Inició la biblioteca.

 

Al canónigo le sucedió un sobrino, que siguió comprando tierras y poniendo en orden sus posesiones. Aumentó la biblioteca y fue considerado como un buen administrador, pero poco más.

 

El primer marqués de Santa Cruz. Don Andrés de Mondragón era un hombre trabajador, con buena reputación y prestigio en Santiago. Fue designado regidor de la ciudad; puso orden en la misma, mejoró las fuentes y arregló los parques. Parece que tuvo la concesión del Arbitrio de la Sal. Se le consideró muy buen alcalde. Rescató al pueblo de Santa Cruz de Rivadulla del tributo y vasallaje a que estaban sometidos. El rey Carlos II, el 8 de marzo de 1683, le hizo merced del título de marqués de Santa Cruz de Rivadulla, premiando así sus servicios. Como título previo tenía el de vizconde de San Julián de Piñeiro. Mejoró el pazo, arregló la casa, plantó árboles y jardines. Diseñó el parque. Aunque vivía en Santiago, pasaba temporadas en el campo. Compró bastantes libros, sobre todo religiosos.

 

 

I.- Juan de Armada, Capitán, natural y dueño de la casa Armada del Casar, en la feligresía de San Salvador de Vide (Orense), fue padre de:

 

II.- Sebastián de Armada, natural y dueño de la casa del Casar, Capitán, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición, casó con Francisca Fernández de Araujo, natural de la parroquia de Olleros (Lugo). De este enlace nació:

 

III.- Juan de Armada y Fernández de Araujo, natural y dueño de la casa del Casar y de los pazos de Villameá y Carrichouso, Capitán, que de su esposa Isabel Taboada, natural de la villa de Monterrey (Orense) y Señora de la casa de Gargalo y del coto de Lamalonga, tuvo a:

 

IV.- Pedro Manuel de Armada y Taboada, bautizado en la feligresía de San Salvador de Vide el 20 de Enero de 1646, dueño de la casa del Casar y Caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 12 de Noviembre de 1668. Casó con Isabel Salgado Mondragón. De este matrimonio nació:

 

V.- Ignacio Antonio de Armada y Salgado, Capitán de Caballos, I Marqués de Santa Cruz de Rivadulla, de la casa de los Mondragón de Galicia, titulada nuevamente esta casa por merced de Don Carlos II, sita en las riberas del río Ulla. Contrajo matrimonio con Ana Ignacia García de Castro, vecinos de Santa Cruz de Ribadulla (La Coruña), y fueron padres de:

 

VI.- Juan Ignacio de Armada y Mondragón, nacido el 22 de marzo de 1722 en Santa Cruz de Rivadulla, II Marqués de Santa Cruz de Rivadulla, Vizconde de Piñeiro, que hizo información de limpieza de sangre para ejercer cargos ante el Santo Oficio de la Inquisición de Galicia en 1768. Casó en Puenteulla (La Coruña) el 22 de Febrero de 1755 con María Ana Caamaño Mondragón y Sotomayor, natural de Puenteulla. Juan fue empadronado como Hidalgo en Santiago de Compostela (La Coruña) en 1772, y testó en Ribadulla el 18 de Septiembre de 1787. Fueron padres de:

 

1.- Antonio María de Armada Mondragón y Caamaño, nacido en Santiago de Galicia en 1756, que ingresó en el Real Seminario de Nobles de Madrid en 1771. De Antonio narra esta impresionante anécdota su descendiente Alfonso Armada Comyn:

“Como he dicho, no pretendo escribir la historia del pazo. Sólo intento dar unas pinceladas de la vieja casa y finca, donde pasé tiempos felices de mi niñez. Una tarde de otoño, mi padre, curioseando un legajo con testamentos, encontró uno, el de don Antonio Armada, que le llamó poderosamente la atención. Dejó escapar de su boca una «jaculatoria» mientras sujetándose la cabeza con la mano me decía: «Alfonso, lee.» Me pareció entonces curioso y extraño. Hoy lo añado a estos recuerdos de Santa Cruz, pues forma parte del ambiente del pazo.

Don Antonio Armada Ibáñez de Mondragón, tercer marqués de Santa Cruz de Rivadulla, era un noble gallego del siglo XVIII al que pudiéramos considerar como prototipo de hidalgos que, aunque tenían residencia en la ciudad, amaban el campo y en su casa de «la aldea» pasaban la mayor parte de su vida. Don Antonio, vecino de Santiago, vivía en la «granja de Ortigueira», de la parroquia de Santa Cruz de Rivadulla. Sencillo, austero, introvertido y serio, dirigía tanto la labranza de la propiedad, que llevaba directamente, como aconsejaba a los «foreros» que cultivaban su tierra en arrendamiento «por la vida de tres reyes y 27 años más». Cuando los cabezaleros, responsables del foro, venían a rendirle cuentas, allá por el mes de octubre, y algunos se retrasaban en el pago pretextando malas cosechas y lo hacían en tiempo de «las Ánimas», siempre les ofrecía «tojo de sus montes» para que abonasen las tierras, con la consabida frase de que «se produce lo que se come» y «si abonáis mejor, pagaréis».

 

“Don Antonio era soltero. Se le consideraba persona muy formal y religiosa. Amigo de curas y escribanos, señores y licenciados, se dedicaba a la agricultura y a la caza. Hablaba poco y rezaba mucho. La apertura de su testamento dejó profundamente impresionados a quienes le conocieron y también a los que hablaban de su insólita redacción y los mandatos que contenía. Lo inusual de las prescripciones y deseos del marqués difunto, motivó que se suscitasen dudas entre quienes estaban obligados a cumplirlo. Hoy es el día en que no se sabe si se llevaron a efecto o por el contrario se ignoraron. Todo se hizo a la muerte de don Antonio como si no hubiesen conocido sus voluntades. Pero el testamento existe y voy a transcribirlo, bien que de memoria, pues no tengo a mano el documento. Dice así el marqués:

«Encomendándome al Dios Todopoderoso y a la Santísima Trinidad en la que creo y en la que espero, y por su Divina Misericordia, que no por mis méritos, es mi voluntad: que el día en que yo muera y sea llamado a la presencia del Señor, comprueben que estoy bien muerto; ábranme el pecho y saquen de él mi corazón. Deposítenlo en una caja de plata que tengo preparada al efecto, y que guardo en mi escritorio. Vayan al hospital General y pidan el cuerpo de un pobre que haya fallecido en tiempo próximo al que ocurrió mi óbito. Vístanle con las galas que para mi sepultura están dispuestas, y pónganle en el ataúd, rico y adornado, que se ha reservado para mi último y definitivo viaje. En éste, y también dentro de la caja de plata, guárdese mi corazón. Celebren solemnes honras fúnebres y entierro en la capilla de la santa iglesia catedral dedicada a la Piedad, y en ella canten los santos oficios funerarios treinta y seis sacerdotes, escogidos entre los que canten bien. Lleven las velas de cera en la ceremonia, señal usual de amistad y reconocimiento al parentesco, "el Tonto de la Lagoa", "el Jorobado de la Torre", "el Feo de Agrelo", "el Cojo de Tomonde", "el Tuerto de Sete" y "el Rosca de Outeiro", que tanta lata me dieron en vida, pero que deseo representen a los vecinos y amigos, pues si a éstos perdono y no guardo rencor, a los que tantos beneficios, amistad y ayuda me prodigaron durante mi paso por este mundo, valle de lágrimas y tristezas, puedo asegurar que guardo amor infinito y nunca tendré palabras para agradecer el cariño que recibí y la compañía que tanto alivió mi soledad, en aquellas veladas húmedas y largas de los inviernos tristes de mi casa de "Ortigueira". A los curas, deudos, paisanos y contertulios que acudían al calor de la lumbre, en este momento supremo de dar cuentas a Dios, no quiero dejar en olvido.

«Avisen a mi hermano, que allá en tierras de las Américas sirve al rey gobernando en Nueva Granada, la ciudad de Maracaybo, por su voluntad y vocación, para que se haga cargo de estos bienes, que yo recibí de mis padres y que a él ahora le corresponden, para que los administre en vida según las normas de la Santa Iglesia de Roma y la sufragánea de Santiago el Mayor en Compostela, como buen cristiano que es.

»Mi cuerpo, sin el corazón, vístanlo con el hábito de nuestro padre san Francisco, modesto sayal que deseo cubra mis despojos humanos. Llévenlo a la fosa común y denle tierra con arreglo a las preces establecidas. Ese funeral, que sea pobre y recogido. Celébrenlo tres curas de la comarca que sean humildes, aunque canten mal, que el santo sacrificio es grato al Señor por la devoción, no por el boato. Quiero volver a la tierra como nací, pues nunca olvidé que somos polvo y en polvo nos convertiremos.»

Aquí termina la exposición previa a las disposiciones testamentarias de don Antonio. He calificado de insólitas las normas transcritas, pues nunca oí a persona alguna que desease que su corazón fuese enterrado aparte del cuerpo, y nunca tampoco que en el panteón familiar se depositase el cuerpo de un desconocido. Si lo que el marqués deseaba era dar una lección de humildad y expresar lo transitorio de las glorias humanas, así como dejar muy claro que perdonaba de corazón y agradecía el desvelo de vecinos y amigos, la fórmula fue un tanto extraña. En fin, respetemos su memoria mientras tenemos muy serias dudas de que se cumpliera su voluntad de forma escrupulosa. Lo que sí es ciertísimo, es que a su esposa in articulo mortis nada le deja y ni siquiera la menciona.

Esta historia y la lectura del testamento no fueron conocidas por mí hasta 1973. Como he dicho, fue mi padre, el último verano que pasó en Santa Cruz, quien lo descubrió y nos lo enseñó, pues él tampoco lo había conocido antes, ni había oído hablar del mismo. Tiempo después he sabido que en las escaleras del altar mayor de la basílica de Guadalupe, hay una pequeña lápida que dice que allí está enterrado el corazón del duque de Béjar, personaje que murió en el asedio de Budapest y dispuso que su corazón fuese llevado a Guadalupe. Extraña coincidencia la de estos dos nobles, que a mí me ha impresionado”.

 

2.- Juan Ignacio de Armada Mondragón y Caamaño, que sigue la línea.

 

VII.- Juan Ignacio de Armada Mondragón y Caamaño, del que nos informa así su descendiente don Alfonso Armada Comyn:

Don Juan Ignacio de Armada y Mondragón, bautizado en Santa Cruz de Rivadulla el 29 de agosto de 1757, fue el cuarto marqués de este título y tuvo una vida interesante. Era el segundo hijo de don Juan Antonio Armada y Mondragón, nacido el 22 de marzo de 1722 en Santa Cruz, donde también falleció en 1787. Sucedió a su hermano, el del extraño testamento. En 1770 sentó plaza de cadete, y en 1775 formó parte de la expedición a Argel. En 1792, fue destinado como gobernador de Maracaybo, cargo que desempeñó hasta 1802, en que regresó a España para hacerse cargo del marquesado, por haber fallecido su hermano mayor Antonio.

Encontró la finca en mal estado. Las murallas estaban caídas, los vecinos invadían la propiedad y los cultivos se realizaban con poco esmero. Puso orden. Tuvo disgustos. Se enfrentó con el cura y trasladó las campanas a un enorme alcornoque, con el pretexto de que así se oían mejor, pero los vecinos pensaron siempre que lo hizo para que no le molestasen demasiado. Los jóvenes de la parroquia, en aquella época, daban «conciertos de campanas».

En mayo de 1808 ocurre la invasión napoleónica. Santiago hierve en fervor patriótico. Los estudiantes deciden formar un batallón para luchar contra los franceses. El claustro, aprovechando las buenas disposiciones de los alumnos, decide organizar un batallón que en doce días contaba con 1250 plazas. Nombra por aclamación de los estudiantes jefe de la unidad al coronel marqués de Santa Cruz de Rivadulla, «sujeto bien conocido en nuestro continente y colonias por su pericia militar, patriotismo y amor a las letras». Aceptó el marqués el encargo y presentóse a los estudiantes con brillante arenga, dispuesto para hacer la guerra a su costa. Dotado el batallón de bandera, capellán y oficiales, comenzó la instrucción. Pronto estuvo preparado, y formando parte del ejército del Oeste intervino con varia fortuna en acciones bélicas. En todas ellas demostró valor y pericia, logrando resultados excelentes.

Mientras el marqués estaba en campaña, su mujer recibió la visita de don Melchor Gaspar de Jovellanos. Pasó en Santa Cruz una temporada en 1811, cuando recaló en Muros, camino de Gijón. En Rivadulla, se encontraba feliz.

El marqués fue nombrado brigadier por el «reyno de Galicia», continuando al mando del Real Cuerpo Militar Literario de la Universidad de Santiago. Recibió varias condecoraciones, así como la Cruz de Comendador de Isabel la Católica y la Gran Cruz de San Hermenegildo. También fue nombrado doctor honoris causa de la Universidad de Santiago, en todas sus facultades.

Vivió en Santa Cruz muchas temporadas. Arregló la finca, terminó el trazado del parque y trajo plantas de América, probablemente los eucaliptos y secuoyas. Plantó bojes, hizo el estanque grande y se ocupó con cariño de ampliar la casa. Enriqueció la biblioteca con algunos libros militares históricos. Falleció en Santiago en 1824, siendo enterrado en la capilla de la Piedad.

 

Juan Ignacio contrajo matrimonio en Madrid el 8 de Enero de 1793 con Petra Guerra y García de Briones, nacida en Pezuela de las Torres (Madrid) el 16 de Mayo de 1768 (hija de Victoriano Guerra y de Lucía García de Briones). De este enlace nació:

 

VIII.- Juan Antonio Armada Mondragón y Guerra, nacido en Maracaibo el 13 de Enero de 1796, VI Marqués de Santa Cruz de Rivadulla, Vizconde de San Julián, y dueño de las jurisdicciones de Usande, Piñeiro, Carricoba, Vide, Jora, Ribadulla, Outeiro, Escornaboy, Argalo, Santa María de la Merced, Carrichouso y casa solar de Ortigueira. Fue Brigadier de los Reales Ejércitos y Coronel honorario de Artillería, Prócer del Reino, Senador Vitalicio, Regidor perpetuo de Oviedo y Orense, Alguacil mayor de Millones por Su Majestad en esta ciudad y su provincia. Casó en Oviedo el 16 de Julio de 1816 con María del Rosario Benita Fernanda Valdés y Ramírez de Jove, nacida en Gijón el 5 de Octubre de 1794,  X Condesa de Canalejas, de cuyos ascendientes de María del Rosario se trata en el apellido AVILÉS, en Genealogías Asgtures de esta web, allí se la menciona en el apartado XII de la Rama Tercera.

 

De Juan Antonio nos dice Armada Comyn:

Hijo del marqués (llamado el Literario, porque mandó el batallón de estudiantes de la Universidad) y de doña Petra Guerra, fue don Juan Armada y Guerra el quinto marqués de Santa Cruz de Rivadulla. Estudió en Mallorca, en la Academia Militar fundada durante la guerra de la Independencia.

Concertada su boda con doña Rosario Valdés, hija del marqués de San Esteban del Mar de Natahoyo, se firmaron capitulaciones matrimoniales en la ciudad de Oviedo, en condiciones bastante onerosas para don Juan. Parece que pensaba pagar lo que ofrecía, con los cuantiosos bienes de fortuna de su esposa, pero no le salieron bien sus cálculos y siempre se encontraba en dificultades económicas. La correspondencia que su administrador le dirigía contiene numerosas recomendaciones para que modere sus gastos; pero salvo su afición por el juego de la lotería, no se conoce que hiciese otros dispendios. Le abrumaban las pensiones derivadas de las capitulaciones.

Fue coronel honorario consorte de Artillería, y con brillante uniforme fue retratado por Vicente López. Senador vitalicio, vivió muchos años en Santa Cruz, con sus numerosos hijos. El mayor, Álvaro, cuando falleció su madre, se fue a Gijón para ocuparse de los bienes de Asturias. Ordenó y puso en producción su fortuna. En vida, compró a su padre las fincas de Galicia para ayudarle a pagar las deudas contraídas. Casó con doña Manuela Fernández de Córdoba, condesa de Revillagigedo. Inteligente y culto, tuvo gran prestigio. Escribió un libro de poesías románticas, que se encuentra en las bibliotecas de la familia; su lectura divierte a los jóvenes y entretiene a los mayores. Ocultó su paternidad literaria bajo el seudónimo de Barón de Frítz.

He vivido mi niñez en Santa Cruz. El recuerdo, casi diría las sombras del canónigo, del regidor y primer marqués, del Literario y del tío Iván, aparecían por doquier. La fuerza de una familia enraizada en un solar, amante de sus antepasados, surgía entre las plantas y los árboles. El rumor de las cascadas, la campana de la iglesia, el aroma de las plantas y la banda de música saludando a la casa en el día del patrono, cobran fuerza en mis vivencias…

 

De este matrimonio fue hijo:

 

IX.- Alvaro José María Benito Armada y Valdés, nacido en Oviedo el 11 de Mayo de 1817, ingresó en el Real Seminario de Nobles de Madrid en 1829. Fue Conde de Revilla Gigedo, Marqués de Canillejas, VI Marqués de San Esteban del Mar de Natahoyo, Vizconde de San Julián y de la Peña de Francia, Barón de Rivarroja y de Benillova, Grande de España, Coronel de Artillería y Gentilhombre de Cámara de S.M., dueño de la Colegiata de San Juan Bautista de la villa de Gijón y de la capilla de la Piedad, dicha de Mondragón en la Catedral de Santiago de Compostela, Señor y Pariente Mayor de las casas de Valdés y Ramírez de Gijón, Deva, Campomanes, Figaredo, Villanueva de Llarena, Solís y Grado y otras de Asturias, de Santa Cruz de Cerbaña y varias en Galicia, XVI Adelantado Mayor de la Florida, Jefe Superior político de Madrid en 1852, Diputado a Cortes, Senador vitalicio del reino con S.M. Doña Isabel II, Gran Cruz de Carlos III en 1847, que probó su nobleza para ingresar en la Orden de Montesa en 1845. Contrajo matrimonio en Madrid el 16 de Julio de 1838 con María Manuela de la Paciencia Francisca Ramona Josefa Carlota Francisca de Paula Melitona Fernández de Córdoba y Güemes, nacida en Madrid el 9 de Marzo de 1822, Condesa de Revilla Gigedo, Grande de España, Marquesa de Canillejas y Condesa de Güemes, Dama Noble de la Reina Doña María Luisa (hija de José María Fernández de Córdoba, Marqués de Canillejas, Embajador en Francia e Inglaterra, Gentilhombre de Cámara de S.M., y de Carlota Luis Güemes, Condesa de Revilla Gigedo, Dama Noble de la Banda de Doña María Luisa, ambos naturales de Madrid). Alvaro José María Benito falleció en Gijón el 23 de Junio de 1889. Fueron padres de.

 

l.- María Carlota Agustina Rosa de Armada y Fernández de Córdoba, nacida en Gijón el 28 de Agosto de 1841 y fallecida en Madrid el 17 de Abril de 1848.

 

2.- Álvaro Gonzalo etc., que sigue la línea.

 

3.- Iván de Armada y Fernández de Córdoba, nacido en Madrid el 18 de Febrero de 1845. Fue VI Marqués de Santa Cruz de Rivadulla, Doctor en Filosofía y Letras, Licenciado en Derecho y Caballero Maestrante de Sevilla en 1868. Murió en Santiago de Compostela el 4 de Octubre de 1899. Así nos habla Alfonso Armada Comyn sobre Iván:

El tío Iván: No llegué a conocerle, pero su recuerdo está muy próximo a nosotros. En Santa Cruz, cuando éramos niños, todo lo había hecho «don Iván». Solía estar en Santiago casi el año entero. En otoño, daba un paseo sin aviso previo hasta su granja de Ortigueira, y allí se quedaba dos o tres días. Una vez encontró la puerta cerrada. Por no saltar la muralla y «no dar ese mal ejemplo», regresó a Santiago. Eran cuarenta kilómetros.

Le querían todas las personas que le trataron. Era un hombre muy bueno, serio, introvertido, culto, inteligente. Vivió y murió soltero, dedicando su amor a las flores. En Santa Cruz, parece que se sentía feliz. Hablaba con los campesinos, cuidaba las plantas, pensaba, rezaba. Fue el séptimo marqués, título cedido por su padre, que vivía en Madrid o en Gijón, y que siempre fue el conde de Revillagigedo. Importó muchas plantas del extranjero: camelias, azaleas, rododendros. El tío Iván plantaba sus camelias «al lado de otras viejas». Las traía de Portugal, Bélgica, Inglaterra o Francia. Anotaba sus compras en catálogos o libretas. Tenía una hermosa colección, la finca estaba espléndida. Cuando en 1872 emprende una peregrinación a Tierra Santa con don José Fernández Sánchez, éste hace en su diario una magnífica descripción de la finca: «...había camelias de más de siete metros de altura»; esto prueba que el «tío Iván» no había plantado estas camelias, ni los magnolios, ni los bojes. Ordenó, mejoró, completó. Hizo el corralón y el invernadero. Cuidó poco la casa, muy grande para él, pero enriqueció la biblioteca. Su recuerdo quedó flotando en el ambiente del pazo y los vecinos admiraron su desinterés y bondad.

 

4.- Isabel Francisca de Armada y Fernández de Córdoba, nacida en Madrid el 5 de Julio de 1848. Fue ldesde 1906. Por cesión del hermano primogénito fue VI Marquesa de Canillejas, Grande de España. Casó dos veces: la primera el 29 de Julio de 1869 con José María de Vereterra y Lombán, Caballero de la Real Maestranza de Granada, y la segunda, en Deva, el 11 de Agosto de 1879 con su cuñado Manuel de Vereterra y Lombán, natural de Oviedo, Caballero de la Real Maestranza de Granada, Ex-Diputado a Cortes, Senador Vitalicio del Reino, Gran Cruz de Carlos III y Gentilhombre de Cámara de S.M., con sucesión. De estos Vereterra se trata en su apellido Vereterra, en Genealogías Bascas de esta web. Allí se menciona a Isabel en el apartado XIV nº 1.

 

5.- Fernando Cristóbal de Armada y Fernández de Córdoba, nacido en Gijón el 22-I-1850. Murió párvulo.

 

X.- Alvaro Gonzalo Juan Fernando Tristán Sancho Antonio Rodrigo Diego Pelayo Rainiero Mendo Ñuño Gabriel García Guillen Raimundo Jaime de Armada y Fernández de Córdoba, nacido en Gijón el 8 de Febrero de 1843, VI Conde de Revilla Gigedo. Grande de España, por Real Carta de Sucesión de 1871, IV Conde de Güemes, VII Marqués de San Esteban del Mar de Natahoyo, XVII Adelantado de la Florida, Coronel honorario por juro de heredad, con uso de uniforme del Real Cuerpo de Artillería, Vocal de la Diputación permanente de la Grandeza de España, Diputado a Cortes por Gijón en 1885, Caballero de la Orden de Carlos III, Gentilhombre con ejercicio y servidumbre de S.M., Caballero de la Orden de Montesa desde 1898, Caballero Maestrante de Valencia en 1883, Señor titular y Pariente Mayor de las casas y solares de Gijón, Deva, Campomanes, Figaredo, Villanueva, Solís y Grado, en Asturias, y de Santa Cruz de Cerveña, en Galicia, así como heredero titular de los Señoríos y Baronías de Benillova y Rivarroja en Navarra, y de los puertos de Sancenes y de la Fuencoyada en León. Contrajo matrimonio en Trubia (Asturias) el 20 de Mayo de 1872 con María del Carmen Rafaela de los Ríos Enríquez y Miranda de Grado, Dama Noble de la Orden de María Luisa, nacida en Madrid el 31 de Julio de 1854 (de origen asturiano, hija del militar Ramón de los Ríos-Enríquez, fallecido en 1854, el 22-VIII). Álvaro falleció en Deva el 23 de Septiembre de 1907. De este enlace fue séptimo hijo:

 

XI.- Luis Gonzaga Antonio José María Modesto de Armada y de los Ríos Enríquez, nacido en Deva (Gijón) el 13 de Junio de 1889 y fallecido en Madrid el 15 de Septiembre de 1973. De Gijón pasó a Galicia al fallecer sus padres y heredar sus bienes allí. Fue VII Marqués de Santa Cruz de Rivadulla en 1903, General de Artillería, Gran Cruz al mérito militar y de San Hermenegildo, Caballero de la Orden de Santiago desde el 20 de Abril de 1926, profesó, y Trece de la misma Orden, desde 1930. Casó en Madrid el 26 de Abril de 1915 con María del Rosario Comyn y Allendesalazar, nacida en Madrid el 31 de Octubre de 1892 (hija de los condes de Albiz; por línea paterna descendían de familia escocesa que se afincó en Málaga. El padre de María del Rosario fue Antonio Comyn y Croque, y su madre Jesusa Allendesalazar y Muñoz de Salazar, condesa de Albiz; Jesussa había nacido en Gernika y  hermana de Manuel, político destacado). Así retrata a Luis su hijo Alfonso:

 

“Ingresó en la Academia de Artillería de Segovia y salió teniente en 1911. Estuvo destinado en Madrid, Mallorca y Santiago de Compostela. Fue profesor del príncipe de Asturias, don Alfonso, y cuando se proclamó la República el 14 de abril de 1931 estaba en palacio. Se retiró por la Ley Azaña y se incorporó al Movimiento en Segovia. Participó en la contienda en los frentes de Madrid, Aragón, Guadalajara, Teruel, avance hacia el Mediterráneo y Valencia. Mandó la artillería del CE de Galicia. En la paz, fue director de la Academia de Artillería en Segovia, profesor principal de la Escuela Superior del Ejército, gobernador militar de Cádiz, general jefe de la División 81 y gobernador militar de Lugo, subdirector de la Escuela Superior del Ejército y consejero del Supremo de Justicia Militar. Sobre todos estos cargos, puestos, cometidos y trabajos de mi padre, resaltaba su espíritu cristiano, acrisolada honradez y entrega generosa al servicio de sus semejantes. Desempeñó durante muchos años la presidencia del Apostolado Castrense, la vicepresidencia de las Conferencias de San Vicente y multitud de otras «ocupaciones» de tipo religioso. Dio ejemplo de abnegado servicio a la Iglesia, a las órdenes de la jerarquía. Mi madre, de carácter más abierto y alegre, siempre le ayudó, acompañó y aconsejó con claridad de juicio, basado en una magnífica formación moral y religiosa. Fueron un matrimonio cristiano ejemplar y modelo”

 

Luis y María del Rosario fueron padres de:

 

Jesusa, Rafaela, Alfonso (con el que seguiremos), Luis, Dolores, María del Rosario, María del Perpetuo Socorro, Paz, Ignacio y Javier. Ocho de estos hermanos casaron, y dos son religiosos.

 

XII.- Alfonso Armada Comyn, nacido el 12-II-1920 en Madrid, calle Serrano 38, amadrinado en la pila bautismal por la reina Cristina, madre de Alfonso XIII. Casó con Francisca Díez de Rivera y Guilladas, la menor de los hijas de Pedro Díez de Rivera y Figueroa, marqués de Someruelos, hijo de los condes de Almodóvar. Padres de Pedro, Rosario, Maria, Victoria, Isabel y Paz.

 

 

 

Fuentes:

Alfonso Armada Comyn en “Al servicio de la Corona”.

García Carraffa y Mogrobejo en sus Diccionarios Heráldicos Hispanoamericanos.

Varios en biblioteca y archivos.

Antonio Castejón.

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www.euskalnet.net/laviana

 

 

 

 

 

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