Atrás


ZUBIAURRE.

Ascendientes de los celebérrimos pintores Valentín y Ramón Zubiaurre Aguirrezabal

I.- Francisco Zubiaurre se casó en el año 1655 en Azkoitia, Gipuzkoa, con Clara Larrañaga o Larrinaga (de ambas formas se la menciona en actas parroquiales). Padres de:

II.- Francisco Zubiaurre Larrinaga, nacido en 1659 en Azkoitia, que se casó con Mariana Joarrizti Arozena en el año 1686 en Azpilgoeta-Gipuzkoa. Padres de:

III.- Lucas Zubiaurre Joarrizti, nacido en 1688 en Elgoibar, que se casó con Ysabela Bertoita Hereza. Pasaron a Bizkaia y fueron padres de:

IV.- Fausto Zubiaurre Bertoita, bautizado el día 14-X-1733 en Berritz, Bizkaia, que se casó con Theresa 1-Aiarzagoena y Aguirre y 2-Erzilurrutia y Aguirre, natiral de Garay (hija de Domingo, de Garay, y de María, de Iurreta). Padres de:

V.- Domingo Santiago de 1-Zubiaurre y 2-Aiarzagoena y Aguirre, nacido y bautizado el 4-III-1767 en Berritz, que se casó con Marina de Echeita y Gastainaza-Gojeascoa., natural de San Juan de Garay (hija de Martín, de Garay, y de María Josefa, de Iurreta). Padres de:

VI.- Juan Martín Zubiaurre Echeita, nacido el 16-IX-1800 en Berritz y bautizado el mismo día en su parroquial de San Juan, apadrinado por Martín Echeita y Teresa Aguirre. Juan Martín se casó con Dominga Uriona-barrenechea Sarazua. Ambos esposos se avecindaron en la anteiglesia bizkaína de San Miguel de Garai, sita en el duranguesado, donde nacieron sus descendientes durante varias generaciones, y donde habrían de encontrar su hogar, hasta su muerte, los célebres pintores hermanos Valentín y Ramón Zubiaurre. Juan Martín y Dominga fuero padres de estos varones:

José Domingo Zubiaurre Uriona-Barrenechea (Garai, P. San Mioguel, n. 1831).

Martín Guillermo Zubiaurre Uriona-Barrenechea (Garai, P. San Juan, n. 1834).

Valentín Mª Zubiaurre Uriona-Barrenechea, que sigue la línea.

Pedro Víctor Zubiaurre Uriona-Barrenechea (Garai, P. San Juan, n. 1840).

VII.- Valentín María Zubiaurre Uriona-Barrenechea, nacido en 1837 en Garai y bautizado en su parroquia de San Juan, se casó con Maria Paz Aguirrezabal Echezarreta, natural de Bergara-Gipuzkoa..

Fue un compositor español profesor en el Real Conservatorio de Madrid y que trabajó en la Capilla Real.

Padres de:

1.- Valentín de Zubiaurre Aguirrezabal, que sigue la línea.

2.- Ramón María José Celestino Vicente de Zubiaurre Aguirrezabal (Garai, P. San Miguel, bautizado el 1-9-1882).

3.- Maria del Pilar Cristina Jacoba de Zubiaurre Aguirrezabal (Garai, P. San Miguel, n. 1884). De Pilar se nos dice en http://digitalcommons.unl.edu/cgi/viewcontent.cgiarticle=1033&context=modlangspanish que “fue una de las mujeres más destacadas en el ambiente cultural español en los años veinte y treinta, y en el exilio mexicano a partir de 1939. Sin embargo, no se han dedicado estudios monográficos a su figura; lo que se puede explicar por la convergencia de diversas causas. Por un lado, quizás el motivo principal es la escasez de escritos que llegó a publicar, en concreto, algunos cuentos bajo pseudónimo en España, y varios artículos de costumbres vascas en Euzko Deya de México, ya en el exilio...” Puede seguirse información sobre Pilar en dicha web. .2

VIII.- Valentín de Zubiaurre Aguirrezábal nació en Madrid el 22 de agosto de 1879 y falleció el 24 de enero de 1963. “Pintor vasco. Nació sordomudo, al igual que su hermano Ramón de Zubiaurre, también pintor, tres años más joven que él. Ambos eran hijos del compositor musical Valentín de Zubiaurre Urinobarrenechea. Originarios de la localidad vizcaína de Garai, la familia Zubiaurre residía en la capital de España, a donde el padre había acudido a ocupar la plaza obtenida como maestro musical en la capilla del Palacio Real. A pesar del gran deseo paterno de que alguno de sus hijos siguiera con la vocación musical, la fatalidad quiso ambos nacieran sordos.

El 12 de octubre de 1942 se casa en la Basílica de Begoña con Pilar Elejoste Astarbe. Dos años después es nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Durante toda su vida artística mantuvo estudios en Madrid y en la casa natal de Garai.

EL TEXTO QUE SIGUE LO HE COPIADO de la obra de Xabier Sáenz de Gorbea titulada LOS HERMANOS ZUBIAURRE.

Valentín de Zubiaurre, por las circunstancias del trabajo de su padre, nació en Madrid, el 22 de agosto de 1879, aunque vasco por ascendencia y por formación de su sensibilidad, como dijo Margarita Nelken. O como recordaba el propio Valentín a Julio Trenas: Ello se debe a que soy vasco y en Vasconia tengo mi estudio, en respuesta a una pregunta sobre su insistencia en el tema vasco.

Fue el primer hijo del compositor de música y maestro de la Capilla Real, Valentín de Zubiaurre, académico también de Bellas Artes de San Fernando, como su hijo lo sería después.

Las circunstancias de su nacimiento madrileño con el tiempo le crearía problemas, puesto que no pudo acceder a las becas que otorgaba la Diputación de Vizcaya. A lo sumo, se le pudo conceder una bolsa de viaje en 1902. Cosas de los papeles y la burocracia.

Valentín, como su hermano Ramón, aunque la problemática de éste era distinta, fue sordomudo, al parecer de nacimiento. ¡Qué terrible para un padre músico!

Quizá este hecho fuera determinante para que los dos hermanos desarrollaran un gran sentido de percepción y, en cierta forma su estática y callada expresión. Stevens, pintor sordomudo también, comenta cómo Valentín, tres años mayor, tomó la inciativa. Positivo y agresivo decidió que él y su hermano menor serían pintores. Y bien que se entregaron a la tarea tanto en Madrid donde vivían por razones del cargo de su padre, como en Garay durante todas las vacaciones. Estudio de Garay que conservó Valentín hasta su muerte.

La educación de Valentín siguió los típicos caminos que se estilan en el Madrid decimonónico. Tiene apenas quince años cuando realiza su ingreso en la Escuela Superior de Pintura de San Fernando. En estos años si algo le distingue, a él y a su hermano, será el que ambos pintaban al aire libre todos los veranos en Garay. Y esos serán los primeros cuadros que se le conocen. Es posible que en esa circunstancia tuviera su parte de culpa el paisajista Carlos de Haes, quien junto a Moreno Carbonero, Muñoz Degrain y Alejandro Ferrant formaron parte de la nómina de sus primeros profesores.

También, según Stevens, Valentín dominó el estilo de Fortuny y realizó por años una pintura meticulosa y excesivamente anecdótica. Pero, muy pronto, como decía, se le afiló su interés por el paisaje. De un "pleinairismo" de paleta terrácea se acercará mediante la captación de la atmósfera y del mar a una suerte de impresionismo. Que pudo conocer "in situ" en el viaje que acabados sus estudios realizó en 1898 por los Países Bajos, Francia e Italia, que dice Llano Gorostiza, con su madre y hermano. Extremo éste último, al que no se refiere Mochizuki. Por lo que lo ponemos en duda, al menos en lo que se refiere a su hermano menor, contando como contó el japonés con datos de primera mano por su amistad con Ramón.

Poco más conocemos de sus primeras obras. Y difícil resulta determinar el cualitativo salto de una obra en formación y sin definir a una etapa donde el pintor se manifieste más o menos con los resortes y el estilo consolidado. Bien podría ser en 1901, ya que entonces se le concedió una tercera medalla en la Exposición Nacional y en donde le vemos además, atreviéndose con los retratos de sus padres. Pero la cosa no queda clara viendo el boceto de su obra "Uno menos y uno más", que presentó a la Nacional en 1904, cuadro aún sin pulir, muy sin confirmar sus posibilidades futuras. Por lo que me inclino por estimar más significativo el posterior viaje que hizo a Italia hacia 1902 con su hermano, gracias a la Diputación de Vizcaya. En la medida que no será hasta después de este viaje hacia 1903-1904 cuando comenzará una cierta mayoría de edad artística.

La gradual creación de un lenguaje propio

En "Uno menos y uno más", aunque ya se veían algunos datos de su nuevo estilo, en lo que concierne a composición de figuras, sin embargo su paleta y su técnica dista mucho aún, y sus recursos plásticos aparecen "congelados" en una escena de interior. Es aún una obra sin personalidad definida, muy en clave anecdótica y de Academia.

Después, hará un nuevo viaje por Europa, esta vez más duradero, entre 1905 y 1906, junto con su madre y hermano, y a los que se añadirá con posterioridad su padre. Recorrerán cuando menos París, Nápoles y Viena. Seguramente este viaje, Ilenándose los ojos del arte universal será importantísimo para su obra futura. Para José Francés, también fue definitiva: Fue durante y, sobre todo, después de sus viajes por Europa la asimilación consciente, beneficiosa, de las modernas normas de belleza y de las inmutables enseñanzas de los viejos maestros altivos y soñadores.

Pronto, le veremos sacando sus escenas al aire libre, antes le habíamos visto pintando paisajes, ahora los pondrá como fondo para sus figuras, especialmente en parques y jardines, muy en la línea de las pastorales bucólicas. Que nos recuerdan cierto decadentismo modernista, cierto suspiro ante la naturaleza. Son obras llenas de una sordina complaciente y hasta alguna aspiración vacilante, con afanes simbólicos. Anida en ellas un espíritu burgués y algo indefinible que se marca en el ambiente, con ligeras vaporosidades a lo Chavannes en las personas, mientras el paisaje parece un telón de fondo donde se inscribe eglógicamente otra vida.

Pero este foco modernista durará poco, apenas unos suspiros o el tiempo de un sarampión. Luego, parece que será seducido por cierto espíritu de los literarios del noventa y ocho -fue contertulio de Valle lnclán- y sobre todo por el "fotógrafo", como Bergamín llamaba, más que con sorna, a Zuloaga. Acentos a lo característico, a lo racial que los dos hermanos también pudieron captar en la obra del bretón Cottet. Es Zuazagoitia quien rücordaba esta influencia de la pintura oscura bretona. Y se hacía, también reflexiones sobre las relaciones entre vascos y celtas. Relaciones arqueológicas y coincidencias que se daban en la música y en la permanencia de una cultura particularizada y no muy distantes en espíritu. Espíritu bretón, por lo bretón, que no olvidaría Valentín, al menos en cuanto a tema para pintar, como recordaba José Francés en fecha tan tardía de su vida como 1945, cuando aún resurgían en sus lienzos las "alusiones bretones de la juventud".

En la Exposición Nacional de 1908 aparecerán de modo oficial, por otra parte, las composiciones de temas vascos, y el primer estilo de los Zubiaurre quedará consolidado. Estilo que para Stevens formó Ramón. Pero fue Valentín quien ahondó más en él, quizá por su especial personalidad o por un inmovilismo academizante. Lo cierto es que realizará una pintura más uniforme, con menos saltos, y en definitiva quien llevará al límite las primeras incitaciones.

El éxito de Valentín fue muy grande, y si en eso siguió los pasos internacionales de Zuloaga no fue tanta la subordinación estilística con el maestro eibarrés. Aunque Zuloaga, y lo zuloaguesco fue una constante apostilla crítica para su obra. Sobre todo por parte de sus rivales. Comunidad que se revela más en Valentín que en Ramón. Ya que también Valentín degustó y paladeó Segovia, siendo con el tiempo éste, el paisaje de Segovia y sus gentes, uno de sus principales núcleos temáticos. Comenta el Marqués de Lozoya que les conoció en la década de los diez en Segovia, donde especialmente Valentín pasó temporadas en el Palacio del Conde de Cheste, sordomudo también, hasta la muerte de éste, en 1923.

Sin embargo, el espíritu, lo que se desprende y el modo de pintar, la técnica de Valentín son muy distintos a los de Zuloaga. Es verdad que Valentín reprodujo algunos elementos icónicos de Zuloaga, pero en otro contexto y con otro contenido plástico y humano. Frente a la pincelada suelta, vista, muchas veces caracoleada, de Zuloaga respondía Valentín con el esplendor barnizado de la suya. Frente a la potencia y facilidad de Zuloaga en conseguir los volúmenes y las distancias, Valentín ofrecía un ingenuismo degradante en la distancia, un chisporroteo de brillos y un extremoso perfilado de sus figuras. Más expresivo y seco, hierático y adusto que Zuloaga. Mientras éste, a su vez, es más barroco y mundano, con esa pícara sensualidad y teatralizada visión de unas imágenes en decadencia, como mirando desdeñosamente. En una palabra, hay más acentuación crítica en Zuloaga que en las cosas son como son de Valentín.

Valentín, en este tiempo de consolidación de su estilo mostrará una pintura trabada, académica en cierta forma, y a la vez primitiva, como con un esfuerzo no exento de ingenuismos. Ha sido José Francés quien mejor lo ha comprendido: Valentín, siempre, aún cuando sonría en el asunto alegre o con los tonos claros, es grave, austero, de una honda sonoridad de armonio.

Además fue un pintor que evolucionó lentamente, sin prisas, quizá su pronto éxito le mantuvo en su estilo. Menos inquieto que Ramon, parece más reposado, menos abierto a la innovación. Fue encerrándose paulatinamente en su propio mundo, idealizándolo Y elaborando sus cuadros con ligerísimas variantes.

Estilísticamente, pronto, de una primera pintura muy siluetística, irá alcanzando más y más perfección en sus composiciones. Dedicándose toda su vida a captar lo característico... ...

No se trata de agradar o desagradar: se trata de ser él mismo, de mostrar su corazón al desnudo y formular enérgicamente una individualidad.

En estas primeras décadas del siglo predominó su tendencia a la pintura oscura, pinturas que nos han llegado aún más apagadas, por cuanto como recuerda Stevens, utilizaba telas viejas y tenía ciertos descuidos técnicos. Es característico, pues, en esta primera etapa esa luz anaranjada de ocaso cayendo sobre sus figuras, que ayuda a recogerlas más aún sobre sí misma, a replegarlas. De tonos más apagados y mortecinos que su hermano, también reducirá el radio de acción de las figuras, apenas las manos, los pies, la cabeza se despegan del cuerpo en este tiempo. Y deja a los ojos que lo digan todo o casi todo. Sus personajes con ser muchos -el sentido acumulativo es una característica del arte vasco- todos tienen su caracterización precisa, son excelentes retratos, sin apenas desmayos caricaturescos.

Y es que Valentín es más idealista, mientras Ramón será más expresionista. Los objetos, a su vez, bodegones soberbios, son un poco la prolongación, el ambiente objetual de cada día que aparece por cualquier lado. Y luego, está el encabalgamiento de planos como fondo, de abajo a arriba, con cierto orientalismo que no deja olvidar del todo las enseñanzas escolásticas de la degradación de tonos, aunque los últimos planos, a veces solamente se silueteen, sin trabar del todo, consecuencia de buscar los contrastes en las luces de ocaso y amanecer. De todas maneras, Valentín, más dado que Ramón a cuadros de una o dos figuras, utilizará menos que aquél la sistemática aparición por algún lado del paisaje. Ya que a veces, la figura ocupa toda la superficie pictórica para recortarse, simplemente, contra el cielo. Esto no quiere decir que no ofrezca, como Ramón, apacibles visiones de amplios valles, valles para habitar y donde suceden cosas, no reduciéndolo todo al primer plano, en el que de manera especial se agrupan las figuras. Ahora bien, aunque la pretensión de Valentín sea maridar las figuras del primer plano en el paisaje, como le expuso a Trenas en 1947, no lo conseguirá del todo, hay cierta incomunicación latente, al igual que entre los distintos personajes.

Y así sigue Xabier Sáenz de Gorbea explicando la pintura y la figura de Valentín y, más adelante, de su hermano, en su obra titulada LOS HERMANOS ZUBIAURRE.

Antonio Castejón.

maruri2004@euskalnet.net

www.euskalnet.net/laviana

 

 

 

Arriba