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Los Ybarra de Araba que pasan a Argentina,

uno de cuyos descendientes enlaza con Paula Florido,

tercera esposa que fue del célebre Don José de Lázaro Galdiano.

 

 

En obras; febrero 2009. Se agregará texto.

 

 

I.- Pedro de Ybarra de Mugaburu y Bitorica se casó el 30-I-1643 en la parroquia San Román del Valle de Okondo, en Araba, con Josepha de Unzaga Murga. Padres de:

 

II.- Asensio de Ybarra Unzaga, bautizado el 29-V-1645 en San Román  de Okondo, casó con Maria Andresa de Aspuro Acha. Padres de:

 

III.- Martín de Ybarra Aspuro, bautizado en San Román de Okondo el 6-VI-1682, se casó con María de Arechiderra Billanueba. Padres de:

 

IV.- Agustín de Ybarra Arechederra, bautizado el 28-VIII-1719 en  San Román de Okondo, se casó con  Rosa de Unzaga Larrasquitu. Padres de:

 

V.- Pedro Antonio de Ybarra Unzaga, bautizado el 3-IV-1766 en San Román de Okondo, casó con María Francisca de Galíndez Palacios, nacida en el bizkaíno Valle de Gordexola y bautizada el día 4-X-1774 en su parroquia San Juan del Molinar (hija de Antonio de Galindez Urtiaga y de Maria de Palacio Amabizcar). Padres de:

 

VI.- José María de Ybarra Galindez, nacido el 4-IX-1807 en Llodio (Araba) y bautizado en su parroquia San Pedro de Lamuza, se casó el 2-V-1825, en San Román de Okondo, con María Josefa de Otaola Urquijo, bautizada el 27-VII-1801 en la parroquia Santa María del Yermo de Llodio (hija de Andrés de Otaola Lecanda, de Sta Mª del Yermo, y María de Urquijo Unzaga, nacida en Okendo). Ambos esposos pasaron a vivir en Bizkaia.

 

José María murió el 4-VII-1880 en San Juan del Molinar (Valle de Gordexola, Bizkaia), a consecuencia de una “estremguria en la vejiga”; testigos de su inhumación fueron Manuel Urtiaga y Juan José Arechaederra. Previamente había otorgado testamento ante el notario de Güeñes D. Manuel de Palacio (intentaré ver este testamento, en el Archivo Histórico de Protocolos N.).

 

José María y María Josefa fueron padres de

 

1.- Maria Ascensión Ramona de Ybarra Otaola  (Gordexola, P. San Juan, 1829).

2.- Juan Francisco José de Ybarra Otaola, que sigue la línea.

3.- María Asunción de Ybarra Otaola  (Gordexola, P. San Juan, 1837).

 

4.- Román Ramón de Ybarra Otaola  (Gordexola, P. San Juan, b. 28-II-1841). De éste nos dice su descendiente Diego Ibarra vaskoviejo@yahoo.com.ar que era “conocido en la familia por "Ramón"; que pasó a América y que se casó con Catalina Laporte, en la que tuvo nueve hijos, siendo uno de éstos:

 

4.1.- José Ramón Ibarra Laporte, abuelo del dicho Diego, que “se casó con una mujer del mismo apellido, Elina Elisa Ibarra, cuya familia se encontraba en Argentina desde mucho tiempo antes. Hasta donde pude averiguar, el ascendiente más antiguo que encontré de esa rama, sería Esteban Sánchez de Ibarra, quien se casó con Juana Quijano, aquí en Buenos Aires, el 12/3/1730 y entre sus hijos se encontraban Tadeo Ibarra, Juana Tadea Ibarra, Tomasa de Ibarra, María Mercedes Ibarra, José Nicolás Ibarra, y no sé si otros más. Todos -claro está- nacidos por aquí”.

 

VII.- Juan Francisco José de Ybarra Otaola, nacido el 24-V-1834 y bautizado al día siguiente en la parroquia San Juan del Molinar del Valle de Gordexola (Bizkaia),  fue apadrinado en la pila por Domingo Urtiaga y Mª Antonia Otaola. Pasó a América, y contrajo matrimonio allí,  en Argentina, el 18-I-1873 con Paula Florido Toledo, natural del país, soltera, de 17 años, hija legítima de Rafael Florido, natural de Italia, y de Valentina Toledo, Argentina. Testigos del acto fueron Ramón Ibarra, de 32 años, natural de España, domiciliado en Bragado (se trata de Román Ramón Ibarra, hermano del novio, bautizado en 1841 en San Juan de Gordexola), y Valentina Toledo, de 40 años (libro de matrimonio de 25 de Mayo, folio 4, libro 14 de esta Parroquia; dato, como otros que aquí figuran nos ha sido ofrecido por doña Susana Domínguez Soler).

 

Paula tuvo tres hermanos: Pedro Mateo, José y Rafael. De éstos, Pedro Mateo de Florido Toledo casó con Lucila Alsina, en la que fue padre de Virginia Corina, Pedro Primo y Lucila Ana de Florido y Alsina.

 

Juan Francisco José de Ybarra Otaola y Paula de Florido Toledo fueron padres de:

1.- Juan Francisco de Ibarra Florido, nacido en Buenos Aires el 5-I-1877, recibiendo bautizo en la Iglesia de San Nicolás de Bari el 7-7-1877. Sus Padrinos de pila fueron Lauro Galíndez y Elena Domínguez. Juan Francisco fue padre de:

1.1.- Néstor de Ibarra Saubidet. Néstor obtuvo en 1933 el grado de Dr.  de Filosofía y Letras.

 

Paula, de modesta posición, cuidó con cariño a su marido Ybarra, que le llevaba muchos años y que falleció a poco de su matrimonio, dejandole un hijo y una buena fortuna; fortuna que ella acrecentó extraordinariamente.

 

Viajando, ya viuda, por España, se enamoró Paula de una andaluz, Vázquez Barrios, periodista modesto, que correspondió al amor de Paula. Pronto falleció Vázquez Barrios, dejando a Paula una hija.

2.- de Vázquez Barrios y Florido.

 

Volvió Paula a Argentina, y se casó por tercera vez, con Rodolfo Gache, apuesto criollo, del que tuvo otro hijo:

3.- de Gache y Florido.

 

Pronto murió Rodolfo Gache y, viuda por tres veces y con tres hijos de tres padres distintos, viajó Paula con éstos a España, donde conoció a José de Lázaro Galdiano, surgiendo entrambos mutuo amor. Se casaron el día 19 de marzo de 1903, en la parroquia San José de Madrid. Construyeron, a poco de casarse, el Palacio “Parque Florido”, al final de la calle Serrano, y allí se congregaba lo mejor de la sociedad madrileña de la época.

 

Murieron dos hijos de Paula, sobreviviendo sólo el mayor, Ibarra, que casó con una señorita Argentina. En 1914 sucedió algo terrible en este grupo familiar. No se sabe qué. Pero hizo que todos ellos partieran rápidamente hacia Argentina. Allí quedaron ya definitivamente el hijo Ibarra, y el nieto. Y desde entonces no volvió la total alegría a Lázaro y Paula. Ésta murió en Madrid el 31-10-1932, con salud ya muy deteriorada, por hemorragia cerebral. Contaba 76 años de edad. En su testamento de 1929, dejaba por heredero universal de sus bienes a su único hijo (vivo) Juan Francisco Ibarra y Florido; si este muriera, heredaría su único nieto, Néstor Ibarra Saubidet, y si este también faltara, los descendientes legítimos del referido nieto Néstor.

 

En 6-12-1932 comparece en Buenos Aires Juan Francisco de Ibarra Florido, hijo ya citado de Paula, divorciado, vecino de Becar, en juicio testamentario de su madre Paula Florido de Lázaro.

 

Vamos a tratar ahora brevemente sobre el tercer esposo de Laura: José de Lázaro Galdiano.

 

I.- José de Lázaro, natural de Beire, en Nafarroa, se casó el 28-I-1821 en la parroquia San Pedro del lugar de Aibar, en Nafarroa, con Joaquina Garro Zapata, natural de Aibar (hija de Joaquín Miguel e Isabel). Fueron  vecinos de Beire y allí nacieron sus hijos Isabel Maximina n. 1824, Quintina Francisca n. 1828, Petra Francisca n. 1830, Braulia Felicia n. 1838, y:

 

II.- Leoncio de Lazaro  Garro, nacido en Beire, casó el 25-III-1861 en San Pedro de Olite, Nafarroa, con Manuela Gregoria de Galdiano Garcés, bautizada en dicho Olite el 25-XII-1835.

 

Manuela era hija de Ramón Andrés Galdiano, natural de Olite (hijo a su vez de Francisco) y de Manuela Garcés de los Fayos y Agorreta, que habían casado el 17-V-1817 en Sta. Mª Magdalena de Ablitas, Nafarroa; abuelos maternos de Manuela fueron Rafael Garcés de los Fayos y Francisca Agorreta.

 

Leoncio Lazaro  Garro llevó su fe católica al extremo de tener siempre –y desde los sesenta años en su propia alcoba- el ataúd en que había de ser enterrado…Todos los años, en determinada época, tomaba sobre sus hombros una pesada cruz, y la llevaba, en sucesivas jornadas, a hombros y descalzo, hasta el lejano santuario de la Virgen de Ujué. Su esposa, muy bella y de costumbres aristocráticas, falleció cuando aún era niño José, y fue substituida por la buena Sotera, ama de llaves hasta entonces.

 

Leoncio y Manuela, al disminuir las posesiones de la familia pasaron a modestos terratenientes, pero sin el menor renunciamiento a su prosapia personal e histórica. Fueron padres de:

 

1.- José de Lázaro Galdiano, del que trataremos en el apartado siguiente.

 

2.- Josefa Apolonia de Lázaro Galdiano (Beire, P. San Millán, n. 9-II-1864).

 

3.- Rogelio María José Miguel de Lázaro Galdiano (Beire, P. San Millán, n. 16-IX-1866). En el año 1917 vivía en la villa bizkaína de Bilbao, en su calle de Hernani nº 6-1º, en la zona del Ensanche. Rodolfo tuvo un hijo con Leónida del Coro Ramos:

6.1.- Rodolfo de Lázaro y del Coro, nacido el día 20-II-1917 en Bilbao.

 

4.- Jesús María Bernardo de Lázaro Galdiano (Beire, P. San Millán, n. 25-XII-1868)

5.- Carmen Polonia Dolores Josefa de Lázaro Galdiano (Beire, P. San Millán, n. 13-VII-1870).

 

6.- Ángel Remigio José de Lázaro Galdiano (Beire, P. San Millán, n. 1-X-1871). Se casó con Catalina Agustina de Martínez de Esproceda Gabari (13-II-1873 – 21-IV-1955), hija de José Martínez de Esproceda  García (fallecido el 6-XII-1829) y de Águeda Gabari Gil (Beira, P. San Millán, b. 5-II-1846; hija de Ángel Gabari y Laureana Gil). Padres de:

 

6.1.- Ramón Lázaro Martínez de Espronceda, nacido en Beire el 9-II-1905, se casó con Ángela Núñez Trabado, nacida en Cervantes-Galicia el 17-6-1907 y fallecida en Bilbao el 30-3-1969. Padres de:

 

7.- Asunción Josefa de Lázaro Galdiano (Beire, P. San Millán, b. 14-VIII-1873).

 

 

III.- José de Lázaro Galdiano nació en Beire, pueblecito navarro cercano a Tafalla, a las cuatro y media de la madrugada del 30 de enero de 1862 y fue bautizado al día siguiente en la parroquia de San Millán. En el bautizo, su padrino fue el vicario de la parroquia de San Pedro de Olite, don Pedro Suescun, en nombre y comisión del doctor don Cecilio Lázaro, maestrescuela de la S. 1. Catedral de Lérida 45. Se le puso por nombre José Cecilio.

 

Transcribo seguidamente una breve semblanza de José Lázaro Galdiano,

copiada de la obra de Juan Antonio Yeves Andrés titulada “El Doctor Thebussem y Lázaro”.

 

A temprana edad quedó huérfano de madre y, tras su paso por la escuela rural donde cursaría los primeros estudios, su padre dispuso que estudiase el Bachillerato en los Escolapios de Sos del Rey Católico. Obtuvo el grado de Bachiller en el Instituto de Zaragoza después de aprobar los ejercicios propuestos el 9 y 10 de julio de 1877 con la calificación de «Sobresaliente» y «Aprobado» respectivamente; el título que lo acreditaba fue expedido por la Universidad de Zaragoza el 11 de diciembre del mismo año 50.

A la edad de quince años entró, nombrado por el Director, como escribiente en la sucursal del Banco de España en Pamplona. Desde aquella fecha, 5 de septiembre de 1877, hasta 1887, su trayectoria y sus lugares de residencia están relacionados con su empleo en esta entidad.

Permaneció en Pamplona hasta aprobar el examen para el ingreso en la escala general de empleados de sucursales, cuando obtuvo el nombramiento de escribiente. Tomó posesión de su cargo el 9 de octubre de 1880 y dos días después fue destinado a Valladolid, donde intentó compatibilizar su trabajo con los estudios, pues se inscribió el 26 de octubre siguiente en la Facultad de Filosofía y Letras en tres asignaturas, dos correspondientes a los Estudios preparatorios, y una de las que formaban parte de la Licenciatura de Derecho: «Literatura general», «Historia universal -primer curso-» y «Elementos del Derecho romano -primer curso-», materias que aprobó, la primera con la calificación de «Aprobado» y las dos últimas con la de «Bueno».

Esta etapa vallisoletana, que fue muy breve -octubre de 1880 hasta agosto de 1881-, puede ser significativa en su futura trayectoria personal, porque sabemos que comenzó su formación universitaria y que allí dio sus primeros pasos como publicista. En marzo del año 1881 comenzó a publicarse en Valladolid El Liceo, revista de la que únicamente hemos encontrado referencias bibliográficas, que abarcaría una amplia temática de ciencias, artes y letras. Al parecer, Lázaro se encargó de su dirección y en la redacción intervenían varios estudiantes; salió con el subtítulo “órgano del cuerpo escolar y defensor del bello sexo”. Sin duda este hecho puede ser significativo como un antecedente de La España Moderna, como reconocería el propio Lázaro muchos años después en una entrevista publicada en Argentina, con motivo de su tercer viaje a la patria de su esposa, en la que comentaba a Malena Sandor:

“Mis comienzos en el periodismo... fueron en la Universidad de Valladolid, donde con algunos de mis compañeros publicaba una revista que se llamaba «El Ateneo». Tenía muy pocas páginas. Pero muchos de los que colaboraron en ella llegaron después a ser hombres ilustres”.

Por otra parte, en Valladolid conoció a la que sería su primera novia, Elvira Lazcano y Morales de Setién, una joven atractiva e inteligente, de quien Lázaro estuvo muy enamorado. Queda constancia de esta relación en dos cartas de Tomás Barrera y Rodrigo a José Lázaro; de la lectura de la primera, se puede interpretar que el motivo de la ruptura entre ambos estuvo relacionado con el cambio de destino de Lázaro y que éste debió de sentirse muy afectado por la separación: “De Elvirita no te digo nada; el olvido es el mejor remedio aunque algunas veces esto sea imposible”. En la segunda, además de tratar otros asuntos, le dice: “a Elvirita la veo de paseo, y creo que no tiene novio desde que tu la dejaste”.

Hallándose en Valladolid, Lázaro consiguió el ascenso a oficial de séptima en el Banco de España, pero esto supuso su traslado a Málaga, aceptado el 8 de agosto de 1881. Fue nombrado con esa categoría el 18 de agosto siguiente y tomó posesión del cargo el último día de dicho mes en la capital andaluza.

De su estancia en Málaga durante un año, hasta agosto de 1882, sólo conocemos su actividad en el Banco de España. Tal vez con el deseo de regresar a Valladolid -siempre tuvo la intención de instalarse en una ciudad donde pudiese continuar sus estudios-, coincidiendo con los exámenes de «Literatura general», asignatura que aprobó en los exámenes extraordinarios, se matriculó en el nuevo curso el 30 de septiembre de 1881 en: «Derecho romano -segundo-», «Historia universal» y «Literatura griega y latina». Al no darse las circunstancias propicias para trasladarse desde Málaga, no pudo asistir a las clases en la Universidad vallisoletana.

A lo largo del curso cambió de planes y solicitó el traslado de expediente a la Universidad Literaria de Barcelona, aunque no pudo desplazarse a la ciudad condal hasta el 14 de agosto de aquel año 1882, cuando surgió la oportunidad de una permuta de destino con José Gómez Cruz. Poco tiempo después de su llegada a Barcelona se matricula en la Universidad Literaria en las primeras asignaturas correspondientes a la Licenciatura de Derecho, durante el curso 1882-1883, pero algunos meses más tarde padece problemas de salud: desde marzo hasta agosto de 1883 hubo de ser asistido de hepatización pulmonar doble del vértice, con hemoptisis repetidas y algunas veces copiosas. Suspendió en la asignatura «Instituciones de Derecho Romano -segundo-» y aprobó «Economía política estadística» en examen extraordinario. En el curso siguiente se matriculó de nuevo en «Derecho político y administrativo», no presentándose al examen, y en «Instituciones de Derecho romano -segundo-», que de nuevo suspende.

Los años siguientes reside en Barcelona, primero en la calle del Conde del Asalto y después en las del Buen Suceso y Fortuny. Aunque se había restablecido de aquella dolencia, solicitó un nuevo traslado por motivos de salud en noviembre de 1884, cuando contaba veintidós años. Las ciudades que señalaba entre sus destinos preferidos eran Granada, Sevilla, Salamanca y Zaragoza, pero, finalmente, renunció a sus planes porque habían cesado las razones de su solicitud y porque se encontraba en vísperas de lograr un ascenso; además alegaba otros perjuicios que le ocasionaría el desplazamiento: la traslación de mi biblioteca, compuesta de mil volúmenes que me costaría un dineral. Con la documentación que tenemos, sólo podemos afirmar que proceden de esa época algunos volúmenes que llevan un sello de la librería Universal de la calle Conde del Asalto. Entre los libros localizados con dicha señal, ninguno puede calificarse de bibliófilo, pues son obras publicadas en aquellos años, como Estudios de Literatura y Arte de Francisco Giner, La Ciencia Española de Menéndez Pelayo o las Poesías de Ros de Olano, entre otros títulos.

En Barcelona es donde, junto a escarceos periodísticos, si no surgió, al menos se desarrolló con la ilusión y entrega propias de la juventud lo que constituiría una de las claves permanentes de su vida: nos referimos a su afición al coleccionismo, tanto de libros como de obras de arte, que bien puede decirse que fue en él constante invariable. Quizá aquellos problemas de salud afectaron de manera decisiva a sus estudios, pues se matriculó de nuevo en la Universidad en los cursos 1883-1884 y 1884-1885, pero no se presentó a los exámenes, excepto al de «Derecho Romano -segundo-», que suspendió.

Un nuevo ascenso motiva su desplazamiento a Valencia en el verano de 1887, pero regresa a la ciudad condal antes de haber transcurrido dos meses, al concedérsele una permuta con Eugenio Romo.

El 9 de diciembre de 1887 pone fin a su actividad como empleado de banca, sin haber ocupado cargos relevantes, con el siguiente argumento: “No siéndome posible atender al cumplimiento de mis deberes de empleado del Banco de España con la puntualidad, y detenimiento que requieren y deseo, por impedírmelo el estado de mi salud, presento la dimisión de mi destino”.

Por estas fechas Lázaro había comenzado su actividad periodística, publicando artículos en La Vanguardia sobre temas artísticos, reseñas de exposiciones y crónicas de sociedad; gracias a esta labor entró en contacto con la sociedad barcelonesa más distinguida y tuvo la suerte de conocer y entablar relaciones con personajes que tenían prestigio en ambientes relacionados con la prensa y con la bibliofilia -Alexandre de Riquer será el ilustrador de la portada del primer número de La España Moderna- y con los escritores catalanes más destacados. Uno de ellos, Narciso Oller, le define como “un jove il.lustrat i molt aficionat a les arts i ti les bones letras”.

Se sabe que formó parte de la Comisión de Festejos en la Exposición Universal que se celebró en la ciudad condal en 1888, pero ya antes había intervenido en las reuniones preparatorias para la misma en los meses de octubre y noviembre del año 1887, como «Corresponsal de La Epoca»; después, durante la Exposición, tomaría parte activa en comisiones como las del Torneo a la moderna, Fuegos artificiales y Cabalgata animadora.

Mientras se celebraba la Exposición Universal, concretamente en el mes de mayo de 1888, como recuerda su amigo Narciso Oller, Lázaro conoció a doña Emilia Pardo Bazán. En la Exposición de Pinturas suplicó a Oller que le presentase a la novelista gallega, amiga también de Yxart, de quien era admirador fervorosísimo y se quedó encantado de doña Emilia, a quien encontró simpatiquísima y buscó la ocasión de acompañarla. Emilia Pardo Bazán en aquellas fechas mantenía una relación con Pérez Galdós, pero el encuentro con Lázaro dio lugar a un fugaz episodio amoroso, que llegó a ser de dominio público; don Benito se enteró de aquella infidelidad y más tarde doña Emilia confesará su falta -un error momentáneo de los sentidos- y pedirá perdón. El romance se transformó en una sólida y provechosa amistad para ambos, especialmente para Lázaro, porque doña Emilia fue una eficaz colaboradora en la empresa que se propuso Lázaro, apoyándole con su habilidad, talento e influencias, aunque, por otra parte, los autores que no pertenecían al círculo de amistades de la escritora gallega o quienes estaban enemistados con ella mostraron una disposición poco favorable a la hora de publicar en La España Moderna. Lázaro ofreció a doña Emilia un bajorrelieve del escultor Tasso, como muestra de su gratitud por haberle dedicado ésta en prenda de amistad la novela Insolación66, obra que fue calificada por Clarín de boutade pseudoerótica de la ilustre dama. Así, pronto surgirían las diferencias entre Clarín y Lázaro, que siempre mantuvo una postura firme en contra de quienes insultaban a sus amigos y colaboradores en La España Moderna; por otra parte, el autor de La Regenta fue desconsiderado con doña Emilia, contra quien lanzó ataques injustos y mezquinos.

Lázaro se trasladó a Madrid en los últimos meses de 1888, en noviembre o quizá en diciembre de aquel año 67, pues el 18 de julio de 1890 le decía al Doctor Thebussem que había llegado hacía seis meses e inmediatamente se ocuparía de la preparación del primer número de La España Moderna y de dar a conocer la llueva publicación. En el «Prospecto» que, como director, insertó en el primer número -correspondiente a enero de 1899-, definía detalladamente su proyecto, si bien después éste se ampliaría con la editorial homónima en la que tuvo a su cargo la publicación de numerosas obras de carácter literario, histórico, filosófico, jurídico y médico entre otras materias, que superaron los seiscientos títulos, aparte de diferentes revistas con una vida más breve: La Nueva Ciencia Jurídica, Revista Internacional y Revista de Derecho y Sociología. En la primera etapa de la revista y de la editorial es evidente el apoyo y la influencia de doña Emilia: «protectora y propagandista» la considera Pereda. A partir de 1894, Lázaro siguió los consejos de Miguel de Unamuno y de Marcelino Menéndez Pelayo, uno de los más destacados colaboradores, hasta el punto que de la presencia abrumadora de autores franceses y rusos, se pasa a una etapa con una mayor difusión de la ciencia germánica y la inclusión de ensayos de hispanistas alemanes.

La España Moderna fue una editorial única en su tiempo, por considerarse como una de las mayores iniciativas culturales de su época -Díaz Plaja afirma que el catálogo es sencillamente asombroso -y como una tarea de mecenazgo ante el depauperado mundo intelectual y cultural del momento. Lázaro dedicó a este esfuerzo su tiempo y su dinero, pues se trataba de una iniciativa realmente vivida, sentida y dirigida por él.

Por otra parte, con su llegada a Madrid, Lázaro pudo encontrar el ambiente propicio, cuando la revista no le ocupase todo el tiempo, para desarrollar su afición al coleccionismo de arte y de libros. Sin olvidar su condición de viajero infatigable, Junto a esta actividad editorial, la formación de su gran colección artística y bibliográfica habría de absorber considerablemente su tiempo e ilusiones. Y a esta tarea, llevada con ejemplar perseverancia, dedicaría las posibilidades a su alcance y su disponibilidad económica. Con la ordenación de los documentos que se conservan en la Fundación han aparecido datos nuevos referentes a las piezas que integraban sus colecciones y aún quedamos con la esperanza de que algún día se conocerán detalles más precisos respecto a la adquisición de muchas obras, que por desgracia han llegado hasta nosotros sin la deseable documentación; al parecer, en algún caso hubo de confiarse a la privilegiada memoria de su propietario, perdiéndose, con su desapanción, el rastro de las vicisitudes corridas por muchas piezas.

En el Madrid de finales del siglo XIX encontró acomodo adecuado para la instalación de las obras adquiridas, citándose particularmente, como emplazamientos conocidos, su residencia en la Cuesta de Santo Domingo, número 16, cerca de las de Juan Valera y del General Martínez Campos y enfrente de la  del duque de Frías, según Rubén Darío la mejor puesta que existía en Madrid, y en la calle de Fomento, número 7, donde debió de trasladarse en 1902. En la primera casa fue donde Rubén Darío en 1899 pudo contemplar el Salvador adolescente, atribuido entonces a Leonardo da Vinci, calificándolo como la Santa panagia de la colección, que ya atestiguaba la realidad incuestionable de los desvelos coleccionistas de su propietario. El escritor nicaragüense habla además en esas fechas de Lázaro como soltero, joven y muy rico. Al iniciarse el siglo XX, según Federico Marés, era conocido como uno de los coleccionistas más inteligentes.

Un episodio hasta ahora inédito, por lo que sabemos, es el de la conclusión de su Licenciatura en Derecho. Había abandonado sus estudios durante más de una década, cuando se matriculó en la Facultad de Derecho de Universidad Central en Madrid en el curso 1894-1895, en dos asignaturas para examinarse en la convocatoria de enero: «Historia crítica de España» -correspondiente a los Estudios preparatorios- e «Instituciones del Derecho romano» -incluida en la Licenciatura-. Sin duda esta decisión -aunque luego no llegó a examinarse- tuvo mucho que ver con la publicación de la Revista de Derecho y Sociología, a pasar de su trayectoria efímera, pues sólo vieron la luz los seis primeros números en el año 1895. En la publicación figura como director Adolfo Posada, pero era financiada por Lázaro. De acuerdo con el objetivo propuesto -reflejar de una manera fiel y completa el movimiento jurídico y sociológico contemporáneo--, el editor dejó en manos de su amigo Posada todo lo referente a colaboradores y asuntos que debían tratarse. Por otra parte, esta publicación es una muestra de la influencia ejercida por el núcleo de la Universidad de Oviedo, vinculado con el krausismo, en la editorial de Lázaro. Como pretendía condensar el movimiento jurídico y social de España y el extranjero, Dorado Montero se encargaba de la prensa extranjera; Joaquín Costa, que figuraba como notario de Madrid, de la legislación hipotecaria y notarial; Adolfo Álvarez Buylla y Blanco-Constans de las consultas jurídicos-prácticas y Juan Bances y José María Pedregal de la sección de tribunales. Las notas bibliográficas ocupaban un espacio considerable, como en La España Moderna; Posada y especialmente Dorado Montero se encargaron de leer y dar a conocer a los lectores las publicaciones recientes, en dos secciones: «Bibliografía» y «Revista de revistas». También se reservaba espacio para las «consultas» y para las discusiones sobre las sentencias de tribunales.

Por aquel entonces contaba con una notable trayectoria editorial al frente de La España Moderna y con la breve pero interesante experiencia de la Revista de Derecho y Sociología; por otra parte, la necesidad de buscar títulos nuevos, de seleccionar obras extranjeras para traducir -cuando ya había publicado además numerosos libros de la colección titulada «Biblioteca de Jurisprudencia, Filosofía e Historia»-, así como el trato frecuente con especialistas en la materia le habían proporcionado unos conocimientos y una gran preparación a falta únicamente de un título que lo acreditase.

Cabe sospechar que sus amigos y los colaboradores de La España Moderna, los ya mencionados y también doña Emilia, le espolearan y animaran para decidirse a concluir de una vez su Licenciatura de Derecho y de ahí que el 7 de enero de 1896 presentara una súplica -firmando como testigo Antonio Pintos Pintos- al Rector de la Universidad Literaria de Santiago, en la que exponía su deseo de ser examinado en dicha Universidad para dar validez académica en aquel curso a los estudios que tenía hechos libremente; en ella pedía ser admitido en la convocatoria de enero. Se presentó en enero, junio y septiembre de aquel año, pero al no aprobar todas las materias hubo de entregar una segunda solicitud en los mismos términos el 14 de mayo de 1897.

Meses más tarde, doña Emilia se lamenta de que Lázaro no pudiese acompañar a su familia por no haber concluido sus estudios: “Lástima que no esté V aquí: y estaría V, si hubiere aprobado y acabase de licenciarse”; efectivamente, fue admitido en una nueva convocatoria, la de mayo de 1898, cuando aprobó las dos últimas asignaturas que tenía pendientes: «Derecho civil español común y foral» y «Práctica forense». El 23 de mayo de aquel año solicitó la admisión al Ejercicio de Grado de Licenciado y, una vez admitido, eligió el tema titulado «Fuero Juzgo»; después del ejercicio oral, verificado ante los jueces Jacobo Gil -presidente-, Ramón Gutiérrez -vocal-, y Ángel Pintos -secretario-, el día 7 de junio de 1898 obtuvo el Grado de Licenciado en Derecho Civil y Canónico por la Universidad Literaria de Santiago.

En 1903 contraía matrimonio con Paula Florido y Toledo.

Anteriormente, esta distinguida dama argentina se había casado con un español residente en Argentina, Juan Francisco Ibarra (1873), con el gallego Manuel Vázquez Barros (1884), y con el bonaerense Pedro M. Gache (1887). Juan Francisco Ibarra, Manuela Vázquez Barros y Rodolfo Gache son los tres hijos de doña Paula que viven cuando se casa con Lázaro.

El nuevo matrimonio pronto comenzó a construir una señorial residencia, «Parque Florido», que se inauguró el 27 de mayo de 1909 con la presencia de Menéndez Pelayo, Echegaray, el Marqués de Pidal, el Marqués de Laurencín, Pablo Bosch y Ricardo de Madraza entre otros eruditos, artistas y escritores. Si bien alcanzó un perfil singular como punto de encuentro en el Madrid de la época, las desgracias familiares ocasionaron el cierre definitivo de sus salones y la desaparición de la casa de los Señores Lázaro en las columnas de Sociedad de la prensa diaria: comenzaron con el fallecimiento en plena juventud de Rodolfo Gache, en 1916, cuando ya había dado muestras de sus cultas aficiones artísticas y literarias; la temprana desaparición de Manolita Vázquez Barros en 1919; y, finalmente, la muerte de doña Paula Florido el 31 de octubre de 1932. Estas adversidades supusieron el cierre de la casa, que pocos años después sufriría los azares de la contienda bélica, salvándose las piezas de la colección artística, en buena parte objeto de devolución a su propietario.

Don José Lázaro permaneció a partir de este momento muchas temporadas fuera de España; durante la guerra civil recorrió Europa y al comenzar la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Nueva York, alojándose en el Hotel Pierre; en Estados Unidos siguió adquiriendo obras de arte -al parecer el único consuelo en su aislamiento- y, cuando regresaba a Madrid, residía en «Parque Florido» y en el Hotel Ritz. El traslado definitivo a España tiene lugar en 1945.

Finalmente, hemos de recordar su fallecimiento el día 1 de diciembre de 1947 en su casa de la calle de Serrano. Otorga testamento el 29 de noviembre de 1947 y en esta disposición consta claramente su deseo: Instituye heredero al Estado español. Por ésta decisión generosa podemos decir con Sánchez Cantón que se trata de un género el suyo de patriotismo, poco estilado en España; por ello más acreedor a loas.

 

Esta semblanza biográfica ha sido copiada de la obra de Juan Antonio Yeves Andrés titulada “El Doctor Thebussem y Lázaro”.

 

En obras; febrero 2009. Se agregará texto.

 

Fuentes: Las dichas en el texto.

 

Antonio Castejón.

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www.euskalnet.net/laviana

 

 

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