Atrás

IPIÑA: De Zeberio a Bilbao (y a Orozko).

Etimología probable:

El mimbre; mimbral, de IMEN, IPEN, IPIN = mimbre, siendo -A artículo o bien contracción de -AGA, sufijo locativo.

IPIÑA es apellido bizkaíno con casas en Arratia y Zeanuri. En la fogueración de 1704 se citan seis casas de este nombre en Zeanuri, y dos en Ugao.

Escudo de Ipiña en el Solar de Ipiña, sito en el barrio Ipiña de la anteiglesia bizkaína de Zeanuri (tomado de Escudos Vizcaíno, de Javier de Ybarra y Bergé):

“Con casco y plumaje y original manto de lambrequines que rematan en lo alto dos ménsulas decorativas, asomando por debajo cañones, trompetas y un mascarón, el escudo se compone de un losanje cargado de una piña y acompañado de cuatro armiños, uno en cada cantón y con orla general de ocho eslabones de cadena.

Se encuentra el escudo encima del balcón central en la fachada del Solar de Ipiña, que queda frente a la iglesia de Santiago de Ipiña, en las estribaciones del monte Gorbea y término municipal de la anteiglesia de Zeanuri.

A esta casa perteneció doña Marina de Ipiña, esposa de Juan de Sierra y Larrínaga, de cuya descendencia, que no lleva el apellido Ipiña, se trata en la citada obre del Sr. Ybarra Bergé.


I.- Juan Ypiña de Ugarte y Tollara y su esposa Maria Guesala Ugarte y Ugarte Uribarri, naturales del Valle de Zeberio, en Bizkaia, tuvieron al menos nueve hijos, siendo uno de éstos:

II.- Pedro Ypiña de Ugarte y Guesala Ugarte, bautizado el 8-X-1631 en la parroquia Santo Tomás de Olabarrieta, en el bizkaíno Valle de Zeberio, que se casó con Josefa Arespezueta Uria. Padres de:

III.- Pedro Ypiña Arespezueta, bautizado en Zeberio el 16-X-1668, que se casó con María Joanes de Solachi Ybarra y Ortiz de Bareñano. Padres de:

IV.- Juan Ypiña Ugarte y Solachi Ybarra, bautizado el 6-III-1703 en Zeberio (siempre nos referiremos a la parroquia Santo Tomás de Olabarrieta, en este Valle), que se casó con Dominica Aspuru Ugarte. Padres de:

V.- Juan Ypiña Aspuru, bautizado el 9-XI-1733 en Zeberio, que se casó con Magdalena de Ozerin Eguia e Ybarra (hija de Domingo Ozerin Arteaga y de Margarita Ybarra Arandia). Padres de:

VI.- Juan de Ypiña Ugarte y Ozerin Eguia, bautizado en Zeberio el 30-X-1759, que se casó con María Antonia Echevarria Olibares. Padres de:

VII.- Juan Antonio de Ypiña Ugarte y Echevarria, bautizado el 6-III-1793 en Zeberio, que se casó, en 1824 en Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, con María Josefa Sarazola Ogarabeitia. Padres de, entre otros:

1.- María Josefa Ypiña Sarasola (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1825). María Josefa murió el 7-I-1896, según reza acta parroquial de la Iglesia del Sagrado Corazón “de las unidas anteiglesias de Castillo y Elejabeitia”; murió por congestión cerebral; vivía en el barrio Aguirre y estaba casada con Juan Antonio Aguirre, natural de Castillo Elejabeitia.

2.- Catalina Ypiña Sarasola (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1827). Religiosa Clarisa.

3.- Pedro Antonio Ypiña Sarazola (Artea, P. San Miguel de Elejaneitia, n. 1830). Casó en 1861, en Santa María de Zaloa-Orozko, con María Antonia Acha Barañano. Padres de:

3.1.- Juan José Ypiña Acha (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1862). Juan José se casó en 1888 en Orozko, P. San Martín de Albizu Elejaga, con María Salomé Echevarria Goiri (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n. 1864) A María Salomé se la cita en el apellido GOYA_OROZKO en el apartado X de la 2ª genealogía, como descendiente que era de Francisca Antonio Josefa de Goya Ulibarri.

En el año 1935, vivían Juan José y Salomé en el barrio Unibaso de Orozko junto a sus hijos Joaquín, María, Alberto, Lucía, Aurora y Nicanor.

En el año 1940 vivía Juan José, ya viudo, en el barrio Unibaso de Orozko junto a sus hijos Joaquín, María (1899), Lucía y Aurora.

Hijos suyos fueron, en total:

3.1.1.- Ceferina Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n.1890).

3.1.2.- María Jesús Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n. 1891).

3.1.3.- Joaquín Bernardo Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n.1893).

3.1.4.- Blas Lucio Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n. 1895).

3.1.5.- José Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n.1896).

3.1.6.- Mª Teresa Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n.1898).

3.1.7.- Florencia Lucía Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n.1900).

3.1.8.- Alberto Ypiña Echevarria.

3.1.9.- Aurora Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n. 1905).

3.1.10.- Nicanor Ypiña Echevarria (Orozko, P. San Martín de Albizu Elexaga, n. 17-IIII-1908). Nicanor nació en el bario Unibaso a las 22 horas del 17 de marzo de 1908; fue apadrinado en la pila por Blas Ipiña y María Ipiña.

Falleció María Antonia el 17-I-1863 y casó por segunda vez Pedro Antonio, en Artea año 1873, con Magdalena Arroita Zavala, en la que fue padre de:

3.2.- Pedro Antonio Ypiña Arroita (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1874).

3.3.- Domingoa Ypiña Arroita (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1878).

3.4.- María Ypiña Arroita (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1881).

Pedro Antonio murió el día 21-XI-1881 y se inscribió su defunción en la Iglesia del Sagrado Corazón “de las unidas anteiglesias de Castillo y Elejabeitia”; era propietario y labrador; murió por pleuresía con erisipela gangrenosa en la pierna izquierda; había casado primero con Mª Antonia Acha Barañano, y en segundas nupcias con Magdalena Arroita Zavala; no testó.

4.- Juan Antonio Aquilino Ypiña Sarasola (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1833). Juan Antonio falleció y fue inscrita su defunción y entierro en la parroquia de los Santos Juliana y Antonio de Gallarta, perteneciente a Abanto y Zierbena, en Las Encartaciones de Bizkaia. Murió el día 11 de enero de 1896, por causa de una bronconeumonía, con 62 años de edad; era de profesión Sacerdote y otorgó testamento ante José Uriarte y Saenz de Valbuerca, notario público de Abanto.

5.- María Antonia Ypiña Sarasola (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1835).

7.- Juan Vicente Ypiña Sarasola, del que trtataremos en el apartado siguiente.

8.- Tomas Ypiña Sarazola (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, b. 23-VII-1844). Fue sacerdote en la Compañía de Jesús (Jesuita).Bajo la fotografía damos una breve semblanza biográfica de él.

El padre Tomás Ypiña Sarasola, nació en Artea, Bizkaia, y fue bautizado en su parroquia San Miguel de Elejabeitia el día 23 de julio de 1844.

En 1991 publicaba en Deia el Sr. J. Ramón Alberdi el texto que sigue.

Anduve mucho tiempo imaginándome cómo sería Nuestro Señor. Un día vi al Padre Ipiña y me dije inmediatamente: como éste”. (Padre Antonio María Aguirre).

Varón comparable con los antiguos” (Padre Astrain, historiador de la Compañía).

Su vida fue un equilibrio perfecto; al recibir la noticia de que se moría, dijo tranquilamente: Gloria Patri... pidió que se le administraran los sacramentos y una vez que los hubo recibido, indicó a los Padres de la Residencia que todo el mundo hiciera su vida normal, porque no tenía la menor importancia lo que iba a suceder; después se despidió de mi, rogándome que bajara a la Iglesia y orara unos momentos ante el Santísimo pidiéndole que le concediera la gracia de morir en absoluto silencio y sin decir una palabra. En esta forma permaneció en su lecho, en quietud absoluta, sin pronunciar una palabra, en silencio profundo... veinticuatro horas más tarde, en aquel profundo silencio entregó su alma a Dios” (Doctor Landín, Director del Hospital de Basurto, y su médico de cabecera).

El pensamiento se traslada -escribía así J. Ramón Alberdi en artículo arriba citado-, sin poderlo evitar, a un humilde aposento de Roma, en donde otro gran ecuánime, Ignacio de Loyola, moría, cuatro siglos antes, en silencio y casi solo, sin molestar a nadie, sin hacer ruido. Otro santo humilde había de morir, muy cerquita, al otro lado de la Ría, en una casa santificada por el rectorado del Padre Ipiña, con el mismo recogimiento y silencio, el Hermano Francisco Gárate”.

Iñigo de Loyola -continúa el Sr. Alberdi-, Francisco Gárate y Tomás Ipiña, qué parecidos los tres vascos en su ecuanimidad, dominio de sí mismos, en su entereza silenciosa, en su horror al gesto, en su heroísmo escondido, en su fidelidad sin declamaciones”.

(Y vamos a seguir ahora hasta el final con la transcripción del artículo publicado por J. Ramón Alberdi, en Deia, día 5-VIII-1991):

Este recuerdo de un insigne jesuita quiere ser también un homenaje a la tierra en que nació. Homenaje a Arratia. Porque la circunstancia geográfica, el entorno ambiental tienen participación en la forja de un hombre. Del caserío llevó Tomás Ipiña al noviciado su carácter sereno, llano y fuerte. Las embrujadas matinales de niebla y rocío, el perfume de los manzanales, el vaho de la hierba seca almacenada para el invierno, los rosarios en familia dirigidos por la “amona”, la cultura física diaria en las tareas de los prados y los montes, todas estas vivencias-raíces, que no se improvisan ni aprenden artificialmente fueron los materiales sobre los que la genialidad de Loyola construyó la personalidad y la santidad de Tomás Ipiña.

Para terminar concluyendo con la idea del influjo de la circunstancia geográfica sobre los santos, tengo que volver a asociar al Hermano Gárate con el P. Ipiña. Son unánimes, referidos a los dos, los testimonios sobre la “fina caballerosidad” de su trato. Este rasgo del trato exquisito y cortés, le valió al hermano Gárate el nombre de “Hermano Finuras”, como se le llamaba en Deusto. Esta misma delicadeza en el Padre Tomás Ipiña hizo que tanto en México como en Bilbao le pusieran el cariñoso mote de “dulce seco”, con que hacían resaltar “aquella finura, corrección y cariño suyo sin desbordamientos ni impetuosidades”. Y qué notable: ¿no fueron los dos, humildes y sencillos hijos de caserío? Los testimonios sobre la “aristocracia de maneras” de estos dos “aldeanos” suenan a verso bíblico, a pastores convertidos en reyes y profetas, a mozos de caserío que segaron hierba en su niñez y que después admiraron por su caballerosidad y compostura en círculos sociales refinados y cultos. Fieles hijos, también en esto de aquel que nunca olvidó las leyes de cortesía que aprendiera cuando andaba al servicio de los Reyes, Iñigo de Loyola.

He recordado al Padre Tomás Ipiña, hijo de Arratia, con devoción y orgullo de paisano. Siento, como arratiano, que una figura de esta extraordinaria categoría siga enterrada en los archivos. Lo importante es que hayan existido. En el quinto centenario que estamos celebrando, en el recuento de las grandes obras de Loyola, destacan las grandes figuras que creó su espíritu. Y una de ellas, una de las más grandes, es el P. Tomás Ipiña. Un arratiano.

Arratia está cambiando como todo el mundo. Ya no hay tranvía, ni carretas de bueyes lentos. Las discotecas hacen competencia a las romerías. Surgen por doquier polideportivos y factorías. Pero el caserío y las ermitas siguen exportando santos y misioneros. Goikoetxeas, Atutxas, Artabes, Arriortuas, Urraburus, Uriartes, Manterolas, son legión los hijos de los caseríos de Arratia que cantan zortzikos en el Japón y en el Caribe, mientras levantan escuelas, escriben libros y defienden a los indios.

Arratia, la del Beato Iturrate y la del Padre Tomás Ipiña, puede estar orgullosa en este centenario.

(Y así concluye su bello artículo el Sr. J. Ramón Alberdi. Artículo que aquí hemos reproducido comenzando a mitad del mismo, por lo que ahora vamos a copiar su comienzo, que decía así):

No quisiera dejar escapar este Quinto Centenario del nacimiento de San Ignacio de Loyola, sin recordar a un jesuita insigne, hijo de Arratia.

Me refiero al Padre Tomás Ipiña que murió en Bilbao el año 1917 en la calle Ayala, en la “Residencia” que él fundara y de la que fue el primer Superior.

Más de un vizcaíno se extrañara de que éste, nacido en un caserío del Alto Sarasola, a horcajadas de los maravillosos valles de Zeberio y Arratia, haya sido considerado, poco después de su muerte, como el jesuita más grande de su tiempo. Quizá le hagan la competencia en esta carrera de la admiración el Hermano Francisco Gárate y el Padre Pedro Arrupe. Pero el mero hecho de estar con ellos en el sprint final, es un título de gloria para el Padre Tomás Ipiña.

El Padre Ipiña fue profesor de diversas disciplinas (Inglés, Sagrada Escritura, Metafísica, Lógica) en el Centro de formación que los jesuitas desterrados mantenían en Poyanne (sur de Francia). Fue rector en Carrión de los Condes, en Loyola, en el Seminario de Salamanca, en el Teologado-Filosofado de Oña (Burgos), en el Colegio de Belén de La Habana (Cuba) y en la Universidad de Deusto. Provincial de los Jesuitas en México.

Desde el año 1882 hasta su muerte, en 1917 en Bilbao, no hizo más que gobernar.

En Méjico le tocó gobernar una Provincia-mosaico (formada por españoles, italianos, franceses, irlandeses, holandeses y naturalmente mejicanos). A pesar de ser tan distintas, y a veces, tan difíciles, las personas que estuvieron bajo su gobierno, es tal la unanimidad en los testimonios y tal el calibre de la admiración expresado en ellos, que raya en lo prodigioso.

He aquí un par de ejemplos...

(Y seguía la crónica de J. Ramón Alberdi con el texto que hemos puesto al principio de ésta).

===================================================

El texto que sigue lo he copiado del “Diccionario histórico biográfico de la Compañía de Jesús”.

IPIÑA, Tomás. Maestro de novicios, superior.

N. 22 julio 1844, Castillo Elejabeitia (Vizcaya); muere 9 noviembre 1916, Bilbao (Vizcaya). E. 11 mayo 1862, Loyola (Guipúzcoa); o. 28 junio 1877, Woodstock (Maryland, USA); últimos votos 15 agosto 1879, Poyanne (Landes), Francia.

Estudiaba filosofía en León cuando, debido a la expulsión de la CJ (1868), la concluyó en Poyanne (1870). Enseñó (1870-1874) en el colegio de Belén en La Habana (Cuba), y cursó la teología (1874-1878) en Woodstock. De nuevo en Poyanne, hizo la tercera probación como ayudante del maestro de novicios ()1878-1879), y enseñó Sgda. Escritura (1879-1880). Trasladada la casa a Carrión de los Condes (Espaüa), prosiguió la docencia (1880-1881) hasta que fue enviado al colegio de La Habana como rector (188-1885). De regreso a España, fue profesor de teología (1885-l887) en Oña (Burgos), rector de la Universidad de Deusto en Bilbao (1887-1890) y del seminario diocesano 0890-1891) de Salamanca (1890-1891), y maestro de novicios en Carrión de los Condes (1891-1894) y en su nueva sede de Loyola 1894-1901).

Por tercera vez en América, fue superior (10 marzo 1901) de la provincia mexicana (en la era una misión dependiente de Castilla), a la que el destierro y la persecución habían reducido su personal al mínimo en 1850. Cuando llevaba seis años gobernando la misión, el P. General Francisco J. Wernz erigió jurídicamente la provincia mexicana (7 junio 1907), cuyo primer provincial (15 agosto 1907-31 julio 1913) fue Ipiña..

En su cargo, dio impulso definitivo a la provincia, cuyo personal pasó de 245 a 361. Abrió diez. residencias, dos colegios y fundó el juniorado-filosofado en Tepotzotlán, donde había estado en tiempos de la colonia. En la misión tarahumara, fundó ocho residencias y estimuló los esfuerzos de los misioneros, encaminados a lograr que los indígenas recuperaran sus tierras. Con su apoyo, la provincia emprendió apostolados que serían decisivos para el futuro de la Iglesia mexicana: la promoción de los seglares en la vida política (P. Bernardo Bergoend), la presencia cristiana en los medios de comunicación (P. Carlos Heredia), y el fomento de asociaciones obreras, uniones profesionales o sindicatos (P. Alfredo Méndez). Envió muchos escolares a estudiar en el extranjero, en búsqueda de nuevas ideas que aplicar a la realidad mexicana. Los jesuitas formados por él desempeñarían un papel básico en la Iglesia durante los difíciles años de la persecución religiosa (1914-1940). Antes que las demás provincias americanas, México destacó por el cuño nacional, pese a proceder gran parte de su personal de provincias europeas. Esto se debió sobre todo a la actitud abierta de su primer provincial, modelo de inculturación.

A su regreso a España al concluir su mandato, fue prepósito de la casa profesa de Bilbao (8 septiembre 1913), donde falleció tres años después.

Enfermedad y muerte del R. P. Tomás Ipiña”, por el Padre Francisco Goñi, S. I.

Corre de mano en mano la reproducción fototípica de una hermosa fotografía de cuando el R. P. Ipiña hubo de ir a Roma para la elección de! P. General; exigíase para los pasaportes la fotografía de la persona, y ¡feliz resultado de la consecuencias de la presente horrible guerra! el P. Ipiña tuvo que ponerse a tiro de la detestada máquina fotográfica, disponiéndolo así la Providencia para que tuviésemos un recuerdo de varón tan ilustre.

Cuando presentaron por primera vez en tiempo de recreación la dicha fototipia, exclamó inmediatamente un Hermano: "¡Este hombre, aun en pintura, inspira ideas de seriedad!".

Esta frase caracteriza perfectamente a nuestro llorado P. Prepósito. Era el hombre caballero, el hombre de la formalidad y el hombre del tesón más acabado.

No movía pie ni mano, ni hacía cosa alguna, aun la más insignificante, sin previa reflexión; y, lo que es más difícil todavía, creo que ni la debilidad natural ni nuestra innata inclinación a la pereza, le hicieron ceder un ápice en la perfecta ejecución de lo que se había propuesto. Parecía haber llegado al último grado del dominio de sí mismo, y que el cuerpo no le era obstáculo para la vida espiritual Unos pocos hechos y dichos. lo pondrán perfectamente de manifiesto.

El Hermano Enfermero tuvo que hacer una ausencia en cierta ocasión. Sufría tanto el P. Ipifia que, para que no le consumiesen tan pronto los dolores, tuvo que ordenar el médico que, además de otras varias, se le diese una inyección hacia las dos de la madrugada. El Enfermero tenía puesto el timbre a su aposento, y el enfermo le despertaba cuando llegaba el tiempo de la inyección. Pero, al ausentarse el Hermano, no se tuvo la precaución de hacer que se pudiese avisar convenientemente al sustituto, y el enfermo hubo de sufrir las terribles consecuencias. Cuando, a la mañana siguiente, bajó el suplente del enfermero, encontró postradísimo al paciente; y, lamentándolo el Hermano, le dijo tranquilamente el P. Ipiña: "No se apure, Hermano: Dios lo ha dispuesto así para que yo sufriera y usted durmiera".

Sufría con frecuencia ataques hepáticos, o lo que fuesen, pues, al parecer, los facultativos no dieron tal vez nunca con su enfermedad pero el caso era que sufría muchísimo en los tales ataques. Con todo, hacía tan poco caso de ellos y tal tesón mostraba en sufrirlos, que pasado apenas el ataque, bajaba a decir misa y a los actos de comunidad como si tal cosa. Recuerdo que en cierta ocasión a las diez de la noche estaba lastimadísimo de un ataque y hubo que darle una inyección, y a las cinco y cuarto de la mañana siguiente estaba ya oyendo confesiones en la iglesia.

A los médicos y enfermeros los tenía pasmados con su maravilloso tesón en sufrir los indicados ataques y otras muchísimas incomodidades anejas a la enfermedad.

Un día encargaba el médico al Hermano Enfermero que pusiera al paciente una pequeña inyección; oyóles el enfermo y preguntó al instante comedidamente: "¿Qué fin tiene esa inyección?". "Calmarle un poco los dolores", contestó el facultativo. "No; si no es más que para eso, de mi parte no la necesito", repuso a su vez el P. Ipiña.

La norma de vida invariable, el no dar nunca un paso ni mover pie ni mano sin mucha reflexión, el no volver atrás nunca de lo una vez propuesto, el aspecto mismo demacrado y el tesón inimitable en sufrir dolores, molestias y penalidades, daban al R. P. Ipiña en estos últimos tiempos, un tinte como de excesiva rigidez y dureza. El publico bilbaíno, tan diestro en poner atinados motes, bautizóle desde luego con el de 'dulce seco', indicando su mucha corrección y santidad, pero a la vez su austeridad y su poquito de rigidez.

No se crea, con todo, que el P. Ipiña fuese de esos hombres a quienes se tacha como de poco corazón. A todos sus súbditos, sobre todo a los que hemos tenido la dicha de tratarle como a Maestro de Novicios. nos consta lo contrario. Un Padre vive aún en la Provincia, y él me permitirá esta citación anónima, que un día se presentó al P. Ipiña bastante agobiado bajo el peso de una tribulación; escuchóle con paternal interés el antiguo Maestro de Novicios; y, como al interesado le brotaran de los ojos abundantes lágrimas, el P. Ipiña sacó el pañuelo del bolsillo y fue secándoselas, diciéndole tiernamente entre otras frases: "No llore, carísimo, si no quiere usted que llore yo".

El día 29 de abril de 1915, el siguiente después de recibir la primera vez el Santo Viático, decía al P. Espiritual: "Procuro aprovechar bien el tiempo, porque puede ser que me quede poco, pero siempre sin perder el buen humor".

Dejó aquí escrita una notita el H. Goñi, Enfermero de Loyola, con lo siguiente: "Le pregunté un día si le apetecía agua con un poco de hielo, y me contestó que muchísimo. A esto le contesté que debía habérmelo dicho antes y que nos pidiese todo lo que le apeteciese, y me contestó que las veces en que había estado enfermo, tenía por norma no pedir ni rehusar nada. Yo puedo afirmar, agrega el H. Goñi, que en las dos graves y largas enfermedades, en que le he asistido, ha cumplido esto a la letra y con una naturalidad que encanta, lo que estimula a uno a hacer que no le falte nada".

El día 7 de mayo tuvieron consulta varios médicos, declarando haber fracasado todos los recursos de la medicina; y afirmaron no quedar nada más que alguna operación quirúrgica, que, por otra parte, no se atrevían por entonces a practicar por el estado de debilidad del enfermo. El P. Ipiña dijo a uno de los nuestros que le costaba mucho, mucho, mucho tener paciencia.

El día 13, una de las personas que mucho le querían, ordenó que todas las misas que aquel día se dijesen en nuestra Iglesia fuesen pidiendo la curación del P. Prepósito. Con todo no hubo mejoría hasta el 21, y e1 7 de junio fue cuando se levantó la primera vez después de la primera enfermedad.

Por julio del año siguiente sintióse molestado de nuevo por su antigua enfermedad de dolores hepáticos; pero fue resistiendo con varias alternativas hasta el 20 de Octubre, en que cayó en cama para no levantarse. Los sufrimientos, por largos e intensos fueron muy penosos. Con todo, la cabeza la tenía el enfermo y la tuvo hasta el último momento despejadísima, y seguía como normalmente gobernando la casa. El día 7 de noviembre, a las diez de la mañana, se le administraron los Santos Sacramentos, y el 9, a la una de la madrugada, expiró santamente. Era hombre poco conocido en Bilbao, pues sus continuos achaques no le permitieron darse a conocer; sin embargo, su entierro, por lo escogido y numeroso de los asistentes, fue un acto de los que pocas veces se ven.

"La Lectura Dominical", "El Siglo Futuro" y los periódicos locales se ocuparon extensamente de él, elogiándole por santo, prudente y sabio. Son dignas de notarse las frases de la primera de dichas publicaciones: "En Bilbao ha fallecido, a los; 72 años de edad, el venerable P. Tomás Ipiña, Superior de aquella Residencia, antiguo Provincial de Méjico y varón muy admirado y querido de todos por su extraordinaria santidad, prudencia en el gobierno y celo de las almas".

Nació el P. Ipiña en el pintoresco pueblo de Castillo-Elejabeitia del valle de Arratia en Vizcaya. Sus dotes extraordinarias de gobierno le tuvieron casi toda la vida ejerciendo cargos de esta clase. Fue Rector en la Habana, en Deusto, en Carrión, Salamanca y Loyola, Provincial por 12 años en Méjico y por fin, primer Prepósito de la Casa Profesa.

Mucho habría que decir de sus virtudes, su gobierno, celo, correspondencia epistolar, santa entereza, comunicación con Dios, etc. etc. Por fortuna, hay alguien que se ha encargado de ello, y ruego a Dios que, para bien de todos y gloria de su siervo, dé tiempo y alientos suficientes para llevar a efecto el trabajo propuesto.

A propósito de la comunicación con Dios y para terminar, ya que desconozco otros muchos datos que en este punto se podrán sin duda alegar, no dejaré de hacer constar que se le sorprendió no pocas veces en santas expansiones con Dios y sus Santos. Se le oían exclamaciones y voces, a manera de conversaciones y jaculatorias, sobre todo en días de especial devoción. ¿Serían comunicaciones extraordinarias con Dios y sus Santos? Un día de San Alonso Rodríguez, a quien, por lo que parece, tuvo muy especial devoción, le oí desde mi cuarto en tiempo de la meditación dar voces en el suyo. Como andaba achacoso, temí le suce4iera algo y acerquéme hacia su aposento "¡Hermano, Hermano!", decía, ya como exclamando de alegría, ya como llamándole en su ayuda. Me inclinaba a creer que sería sin duda alguna comunicación más o menos extraordinaria con el bendito Santo. Pero tales voces daba y tanto insistía que, por si acaso, me decidí a llamar al enfermero. Entró este y halló al Padre en el reclinatorio, levantándose tranquilamente para recibir la visita. Preguntóle el Enfermero si algo le pasaba, pues se le había oído dar voces; y él contestó con la misma tranquilidad, que no, que estaba haciendo la oración.

¡Que en paz descanse y que nos logre a todos acompañarle en su gloria!

9.- Santos Ypiña Sarasola (Artea, P. San Miguel de Elejabeitia, n. 1849. Sacerdote. En el año 1907 era cura párroco de San Vicente de Barakaldo; también lo fue de Portugalete y de otras parroquias bizkaínas.

VIII.- Juan Vicente Ypiña Sarazola, bautizado el 22-I-1841 en la parroquia San Miguel de Artea, que se casó con Ysidora Olamendi Acazuzo (hija de Ángel y Polonia). VICENTE, carpintero de profesión, murió en la anteiglesia de Begoña el día 7-III-1895, con 54 años de edad, por causa de un tumor gástrico; vivía en las Calzadas nº 5-4º. Le sobrevivió su esposa Ysidora Olamendi, natural de Balmaseda, y “se ignora si testó”. Padres de:

IX.- Pedro Ypiña Olamendi, bautizado el 2-VIII-1869 en la bizkaína anteiglesia de Begoña, que se casó en Abando, el 22-IX-1897, con Maria Margarita Eulalia Gondra Poech (ver ascendientes de ésta en la última genealogía del apellido Gondra, en esta web). Padres de:

X.- José Domingo Antonio Victoriano Francisco de Ipiña Gondra, bautizado el 5-VIII-1898 en San Vicente Mártir de Abando, se casó con Julia Jesusa Genoveva de Azkunaga Dobaran (de su ascendencia se trata en el apellido Azkunaga, en esta web), nacida en Bilbao el día 3 de enero de 1903.

Padres de, entre otros:

1.- Ignacio Ipiña Azcunaga, fallecido en 2010, esposo que fue de Dª Blanca Sarasua Muñoz. Con descendencia.

2.- José Luis Ipiña Azcunaga, bilbaíno, al que vemos en fotografía tomada en el monte Pagasarri de Bilbao.

 

 

Antonio Castejón.

maruri2004@euskalnet.net

www.euskalnet.net/laviana

 

 

 

Arriba