ARZALLUZ: Ascendientes de Xabier Arzalluz Antia.

Con comentarios de Xabier sobre sus padres y abuelos, que conviene leer, dada la gran cantidad de infundios que desde Madrid se lanzaron sobre nuestro protagonista, sus padres y abuelos.

Estos datos biográficos, están copiados de la edición a cargo de Javier Ortiz de ASÍ FUE, de Xabier Arzalluz.

En Gipuzkoa hicieron información genealógica y de limpieza de sangre, demostrando ser gipuzkoanos originarios:

Ignacio y Mateo Arzalluz, en Errezil, año 1698; Ignacio y Fran­cisco Arzalluz, en Azpeitia, año 1669; y Pedro Arzalluz, en Azpeitia, año 1570.
 
I.- Mateo de Arzalluz y su esposa Maria de Lizarreta fueron vecinos de Errezil, en Gipuzkoa, y padres de:

II.- Ambrosio de Arzalluz Lizarreta, nacido en el año 1673 en Errezil, y casado allí en 1698 con Catalina de Lasa Ybarola. Padres de:

III.- Juan Bautista de Arzalluz Lasa, nacido en 1705 Errezil, donde casó en 1734 con  Josepha de Trecu Aldaualde y Eizmendi. Padres de, entre otros:

IV.- Gregorio de Arzalluz y Trecu Aldaualde, bautizado en 1737 en Errezil.

A este Gregorio lo hallamos casando en el año 1765 con Mª Luisa Lasa Barrena, en la que tuvo a:
1.- Juan Bautista de Arzalluz Lasa (Errezil, n. 1766). .

Más tarde aparece Gregorio como esposo de Teresa de Aramendi Ydiaquez (Errezil, n. 1752; hija de Joaquín de Aramendi Arzanegui y de Ysabel de Ydiaquez Yrulegui), siendo ambos padres de nueve hijos, nacidos todos en Errezil, en los años 1774 a 1795. Uno de estos fue:

V.- Marcos Antonio de Arzalluz Aramendi, nacido en Errezil en 1786, esposo de María Josefa de Landa Eizmendi. Padres de: 

VI.- Bisabuelo: José Francisco de Arzalluz Landa, nacido en Errezil en 1823. De José Francisco nos habla así su biznieto Xabier Arzalluz Andia:

"La casa de mi bisabuelo -en la que nacieron todos sus descendencientes, hasta nosotros- no se encontraba en Regil, sino en Azkoitia. Estaba en la misma muralla. La muralla fue derruida, pero la casa sigue en pie. He oído que mi bisabuelo ganó esa casa en una partida de mus; creo que a un marqués arruinado. Aunque nací en élla, siendo aún niño nos mudamos a otra en la que siempre hemos vivido. Yo no llegué a conocer a mi bisabuelo. Se dice en la familia que era un personaje muy peculiar. En casa de mis primos hay documentos que hablan también de otras partidas y apuestas en las que perdió. Por ejemplo en Zumarraga, unos caballos y no sé qué más".

José Francisco Arzalluz Landa se casó con Josefa Joaquina de Alcorta Arteche (Azkoitia, n. 1828; hija de José Alcorta Larramendi y de Silvestra Antonia Arteche Usobiaga).  Uno de los siete hijos de este matrimonio fue:

VII.- Abuelo: LUIS (Juan Luis Domingo) de Arzalluz Alcorta, que nació en Azkoitia en 1861, y casó en Errezil, año 1883, con Mª Francisca Fernanda de Eizmendi Arrillaga (Errezil, n.   1857; del caserío Basabil; ver EIZMENDI ).
 
Luis -volvemos a la biografía de Xabier Arzalluz Andia- "se casó con una mujer de Regil, del caserío Basabil, de los Eizmendi. Así que se instaló allí, y allí le nacieron siete hijos e hijas; entre ellos, mi padre, que era el mayor.

"La familia de mi padre no era pobre, pero tampoco se puede decir que fuera rica. Vivía decentemente. Tenía una taberna con una posada y un pequeño negocio de transporte. Entonces la línea de tren Madrid - ­París pasaba por Zumarraga, y mi abuelo tenía coches de caballos con los que llevaba a los veraneantes hasta el balneario de Zestoa, sobre todo. O sea, que era un hombre muy de calle, siempre yendo y vinien­do con los carruajes. De ahí le vino a mi padre la afición por los coches.

Los hijos de Luis y Mª Francisca Fernanda fueron:

1.- Francisco Emilio de Arzalluz Eizmendi (Azkoitia, n. 1884).
2.- Alejandra Patricia de Arzalluz Eizmendi (Azkoitia, n. 1886).
3.- Felipe Higinio, del que trataremos en el apartado siguiente.
4.- Valentina Leonarda de Arzalluz Eizmendi (Azkoitia, n.  1888).
5.- Marcelino Manuel de Arzalluz Eizmendi (Azkoitia, n.  1890).
6.- Inocencia Josefa de Arzalluz Eizmendi (Azkoitia, n.  1891).
7.- Dionisia Luisa de Arzalluz Eizmendi (Azkoitia, n.  1893).
8.- José León de Arzalluz Eizmendi (Azkoitia, n.  1896).
9.- Luis María de Arzalluz Eizmendi (Azkoitia, n.  1898).

VIII.-  Felipe Higinio de Arzalluz Eizmendi nació en el año 1887 en Azkoitia.

De su padre nos dice Xabier:
"Mi padre empezó trabajando en el negocio de transportes de mi abuelo. Debía de ser muy buen conductor de carruajes. Presumía, por lo menos. Pero por lo que cogería con el tiempo verdadera pasión fue por la mecánica. En cuanto salieron los coches, se compró uno, yo no sé con qué dinero, y se acabaron los caballos. Desde entonces, no paró de conducir. Enseguida entró como conductor de un autobús de línea. Unos años, hacía el recorrido de Azkoitia a Tolosa; otros, de Azkoitia a Elgoibar.

"Fue durante la época en que hacía la ruta de Tolosa, en 1936, cuan­do lo encarcelaron por sedicioso. Fue él (y no mi abuelo, como algunos cuentan) quien estuvo en la cárcel.

"Mi padre era carlista. En mi familia todos eran carlistas; también por parte de madre. Pero carlistas a la antigua. Eran fueristas, aunque no supieran muy bien en qué consistían los fueros. Era gente muy de­cidida.

"Por aquel entonces, Tolosa era el centro carlista de conexión con Nafarroa, y mi padre traía de allí todas las directrices y las ideas. La verdad es que ideas no creo que tuvieran muchas, pero sí un fuerte espíritu conspirativo. Eso es lo que alimentaba mi padre, con sus idas y venidas diarias a Tolosa.

"Y eso explica que, cuando llegó el 18 de julio de 1936 y les dieron la orden de levantarse contra la República, mi padre y los demás car­listas de Azkoitia se levantaron. Y ganaron, porque eran mayoría. Consiguieron juntarse un centenar y arrastraron a los guardias civiles del cuartelillo, que tampoco se hicieron mucho de rogar.

"Yo todo esto lo sé de oídas. No lo viví. Sé que enseguida se movili­zaron los de Eibar, que cogieron las armas y se fueron para Azkoitia, a sofocar el levantamiento. Perdieron los carlistas y la derecha. Y se echa­ron al monte.

"Mi padre volvió a casa. Todo el mundo estaba muy asustado. Uno de los primeros recuerdos que tengo es del día en que vinieron a lle­várselo. Yo tenía entonces tres años. Estábamos en un cuarto oscuro, re­zando el rosario, y se lo llevaron. Se lo llevaron al palacio de Juin, a las afueras de Azkoitia. Era un caserón que habilitaron como cárcel tapiando las ventanas. Lo guardaban los gudaris.

"El trato era muy normal. (...) Hubo sólo un incidente sangriento, cuando estaban a punto de entrar ya los requetés. Debió de ser el 20 de septiembre de 1936. Un grupo de jóvenes de los que estaban encerrados en Juin, temiendo tal vez alguna represalia de última hora, escapó y se internó en el monte. Cayeron en manos de un batallón de asturianos. Los fusilaron por la zona de Lasao. Todavía queda el monumento que les hicieron. Algu­na gente iba allí todos los años, para conmemorar lo sucedido. Yo no fui nunca.

"A cuenta de aquello, según me contó Leturia, uno de los dos jesui­tas que se quedó en Azkoitia tras la disolución de la Compañía, el que por entonces era secretario del Ayuntamiento, un tal Urrestarazu -un hombre ya mayor, para nosotros-, quiso hacer una lista de enemigos del nuevo Régimen para tomar represalias contra ellos cuando acabó la guerra. Los carlistas del pueblo se opusieron. Entre ellos, mi padre. «Aquí no se mata a nadie», dijeron. Y no se mató a nadie.

Y ahora trata Xabier sobre su madre:
"Mi madre siempre trabajó mucho, pero, en la época en que mi pa­dre estuvo preso, todavía más. Cosía, para casa y para fuera, y daba clases de costura. Solía tener aprendizas, para sacar un poquito de acá y un po­quito de allá.

"Pidió un estanco. Creo que lo consiguió a través de Pedro Irizar, que estaba en Madrid. Murió (Irizar) en 2004. Gran persona. Doctor ingeniero. Trabajó en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y fue inspector de Hacienda. Le han hecho varios homenajes, a cuenta de su labor por el euskera. No recuerdo si fue él o un hermano suyo, ingeniero de Taba­calera, quien consiguió que le dieran un estanco a mi familia .No es que ese negocio aportara mucho, pero con él fuimos tirando un tiempo, hasta que mi madre lo dejó.

"Era una mujer muy emprendedora. En aquella época, su padre era socio de las grandes fábricas de material de alpargata, que escaseaba bastante. Todo el yute era de importación. Aún no se habían pasado al esparto, y la fábrica tenía desde antiguo un cupo de yute, que es lo que valía. Mi madre consiguió que le dieran una cierta cantidad de yute, de trenza, de tela y todo lo necesario para hacer alpargatas, subcontrató a uno que tenía un taller, y con eso sacaba también unas perras. Y así vi­víamos. Mis hermanas empezaron a trabajar de peluqueras.
En fin, que salimos decentemente adelante. Hasta que, por fin, cuando los que custodiaban Juin vieron que venían ya los tercios navarros -allí yo creo que entró el de Lácar-, dejaron a los presos y se mar­charon. No hubo represalias. No les hicieron nada.

De  nuevo  escribe Xabier sobre el padre:
"Todavía veo a mi padre como lo vi aquel día; venía ya libre, con toda la cuadrilla, por la carretera. Y entonces se fue a la guerra. Tenía ya sus años, más de cuarenta, pero era muy activo. Fuerte de carácter. Yo recuerdo que mi madre creía que se había ido voluntario. Lo conocía bien. Pero él también de­bía de darse cuenta de que irse a la guerra con seis hijos -el mayor es­taba ya en Bélgica, en el noviciado de los jesuitas- era un poco fuerte. A mí, de hecho, lo que me dijo es que le obligaron a ir; que lo habían cogido junto con el autobús, que no era de él, y que se lo habían lle­vado para transportar tropas a un lado y a otro. Y eso es lo que yo sé.

"Lo único que trajo mi padre cuando volvió de la guerra fue una ma­leta de madera, un vaso de metal y un capote.

"Después, mi padre siguió trabajando con el autobús. Creo que, du­rante un tiempo, fue concejal. Fue concejal una vez, desde luego; no re­cuerdo cuándo. Pero nunca se dedicó profesionalmente a la política.

"Se han contado muchas fantasías sobre mi padre: que si fue chófer del general José Solchaga ... Inventos. De haber estado en ésas, nos lo hubiera contado de mil amores. Pero en mi casa nadie ha oído hablar de nada de eso. Yo le pregunté a mi hermano mayor: «¿Tú le oíste de­cir que estuvo de chófer del general Solchaga?». «Nunca», me respon­dió. Además, él era chófer de autobús, no de coche.

Ahora la madre y su familia:
"La familia de mi madre era distinta. Mi madre era hija de un hom­bre muy serio y muy respetado, al que le pedían que decidiera en los pleitos de lindes y otros litigios vecinales. Era el segundo hijo del ca­serío Irala de Antzuola, un pequeño pueblo junto a Bergara. Habían perdido el apellido. Se apellidaban Antia y no Irala, porque en la pri­mera mitad del siglo XIX sólo hubo hijas en aquella casa. Mi antepasa­do, en su preocupación por buscar un buen yerno para gestionar la casa, acudió a Zumalakarregi, el general carlista, para que le proporcionara un buen marido para su hija mayor. Y así entró el primer Antia en la casa Irala.

"Por entonces era el hijo primogénito el que heredaba la propiedad del caserío (que, en este caso, era un gran caserío). Así que él, como era el segundo, aprendió ebanistería y se buscó trabajo fuera. Reconstruía caseríos. Hacía de medio arquitecto. Le firmaba las obras un arquitec­to apellidado Irizar. Debía de valer mucho.

"Uno de los caseríos que reconstruyó en Azkoitia fue el de mi abue­la, Altube Nagusia, que se había quemado.

"En aquella casa había como 10 u 11 personas entre hijos e hijas. Con una de ellas, Dominica Soraluze, se casó más tarde mi abuelo Antia.
Además de reconstruir caseríos, mi abuelo también hizo toda la red de pequeñas centrales eléctricas a lo largo del río Urola, que no es precisamente muy caudaloso. Aprovechaban todos los saltos para extraer electricidad para la fábrica Alberdi.

"Había en la zona tres fábricas, grandes para la época, dos de elemen­tos para hacer alpargatas, y la tercera de boinas. Cuando Alberdi se in­cendió, mi abuelo dirigió la extinción del fuego. Lo que había entonces allí era yute (para suelas de alpargata), algodón, hilos y todo eso. Al fi­nal, entró como socio en Alberdi. En la fábrica también se hizo respetar.

Madre de Xabier:: Manuela de Antia Soraluce, nacida en Azkoitia en el  año 1891; hija de Evaristo Francisco de Antia Eguren (Antzuola, P. La Piedad, b. 1864) y de Dominica Soraluce Alcorta (Azkoitia, n. 1860); nieta paterna de José María Antía Balenzategui y de María Daniela Eguren Leturia; y nieta materna de José Soraluce Plazaola y de Josefa Alcorta Soraluce). 

Antonio Castejón.

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