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ALAS

 

Ascendientes de Don Leopoldo Alas “Clarín”

 

El canónigo González de Posada anota en sus “Noticias Históricas del Concejo de Carreño, en 1792:

 

“La (Casa) de García de las Alas de Sebades fue mucho tiempo allí  muy noble, pero había ido a Candás y entroncó con las de Carreño, Trasona y Avilés. Hoy vino a menos por las muchas desgracias de los últimos años, pues en los de mi vida murieron violentamente cuatro varones de ella y uno de desgracia, ahogado bañándose. Sólo queda don Manuel Antonio García Alas, Marqués de Guisa… …, que nació en dicha casa”.

 

I.-. Benito Carreño de las Alas  (de cuyos ascendientes se trata en el apellido Carreño_astur, en Gen Astures de esta web; se le menciona en apartado VII  de su Rama 1ª y Troncal) y Catalina de las Alas, vecinos y originarios de Avilés (Asturias), fueron padres de

 

II.- Alonso de las Alas Carreño, vecino de Avilés, que casó con Isabel de Omaña, nacida en Cangas de Tineo (hoy Cangas del Narcea, Asturias). Padres de

 

III.- Fernando de las Alas Carreño y de Omaña, Señor de las Casas de Alas, bautizado en Sillarno (Avilés) el 8-X-1637. Caballero de Santiago desde 1649.

 

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I.- Fernando García-Alas y Angela Carreño fueron padres de

 

II.- Antonio García-Alas y Carreño, nacido en Candás (Asturias), en cuyos padrones figura como Regidor e Hijosdalgo -el y sus hijos- en los años 1691 a 1722. Antonio fue Escribano de número en Carreño, donde testó en 1724. Casó en Guimarán el 3-IX-1674 con Ana Rodríguez-Sierra Muñiz, natural de dicho Guimarán (hija de Domingo Rodríguez-Sierra y de María Muñiz). Fueron padres de

 

1.- Antonio García-Alas y Rodríguez-Sierra.

2.- Fernando García-Alas y Rodríguez-Sierra, que sigue.

3.- José García-Alas y Rodríguez-Sierra.

4.- Jerónimo García-Alas y Rodríguez-Sierra.

5.- Ana María García-Alas y Rodríguez-Sierra.

6.- Angela. García-Alas y Rodríguez-Sierra.

 

III.- Fernando García-Alas y Rodríguez-Sierra, nacido el 8-VII-1682 en Guimarán (concejo de Carreño, en Asturias), donde casó en 1713 con Rosa García-Pumariño de la Viña, nacida ésta en San Esteban de Bioño en 1686. Fernando figura como hijodalgo en los padrones de Candás (él, su padre y sus hermanos) de los años 1704 a 1731, y sus hijos en 1737 y 1744.

 

Padres de Rosa:

Simón García-Pumariño y García-Pumariño (hijo de José y Ana), nacido en San Esteban de Bioño; Hijodalgo en padrones de Luanco de 1686 y 1692. Casó en dicho San Esteban en 1685 con Ana de la Viña, natural de San Jorge de Heres (hija de Alonso de la Viña Valdés y de María García de Ferrero). Además de Rosa, fueron padres de Pedro Antonio y Catalina.

 

Fernando García-Alas y Rosa García-Pumariño fueron padres de

 

1.- Fernando García-Alas y García-Pumariño, que sigue.

2.- Francisco García-Alas y García-Pumariño.

3.- Toribio García-Alas y García-Pumariño.

4.- Juan García-Alas y García-Pumariño.

6.- Josefa García-Alas y García-Pumariño.

 

IV.- Fernando García-Alas y García-Pumariño, nacido el 11-VI-1721 en Guimarán, donde casó en 1746 con Josefa González-Grado y Martínez de la Uz, que había nacido y fallecido en igual lugar,  en 1719 y 1783 respectivamente.  

 

Hermano de Josefa:

Rodrigo, Regidor de Candás en 1759.

 

Padres de Josefa:

Alonso González-Grado de la Vega (Guimarán, 1682) y María Manuela Martínez de la Uz y del Busto (Candás, 1701). Ambos casaron en ¿1713? en Guimarán.

 

Abuelos paternos de Josefa:

Bernabé González-Grado González (hijo de Antonio González y María González), nacido en Guimarán, donde testó en 1701. Casó en San Miguel de Serín en 1669 con María de la Vega García, hija de Juan González de la Vega y de Catalina García. Bernabé y María fueron padres del citado Alonso y de Juan, María, Antonia y Ana.

 

Abuelos maternos de Josefa:

Martín Martínez de la Uz, natural de Candás, donde casó en 1671 con Ana María del Busto, candasina. Ambos, además de María Manuela, fueron padres de Francisco, María Ana (que casó con Francisco Rodríguez Hevia), Ana, María, Teresa y Clara.

 

Fernando García-Alas y Josefa González-Grado fueron padres de

 

1.- Fernando García-Alas y González-Grado.

2.- Josefa García-Alas y González-Grado.

3.- Manuel Antonio García-Alas y González-Grado, que sigue.

 

V.- Manuel Antonio García-Alas y González-Grado, nacido en Guimarán el 26-I1753, Maestrante de Ronda, Marqués de Guisa (por su matrimonio con la heredera de este título otorgado en 1774 a José Antonio de Silva Ramírez, regidor perpetuo de la villa de Bayamo en Santiago de Cuba) y Caballero de Santiago según expediente nº 589 del año 1792.  “Este título –dice Marino Gómez Santos- debió tener corta duración, acaso porque los llamados a heredarle –ignoramos si Manuel Antonio García-Alas dejó descendientes directos- no tuviesen posición económica para convalidarle y llevarle decorosamente, pues es lo cierto que hace ya muchos años que no figura en las Guías Oficiales y Anuarios de Nobleza”.

 

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ASCENDIENTES DE LEOPOLDO ALAS “CLARÍN”

 

A.- Ramón García-Alas y Pola, Profesor de matemáticas del Instituto de Gijón, así como autor de algunas composiciones poéticas en bable…

Éses son, Pachu, pamplines:

La obediencia del vasallu

Ye la que nos manda Dios,

Lo demás hai que doxallu.

Tú sigue los mios conseyos

Si non quies ir engañáu.

 

… … y otros trabajos literarios, casó con Rita Suárez de la Vega, ambos naturales de Carreño y padres de

 

B.- Genaro García-Alas y Suárez de la Vega, natural de Carreño, caballero de la Orden Militar y Religiosa de San Mauricio y San Lázaro de Cerdeña, Secretario Honorario de S. M., Alcalde de Oviedo en 1883, Gobernador Civil en Zamora y otras ciudades, quien casó con Leocadia Ureña y Bulnes, de distinguida familia leonesa (hija de Blas Ureña y de María del Carmen Cadanas).

 

Genaro murió en Oviedo el 24-XI-1884, y su esposa en Salinas el 29-IX-1896.

 

Padres de

 

1.- Genaro García-Alas Ureña. Ingresó muy joven en la Academia de Ingenieros. Fue comandante por acción de guerra y llegó a teniente coronel. Solicitó el retiro a los 30 años de edad. Casó con Mercedes Cores y Menéndez Valdés. Fue secretario de la Sociedad Económica de amigos del País en los años 1878-1879. Diputado a Cortes en 1898; Profesor del la Escuela de Estudios superiores de Madrid. Periodista, escritor militar, literato y traductor.

 

2.- Concha García-Alas Ureña“El amor que se tiene a la hermana es una pasión santísima: yo sólo la comprendí cuando perdí a la mía; cada dos o tres días sueño con ella y sueño que está viva, que está entre casada y soltera, entre viva y muerta, herida de enfermedad mortal, pero que vivirá mucho si la cuidamos con gran esmero, y yo, siempre en sueños, me desvivo por curarla... ¡por cuidarla! (Te juro que esto es verdad: nunca se lo he dicho a mi madre, pero esto sueño". (Carta de Leopoldo a Quevedo).

 

3.- Marcelino García-Alas Ureña.  Registrador de la Propiedad, que rechazó los ascensos que se le ofrecieron por no abandonar la villa de Pravia, donde residía.

 

4.- Leopoldo Enrique García-Alas Ureña, que sigue.

 

5.- Adolfo García-Alas Ureña. De constitución enfermiza, empleado de la Delegación de Hacienda, falleció joven. A él se refieren varias cartas de Clarín con motivo de una cesantía, en 1891, y para él solicitaba Clarín un empleo de 8.000 reales "sin hacer vacante ni crear destino".

 

C.- Leopoldo Enrique García-Alas Ureña, nacido el 25-IV-1852 en Zamora y bautizado al día siguiente en la parroquia de San Juan Bautista de Puerta Nueva de dicha ciudad. Casó el 29-VIII-1882 en la capilla particular de los García-Argüelles, en La Laguna, en el asturiano concejo de San Martín del Rey Aurelio, parroquia San Andrés de Linares, con Onofre García-Argüelles y García-Bernardo “más dulce que salada en el mirar, rubia, pálida, delgada, de belleza recatada y escondida; una de esas bellezas que no deslumbran, pero que puede ir adentrándose alma adelante” (en palabras del esposo).

 

En 1854 pasó la familia a León, donde iba destinado el padre como Gobernador. Leopoldo, con cinco años de edad, pasó a estudiar en el Colegio de Jesuitas de San Marcos. En 1859 fue destinado el padre a Oviedo, a donde volvió la familia tras ocho años de ausencia, y donde llegó Leopoldo por vez primera en su vida; era verano y se trasladaron pronto a Guimarán.

 

Sobre Guimarán escribe Juan Antonio Cabeza, en su obra “Clarín”; el provinciano universal”, editada en 1936.

 

El 14 de julio de 1792 anotaba Jovellanos en su Diario: "Guimarán, terreno hermoso, fértil, bien cultivado y plantado." Pero esto no es más que utilitarismo. El valle de Guimarán es algo más de lo que vio Jovellanos,. y de lo que dice el Registro de la Propiedad rústica del partido judicial de Gijón. Es un trozo de mundo primario, silencioso, original. Un valle con preñeces de montañas que no llegaron a nacer y se quedaron en grandes surcos de tierra para labrantío. Con unos caminos blandos, calientes, que se tuercen dóciles, entre labrantíos y pastizales, que enhebran pueblos y caserías sin ninguna norma ingenieril. Es el de Guimarán un silencio tan de primer día del mundo, que el canto de un pájaro, el rodar de una nube, el aleteo de raso de una mariposa, el correr de un pequeño arroyo — ovillo de espumas bajo el molino de piedra— adquieren allí un sentido profundo de principios de la mecánica universal.

Uno de estos caminos rurales nos lleva ahora hacia Guimarán, hacia el núcleo geográfico y espiritual de Clarín: hacia, su casa solariega. Este camino, como todos los de Carreño, está lleno de Clarín. Habla de él más y mejor que pudieran hacerlo sus contemporáneos y amigos. Un poco de fervor, y andamos con el mismo paso lo terreno y lo eterno Un camino real —de realidad y no de realeza— en términos de Carreño, y otro no menos auténtico: el de la ficción literaria. Un viaje a Guimarán es un viaje al paisaje asturiano por las páginas de Clarín. Un paseo en ese vehículo de los poetas, la palabra, tan bueno para viajar por las nubes.

La sugestión de las palabras de Clarín hizo de los caminos vecinales de Carreño, caminos de nóvela. Unos caminos huidizos hacia las regiones incontrolables de lo lírico. Esas regiones de altura, en las que el poeta verdadero tiene sus moradas, sus grandes castillos de piedra y de luna. Sobre la sensación real de cada cosa, de cada prado, de cada labrantío, hay una emoción de auténtico poema rural. Hay una sensación sublimada por Clarín en piño de castaños que cubren una preñez de montaña, en cada arroyo que se arrastra por el valle con una ilusión de cielo dentro.

Casi todo ha cambiado en Guimarán desde los días de Clarín. Todo menos el arroyo que cruza el prado de "Doña Berta", y el ciprés,  totem familiar de los Alas, erguido frente a la casa, recortada a contraluz su silueta sobre la cartulina del cielo. ¿Cuatrocientos, quinientos años? El viejo ciprés ha olvidado sus primaveras. Pero la familia de los Alas siente correr la sangre de varias generaciones bajo la corteza de su ciprés genealógico. Cada año se repite la tradición familiar de que en las noches de luna clara pueden verse siluetas de monjes y de cruzados que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer, con un leve soplo de viento, caballeros en las ramas del viejo ciprés. Esta poética tradición llenó de ensueños la infancia de Clarín. En sus días veraniegos de Guimarán esperaba con impaciencia las noches de plenilunio, para entregarse al juego imaginativo y medieval de perseguir entre las ramas del viejo ciprés, bellos fantasmas de luna y de viento.

Del arroyo que cruza el prado "Aren", dice Clarín en Doña Berta, que sólo la vanidad geográfica de los Rondaliegos pudo llamar "el río" a lo que todo el pueblo llamaba "el regato". Pero quizá en esto se equivocó Clarín. Su Doña Berta de Rondaliego, con ese instinto, agudo para lo rural, que llegan a adquirir los seres confinados en uno de esos rincones del planeta, acaso había llegado a una comprensión superior de este paisaje particularísimo de las marinas de Carreño. Acaso había aprendido a ver lo eterno en lo fugitivo de sus breves arroyos, auténticos "ríos que van a dar a la mar", no para morir, sino para realizar esa ilusión de que está llena toda vida. La ilusión de continuarse, la alegría del volver a empezar. La esperanza de volver un día, poco a poco, hechos nube, a los prados de Carreño.

En Guimarán está vivo el espíritu poético de Clarín. Allí están muchos de sus sueños hechos realidad por el cariño. Y muchas cosas que le fueron gratas, son ahora reliquias de un culto familiar. Allí están su mesa de trabajo, un poco menos revuelta; su pisapapeles de cristal, su librería —vivo ejemplo de tolerancia paternal— sobre cuyas maderas hay una copiosa primavera de mariposas en calcomanía. Allí están sus libros predilectos, las cartas de sus amigos Castelar, Galdós, Valera, Campoamor... Están los objetos que le fueron gratos y algunos cuadros de pintores que gozaron de su amistad. Todo esto dentro de la casa. Fuera, están los bosques de Zaornín y la Carbayeda, la huerta, con sus manzanos, sus limoneros frutados de oro pálido y sus laureles reales, los mismos que una tarde de mayo, hace ya muchos años, dejaron caer sus flores —azahar simbólico— sobre el inocente pecado de amor que cometían Doña Berta de Rondaliego y su capitán de liberales. Allí está el viejo magnolio a cuya sombra florecían las cuartillas de Clarín de magníficas fantasías literarias,  y la tapia que le permitía atalayar los remates blancos de los Picos de Europa, esas torres de nieve y de cielo que los geólogos pueden llamar como quieran, pero que son las catedrales góticas de nuestra edad de piedra.

 

En 1863 comienza Leopoldo el bachillerato en Oviedo.

En 1901 abandona Leopoldo su casa de la calle Campomanes para vivir en La Fuente del Prado, en las afueras de Oviedo. Allí fallecería prematuramente.

 

Hijos de Leopoldo y Onofre fueron:

 

1.- Leopoldo García-Alas y García-Argüelles, nacido en Oviedo, en la calle Uría nº 34, el 13-IX-1883. Asesinado por los franquistas en la guerra civil, siendo Rector de la Universidad vetustense.

 

“Tal y como recuerda Claret –que prepara una tesis sobre el tema-, ninguno de los expedientes conservados relata el acontecimiento «más impactante y sangrante» en relación con la Universidad de Oviedo: el asesinato de Leopoldo Alas. Como si fuera una premonición, el propio catedrático de Derecho llegó a declarar en enero de 1936: «Sin tener afecto al cargo, no quisiera dejarlo por excitaciones del momento ni por causas ajenas a la universidad».

Después de una «parodia de juicio», fue fusilado en Oviedo el 16 de febrero de 1937, víspera de la segunda ofensiva republicana sobre Oviedo. Claret refuerza la tesis de otro investigador, Francisco Galera, sobre la verdadera causa de su muerte: el rector no pagaba por su ideología de izquierdas, sino por ser hijo de Leopoldo Alas, «Clarín», el autor de «La Regenta». De hecho, la violencia desencadenada tras el estallido de la guerra civil permitió «una expresión pública contundente del odio de las clases dominantes ovetenses contra Clarín en la figura de su hijo».

 

¿Cuál fue la respuesta de la comunidad universitaria? El silencio sepulcral. Claret recuerda que ninguno de sus antiguos compañeros de claustro ni de junta de gobierno denunció el asesinato de Alas Argüelles, a pesar de que un año antes lo calificaban de «rector irreprochable» y le expresaban todo su apoyo a raíz de los incidentes producidos durante una huelga en Derecho, en la que muchos estudiantes «adoptaron actitudes de insolencia y le faltaron al respeto».

Tiempo de silencio, pues. Y de traiciones, según Claret. La Universidad retrasó todo lo que pudo la tramitación de la solicitud de la viuda de Alas, en nombre de sus hijas menores de edad, para que le fueran abonados los haberes devengados a su marido desde julio de 1936 a febrero de 1937.

La figura de Alas Argüelles no sería reivindicada hasta octubre de 1967 por el regidor Luis María Fernández Canteli. Poco después, el 25 de abril de 1968, el Ayuntamiento inauguraba la rehabilitación de la estatua de Clarín en el Campo de San Francisco. «Todo esto traería una nueva polémica a la ciudad y, de hecho, las autoridades municipales habían intentado ahorrársela ofreciendo, a finales de abril de 1962, el busto a la Universidad», señala el estudio.

Pero más allá del asesinato de Alas Argüelles, la represión afectó a muchos otros docentes a partir de la ruptura del asedio de la ciudad el 17 de octubre de 1936 por parte de las tropas de Franco.

Ya el 21 de diciembre el presidente de la Comisión Depuradora del Personal Universitario, Arturo de Gregorio Rocasolano, proponía la suspensión de los catedráticos Benito Álvarez-Buylla Lozano, Ramón Prieto Bances, Alfredo Mendizábal Villalba, Antonio Polo Díez y Emilio González López. Finalmente, los sancionados serían siete, ya que se sumarían los catedráticos Carlos del Fresno y Pérez del Villar y Teodoro González García. El proceso de depuración, a juicio del historiador, se limitaba a dar barniz administrativo a una represión decidida de antemano.

El rector accidental y decano de Derecho Isaac Galcerán «tendría un papel principal en la represión» a través de la ratificación de las acusaciones y la incorporación de nuevos cargos. Los escritos vinculaban políticamente a los imputados, en mayor o menor grado, con la izquierda.

Como «izquierdistas» y «extremistas» fueron calificados Antonio Polo Díez, de Derecho Mercantil, Emilio González López, de Derecho Penal, y Benito Álvarez-Buylla, de Química. Dentro de la categoría de «acomodaticio» y «expectante» fueron encasillados Carlos del Fresno y Pérez del Villar, de Química, Teodoro González García, de Derecho Político, y Ramón Prieto Bances, de Historia del Derecho.

Este último merecería los juicios más severos: «En Oviedo figuró como hombre de derechas y buen católico; sin embargo, a partir de 1934, en que fija su residencia en Madrid con motivo de su nombramiento de subsecretario de Instrucción Pública y más tarde de ministro, se le ve desorientado y bastante ligado a las figuras representativas de la Institución Libre de Enseñanza (...). No dará buen ejemplo por su conducta versátil y acomodaticia».

Caso aparte es el del jurista Mendizábal y Villalba, considerado contrario al Movimiento por permanecer en el extranjero. Además, se le acusa de ausentarse a menudo de la cátedra y se le define como «terco y tenaz, católico pero de los que discuten hasta al Sumo Pontífice y de ideas demócratas avanzadas contrarias al fascismo italiano y hitleriano».

Según la tesis doctoral, el rector Galcerán no se limitaba a la función de transmisor, sino que ratificaba las acusaciones y añadía nuevos cargos. Por ejemplo, su opinión resultó decisiva en la inhabilitación definitiva del catedrático Benito Álvarez-Buylla el 24 de septiembre de 1937.

Por otra parte, el asedio militar republicano de catorce meses sobre Oviedo marcó de forma directa la vida académica en la ciudad: «El asedio provoca el aislamiento de la Universidad respecto de su propio distrito y del resto de España durante meses, pero al ser liberada se plantea la necesidad de reconstruir unas instalaciones absolutamente arrasadas -tres años después de la revolución de octubre de 1934- en un momento de replanteamiento del centro que podría comportar su eliminación».

Sin embargo, la Universidad de Oviedo pudo salvar el tipo y se convirtió en uno de los símbolos de respuesta tenaz a los cañones rojos. Al ser liberada la Universidad, el nuevo rector dedicó la principal partida presupuestaria, prevista para la adquisición de libros, a la compra de crucifijos y retratos del general Franco en todas las aulas.

*Fuente: La Nueva España, 1 de mayo de 2005

 

 

2.- Adolfo García-Alas y García-Argüelles, nacido en Oviedo en septiembre de 1887.

 

3.- Elisa García-Alas y García-Argüelles, nacida en Oviedo en 1890.

 

 

Fuentes:

Expedientes de Carlos III, de Vicente Cadenas y Vicent.

Juan Antonio Cabezas: “Clarín, el provinciano universal” (1936).

Marino Gómez Santos: “Leopoldo Alas “Clarín”; ensayo bio-bibliográfico”.

El texto sobre el asesinato por el Oviedo de derechas del hijo de Clarín, está tomado de la web http://www.afar2rep.org/Noticias/2005/clarin.htm, en la se cita como fuente a  “La Nueva España, 1 de mayo de 2005”.

 

Antonio Castejón.

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