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HISTORIA
DEL PAÍS VASCO |
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La
historia de los vascos comenzó hace miles de años atrás
en lo que hoy conocemos con el nombre de Navarra. La tierra de los navarros
fue llamada por los romanos con el nombre de Vasconia.
Cuna de la "lingua navarrorum" (lengua
de los navarros) o euskara actual, y de la
cultura que surge alrededor de ella. Los vascos, como descendientes directos
de la civilización
prehistórica franco-cantábrica, que
abarcó todo
el
tercio
norte
de la península ibérica y mitad sur de Francia, representan
el pueblo, con
continuidad
en el continente, más antiguo de Europa.
En
la época franco-visigótica los vascones de Navarra lideraron
el resto de tribus vascas, en defensa de las instituciones y forma de
vida romanas, en contra de los invasores germanos. A partir de esta época,
fruto de la asimilación vascona, desaparecerán las tribus
vascas de los textos y se hablará únicamente de los vascones.
La forma vasca de la palabra vascones fue euskaldunak (euskáldunák),
término
que en la actualidad siguen utilizando los vascos para autodenominarse. En
otras lenguas, por el contrario, los nombres para designar a los vascos
han variado a lo largo de la historia.
Como ya hemos indicado, en la época franco-visigótica, a los vascos se les denominó vascones (escrito también como wascones). Posteriormente, en los cronicones carolingios, se comenzó a diferenciar a los vascones que estaban bajo gobierno franco de los independientes, designando a estos últimos con el término navarro, siendo utilizada la palabra vascón, únicamente, para los vascones bajo gobierno franco (evolucionando posteriormente este término al actual gascón).
Con el auge del Reino de Pamplona-Nájera en el siglo XI (hasta el siglo XII no fue denominado oficialmente como Reino de Navarra), la utilización de la palabra navarro para designar a los vascos se fue generalizando; quedando la palabra vascón gradualmente en desuso.
En
el siglo XII el Reino de Navarra, ante el expansionismo militar castellano,
se verá forzado a pactar la renuncia a los territorios de La Rioja
y Bizkaia. La Rioja, que ostentaba la capital del reino navarro, Nájera,
será anexionada por Castilla. Bizkaia, por contra, pasará a
ser un señorío independiente y los castellanos pondrán
al frente del mismo a la dinastía pro-castellana de los Haro.
Bizkaia, bajo la órbita castellana, se verá inmersa en guerras en defensa de los intereses de Castilla, haciéndola salir victoriosa en muchas de ellas. Debido a esta colaboración en el expansionismo castellano, el Señorío de Bizkaia agrandará sus territorios, gracias a las tierras donadas por los reyes de Castilla. La fama batalladora de los vizcaínos hará que en lo sucesivo, los vascos, sean conocidos con el nombre de vizcaínos en Castilla, una denominación que se extenderá posteriormente a otros países europeos; mientras que en los territorios de la corona de Aragón, se les seguirá llamando navarros.
En el siglo XVI, como podemos comprobar en los textos de Cervantes, fue común designar a los vascos de uno y otro lado de los Pirineos con el término vizcaíno (exceptuando los bajo navarros, que tanto en Francia como en España, eran denominados "vascos"). En mapas europeos del siglo XVII se sigue denominando todavía a a la actual Euskadi como Bizkaia, apareciendo como subdivisiones de la misma los topónimos "Bizkaia original", Álava, Gipuzkoa, Provincia de Cuatro Villas (aparece en los mapas integrada por territorios de la Bizkaia occidental, y este Cantabria, hasta la Bahía de Santander ) y La Rioja. El denominar a los vascos como vizcaínos en los territorios de Castilla, así como en otros países europeos; y navarros, en los territorios de la antigua corona de Aragón, seguiría vigente todavía hasta el siglo XVIII.
A
partir del siglo XV y XVI fue común en ambientes eruditos europeos
utilizar el término cántabro para
designar a los navarros. A partir del siglo XVI esta donominación
se comenzó a utilizar, también en ambientes eruditos, para
designar solamente a los alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos. Una denominación
que daría lugar posteriormente a las tesis vasco-cantabristas.
En España, a partir del siglo XVIII, se comenzó a generalizar la costumbre de utilizar el término vascongado para designar a los habitantes de Euskadi.
La palabra vascongado (del latín "vasconicatus"), en sus orígenes, era sinónimo de vascoparlante, en contraposición con romanzado (del latín "romanicatus"; hablante de lengua latina no vasca). Ambas palabras eran utilizadas no sólo en Euskadi sino también en Navarra. En textos medievales del Reino de Navarra, por ejemplo, se enumeran las poblaciones que son de lengua vascongada (éuscara) y de lengua romanzada (latina).
Posteriormente,
la palabra vascongado, se utilizó para designar a cualquiera que procediera
de tierra donde se hablara euskara (equivalente
al euskaldun vasco). A partir del siglo XVIII, por parte de los vasco-cantabristas y
la monarquía española, se comenzarán a utilizar y
generalizar los términos "vascongado" (gentilicio) y "Provincias
Vascongadas" o "Vascongadas", para designar la tierra en
la que viven los alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos, la actual Euskadi,
alterando el significado original de la palabra vascongado, y excluyendo
en su significado a los navarros.
Finalmente, a partir del siglo XIX, se comenzó a extender la actual, vasco, que proviene del término francés "basque" y que desde la baja Edad Media sólo servía para identificar a los bajo navarros. El significado del término decimonónico "vasco" era más genérico y equivalente al vasco euskalduna, queriendo englobar dentro de sí, tanto a vascongados, navarros, como a vascos de Francia.
El
mundo vasco en la Edad Media, como conoceremos a lo largo de estas páginas
web, se subdividió en diferentes entidades políticas que abarcaban
gran parte de la zona pirenaica. Hoy solamente siete territorios han conservado
su cultura original (Álava, Baja
Navarra, Guipúzcoa, Labourd, Navarra, Sola y Vizcaya).
La desmembración de las dos entidades políticas que aglutinaron históricamente a los vascos (Ducado de Vasconia, Reino de Navarra), debido al expansionismo militar de los pueblos latinos del entorno o de tensiones internas de sucesión, daría lugar a la división del pueblo vasco en entidades políticas diferentes, a menudo antagónicas, lo que ocasionó que los vascos batallasen unos contra otros en sucesivas guerras (Castilla contra Navarra, Francia contra España, etc).
Sin embargo, se mantuvo entre ellos la noción de pertenecer a una tierra en común, a la "Tierra del Euskara" o Euskal Herria (País Vasco), ya que desde los primeros escritos extensos en vasco del siglo XVI d.C., y aunque no estaban unidos políticamente, escritores de las actuales Euskadi, Navarra e Iparralde hacen alusiones a ella. Un término, así como la palabra euskaldun, que nos retrotraen a siglos atrás, comenzándose a extender, entre todas las tribus vascas, en el declive del Imperio Romano, y sobre todo, en la época franco-visigótica (a partir del siglo V d.C.), cuando estas tribus tuvieron que unirse en contra de los invasores germanos dando lugar al actual pueblo vasco.
La falta de unidad de los vascos a partir de la Edad Media y el ser gobernados por reinos de lengua latina, hará que el euskara se debilite. Con el transcurso de los siglos desaparecerá de la mitad sur de Gascuña, noreste de Castilla, este de Cantabria, La Rioja, norte de Aragón y noroeste de Cataluña, conservándose, actualmente, en una novena parte del territorio que abarcaba en el siglo XI.
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En esta introducción a los orígenes del pueblo vasco haremos referencia a los trabajos científicos más recientes que han intentado desentrañar el enigma del origen de este pueblo.
A la hora de adentrarnos en estos orígenes nos encontramos con el obstáculo de no tener documentación de esta época, dado que este origen es muy remoto, y por tanto, anterior a la invención de la escritura.
Los
diferentes historiadores que han estudiado estos origenes indican que los
actuales vascos, descienden de un pueblo prehistórico (civilización
protovasca, también conocida como civilización franco-cantábrica)
que se extendía a ambos lados de los Pirineos y que formaba parte
de un
grupo
euroasiático antiguo anterior a la difusión de los pueblos
indoeuropeos en Europa (milenio III ó V a.C). Asimismo consideran
que el asentamiento de los antecesores de los vascos en tierras pirenaicas,
fue anterior a la llegada de los íberos a
la península ibérica.
Los historiadores en la necesidad de poder vencer la problemática de la no existencia de documentación escrita sobre estas épocas, han comenzado a utilizar técnicas basadas en el estudio de la genética (ADN mitocondrial), para poder conocer el movimiento de los grupos humanos en la antigüedad. Este estudio ha dado lugar a la nueva disciplina llamada arqueogenética, cuya aplicación en la época prehistórica recibe el nombre de paleogenética.
Según los estudios de paleogenética realizados por el Instituto McDonald para la Investigación Arqueológica de la Universidad de Cambridge (11), y que vienen avalados también, por otros estudios genéticos realizados por universidades europeas (Universidad de Oxford, Universidad de Milán), así como el estudio de la climatología prehistórica, los hombres de Cromagnon estaban esparcidos a traves de toda Europa (nuestros ancestros directos, los primeros hombres modernos que reemplazaron a los hombres de Neanderthal). Sin embargo, hace 20.000 años, cuando el frío se generaliza con la última gran glaciación, los pocos que pudieron sobrevivir, buscaron refugio en las zonas más cálidas del continente (nordeste y suroeste de Francia y en Ucrania).
(11) Investigaciones realizadas principalmente por Peter Forster, doctor en Biología y miembro destacado del Instituto McDonald, y sus colaboradores del laboratorio de genética molecular de este instituto. El estudio por otras universidades del ADN mitocondrial, así como el estudio del cromosoma Y (paterno) para realizar la misma investigación (en lugar del ADN mitocondrial), apunta hacia las mismas conclusiones.
A partir
de esta época, probablemente, se comienza a desarrollar en la zona
cantábrica y sur de Francia el grupo humano protovasco y su lengua,
el protoeuskara, dando lugar
a la civilización franco-cantábrica.
Del 16.000 a.C. en adelante el clima comienza a ser más cálido
y según las investigaciones de paleogenética, comienza la expansión
de los protovascos, extendiendo su cultura, la magdaleniense, por la despoblada
Europa. Una cultura cuya máxima expresión serían las
pinturas rupestres con las que los protovascos
ornamentaron
las cuevas europeas. La extensión y localización de la cultura
magdaleniense en Europa, coincide exactamente con este estudio, asimismo
los rasgos fonéticos y léxicos comunes con los vascos, encontrados
en las tierras donde se extendió la antigua civilización franco-cantábrica (tercio
norte peninsular y mitad sur de Francia) de esta época, parecen avalar
también este estudio. Hace 10.000 años comenzó el deshielo
de los glaciares escandinavos, lo que contribuyó a que los protovascos
se extendieran también por esta zona.
Estas investigaciones genéticas llevadas a cabo para el conocimiento de la evolución humana en Europa, indican que tres cuartos de los europeos actuales proceden, por vía matrilineal, de una población europea del período preglacial y que están estrechamente emparentados con los vascos. Indicando también que el aporte genético no protovasco (indoeuropeo en su gran mayoría) supone, únicamente, el 25% del total.
Este estudio hace hincapié en que esta expansión protovasca que comenzó hace 16.000 años, no solamente se dio en el centro y norte de Europa y en las islas británicas, sino también en el norte de África (la distancia entre la costa europea y africana en aquella época era menor que la actual), sobre todo en el actual Marruecos, norte de Argelia y Túnez. Un hecho que quizás ayude a desentrañar el enigma que acuciaba a filólogos de todo el mundo, en relación a las similitudes encontradas entre el euskara y lenguas camíticas del norte de África. Unas relaciones entre el euskara y lenguas camíticas como el bereber, surgidas, hipotéticamente, del mestizaje de protovascos asentados en África con grupos humanos camíticos.
Los indoeuropeos (de los que descienden los actuales latinos, germanos, eslavos, celtas, griegos...) llegaron a Europa occidental en el 2500 a.C . (según la "explicación bélica" de su expansión) o en el 4500 a.C. (según la "explicación agrícola").
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Para la "explicación bélica", la invasión indoeuropea habría partido de las estepas del norte de Ucrania y Rusia, siendo motores de la expansión la adopción del caballo como animal de montura, o como algunos historiadores apuntan hoy, la subida del nivel del Mar Negro, cuando el Mediterráneo lo invadió y pasó de ser lago a mar. La hipótesis de la "expansión bélica" se ve favorecida por la llamada "arqueología lingüística", es decir, por la constatación de que en el idioma indoeuropeo común no hay apenas términos agrícolas (ni metalúrgicos) y sí, en cambio, términos ganaderos, lo cual encajaría bien con un pueblo pre-agrícola procedente de la entonces atrasada Europa. Además, el tipo de flora y fauna que se reconstruye en ese idioma es más propio del norte de Europa que de tierras tropicales.
Para la "explicación agrícola", que tiene menos defensores, la invasión indoeuropea habría partido de la Turquía asiática y habría llevado con ella la agricultura. Esta explicación, que se aviene mal con la "arqueología lingüística", parece verse favorecida, a su vez, por los estudios del genetista italo-norteamericano Cavalli-Sforza, quien deduce en ellos un antiguo desplazamiento de población hacia Europa a partir de esa zona turca.
Los
pueblos indoeuropeos, al ser
pueblos con una tecnología superior en el arte de la guerra al resto
de pueblos no indoeuropeos que habitaban hasta
entonces Europa, conseguirán someter a la mayor parte de ellos, haciendo
desaparecer sus lenguas y culturas. Quedando
el euskara, como único vestigio lingüístico del pasado preindoeuropeo de
Europa.
Ya en la época romana nos encontramos con las siguientes tribus vascas que sobrevivieron en el occidente europeo a la expansión indoeuropea: aquitanos, autrigones, caristios, várdulos y vascones. Unas tribus que se extendían a uno y otro lado de los Pirineos.
Algunos historiadores consideran a los berones de La Rioja como una más de las tribus vascas; otros, por contra, como una tribu celtíbera (los celtíberos eran los diferentes pueblos celtas que habitaban la península ibérica).
Por los estudios óseos llevados a cabo en excavaciones arqueológicas de la zona cantábrica vasca y Gascuña, sabemos que sus habitantes en el Neolítico, pertenecían racialmente a lo que la antropología designa como tipo pirenaico-occidental o vasco (evolución local del hombre de Cromagnon); mientras que el sur del País Vasco (sur de Álava y Navarra) y la zona berona, era muy heterogénea, estaba habitada por individuos de diferentes procedencias europeas (del tipo mediterráneo, alpino, dinárico...), lo que hace difícil un origen vasco de esta tribu. Si bien a la llegada de los romanos las etnias de habla vasca, se habían hecho ya con el control de los territorios sureños, el estudio de los antropónimos (nombre de las personas) de los berones de esta misma época, denotan también un origen celta y no vasco.
Un error de considerar a las tribus que rodeaban a las éuscaras como vascas, que se ha repetido con otras tribus cercanas como es el caso de los jacetanos de Huesca.
Hay que
recordar que si bien había población vasca conviviendo con
celtas e íberos en toda la zona pirenaica. Debido a la alianza de
las tribus vascas con Roma, las tierras
conquistadas a celtíberos e íberos eran posteriormente repobladas
con éuscaros. 
El hecho de que ya en la época imperial romana, las ciudades y tierras del occidente pirenaico y zaragozano, así como de La Rioja y noreste de Castilla, figuren como vascas, ha dado lugar a este error; cuando en realidad, parte de esas tierras, pertenecieron a tribus celtíberas o íberas antes de la conquista romana. En La Rioja, por ejemplo, la población celtíbera fue cuasi-exterminada por los romanos, y sus tierras repobladas posteriormente por sus aliados, los vascos.
Esta alianza de las tribus vascas peninsulares con Roma en contra de los enemigos comunes, es el principal motivo de que la vasca sea la única cultura prerromana de la península que sobrevivió a la expansión de Roma. Un factor para la supervivencia de lo vasco, al que hay que sumarle el que tardiamente se desarrollara el Mare Externum ("Mar Exterior"; Océano Atlántico) como zona económica de interés para el Imperio, lo que posibilitó que la zona vasca quedara al margen de los intensos flujos migratorios que se dieron en otras zonas de la península o en Aquitania (por su alto interés agrícola).
Cuando llegaron los celtas a la actual Navarra, posiblemente en el siglo VIII a.C., denominaron a los habitantes de la zona pirenaica con el nombre de barskunes o baskunes ("los montañeses"). Los celtas se asentaron en las zonas llanas del centro y sur de Navarra, influenciando culturalmente a la población de esa zona que era de etnias y razas diversas (mediterránidos, paleomorfos, alpinoides o dinárico-armenoides).
Posteriormente, a lo largo del río Ebro, llegará una nueva cultura, la íbera, que se superpondrá a la celta. Una celtización e iberización del centro y sur de Navarra, de la que quedarán al margen los baskunes del norte.
A partir del siglo III a.C. comienza la expansión de los baskunes del norte hacia el sur, tomando el control de las tierras llanas del centro y sur de Navarra, baskunizando culturalmente su población. El mestizaje de los baskunes y de las etnias del centro y sur de Navarra, en una misma tribu, hará que muchas costumbres y usos celtíberos e íberos formen parte, en lo sucesivo, de la tradición baskún:
Los baskunes que habitaban en las zonas montañosas de Navarra, se dedicaban a la ganadería y a una economía de subsistencia basada en la caza y la recolección.
El ídolo de Mikeldi de Durango (Bizkaia) es de la Edad de Hierro, representa a un toro o verraco que tiene entre sus patas un disco cuyas dos caras significan el Sol y la Luna, representando así a la diosa Mari o "Madre Tierra" que recibe en su seno a sus dos hijas celestes cuando se ponen en los "Mares Bermejos" o Itsasgorrieta para seguir su curso por el Mundo Subterráneo.
Incluso aquellos que vivían en zonas menos agrestes tenían la caza y la ganadería como actividad principal. La agricultura sólo era practicada en las zonas llanas de la región entre Pamplona y el Ebro, por las antiguas etnias de origen diverso celtizadas, después iberizadas, y posteriormente, baskunizadas. Los indoeuropeos habían introducido diversos cultivos, pero no se practicaban a gran escala.
En las zonas del sur existía una aristocracia local, descendiente de los elementos dominantes celtas llegados con las oleadas indoeuropeas, que hacía que la región se asemejase más, socialmente, a otros puntos de la península ibérica. Pero, no obstante, también en estas regiones, la caza y la ganadería son ocupaciones habituales, situación que no se modificará hasta el siglo II a.C., con la llegada de los romanos. Estos, adaptaron el término celta baskunes a su idioma y lo convirtieron en vascones (pronunciado en látin uascones). Una denominación que perdurará en el tiempo, hasta que, en épocas medievales, sea sustituida por la palabra navarro.
La tribu
de los vascones, comenzará a partir del siglo III a.C., desde
el norte de Navarra (Saltus Vasconum o zona montañosa de Navarra),
un proceso de expansiones que hará que su idioma sea hablado en
el siglo VI d.C. desde parte de Cantabria, al oeste, hasta parte de Cataluña,
al este; al norte, hasta el río Garona (mitad de la actual Francia),
y al sur, hasta el río Ebro. A continuación, se hace referencia
al proceso de expansión de los vascones: 
Durante los siglos III a.C. al II a.C. hacia el este, hasta parte de Cataluña, conviviendo en ese área con celtíberos e íberos. En la época romana, gracias a la buena relación de las tribus vascas en general y los vascones en particular con los romanos, la mayoría de las ciudades que en los principios de la conquista romana aparecían como celtíberas o íberas en La Rioja, noreste de Castilla, sur de Navarra, y norte y occidente de Aragón, aparecen ya en los escritos, después de la conquista, gobernadas por las tribus vascas. Calagurris (Calahorra, La Rioja) y Cascantum (Cascante, sur de Navarra), así como Graccurris (Alfaro, La Rioja; ciudad fundada por Roma) aparecen como celtibéricas en el momento de su conquista, pero luego, bajo el Imperio, figuran ya como ciudades vasconas. Estrabón escribe hacia el año cero que las principales ciudades vasconas eran Calahorra, Pamplona y Oiasso (Irún, Gipuzkoa). Del mismo modo Jaca (provincia de Huesca, norte de Aragón) y Segia (Egea de los Caballeros, provincia de Zaragoza, occidente de Aragón), que aparecían como de los jacetanos y de los suesetanos, luego figuran como de los vascones.
En el siglo III d.C., en el ocaso del Imperio Romano, comienza la formación del actual pueblo vasco y del euskara común que se acelerará con las invasiones germánicas. Este proceso de formación del pueblo vasco, así como las guerras contra los germanos, son liderados por los vascones de Navarra. A partir de esta época se dejará de hablar de tribus vascas y se comenzará a citar a los vascones como un único pueblo.
En el siglo VI d.C., debido a las incursiones visigodas en territorio vascón, vascones de Euskadi, Navarra, Aragón, Andorra y Cataluña se asientan
en las tierras de la Novempopulania ("Nueve Pueblos", actual suroeste de Francia), aprovechándose de la debilidad y caos generado por la guerra entre francos y visigodos a través de la cual la zona quedó desguarnecida de tropas militares. Extendiendo el euskara común tardorromano por todo el sudoeste de Francia hasta Burdeos (río Garona) y al sur hasta la actual frontera franco-española en Lleida.
La presencia de abundantes topónimos éuscaros los podemos encontrar muy al sur de las actuales fronteras vascas:
Al sudoeste por los montes de Oca (Oka mendiak, óka mendí-ak), La Bureba (Bureba, buréba), Valle de Mena en Burgos, La Rioja y Soria (Oria, oría). O El monte Amaya (amaia [amáy-á]; "el fin") de 1362 m en la provincia de Burgos, muy cerca de Palencia. Todas estas tierras fueron posteriormente revasquizadas en los primeros años de la reconquista, lo que hizo que Castilla en sus comienzos fuese mayoritariamente vascoparlante. Aunque zonas como La Rioja o Burgos fueron hablantes de lengua éuscara, ininterrumpidamente, desde épocas prerromanas hasta los siglos XV - XVI de nuestra era, en los que el castellano (12), después de siglos de bilingüismo, sustituyó al euskara en el habla de los lugareños.
(12) Castellano o español: lengua vasco-románica surgida en la reconquista. Su origen se encuentra en el habla de los vascos romanizados de Cantabria, norte de la provincia de Burgos, franja occidental
de Álava colindante con la provincia de Burgos y los habitantes de la comarca vizcaína de las Encartaciones. Estas tierras en la época romana estaban habitadas por la tribu vasca más occidental, los autrigones. Su cercanía con la meseta, que desde épocas neolíticas fue foco cultural de las nuevas técnicas y constumbres del Neolítico, haría, en este caso, que se irradiara el latín y la cultura romana con más fuerza. De la romanización de los autrigones, por tanto, surgiría el actual pueblo de Castilla y su lengua, el castellano.
Su primera manifestación escrita son los cartularios del Monasterio de Santa María de Valpuesta (Burgos), textos que van desde el año 804 hasta el 1200. Se trata de manuscritos en los que se copiaron las escrituras originales -privilegios, derechos, títulos de propiedad y en general, documentos- de los archivos de la corona, de obispados, monasterios, iglesias, localidades o de personas privadas, con objeto de conservar, previamente autentificados, sus respectivos derechos, en caso de pérdida de sus originales. En estos primeros textos en latín se entreven algunas palabras con fonética claramente castellana; pero se tendrá que esperar hasta el año 1200 para encontrar un texto escrito plenamente en romance castellano.
En estos textos, al igual que en los de San Millán de la Cogolla, primera manifestación del romance navarro-aragonés, aparecen términos vascos. La presencia de patronímicos vascos es abundante: Anderkina ("pequeña señora"), Enneco ("mi pequeño"), Ozoa ("el lobo")... Se utiliza el vasco en expresiones: mie ennaia ("mi hermano"). Palabras de parentesco: eita
(padre), ama (madre), ennaia (hermano), amunnu (abuela)... Palabras de respeto como Anderazu ("anciana señora" con el significado de "doña") que la veremos también, posteriormente, en los textos riojanos del siglo XI. Así como topónimos vascos de la zona como Margalluli, Yrola, Zopillozi...
Durante la pertenencia de esta zona al Reino de Asturias, y posteriormente, al Reino de León, muchos pobladores de habla astur-leonesa llegaron y se asentaron. De su mestizaje surgiría el romance burgalés. Este romance castellano inicial era muy similar al actual dialecto cántabro de la lengua astur-leonesa hablada en la comarca cántabra de Liébana (por ejemplo, pluralizaba el femenino en -es [Salines] como en el astur-leonés; en vez de en -as [Salinas], como actualmente).
El cántabro posee una fuerte influencia fonética éuscara, que se caracteriza por la pérdida casi total de las efes iniciales al comienzo de la palabra y conversión de éstas en hache aspirada, dado que en el euskara no existió hasta la Edad Media el sonido / f /, mientras que por el contrario, existía una fuerte aspiración al comienzo de las palabras, lo que causó esa evolución fonética. Esta misma evolución se puede encontrar también en el dialecto gascón del occitano que surgió de la romanización de la población de habla vasca de Aquitania.
Astur-Leonés Cántabro Español Falar Jalar Hablar Facer Jacir Hacer
Latín Euskara Español Fundus Hondo Fondo Fornitura Hornidura Abastecimiento
En la reconquista Burgos se convirtió en punto de encuentro tanto de hablantes de astur-leonés como de navarro-aragonés, lo que incidió en la evolución de su romance. Al avanzar hacia el sur, el burgalés, se fundió con el romance hablado por los mozárabes dando forma al actual castellano, lo que conllevó la introducción de gran cantidad de arabismos en el habla y la recuperación, en muchas palabras, de la efe inicial latina.
El sustrato fonético éuscaro (en el que no existen los diptongos ascendentes /je/ y /we/) ocasionó en el castellano, la reducción de la fuerte diptongación en las antiguas es y oes latinas acentuadas existente en los romances centrales de la península (astur-leonés y navarro-aragonés).
Astur-leonés Español Güey Hoy Yera Era
Dotar al español de cinco vocales sin distinción de grados ( /i/, /e/, /a/, /o/ y /u/). Convirtiéndola así en la única lengua latina con sólo cinco vocales.
La ausencia del fonema /v/ fricativo labiodental sonoro en el sistema fonológico del español, propio de las lenguas que se hablan donde antiguamente se extendió la civilización protovasca (gallego, astur-leonés, castellano, navarro-aragonés, gascón, catalán [exceptuando el valenciano] y occitano), es otro de los rasgos de sustrato vasco. Este fonema existió en el castellano antiguo, aunque no en las zonas de Burgos, Cantabria y La Rioja, cuya pronunciación de la /v/ como /b/, con el paso del tiempo, se impuso en todos los hablantes del español al ser tomado el burgalés como lengua castellana estándar.
En el sistema fonológico del español contamos con dos fonemas vibrantes: el simple /r/ y el múltiple /rr/ que se oponen en posición intervocálica: /káro/ y /kárro/; /móro/ y /mórro/. En posición inicial, el español sólo conoce la vibrante múltiple. Esta curiosa distribución opositiva tiene su origen en el sustrato vasco y es propia también de los territorios que abarcaba la antigua civilización protovasca. El sistema fonológico vasco exige la prótesis de una vocal en inicio de palabra ( /a/ ó /e/ ) para pronunciar /rr/.
Latín Euskara Español Rationis Arrazoi Razón Romanicus Erromaniko RománicoEsta solución se extendió por el español antiguo creando dobletes léxicos que han estado conviviendo con epéntesis y sin epéntesis: ruga/arruga, repentir/arrepentir, rancar/arrancar, rebatar/arrebatar.
Los vasquismos son abundantes en el léxico del español. Los siguientes patronímicos, por ejemplo, son de origen vasco. Si bien eran muy comunes en la Edad Media como nombres de pila, actualmente se los conoce más como apellidos:
Aznar ( Aznar [asnár]; proveniente del vasco medieval Azenari [asenári; "zorro"], también documentado como Azeari [aseári; "zorro"], que a su vez descienden del término latino asinarius ["asno"] )
García ( Gartzia [gartsía]; proveniente del vasco medieval Gartzea [gartsé-a; "el joven"] equivalente al actual adjetivo vasco gazte(a) )
Íñigo ( Eneko [enéko; "mi pequeño [hijo]", proveniente de Ene [mi] + ko [diminutivo] ] )
Jimeno ( Xemeno [sheméno;"pequeño hijo", proveniente de Xeme [diminutivo de Seme [séme; hijo] ] + no [ diminutivo] ] )
Lope ( proveniente del latín medieval Lupo y a su vez romanización del patronímico vasco Otsoa [ ochóa; "el lobo" ], conservado este último también como apellido [ Ochoa ] )
Sancho ( Antso (áncho); proveniente del latín sanctius, "santo". Un patronímico, que aunque no tenga origen vasco, fue popularizado en Vasconia y comenzado a utilizar en otras tierras fuera del ámbito vasco )
Velasco/Belasco/Blasco ( proveniente del vasco Belasko "pequeño Bela", proveniente a su vez de Bela [ adaptación fonética vasca del patronímico visigodo Vigila ] + (s)ko [ diminutivo ] )
Urraco ( Urrako [ urráko; "pequeño Áureo"]; proveniente de Urre [ oro, Áureo ] + ko [ diminutivo ]. Si bien este nombre es conocido más por su modalidad femenina, Urraka, que fue nombre de condesas de Gascuña o reinas de Navarra.
La influencia latina introdujo la moda en la lengua vasca de que un nombre tuviera tanto su forma masculina como femenina, algo que no existía anteriormente en el euskara. Esta femenización de los nombres se conseguía sustituyendo la -o final, que en euskara no alude al genero masculino (no existe género gramatical en las palabras), por una -a. De esta forma surgirían, por ejemplo, los nombres: Urrako/Urraka, Eneko/(Eneka u Oneka), Xemeno/Xemena o Belasko/Belaska. Los castellanos, al ser vascos romanizados, seguirían utilizando estos nombres convirtiéndolos en Urraca, Íñiga, Jimena o Velasca.
La formación de los apellidos castellanos tiene también origen vasco. En español no se dice Fernandes como en gallego o en portugués (sufijo -es) sino Hernández (forma castellana más castiza) o Fernández (sufijo -ez), dado que en euskara este tipo de construcción se realiza con el sufijo -itz (proveniente del genitivo latino -is), que adaptado al castellano se convierte inicialmente en -iz, y, al avanzar hacia el sur en la reconquista, se convierte finalmente en -ez. Del pratronímico vasco Orti (Fortún), por ejemplo, surge el apellido Ortitz (ortíts; Fortúnez), apellido que también adquirió el castellano con la forma de Ortiz. El castellano obtuvo, por tanto, este tipo de construcción directamente del euskara; y no del latín, como ocurre en el caso del galaico-portugués (Fernandes) o del catalán (Ferrandis).
El riojano Gonzalo de Berceo (siglo XIII), uno de los primeros escritores en lengua española utilizaba palabras vascas como bildur "miedo" ("Don Bildur"), gabe "sin" o "privado de"; o çatico que viene del vasco zatiko "pedacito".
En La Rioja, en el siglo XI, los tratamientos de respeto son con frecuencia de origen vasco. Era común utilizar la palabra vasca aita (padre) con sus variantes acha (aparece escrito como agga), eita o echa (escrito como egga) para el término "don" o "señor" castellanos (por ejemplo "Eita Gomiz" es equivalente al actual "Señor Gómez"). Un uso que dería lugar también a topónimos como el de Chamartín ("Don Martín" ).
La correlación femenina riojana de eita es anderazo o anderazu (doña o señora), proveniente del vasco andere (señora) + atzo ("anciana" en euskara medieval, actualmente se dice atso); como por ejemplo "Anderazo de Fortes" (Señora de Fuertes) o "Anderazo de Clementi" (Señora de Clemente) aparecidas en los textos.
Otros vasquismos encontrados en los textos riojanos son ama (madre), amunna (amuña; equivalente al amuña del euskara occidental [abuela]), eigiga (eichicha; equivalente al aitita del euskara occidental [abuelo]) o annaya (equivalente al anaia vasco [el hermano]).
La voz vasca se usó como título de respeto o de amor y desde allí pasó a convertirse en nombre propio (Annaia Ferrero) o incluso apellido (Garcia Annaiaz). Se formaban sobrenombres como Minaya ("mi hermano"; este término se encuentra en el "Poema de Mío Cid", siendo la forma que utilizaba el Cid para dirigirse a su segundo, Álvar Fáñez) o Miegga ( miecha; "mi padre"); o mezclas de nombre vasco (Andre, "señora") y romance o godo (Goto) que dan lugar a uno nuevo, como por ejemplo Andregoto, un nombre que fue común tanto en La Rioja como en Aragón, así como en el resto de zonas de habla vasca de la época.
En el español existen otros préstamos vascos que aluden a usos hogareños como ascua, socarrar, chabola. Hay nombres de minerales, animales y plantas como pizarra, zumaya, chaparro, sabandija, garrapata y sapo. Boina, chistera, zamarra o chamarra son prendas de vestir. De la agricultura son narria, laya "pala de labrar", cencerro, abarca. Gabarra es un término de transporte por las rías. Términos vascos son, por ejemplo, aquelarre, órdago, chatarra, baldarra o alud.
Todavía en la época medieval, era usual escuchar euskara:
En el Pirineo catalán, por ejemplo, en el Valle de Arán (en euskara actual haran [arán; "valle"]). La lengua vasca se habló en pueblos pirenaicos de Lérida hasta los siglos XII - XIII.
Se habló en pueblos de la provincia de Huesca (antigua Oska vasca) y en el occidente de la provincia de Zaragoza hasta el siglo XVIII. En la comarca zaragozana de Las Cinco Villas de Aragón, al sureste de Navarra, se habló euskara ininterrumpidamente desde épocas prerromanas hasta el siglo XVIII. En dos pueblos de la zona llamados hoy Sádaba y Sofuentes se han encontrado inscripciones romanas en las que se leen nombres de persona en euskara. Datos del siglo XVI y XVII nos hablan también de la condición vascoparlante de Sos del Rey Católico (en vasco Zauze [pronunciado sáuse]). No, podemos olvidar, en este sentido, que gran parte de la zona perteneció al obispado de Pamplona hasta el año 1785 dado su carácter vascófono.
Se habló también en la riojana Nájera (en vasco Naiara [nay-ára]; fue capital del Reino de Pamplona-Nájera entre los siglos X y XII. Reyes navarros se encuentran sepultados en el "Panteón de los Reyes" del monasterio de Santa María la Real de dicha localidad), así como en diferentes pueblos de La Rioja hasta el siglo XVI.
En pueblos del Béarn (Francia) fue común escuchar euskara hasta el siglo XVI y se conservó en muchos de ellos hasta el siglo XIX, ahora sólo se habla en varios pueblos fronterizos con el País Vasco y muy reducidamente.
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La
Prehistoria
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Sobre
los primeros hombres que habitaron el País Vasco poseemos restos
en diferentes cuevas vascas, era el hombre de Neanderthal (cuevas de Axlor,
Lezetxiki, Olha, Arrillor, Gatzarria...), que vivió en nuestras
tierras entre los años 100.000 y 35.000 a.C.. Sin embargo, una nueva
especie surgirá entre los homínidos, el homo sapiens sapiens
(a la que pertenece la humanidad actual), cuya manifestación europea
recibe la denominación de hombre de Cromagnon y que sustituirá al
Neanderthal europeo
a partir del Paleolítico superior.
En el País Vasco hay más de setenta lugares con señales de ocupación humana durante el Paleolítico superior occidental (desde el 35.000 al 8.500 a.C.), la mayoría son cuevas no muy alejadas de la costa y a escasa altitud, de las más importantes: Santimamiñe (Bizkaia), Ekain (Gipuzkoa) o Isturitz (Baja Navarra). Los que allí vivían eran cazadores que practicaban en cuadrillas el ojeo, acoso y captura de las piezas, para conseguir carne, pieles y cueros, huesos y hastas. Sus piezas preferentes son el ciervo (o el reno, en circustancias climáticas más frías) u otros animales como las cabras montesas y los sarrios en zonas escarpadas, y caballos, bisontes y uros en espacios abiertos y de praderas. Los grupos de cazadores marchaban varias veces al año desde sus zonas habituales de acampada (en las cuevas mejor instaladas) a territorios próximos para abastecerse de otros recursos.
El hombre dibuja figuras de animales, alguna referencia a lo humano y un variado repertorio de signos geométricos de significado desconocido, como pinturas y grabados en las paredes de las cuevas (el arte rupestre) y grabados o relieves sobre soportes menores (el arte mobiliar: en trozos de piedra, hueso, asta o marfil). Su máxima concentración se da en el sudoeste de Europa (Dordoña, Pirineos y cornisa cantábrica) lo que se ha venido a llamar civilización franco-cantábrica o protovasca, cuyo apogeo se da desde el Magdaleniense Medio hasta el Final. Los estudios en paleogenética apuntan a una expansión protovasca en esta época, que se extendió al norte hasta Rusia y al sur hasta Túnez.
El
tiempo menos frío y más húmedo del final de la Última
Glaciación y el avance del actual clima u Holoceno provoca importantes
transformaciones de la cubierta vegetal y la fauna. Durante tres milenios
se suceden las culturas del Epipaleolítico antiguo (8.500 / 8.200
a 6.800 a.C.) y del Epipaleolítico pleno o Mesolítico (6.800
a 5.500 a.C.). La sustitución de especies animales requiere el desarrollo
de nuevas técnicas de caza y de un equipo de armas eficaz (surgen
las flechas lanzadas con arco). Se amplían los recursos alimenticios
procedentes de los bosques de hoja caediza (castañas, avellanas, hayucos
y bellotas) y de estuarios y marismas costeras. Son frecuentes en el Epipaleolítico
y Mesolítico, como despojos de las comidas, restos de peces y acumulaciones
de conchas en rincones de las cuevas (por ejemplo en la cueva de Santimamiñe
la mayoría son conchas de ostras, pero también de chirlas,
lapas, mejillones y caracoles). Para la pesca y el marisqueo había
redes, anzuelos de hueso y picos de piedra para desprender las conchas de
la roca.
En el Epipaleolítico antiguo se dan la cultura Aziliense y el postaziliense laminar, unas culturas que prolongan y liquidan el Magdaleniense precedente. En el Epipaleolítico antiguo se vive en muchas de las mismas cuevas que a fines del Paleolítico Superior, con similares sistemas de caza e instrumentos; y se da la práctica liquidación del vistoso arte del Paleolítico Superior. Entre otros representan bien el Aziliense (8.500 a 7.500 / 7.000 a.C.) niveles de las cuevas de Santimamiñe (Bizkaia), Bolinkoba (Bizkaia), Lezetxiki (Gipuzkoa), Urtiaga (Gipuzkoa), Ekain (Gipuzkoa) o Isturitz (Baja Navarra). Del postaziliense son representantes el Montico de Txarratu (Álava) y las cuevas navarras de Berroberria y Zatoia.
En
el Mesolítico surge el utillaje geométrico que se caracteriza
por un sofisticado conjunto de pequeñas puntas de flecha de forma
geométrica (trapecios, triángulos y segmentos de círculos).
Se datan estos hallazgos en poco antes del séptimo milenio a.C.
y sus estratos se entremezclan ya, en muchas cuevas, con los del Neolítico.
El espacio habitado del País Vasco se amplía, ocupándose,
por primera vez, cuevas o abrigos rocosos bastante alejados de la costa
y en latitudes de media montaña: Fuente Hoz en Álava y la
Peña, Padre Areso y Aizpea en Navarra. En el Mesolítico final
coexisten las tradiciones laminar y geométrica con una incorporación
lenta de algunas de las novedades del Neolítico.
En el período Atlántico (5.500 a 3.000/2.500 a.C.) se alcanza el considerado "óptimo climático", más cálido y más humedo que ahora, continúa el desarrollo del Mesolítico y se da la expansión de las novedades del Neolítico.
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El
Neolítico
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A lo largo del Neolítico hay cambios de técnicas e industrias (cerámica y pulimento de la piedra), de modos de vida y subsistencia (agricultura, ganadería y un incipiente urbanismo de pequeños poblados con chozas agrupadas); también se dan novedades en iconografía y ritos funerarios. Estos cambios, que en el Próximo y Medio Oriente se dieron masivamente y en poco tiempo (la "revolución del Neolítico"), en el sudoeste de Europa, y por tanto en el País Vasco, se introdujeron a un ritmo lento y de forma espaciada.
Los
más importantes yacimientos del Neolítico vasco están
en las cuevas de Areatza, Santimamiñe o Kobaederra en Bizkaia; la
cueva de Marizulo en Gipuzkoa; en Álava, en las cuevas de Fuente Hoz
o Montico de Txarratu; en el caso de Navarra, en Aizpea, Zatoia, Urbasa II,
o por ejemplo, en Abauntz; en la costa labortana, en Muliña, donde
se han encontrado picos mariscadores de gran tamaño.
Se suceden el Neolítico antiguo (4.500 a 4.000 a.C.) con mínimas novedades técnicas, el Neolítico pleno o avanzado (4.000 a 3.300 a.C.) en que se amplían aquellas innovaciones y se introduce la ganadería y el Neolítico final (del 3.300 al inicio del Calcolítico) en que aparece un ritual funerario megalítico y se expanden la ganadería, la agricultura y el poblamiento al aire libre.
Las cerámicas más antiguas del País Vasco (no decoradas) proceden de Zatoia (Navarra) y Fuente Hoz (Álava) y se fechan entre los 4.400 y los 4.000 años a.C; de ese tiempo son, también en el Neolítico antiguo, fragmentos de vasos cardiales (decorados por impresiones del borde dentado de la concha del cardium) de Peña Larga (Álava). Vasos decorados con apliques plásticos o con incisiones aparecen en el Neolítico avanzado de Los Husos (Álava), Areatza (Bizkaia) y Marizulo (Gipuzkoa).
En torno al año 4.000 a.C. los ocupantes de Zatoia (Navarra) cazaban en su gran mayoría jabalíes, y en menor medida: ciervos, cabras montesas, corzos y algunos caballos, bovinos y sarrios. Los de Aizpea (Navarra) compaginaban la caza de esas especies con la pesca en el vecino río Irati. Hasta el Neolítico pleno (Fuente Hoz [Álava], Abauntz [Navarra] y Marizulo [Gipuzkoa] ) no aparecen en el País Vasco animales domésticos: los restos de ganadería son siempre minoría frente a los de animales salvajes. Sólo en el Neolítico final ( Los Husos [Álava] y Areatza [Bizkaia] ) el aprovisionamiento de carne procedente de animales domésticos superará al que se surte de la caza. Los primeros rebaños son los de ovicaprino y luego los de vacuno y de cerda.
Sólo en el Neolítico avanzado aparecen instrumentos (que abundarán especialmente luego, en el Calcolítico) para el aprovechamiento de recursos vegetales: hojas de sílex que servían para la siega y molinos de mano. En el Neolítico pleno y final se encuentran hachas y azuelas de piedra pulimentada para el trabajo de la madera.
La
costumbre del Neolítico de inhumar los cadáveres en el suelo
de cuevas (como en Marizulo [Gipuzkoa], Fuente Hoz [Álava] o Aizpea
[Navarra] ) se va sustituyendo, desde fines del Neolítico, por depósitos
colectivos en galerías interiores de cuevas (como Kobaederra en Bizkaia,
Gobaederra y Peña Larga en Álava, Urtao II en Gipuzkoa, y la
Peña y Hombres Verdes en Navarra... ) y, sobre todo, en dólmenes.
Los muertos están dispuestos ordenadamente en el interior de las cámaras
funerarias adornados con colgantes de hueso y piedra, y acompañados
de vasijas, armas y otros utensilios.
El catálogo dolménico del País Vasco, dejando de lado lo "tumular", incluye hoy unos setecientos monumentos, casi la mitad de ellos en Navarra. El uso de dólmenes se prolongó durante cerca de dos mil años: los primeros se levantaron en el Neolítico reciente (los más antiguos de La Rioja alavesa pueden datarse en 3.200 a.C.), tuvieron su máxima expansión en el Calcolítico y Bronce antiguo y algunos seguían empleándose en el Bronce Pleno, hasta los 1.500 o 1.300 a.C. El más grande de los dólmenes vascos, el alavés de Aizkomendi. Son mayoría los dólmenes de cámara simple (con una sola estancia principal, de planta cuadrada o poligonal); otros son los de corredor, con una cámara precedida por un corredor o pasillo (como los monumentos de Artajona [Navarra], o de San Martín o el Sotillo en La Rioja ), y las galerías cubiertas.
En el desarrollo de la metalurgia del sudoeste europeo se han definido tres etapas: el Calcolítico (Eneolítico, o Edad del Cobre) del 2.500 a 1.800 a.C.; la Edad del Bronce (antiguo, del 1.800 al 1.500; medio o pleno, del 1.500 al 1.200; y final, en transición a la Edad del Hierro, 1.200 al 900/850 a.C.) y la Edad del Hierro (a partir de 900 u 850 a.C.).
En el Calcolítico y Edad del Bronce abundan las herramientas, armas y utensilios domésticos de cobre y bronce: punzones o leznas, hachas de varios tipos (planas, de rebordes, de talón...), puñales con su base preparada para el enmangue, puntas de flecha, pulseras, anillos, cuentas de collar... En el Calcolítico, el martillado de pepitas de oro produjo alambres o chapitas que sirvieron como joyas: así las de los dólmenes de Trikuaizti en Gipuzkoa y Sakulo en Navarra.
Durante el Neolítico avanzado y el Calcolítico se van abandonando las cuevas como lugar de habitación y se construyen cabañas al aire libre. Entre otros sitios de habitación del Calcolítico y Edad del Bronce destacan las cuevas de Solacueva y Los Husos en Álava y el abrigo de Monte Aguilar en las Bárdenas de Navarra; y es amplia la lista de lugares al aire libre con fondos de cabañas y talleres de industrias líticas (tan interesantes como La Renque en Treviño o los talleres de Álava y de la Navarra media y Ribera).
En
el Bronce pleno y final las cabañas se agrupan y dotan de elementos
comunes (como pozos, silos o murallas). En algunos de los poblados incipientes
de Navarra y Álava hay cerámicas y utensilios metálicos
(puñales de remaches, puntas de flecha y algunos ornamentos de bronce)
en los que los arqueólogos ven influencias de la Meseta, del sur de
tierras vascas.
La cerámica campaniforme aparece en los depósitos funerarios del Calcolítico (2.500 a 1.800 a.C.): la de tipo marítimo y cordado se encuentran en zonas septentrionales del País Vasco (dólmenes de Pagobakoitza, Gorostiaran y Trikuaizti) y la de tipo continental en varios dólmenes más próximos al cauce del Ebro (San Martín, Sotillo, Los Llanos...) y en los sitios de La Renque (Treviño), Tudela y Las Bárdenas (Navarra).
En la excavación de depósitos funarios en cuevas (Lumentxa en Bizkaia y Urtiaga y otras en Gipuzkoa, Gobaederra, Las Calaveras y Fuente Hoz en Álava y otras) o en dólmenes (Aralar [Navarra], Kuartango [Álava], Aizkorri [Gipuzkoa], Rioja...) se han recogido bastantes restos humanos de la época: la muestra, que cubre unos dos milenios entre el Neolítico avanzado y el final de la Edad del Bronce, ha permitido a los antropólogos determinar el predominio de los tipos de la raza pirenaico-occidental o vasca (13) en la montaña navarra y costa de Gipuzkoa y Bizkaia y de los mediterráneo-gráciles en las zonas del sur, existiendo, además, otros grupos minoritarios (paleomorfos, alpinoides...), restos de viejas etnias o procedentes de países lejanos (como los dinárico-armenoides del Bronce final de la cueva navarra de Los Hombres Verdes).
(13) Raza pirenaico-occidental o vasca: tipo racial surgido de la evolución local del hombre de Cromagnon. La antropología engloba el tipo vasco dentro de la raza caucásica. Sus características físicas son las siguientes:
Ortognatismo: perfil recto de la cara prescindiendo de la nariz. Dolicocéfalos con bóveda craneana baja (en Iparralde la dolicocefalia puede atenuarse, e incluso puede convertirse en braquicefalia por influencia del tipo alpino). Rino-prosapia: gran desarrollo vertical de la cara en relación a la longitud de la boca. Estrechez maxilar y mesocefalia: cara triangular con sienes abultadas. Orificio occipital oblicuo: el borde anterior se encuentra muy metido o hundido. Mandíbula inferior: más bien estrecha y la barbilla recogida. La cara es muy alta, así como la nariz, siendo esta última muy saliente y con perfil a menudo convexo. El cabello: predominan los morenos sobre los castaños, siendo los rubios o pelirrojos muy minoritarios y fruto del mestizaje. Los ojos: más bien pequeños, pero muy abiertos, predominando los castaños, garzos y azules, sobre negros, verdes y grises. Comunmente los de tipo vasco se distinguen de sus vecinos latinos por su mayor
estatura y corpulencia, a lo que ha de añadirse cierta tendencia a una coloración más clara de la tez.
Otras diferencias notables han revelado los estudios cromosómicos y serológicos, en especial la extraordinaria frecuencia de individuos Rh negativos. El Rh negativo es común en todas las comunidades humanas de origen prehistórico que han vivido aisladas durante milenios. Los individuos de Rh positivo, aunque actualmente mayoritarios, surgieron de una mutación relativamente reciente en la humanidad.
Los antropólogos indican que el tipo pirenaico-occidental estuvo en tiempos pretéritos mucho más extendido que actualmente. Fuera del País Vasco, aunque en mezcla y de modo atenuado, la influencia somática de este tipo se deja sentir todavía hacia el sur en varias comarcas de Castilla; hacia el este, en varios valles del Pirineo hasta Andorra; y hacia el norte, por el litorial atlántico, habiéndose señalado con bastante probabilidad su presencia incluso en el País de Gales (Reino Unido), como vestigio de la expansión protovasca en Europa durante el magdaleniense.
La masa peninsular española y portuguesa, actualmente, es mayoritariamente de tipo mediterráneo. Desde el neolítico se atisba presencia de individuos de tipos mediterráneo y alpino en el sur del País Vasco. Debido a la emigración a tierras vascas de población latina peninsular, sobre todo a partir del siglo XX, el tipo mediterráneo también es mayoritario en las grandes urbes vascas. En el caso de Iparralde, sobre todo en la zona costera, además de individuos de tipo mediterráneo, existen de tipo alpino (procedentes del centro y este de Francia) y nórdico (procedentes del norte de Francia) debido a la inmigración latina (actual y pasada) proveniente del centro, este y norte de Francia. El tipo vasco, por contra, es común en las zonas rurales del norte de Euskadi, interior de Iparralde y mitad norte de Navarra, debido a su mayor aislamiento con respecto a las corrientes inmigratorias.
Sin embargo, los vascos del futuro no sólo serán caucásicos. Desde principios del siglo XXI ha comenzado un intenso proceso de inmigración procedente de Iberoamérica (amerindios en sus diferentes tipos), del África central (tipos negros guineano y sudanés), del norte de África (tipos caucásicos bereber y sudoriental), del este de Europa (tipos caucásicos báltico-oriental, nórdico, alpino y dinárico) y sínidos del Asia oriental, asentándose estos inmigrantes, no sólo en los grandes núcleos urbanos sino también en zonas rurales, lo que hará que la sociedad vasca futura sea una sociedad mestiza, multiracial y multicultural.
En la transición a la Edad Antigua (o Protohistoria)
hay una Primera (de los 900/850 a los 500/450 a.C.) y una Segunda Edad
del
Hierro (desde entonces hasta el desarrollo de la romanización). Hacia
los 1.000 a 900 a.C. se generalizaron en el sudoeste de Europa innovaciones
culturales de origen foráneo: técnicas y decoraciones de la
cerámica y de los objetos metálicos, construcciones, ritos
funerarios, onomástica y toponimia, creencias religiosas y simbología
artística. En ellas se reconocen varias vías de influencia
sobre las gentes que entonces poblaban el País Vasco: la "cultura
de Las Cogotas" de la Meseta, los pueblos célticos del otro lado
del Pirineo y otros grupos de Aragón y Cataluña. Son campesinos
que viven de la agricultura y de la ganadería de vacuno, ovino y cerda.
En la amplia lista de poblados de la Edad del Hierro que hoy conocemos destacan Arrola y Gastiburu en Bizkaia, Intxur y Buruntza en Gipuzkoa, el alto de la Cruz de Olaritzu o Berbeia en Álava y la Custodia o el Castillar de Mendabia en Navarra. Mientras que en zonas de la montaña de Iparralde hay recintos fortificados ("castillos" o "campos de César" en la tradición popular) como los de Gazteluzarra de Irisarri o Arhansus.
Las casas se organizan en manzanas y calles; algunos poblados tienen muros, dispuestos a veces en alineaciones concéntricas separadas por fosos. Hay casas de planta rectangular y cubierta a una o dos vertientes (de 80 m² de superficie como media las de La Hoya [Álava] y hasta 110 m² las del Alto de la Cruz [Navarra] ) y otras de planta circular y cubierta en forma de cono (entre los 20 y 30 m² de superficie en los poblados alaveses de Peñas de Oro y Castillo de Henaio). Su construcción es muy cuidada, con un podio de cimentación sobre el que se levantan paredes de piedra o adobe trabadas con pies de madera y, muchas veces, manteadas de barro, estando dotadas de bancos, hogares, silos y hornos; las del Alto de la Cruz de Cortes (Navarra) disponen incluso de despensas y altillos para guardar enseres y de jaulas o cerradas para animales domésticos. Recipientes mayores para conservar el agua y el grano, cerámica varia de cocina, pesas de telar, molinos de mano y morillos forman parte de su mobiliario.
Pulseras, fíbulas, broches de cinturón y botones de cobre o bronce, cajitas cerámicas y vasijas de lujo (decoradas por excisión, acanaladas o pintadas), algunos idolillos y muñecos de barro y varias joyas componen el efectivo de uso personal de aquellas gentes. Los dos cuencos repujados de oro de Axtroki en Bolibar (Gipuzkoa), de los siglos VIII/VII a.C., son una buena muestra de las artes decorativas de la época. En la Edad del Hierro se practica de forma generalizada la incineración de cadáveres, conservándose las cenizas en urnas cerámicas que se depositaban en un pequeño recinto de losas (cista) o bajo túmulos de tierra. Las tumbas de incineración se agrupaban en "campos de urnas" no lejos de los grandes poblados, como las necrópolis navarras de La Torraza de Valtierra y La Atalaya de Cortes y la del poblado alavés de La Hoya.
En
la zona pirenaica (límite de Gipuzkoa con Navarra y de Navarra con
los territorios de Iparralde), las cenizas del difunto se colocaban bajo
un túmulo de tierra y piedras o en una depresión del suelo
enmarcada por un círculo de piedras o cromlech (baratzak [barátsak]).
Dataciones del Carbono 14 de algunas tumbas de Iparralde muestran su vigencia
a lo largo del primer milenio antes de Cristo; en algún caso seguían
en uso muy entrada la Edad Media, como restos de los rituales de la antigua religión
vasca.
En la llanada alavesa (Landatxo, La Teja, El Fuerte, El Batán, Mendizorrotza y Salbatierrabide) hay "hoyos de incineración" cavados en el suelo: contienen restos de animales, cerámicas y objetos metálicos de tipos que se datan entre el Bronce final y la Segunda Edad del Hierro.
Del Bronce avanzado son figuras de animales pintados en rojo en la Peña del Cantero en Etxauri (Navarra) o grabadas en la Peña del Cuarto en Leartza (Navarra). En el interior de varias cuevas de Álava (Solacueva, Los Moros en Atauri, Latzaldai y Liziti) hay figuras muy esquemáticas de cazadores y animales pintadas en negro: se atribuyen a la Edad del Hierro.
En la Segunda Edad del Hierro aparecen vasijas elaboradas a tomo y -hacia los años 350 a 300 a.C.- las pintadas de estilo celtibérico como las de La Custodia, Castejón, Leguín y Sansol en Navarra, y La Hoya, en Álava. Se han hallado aperos de hierro para la labranza y arreos de caballo en los niveles finales de La Hoya (Álava), en Etxauri (Navarra) y en el poblado tardío de San Miguel de Atxa (Álava). Esos y otros poblados irán acogiendo la romanización.
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Las
tribus vascas
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El
geógrafo griego Estrabón (63 a.C. - 24 d.C.) nos indica la
localización de las siguientes tribus, que actualmente, con
los datos que poseemos, las consideramos como vascas: aquitanos, autrigones,
caristios, várdulos y vascones.
Estas tribus se extendían al norte hasta casi Burdeos, al sur hasta el río Ebro, al oeste hasta parte del este de Cantabria, y al este, hasta parte del Aragón noroccidental; aunque gentes de habla vasca se extendían ya por el Pirineo peninsular hasta Cataluña, al menos desde el siglo III-II a.C.
Aquitanos: esta tribu se extendía por el sudoeste de Francia, al norte hasta el río Garona (hasta casi Burdeos) y al sudeste hasta los Pirineos en el Valle de Arán, en la provincia de Lérida. El geógrafo griego Estrabón diferenciaba netamente a los aquitanos de los galos del norte, mencionando precisamente sus lenguas como signo distintivo, al tiempo que apuntaba las similitudes aquitanas con los habitantes surpirenaicos.
Estrabón († año 25 d.C.) en su "Geografía": "Los aquitanos son completamente diferentes (de los demás galos) no sólo lingüística sino corporalmente, y más parecidos a los íberos que a los galos". Y un poco más adelante: "Para decirlo claramente: los aquitanos se diferencian de la tribu de los galos en la constitución corporal y en la lengua, y se parecen más a los íberos". En estas frases se suele interpretar que más que referirse a los iberos propiamente dichos, Estrabón se está refiriendo en su comparación indistintamente a todos los habitantes del sur pirenaico, sobre todo a íberos y vascos.
Los aquitanos no formaban un conjunto compacto, sino que a su vez estaban divididos en diferentes etnias las más inportantes de norte a sur fueron: Boiates, Vasates, Lactorates, Elusates, Tarusates, Biguerri, Tarbelli, Auscii, Venarni, Ilurones, Convenæ y Consorani.
Una de estas etnias aquitanas eran los Sibulates documentados también como Sibyllates o Sybillates. El sufijo -ates servía en latín para denominar a las pueblos; mientras que las raices sibul- sibyll- o sybill- hacen alusión a la tierra en la que habitaba este pueblo. Sibul así como el resto de formas fueron las adaptaciones latinas del topómino vasco arcaico Zubel, posiblemente con el significado de "madera negra u oscura". Un topónimo al que con el paso del tiempo se le añadiría el sufijo vasco -oa con el significado de "tierra o comarca", existente en otros topónimos vascos (Gizpuzkoa, Nafarroa, Aezkoa...), dando lugar a Zubeloa ("Tierra de la madera negra u oscura"). La /l/ intervocálica se convertiría en la Edad Media en /r/, evolución común en la fonética vasca (Zubeloa>Zuberoa; ili>hiri [ciudad]; Alaba>Araba [Álava] ) dando lugar, finalmente, al actual Zuberoa, que es una de las regiones que integran el País Vasco.
De la romanización de la población de habla vasca de Aquitania surgiría el actual pueblo gascón y su lengua latina.
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Aquitano
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Euskara
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Español
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| Iluni | Ilun | Oscuro |
| Nescato | Neskato | Muchacha |
| Bihox | Bihotz | Corazón |
| Baigorrixo | Ibai gorri | Río Rojo |
| Anderexo | Andere | Señora |
| Umme | Ume | Niño |
| Har-belex | Harri beltz | Piedra Negra |
| Sahar | Zahar | Viejo |
| Sesen | Zezen | Toro |
| Sembe | Seme | Hijo |
Autrigones: se extendían desde el río Asón de Cantabria hasta el río Nervión en Bilbao y al sur hasta parte de Álava, La Rioja y Burgos. De su romanización surgiría el actual pueblo castellano y su lengua latina.
Caristios: del río Nervión al oeste, hasta el río Deba en Gipuzkoa y al sur hasta parte de Álava. La irrupción con mayor fuerza del cristianismo en la antigua Caristia introdujo gran número de palabras latinas, lo que hace que el euskara de los descendientes de los caristios, los actuales hablantes de vizcaíno o dialecto occidental, posea, en comparación con otros dialectos, el mayor porcentaje de términos de origen latino.
Várdulos: al oeste desde el río Deba en Gipuzkoa, hasta parte de Navarra y al sur hasta parte de Álava. De ellos descienden los actuales hablantes de guipuzcoano o dialecto central del euskara.
Posiblemente el término de origen celta várdulo proceda de la raíz Bar- ("limite", "extremo", "marca fronteriza" en este caso) por lo que Vardulia significaría "tierra fronteriza". Esta traducción viene avalada también por la del actual topónimo Gipuzkoa, que proviene de la raíz vasca Ipu- ("borde", "límite") al que se le añade el sufijo -oa que significa "comarca", "tierra"; su unión da lugar a Ipuzkoa (en el año 1025 d.C. aparece por primera vez escrito este topónimo como "Ipuçcoa") siendo la /g/ inicial un sonido añadido para facilitar su pronunciación. La voz Bardulia/Vardulia, con el significado también de "tierra fronteriza", la veremos reaparecer en la Crónica de Alfonso III de Asturias referida a la Castilla Nuclear (original) o Vétula
(vieja) en el siglo VIII d.C.
Vascones: Fue la tribu en la que surgió la base del euskara común. Los vascones ocupaban toda Navarra, y parte de Alava, Gipuzkoa y la Rioja.
Las ciudades de Kalagorri (latín > Calagurris; castellano > Calahorra; localidad riojana), Tutera (latín > tutela; castellano > Tudela; localidad de la ribera navarra) e Iruñea (latín > Pompaelo; castellano > Pamplona; capital de Navarra) eran vasconas.
El término vascones, que proviene del celta barskunes, posee la raíz Bhar-s-, bien atestiguada en celta con la significación de "cumbre", "punta", "follaje", con lo que el significado de esta palabra podría ser "los montañeses", "altos" o "altaneros". Comunmente se suele aceptar como válida la traducción de "los montañeses". El resto de las tribus, exceptuando los várdulos, no poseen una traducción del nombre de su tribu que sea aceptada ampliamente.
En
el año 196 a.C. llegaron los romanos a tierras del País Vasco, con
los que los antiguos vascos vivieron en paz y en cooperación. Solamente se
puede encontrar feroz oposición a la conquista romana en los aquitanos.
Cuando los romanos atacan a los aquitanos, éstos, para pedir ayuda, no se
dirigen a los galos, sino a los habitantes éuscaros del sur pirenaico,
que a ellos les resultaban más próximos al ser culturalmente
afines. Sabemos que esta ayuda surpirenaica les llegó de la mano de caudillos
experimentados en la lucha junto a Sertorio y que entró en acción en Aquitania
en el año 56 a.C. contra las legiones de César.
El País Vasco formó parte del Imperio desde antes del cambio de era, mucho antes que otras provincias como Britannia o Dacia, por ejemplo, y que a diferencia de esta última mantuvo su antigua cultura ante la inmensa presión latina. Las tribus vascas se vieron divididas en dos grandres demarcaciones políticas, por un lado Hispania (autrigones, caristios, várdulos y vascones) y las Galias (aquitanos) y provincialmente entre la Tarraconense (Hispania) y la Novempopulania (Galias).
Tanto los romanos como las tribus vascas poseían los mismos enemigos comunes, lo que daría lugar a un buen entendimiento. Mientras los romanos colaboraron con las tribus vascas en expulsar a los celtas (llegados a tierras pirenaicas a partir del siglo VIII a.C.), las tribus vascas colaboraron con los romanos en sus guerras contra los cántabros y astures de origen celta.
Como
aliadas imperiales que eran las tribus éuscaras,
las zonas que eran conquistadas por los romanos a los celtas o íberos,
eran posteriormente repobladas por grupos humanos de estas tribus
vascas, lo que conllevó una extensión del euskara hacia
el sur y afianzamiento de ésta hacia el este. Un ejemplo de ello,
lo tenemos en Aragón, donde los vascones colaboraron con los romanos
en las guerras contra los celtíberos.
Una vez derrotados en el año 72 a.C., la colaboración vascona
fue recompensada por los romanos con la jurisdicción sobre amplios
territorios del Aragón occidental. Estos territorios, al sur, llegaban
a 15 km de Salduia, la que después de su conquista sería llamada
por los romanos como Cæsar Augusta, la actual Zaragoza.
Fue tal el grado de sintonía debido al respeto de los romanos a las diferentes tribus vascas y sus territorios, que incluso, hubo vascos enrolados en las legiones romanas en sus guerras contra los britanos. Unas guerras acaecidas en lo que hoy en día es conocido con el nombre de Gran Bretaña. Habiendo sido encontradas lápidas mortuorias de la época romana, con nombres eusquéricos, cerca de Londres, antigua Londinium romana.
A
través de esta buena relación, se asentarían colonos romanos al sur de las
tierras de estas tribus y en zonas mineras
como las de Somorrostro en Autrigonia (Bizkaia) o en las llanadas de Aquitania,
lo que daría lugar a las colonias romanas de la Novempopulania (nueve pueblos),
en lo que hoy en día se conoce como Gascuña. Unos asentamientos que darían
lugar siglos después al surgimiento de las lenguas y pueblos latinos de Castilla,
Aragón y Gascuña, fruto de la romanización de la población
vasca.
Tradicionalmente para explicar la pervivencia del euskara se ha considerado a los vascos como un pueblo primitivo, aislado secularmente del resto de los pueblos que le rodeaban y que no participó de la civilización romana, por ser una tierra de bajo interés económico para el Imperio Romano. Los hallazgos arqueólogicos en tierras vascas continuamente desmienten estas teorías, dado que demuestran que la romanización, en todos los aspectos, fue muy superior a otras tierras de la Romania. Aunque esta romanización, fue más notable al sur de las tribus vascas, en las zonas costeras y en la Aquitania. Si pervivió la cultura vasca, fue por la colaboración, buen entendimiento, y alianza de las tribus vascas con los romanos, no por un aislamiento que nunca existió. Si bien ayudó a esta supervivencia el que tardiamente se desarrollara el Mare Externum ("Mar Exterior"; Océano Atlántico) como zona económica de interés para el Imperio, lo que posibilitó que la zona vasca quedara al margen de los intensos flujos migratorios que se dieron en otras zonas de la península o en Aquitania (por su alto interés agrícola).
En
las tierras vascas hubo minas, por ejemplo, en Arditurri (Oiartzun, Gipuzkoa),
Banka (Baja Navarra), Lantz (Navarra), Eskoriatza (Álava) o en Somorrostro
(Bizkaia) donde se extrajeron minerales (hierro, plata...) para exportarlos
a diferentes partes del Imperio Romano; producción de cerámica
en Pamplona (Navarra) o en Donazaharre (Saint-Jean-Le-Vieux; Baja Navarra);
producción de vino en Falces y en Funes (Navarra); industria de salazón
en la Getaria guipuzcoana y también en la labortana (topónimo
proveniente del latín Cetaria, "salazón"); termas
romanas en Fitero (Navarra); calzadas que unían las principales ciudades
vascas con Roma; puertos en la costa vasca como Oiasso (Irún, Gipuzkoa)
que comunicaban con cualquier parte del Imperio. Otro ejemplo de esta falta
de aislamiento y por contra, del comercio existente, se encuentra en el hallazgo
de diversas monedas acuñadas en tierras vasconas por la administración
romana, ya desde los primeros años de su dominación, y que
han sido encontradas en diferentes partes de la geografía vasca (en
la parte inferior izquierda denario vascón datado en la segunda mitad
del siglo II a.C. ).
Anverso: Cabeza masculina barbada a derecha. Peinado con rizos de arcos pequeños juntos. Detrás leyenda Benkota en escritura paleohispánica (población vascona de localización incierta).
Esta escritura era utilizada por gran parte de los pueblos de la península ibérica. Aunque de origen tartesio, fue utilizada mayoritariamente para escribir textos en íbero. Siendo el íbero, posiblemente, lingua franca peninsular para muchos pueblos prerromanos antes de la llegada