Reanudando el camino, la ermita de Santiagotxo está cerca. Antes de llegar a él convendrá acercarnos al caserío que se halla a la derecha. Hoy es un merendero. Antiguamente, la casa del ballestero. Eso se desprende de su nombre Ballestania. Alguien supuso, y así me lo dijo, que el tal ballestero bien pudo dedicarse a arreglar los resortes de suspensión de los carruajes; no olvidemos que estamos a la vera de la calzada.

Es verdad; pero yo me inclino a pensar que pudo dedicarse a fabricar las armas de arco montado que se llaman ballestas y que estuvieron en uso hasta el siglo XVI. Y ello porque el tal caserío es muy antiguo; si bien está muy arreglado muestra, aun, una ventana gótica que habla de su lejano pasado. Surge tal vivienda junto a la casa-palacio de Zuloaga Haundi , propiedad, como se ha dicho antes, de una familia importante en la ciudad y en las armas; y porque la ballesta fue un arma muy común, como podemos colegir del acta de la sesión de las Juntas Generales de Gipuzkoa, que se celebraron, precisamente en Hondarribia, el año de 1539. En ella se levantó el procurador de Segura para pedir que se trate de remediar el que los clérigos anduvieran de noche y de día por los caminos con ballestas, lanzas, espadas y otras armas, sucediéndose escándalo y muerte de hombres.

Ahí mismo, en Ballestania, podemos pedir la llave para acceder a la ermita de Santiago. Su interior también puede ser visto desde fuera ya que tiene dos ventanas enrejadas a ambos lados de la puerta. Digamos, ante todo, que esta ermita se denomina popularmente Santiagotxo, así en diminutivo, porque es pequeña. Ante ella una plaza semicircular con ocho arboles plátanos. La ermita es de planta rectangular con cubierta a dos aguas, paredes de mampostería, pero sillares en los dos contravientos que tratan de enmarcarla, entre las dos ventanas citadas una sencilla puerta, una aguabenditera de piedra arenisca y adosados a la pared frontal dos bancos de piedra.

Ermita de Santiagotxo
en el barrio de Arkolla.

Nos encontramos en el barrio de Arkolla. Los habitantes de los caseríos que conforman el barrio tienen gran devoción al santo de esta ermita en el que hay culto todos los domingos y fiestas del año. Por ello no ha de chocarnos que fueran los vecinos, en auzolan quienes, solicitando ayuda económica del ayuntamiento, restauraran el templo en diversas ocasiones como ocurrió últimamente, en los años 1930 y 1969.