Junto al molino estaba la ermita de Santa Engracia que, como ya queda dicho, no es ese su nombre ni el altar lo preside una santa, sino la Virgen María denominándose oficialmente, de Nuestra Señora de la Gracia. Dícese que primeramente fue un humilladero; y ya se sabe que los humilladeros suelen estar en los caminos, a las entradas o salidas de los pueblos.

Calzada de Santa Engracia
con firme de tipo encachado.

Y efectivamente, el camino antiguo está visible ahí mismo. A la derecha de la ermita nace una escalera de piedra que va subiendo, por detrás y por encima de la pequeña iglesia y que ha de llevar al caminante a un tramo de calzada, hasta ahora bien conservado, que tiene 43 metros de longitud y una anchura de 120 cms. El firme, de tipo encachado, está constituido de piedras calizas, colocadas transversalmente al eje del camino.. Cada cinco metros hay un escalón de piedra arenisca y areniscas son también las cintas laterales que se aprecian en algunos tramos. Después, el asfalto y el cemento han cubierto las viejas piedras; pero se mantiene el trazado.

En otro tramo la calzada es
de losas de piedra arenisca.

La calzada pasa junto al palacio llamado Zuloaga Haundi. De planta rectangular, piedra sillar, fachada blasonada y flanqueada por dos torres seria la casa de campo de una de las familias más poderosa de Hondarribia y más influyentes del reino: Los Zuloaga. Tenían también casa en la Calle Mayor, edificio que hoy alberga el archivo y la biblioteca municipales. Uno de los Zuloaga, Gabriel José, fue teniente general y gobernador de Venezuela a quien por su defensa de la Guayra y Puerto-Cavello se le concedió el titulo de Conde de Torre-Alta, en 1744. Hizo donaciones a la iglesia parroquial, construyó el Hospital de San Gabriel, costeó el altar mayor de la iglesia de Guadalupe y aposentó y agasajó durante dos días, a la infanta María Teresa, hija de Felipe V, que venia a orillas del Bidasoa para casarse con el Delfín de Francia.