También se puede llegar por el sur. La ciudad fortificada fue prácticamente una isla y el resto, el inmenso estuario del río. Recuérdese que las casas situadas entre la ermita de Santa Engracia y el Convento de Capuchinos, construidas bajo el monte-acantilado constituyen un barrio que se denomina Costa. Hasta ahí llegaba el agua no hace mucho, y las huertas actuales, llamadas de La Ribera, son marismas ganadas, por medio de lezones, al mar. Aun pueden verse pequeñas lagunas y compuertas de desecación. En barca se llegaba a la Costa, a Santa Engracia, nombre popular del pequeño templo dedicado a Ntra. Sra. de la Gracia.

Las mareas y las traídas del río crearon un arenal en el lado este que, por ser lo mas avanzado, se llamó El Puntal. Y aquello se convirtió también en un lugar de atraque:

"Hondarribia, marítima y fronteriza, fue uno de los mejores puertos de la costa cantábrica. Por mar le llegaban trigos de Francia, telas de Holanda... En ella desembarcaban cuantas mercancias venían o fueran a los reinos de Francia y de Navarra para su inscripción y abono de derechos, así como las procedentes de otras naciones que llegaban por mar." (10)

Urca del siglo XVI con peregrinos a bordo
y un predicador en el castillo de popa,
Grabado en madera de Hans Burgkmair.


Y si venían barcos de gran porte trayendo mercancías bien podían llegar personas. En diversos puntos del litoral peninsular desembarcaban peregrinos que efectuaban parte de la peregrinación por rutas marítimas.

..."han de subrayarse la intensa relación comercial que esta (la costa vasca) mantuvo entre los siglos XII y XIV con los puertos del norte de Europa, que debió de servir de vehículo para la transmisión de toda suerte de hábitos y formas culturales y las peregrinaciones a Santiago de Compostela, cuyo papel como vía de comunicación económica, cultural y religiosa nadie cuestiona, que incidieron notablemente sobre el espacio costero vasco, no solo porque marcaron una ruta que atravesaba gran numero de localidades del litoral, sino porque además muchos peregrinos utilizaban los puertos vascos para engarzar por vía marítima con las vias terrestres más transitadas." (11)

Enfrente seguía estando Hendaya, a donde llegaban los peregrinos por uno de los ramales de la Vía Tourolense. El paso, también aquí, era vadeando el río en marea baja o cruzándolo en barca en marea crecida.

Muchos hemos conocido el muelle de la Casa Lonja que quedó inservible cuando se construyó el muro del ensanche del Puntal. Restos de aquella situación geografía fue el llamado Muelle de Veteranos en el que atracaban - aun hasta nuestros días - las lanchas a remo de un servicio regular, en las que sé hacia el viaje de Hendaya a Hondarribia y viceversa. (12)

Y ahora que hablamos de cruzar el río, no resisto a transcribir aquí lo que le sucedió, en este lugar, a un viajero, no peregrino. Se trata de Walker Starkie, irlandes, director del Instituto Británico de Madrid quien dijo al barquero:

"No reme usted tan deprisa: tengo toda mi vida por delante. Le daré cuatro pesetas en vez de dos, si deja usted sus remos y me permite contemplar despacio el paisaje". (13)
Quizá no todos los peregrinos tuvieran la sensibilidad estética ni el ánimo del escritor británico para disfrutar así el paso del río. Pero sirva al menos de testimonio literario reciente del servicio habitual de paso en barca.