El peregrino continuaba camino, ascendiendo a Madalengain, topónimo que hace referencia a la iglesia de la Magdalena y vigente hoy día, aunque ya la iglesia no existe, desde donde volviendo la mirada veía el río que atravesó, el hospital que le acogió y el templo en el que se había arrodillado. Dirigiéndose a Saindua pasaría junto a campos de vides tan importantes, tiempos atrás en Hondarribia. En ese trayecto se hallaba la casa Masti, uno de los muchos lagares del entorno, productores de importante txakoli que hasta se exportaba. Cuando la Real Academia de la Historia quiso editar el Diccionario histórico - geográfico del País Vasco, se dirigió a todos los ayuntamientos solicitando datos de historia, monumentos, producción etc. El de Hondarribia contestó que:

"La principal cosecha en lo antiguo era de vino txakolin, de que se cargaban todos los años varios pataches para la Andalucía y otras partes de que hay largas noticias en las numerarias de esta ciudad; y las viñas que en tiempo presente son mas estimadas en algunos pueblos de la Provincia situados en la costa se distinguen con el nombre de Hondarribiko matza, que quiere decir uva de Fuenterrabia". (9)
La vid local adquirió la denominación de Hondarribi zuri, distinguiéndose por su calidad.

Después, Saindua. Nombre que llama la atención, ya que indica que este lugar sagrado es muy antiguo. Se trata de un vocablo arcaico. Si la ermita hubiera sido construida siglos mas tarde, se hubiera llamado quizá Santua o Donea, pero no en la forma en la que actualmente se la denomina en Hondarribia.

Se trata de un pequeño edificio - quizá un humilladero construido al borde del camino - cuya traza nos recuerda al románico, pero sin que tenga ningún elemento característico del mismo, excepción hecha del ábside semicircular, no frecuente en ermitas. Es toda ella de piedra de sillería, encalada, con una amplia puerta de madera, de dos hojas, pintada de rojo, con barrotes también de madera para que pueda verse el interior. El caminante se encontrará con un crucifijo, gótico, en el que Cristo está clavado con cuatro clavos. Hasta hace poco llevaba un velo de pudor, a modo de faldilla bordada, como lo tuvo también el Cristo de Lezo. Los devotos arrojan monedas a través de los barrotes.