"En el camino de Compostela hay una ciudad puesta en una eminencia junto al mar, por la que pasa un río que sirve de limite a cuatro regiones, a saber: Francia, España, Navarra y Gascuña; este río se llama el Bidasoa y la ciudad, Fuenterrabia." (1)

Escribe así Shaschek, secretario de León de Rosmithal y de Blatna, cuñado del rey Jorge de Bohemia quien, con un séquito de cuarenta personas y cincuenta y dos caballos emprendió su viaje desde Praga, el 26 de noviembre de 1465, y recorrió la mayor parte de Europa, movido por la curiosidad de conocer las cortes y las costumbres extranjeras.

Hondarribia - primigenio y oficial nombre de la ciudad de Fuenterrabia - significa, en lengua vasca, vado de arena. Y así lo es, como saben los del lugar y pueden comprobarlo los que allí fueren.

El viejo grabado muestra al arenal de la Magdalena como lugar de llegada.

Así lo vio y dejó escrito en 1655 Antonio de Brunel, francés, señor de San Mauricio, quien recorrió diversos países acompañando, como mentor, a dos hijos del gobernador de Nimega (Países Bajos), a cuyo servicio había entrado:

"Desde bastante lejos descubrimos Fuenterrabia que es una frontera sobre la desembocadura del Bidasoa. Es este un río o, mejor, un torrente que separa los dos reinos. Es bastante ancho por el sitio por donde se pasa, que es pantanoso, y que se aumenta y disminuye por el flujo y el reflujo. Cuando está bajo, es vadeable en muchos sitios. Sobre su orilla está Hendaya, pequeña aldea o pueblo que está frente por frente de Fuenterrabia, no habiendo más que agua entre los dos". (2)
Con la ilusión mantenida en el camino de Compostela y vadeado el río en alguno de los muchos sitios , pasaban los peregrinos de una orilla a otra, del inmenso arenal de Hondarraitzu y Beltzania al arenal del arrabal de la Magdalena. También se podía pasar en barco, en una de las primitivas embarcaciones que usaban los pescadores que precisamente vivían en el arrabal.