| El Jazz en el espejo ( 2003 / Jose Horna ) |
|
El Jazz y la Fotografía comparten la singularidad del reflejo y la proyección especular en ventanas de ángulo y dimensiones subjetivas. Quizá por eso, el azogue presente en ambos se infiltra en las imágenes tomadas u observadas y, así, donde sólo debiera destacar el instante de la música, se entremezcla por ejemplo el dolor de rodillas de un grupo de fotógrafos recluidos en un pasillo minúsculo por una organización intolerante. O, del otro lado, el contrapunto patético de algún acelerado de la cámara que destroza un solo con la despiadada ráfaga de su ultramoderna reflex digital mientras se abre paso a codazos o se sube a una silla molestando a un público que, a su vez, ayuda a profundizar en el desastre aclamando en ocasiones a la mediocridad, el aporreo de instrumentos o los pastiches made in USA o Spain. ¿Estaremos, desde uno y otro lado del espejo, matando el Jazz y la Fotografía de Jazz? Puede que todo el mundillo que nos movemos en torno al Jazz debamos mirarnos así, abiertamente, en la distorsión de nuestras imágenes y volver a la simplicidad que demandaba el gran Julio: "...un tal pianista con algo de tigre y felpa, un tal pianista triste y gordo, un tipo al piano y la lluvia sobre la claraboya, en fín, literatura." Rayuela, capítulo 18 |
| LOS FOTOGRAFOS DE JAZZ: SER O NO SER ( 2005 / Editorial de TomaJazz ) |
| La
fotografía es una de las artes con más fuerza creativa y sin lugar a
dudas, una de las más influyentes en nuestro tiempo. Su historia así
lo ha certificado, al ser testigo de una gran cantidad de
acontecimientos a nivel mundial, lo que ha comportado un beneficio para
los profesionales que se han dedicado y se dedican a este arte;
aportando una sólida reputación, que se ha extendido a todas las
facetas de la actividad humana, incluyendo por supuesto a la música y
concretamente al jazz. La
“fotografía de jazz” tuvo sus inicios y máximo esplendor en los
Estados Unidos, ya que fue en este país donde nació y así mismo se
desarrolló este estilo musical, todo ello gracias a la participación
de unos fotógrafos que hoy en día son la envidia del gremio, a
consecuencia del alud de trabajos realizados a lo largo de los años.
Pero esta actividad artística ha contado a su vez con estupendos fotógrafos
a este lado del Atlántico, hasta el punto que tanto los fotógrafos
franceses, italianos y centro europeos hayan creado toda una tradición
de documentación fotográfica en torno al jazz, que no tiene nada que
envidiar a los colegas americanos y que hay que tener en cuenta por la
enorme calidad que atesoran. En
España como en cualquier otra actividad artística que se ha
manifestado en nuestro país (y al igual que está ocurriendo en la
actualidad con los músicos de jazz), se ha pasado de una época en
donde los profesionales de fotografía dedicados al reportaje de jazz
escaseaban, a encontrarnos con un nutrido número de fotógrafos que han
venido desarrollando y siguen desarrollando, a lo largo de años una
labor sórdida, callada y de inestimable valor, la mayoría de las veces
a costa de sus bolsillos y por infortunio, sin el reconocimiento que se
merecen. El
presente artículo quiere llevar a cabo una reflexión en voz alta de
algunas actitudes que se están produciendo en la actualidad y que es
apreciable en cada concierto y festival que se está llevando a cabo a
lo largo y ancho de nuestra geografía nacional. En España los fotógrafos
dedicados a la documentación de los eventos jazzísticos, no gozan de
ningún prestigio más bien todo lo contrario, en contraposición a lo
que ocurre con sus colegas europeos. La
premisa más básica a la hora de hablar de los fotógrafos es que la
opinión de los mismos no se tiene en cuenta para nada. Hay que señalar
que hay variedad de fotógrafos en este tipo de eventos y que se pueden
clasificar de un lado: los fotógrafos provenientes de los medios de
comunicación diarios y los fotógrafos especializados y que van
recorriendo conciertos y festivales de jazz en pos de instantáneas
fotográficas para las revistas y portales especializados del sector, o
bien para proyectos fotográficos de documentación. Todos estos
profesionales, en la actualidad están viviendo situaciones en muchos
casos ridículas o absurdas que están poniendo en entredicho el trabajo
que tan pacientemente están llevando a cabo. A todos estos fotógrafos
en la mayoría de casos, se les ha llevado a trabajar en condiciones
deplorables, coartando su posibilidad creadora al imponerles situaciones
tales como conceder tan sólo tres minutos para poder realizar fotos, o
llevarlas a cabo desde la mesa de sonido (con la consabida distancia que
hay entre esta mesa y el escenario), o en el tema destinado para ejcutar
las fotos se rebaje la luz a extremos impensables para dificultar la
toma de las mismas o en ocasiones, no tener ni la posibilidad de
realizarlas; como consecuencia de la negativa del artista de no
quererlos ver en ningún momento, so pena de suspender el concierto para
el caso que alguno de ellos “ose” enfundar una cámara ante su
presencia. Mientras
que los profesionales de la fotografía como he comentado, cada vez
tienen más problemas para llevar a cabo su labor gráfica, ha aparecido
con el tiempo un tercer grupo de fotógrafos que se podría denominar
“el público asistente”, representado personalmente por el
aficionado (fotógrafo) espontáneo y que utiliza el flash de su cámara
de una forma indiscriminada (molestando en grado sumo) y que en la mayoría
de los casos no son advertidos ni llamados al orden y que con su
actitud, perjudican seriamente las posibilidades de los fotógrafos que
se acreditan para llevar a cabo su labor, lo que conlleva el socorrido
axioma de “pagar justos por pecadores”. A resultas de la proliferación
de cámaras de pequeño formato (y de gran calidad) y de de teléfonos móviles
con cámara incorporada, resulta paradójico que en los conciertos en
donde el músico no deja hacer fotos, para no ser molestado, el público
se reitere en la actitud de realizar fotos durante todo el concierto
(movidos por el hecho de tener un recuerdo de un músico o músicos en
particular), pero que no cabe duda hacen un flaco favor al gremio de fotógrafos. Estas
actitudes están provocando, (ya sea por el organizador o el road
manager de turno), que en muchas ocasiones los fotógrafos se vean
sometidos a un auténtico “marcaje al hombre” (en el sentido más
literal del término), al ser a veces recluidos y conducidos como
reclusos en fila india para dirigirse a la zona que tengan destinada y
pasado el tiempo prudencial, ser desalojados a toda prisa del recinto
para que no tengan “dudosas tentaciones” de seguir haciendo fotos
del concierto. Lo que ocurre es que esas fotos serán realizadas a
posteriori por un público, que en la mayoría de ocasiones no tiene el
más mínimo escrúpulo a la hora de hacer instantáneas, llegando a
molestar tanto a los músicos como al propio público. No
cabe ningún tipo de duda, que la actitud que en los últimos tiempos se
están adoptando con los fotógrafos acreditados, están cercenando de
raíz la posible capacidad creativa de los mismos, pues a nadie se le
escapa que en tres minutos es imposible poder obtener una imagen
interesante y de calidad, pasando la fotografía a ser un mero hecho
informativo. Estas actitudes están provocando un trato de
desconsideración y de desprecio a los fotógrafos que se acreditan
(también hay que aclarar que algún fotógrafo acreditado se salta toda
indicación o prohibición en arras de una búsqueda egoísta de la
imagen que ha venido a obtener y que dejan en entredicho al gremio, ya
que esa actitud no sólo molesta a los músicos o al público, sino que
también al resto de compañeros fotógrafos), pero que demuestra de una
forma clara y contundente el nulo respecto por los profesionales que se
dedican a esta labor. Es
hora que en España, la función de los fotógrafos sea reconocida y
ante todo respetada y que se deje de perseguir a todos estos
profesionales, sometiéndolos en cada concierto a absurdas imposiciones,
pues es posible integrar los intereses de todos los interesados (fotógrafos,
músicos y público), siempre partiendo de un respeto mutuo, para así
de esta forma poder apreciar una actividad que forma parte esencial del
jazz y que es la fotografía de conciertos y que puede llegar a provocar
la retirada de profesionales cualificados que acaban hartos del repudio
al que son tratados y donde su arte no es valorado, a pesar de que hoy
en día es normal que muchos festivales realicen actividades paralelas,
siendo una de ellas la exposición de fotografías de jazz. Se hace
necesario el reclamar para el colectivo de fotógrafos unas condiciones
de trabajo más dignas, que permitan velar por sus intereses y para que
dejen de estar considerados como un grupo subversivo, irreverente y
rebelde. Lo
que no hay ningún tipo de duda es que, las actitudes que se están
dando en la actualidad en muchos conciertos, pueden hacer plantear a
muchos de los profesionales que se dedican al reportaje gráfico del
jazz, el ser o no ser fotógrafos de eventos musicales como es el jazz,
circunstancia ésta que no se debe permitir y por la cual se ha de
luchar y tratar de mantener. Juan Carlos Abelenda. |
| PIERRE ASSOULINE: LIBERTÉ POUR LES REGARDS! ( Le Monde / 15 Abril 2006 ) |
| ¿ Han observado que, en las fotos, la gente en la calle aparece habitualmente de espaldas o irreconocible? La fotografía de calle murió. Hoy en día Walker Evans, Henri Cartier-Bresson y tantos otros que cambiaron nuestra mirada sobre el mundo serían muy desgraciados. (...) en lo sucesivo el fotógrafo de calle debe saber contar bien, y rápidamente: la jurisprudencia (francesa) precisa que más de siete individuos forman un grupo compacto, mientras que menos de siete son personas aisladas “no fotografiables”. Nuestra percepción de la vida se encuentra modificada por este estrechamiento del espacio público. Se hace en detrimiento del derecho del artista a expresarse y del reportero a informar. (...) la paradoja es que la fotografía de calle muere en el momento en que, gracias al pequeño aparato digital y al teléfono móvil con cámara, todo el mundo es fotógrafo... |
| GUY LE QUERREC ( Entrevista en Citizen Jazz / 20 Agosto 2006) |
|
No
es músico, pero su cabellera blanca y ensortijada es bien conocida por
los aficionados del Jazz. Hay que decir que Guy Le Querrec, la sesentena
bien entrada pero siempre bonachón, ha marcado con su talento la
historia del amor al Jazz y a la fotografía. En
la hora de la fotografía digital y de los cambios radicales en la
aproximación al acto fotográfico, este superviviente del método analógico
es hoy una de las figuras más visitadas de la agencia Magnum. En los
Cursos Internacionales del Contrabajo de Capbreton (Landas), le
interpelamos sobre los festivales que recorre cada verano. Guy Le
Querrec aceptó que registráramos esta entrevista, completamente
imprevista, para Citizen Jazz. * Casi
ha acabado con su gira veraniega de los festivales. ¿ En el curso de
los años, cómo la contempla el fotógrafo apasionado del Jazz que es
usted? ¿ Es representativa de la evolución que conoce su profesión? -
Sí, por fin... ¡ Evolución en el otro sentido! Hablemos más bien de
regresión del oficio. “Jazz in Marciac” es bastante representativo,
por ejemplo, de la temperatura de las cosas. Podemos decir que hace
siete años era todavía un lugar de buena convivencia. Los músicos vivían
su vida, que posiblemente era un poco más surtida... Ahora, lo que
sobresale en este género de lugar, es la eficacia. Atención, no pongo
en duda la competencia y la calidad de la gente... Al contrario. Los músicos
llegan, hacen la prueba de sonido rápidamente, regresan en sus
camerinos cerrados, luego se van de nuevo al hotel, y vuelven para la
hora del concierto. Es
verdad que tuve “cosechas fotográficas” bastante ricas en los años
precedentes, en el espacio de los "backstages". Los músicos
se cruzaban, se hablaban de buena gana, y todo esto se hacía muy
libremente. Ahora, muy a menudo, hay una vigilancia de las
"autoridades": el representante, el tour-manager, incluso, y
lo que es todavía más penoso a mi juicio, ciertos voluntarios un poco
celosos que consideran que su papel superior es impedir que las cosas se
hagan. Y todo esto, so pretexto -es el argumento generalmente
desarrollado- que hay que asegurar el bienestar del artista. Una cuestión
vuelve forzosamente: ¿ cuál es el sitio del fotógrafo? Es el aspecto
que, a pesar de todo, habría que estudiar.
Haría falta, pero no llegaremos a ello. Me enfrenté con este
problema... No soy alguien inactivo. Siempre he
sido, desde mis principios, un militante de la imagen. Pero antes,
" el derecho a la imagen " no intervenía de cualquier modo, a
pesar del sentido común... Como si la idea fuera: " prohibamos al
máximo y entreguemos al artista sólo algunos instantes al objetivo de
los fotógrafos, pero en un fin institucional ". En este caso,
buscamos sólo fotos "limpias". ¡ Atención, pueden ser
correctas y bien hechas! No critico a los fotógrafos. Todo esto
produce un empobrecimiento de la fotografía, e incluso de la ilustración.
Ésta tiene posiblemente virtudes de precisión, pero poco a poco, esto
se hace como un museo de cera. Pienso que este año hemos vivido un
cambio de rumbo: previamente a la actuación nos decían que no podríamos
fotografiar a tal, o que tendríamos dos o tres temas para otro... Era
un pequeño sufrimiento. Si se tiene este sufrimiento cuando se mira lo
que sucede delante de sí, y se está en búsqueda de una solución
visual del acontecimiento, estamos forzosamente tristes. Incluso
agobiados. Cuando alguien me dice: " ¿Qué tal, tuviste tiempo
para hacer fotos? " , no me vale para nada! Me acuerdo
de una situación en Marciac hace algunos años. Wayne Shorter y Herbie
Hancock venían para la prueba. En aquel momento, el sol pasaba entre
dos cubiertas plásticas y silueteaba a ambos personajes, que discutían
tranquilamente cerca del piano. Era una foto que podía hacer de lejos,
con el 50 mm... ¡ Hop, el
agente interviene! " Ahora no, haremos las fotos después! "
etc. Había allí un verdadero momento de poesía. ¿ Pero cómo lograr
explicar esto? Si la persona no es sensible a la fotografía, no hay
ninguna forma de convencerlo. Así, poco a poco, nuestra situación se
degrada. Por otro
lado, hago otra constatación, sin duda un poco más cruel para mí que
soy de los más antiguos del "pelotón”. Hay una “adaptación”
de los fotógrafos, y esto se comprende! Hoy, el acto fotográfico se
mide y se restringe en una eficacia total que repercute en los hábitos
y las costumbres. Tenemos menos tiempo, menos posibilidades, pues hay
que ir rápidamente para hacerlo “ bien” a pesar de todo. Y todo
esto en respuesta a un “formateado” de la imagen. *
¿Con su Leica y sus películas, tiende pues a volverse cada vez más
marginal? -
Seguro. Vuelvo un instante sobre el Festival de Jazz de Marciac que -
una vez más – es, desde mi punto de vista, representativo de una
cierta evolución. Hay allá muchísimos fotógrafos. ¡ Podemos encontrárnos
hasta treinta en la zona reservada! Este año lo pasé mal hasta el
punto de plantearme la cuestión de saber si iba a continuar yendo allá.
Pero efectivamente, soy muy minoritario. Los demás son colegas, pero
programados por la eficacia. Fotografiar,
finalmente, es un acto de abandono en el cual se trata de saber cómo se
rigen instintivamente las cosas. Un acto de abandono que es también una
cita acertada o fallida con el azar. Es pues una cierta filosofía, que
Cartier-Bresson había acercado abiertamente al " Tratado del tiro
con arco ", su pequeño libro de cabecera. No soy zen, pero esta
idea de solicitar su poesía y su imaginario es la razón para la cual
fui hacia la fotografía. Discutiendo con otros fotógrafos en Marciac,
dije: " yo trato de hacer el amor con la realidad, y ustedes están
haciéndole la guerra ". Yo lanzo una flecha. Ellos lanzan ráfagas
de pistolas ametralladoras. Entonces comprendo a los que me dicen:
" Yo habría preferido continuar trabajando como antes ". Pero
los hay que llegan ya formados como guerreros. En fin, así están las
cosas... Todo esto me molestó bastante. Salí de allí en muy mal
estado. Aquí, en Capbreton, estoy mucho más sereno. * ¿Qué clase de aficionado al Jazz es? Supongo que esto tiene forzosamente una incidencia sobre su ojo... -
El jazz... Y bien, hay unas músicas que me gusta menos y que
fotografio. Escucho muy bien la música fotografiando. Ya, soy más un
fotógrafo de bastidores que de escena. Pero cuando se es en esta
postura difícil, hago más esfuerzos para fotografiar a los músicos
que tienen más importancia de mis ojos y de mis orejas. Es verdad. (...) "
El ojo del elefante "... Es mi concepción, y una fórmula que me
vino escuchando) a un pintor en la televisión. El ojo del
elefante se esfuerza, cuando recorre su territorio - y el del fotógrafo
es bastante vasto - por ver las cosas como si fuera la primera y la última
vez. Esto quiere decir que debe siempre ser capaz de admiración y de
curiosidad, incluido frente a cosas que conoce tan de memoria que podría
ser amenazado por la rutina. Ver las cosas por última vez, esto quiere
decir que sí hay que experimentar por uno mismo la necesidad de
registrar, para guardar una huella, ya que esto va a desaparecer. Esto
vuelve en cierto modo a hablar de la memoria. El jazz, desde que existe,
siempre mostró una gran complicidad entre músicos y fotógrafos. La
fotografía participó en la conciencia de lo que es el jazz. ¡ Miremos
bien! * Visiblemente,
hoy en día no es exactamente así... Un músico como Keith Jarrett por
ejemplo, no quiere mucho a los fotógrafos. ¿Tales actitudes no
contribuyen a la regresión que usted denuncia? -
¡ Claro que esto tiene un efecto acumulativo! No son totalmente así...
Pero ciertos músicos piensan que si no prohiben, son jerárquicamente
inferiores. Algunos me dicen: " si no prohibo, van a considerar que
soy menos bueno que el que prohibe ". Ahora bien, Jarrett tiene un
carácter..., es innegable. Esto no impide que tenga talento.
¿ Pero cómo acercarse a Keith Jarrett, él a quién debió tanto
gustar Miles Davis o Chet Baker? ¡ Miremos lo que William Claxton hizo
sobre Chet Baker! Ahora, lo repito, no hay ninguna toma posible si el
interlocutor es indiferente a la fotografía. Sería muy fastidioso que
todo esto, finalmente, se extendiera como una mancha de aceite. (...)
* Con la fotografía digital, es también la misma naturaleza del
"trabajo" la que ha cambiado... -
¡ Por supuesto! Con mi aparato, estoy condenado a tratar una película
de la misma manera de cabo a rabo sobre las treinta y seis
exposiciones). Con la cámara digital, todo esto desaparece. ¿ Hay
menos luz? Hop, cambiamos los parámetros del aparato, nos adaptamos. Es
igual con el autofocus. Cuando hay menos luz, el enfoque es más difícil...
En este principio de Agosto, me doy cuenta - posiblemente por primera
vez - hasta qué punto estoy asociado a este modo de fotografiar. Y si
debiera pasar a la foto digital, que no condeno, trataría de conservar
todos mis hábitos provenientes de la analógica.
Declaraciones recogidas
por Benoît Lugué El
equipo de los fotógrafos de Citizen Jazz se adhiere a las opiniones
mantenidas aquí por Guy Le Querrec en cuanto a las condiciones
degradadas de trabajo de las que son víctimas los poseedores de la
memoria del jazz y\o los que intentan constituir su memoria futura. |
| Debates en los Foros de Ojo Digital (Jose Horna 2007) |
| Hay otra
cuestión que da para un buen debate: los "robados".
Personalmente no admito el término. Un "robado" es un
término paparazzístico contrapuesto a "posado", siempre en
el terreno de una manera de fotografiar vinculada -hoy en día- a un
tipo de prensa sensacionalista, amarilla, rosa, del corazón o como se
la quiera denominar. Si se califica a la foto como "robado" se
admiten muchas cosas con las que no estoy de acuerdo: quien hace un
"robado" y lo reconoce como tal es, efectivamente, un
"ladrón" o "ladrona"; a su vez, se acepta una
concepción extrema y extremista del "derecho a la propia imagen
incluso en lugares absolutamente públicos", con lo que la
Fotografía Social y/o Documental desaparece de un plumazo: esto es lo
que consiguió en Francia el ministro Jack Lang con su controvertida Ley
de hace unos años y ésta fue la base del proceso que tuvo que sufrir
el pobre Robert Doisneau en relación a su foto "Le baiser de
l'Hotel de Ville", porque el famoso -y exagerado- "derecho a
la propia imagen" termina convirtiéndose en un concepto
mercantilista absolutamente vinculado a la economía de mercado
capitalista y, en última instancia, a la codicia . Sin olvidar tampoco
la subsiguiente restricción de la libertad en espacios públicos y a la
"individualización" de las personas hasta convertirlas en
compartimentos estancos. Cuando fotografío personas en la calle no les
estoy robando el "alma" ni la "intimidad" ni la
"imagen" privada, en cuanto que considero que la presencia
voluntaria en espacios públicos forma parte de una socialización que
está por encima de concepciones "ultra-liberales" sobre la
"propiedad privada".
La clave de la "incomodidad" a ser fotografiado en la calle está mucho más en un tipo de ideología que se va extendiendo en estos tiempos: el aislamiento, la compartimentación, cada persona es una "isla"... y, además, por efecto del famoseo y el paparazzismo, cada vez más gente pretende ponerle precio a ese "terreno insular". ¿Cuánto es "intimidad" y cuánto es "interés"?...
|
| Christian Caujolle (Artículo en EL PAÍS / 16 de Noviembre de 2007) |
| lo
Primero, están los hechos. Luego, las imágenes que los ilustran. Se enseñan, se difunden, se utilizan. Al cabo de este proceso, hay gente, como usted o como yo, que no estaba allí y puede verlas y descifrarlas.
Con motivo de su décimo aniversario, el Museo Guggenheim de Bilbao encargó a Rosa Martínez una exposición para presentar a los artistas vascos contemporáneos cuya importancia ha sido reconocida desde la creación del museo. Bajo el título Chacun à son goût reunió a creadores entre los que se contaba el fotógrafo documental Clemente Bernad. La exposición nos conduce desde sus primeros trabajos con los jornaleros andaluces hasta su largo estudio sobre los movimientos sociales en la Venezuela de Hugo Chávez, pasando por su Crónica vasca, a la que ha dedicado 14 años. Los pies de foto son sobrios, informativos, casi asépticos, y la disposición de las imágenes en la sala no establece ninguna jerarquía.
Por todo esto me sorprendió ver que esta exposición suscitara una violenta polémica, que se llegase incluso a pedir la retirada de las fotografías y hasta que se prohibiese la exposición... La paradoja es que la petición partiera de una fotografía no expuesta. Los hechos son los siguientes: Clemente Bernad y Rosa Martínez pensaron exhibir una imagen de 1997 en la que los médicos que trataban de salvar la vida de Miguel Ángel Blanco mostraban una radiografía de su cráneo. Después de escribir un pie de foto descriptivo, el autor, por educación y para evitar problemas legales, envió una petición cortés a la hermana de Miguel Ángel Blanco. El rechazo fue categórico. E inmediatamente acatado. Esta fotografía sólo existe en los archivos de Bernad, en los del hospital, en los de la familia, en algunas memorias y, por lo visto, en muchos fantasmas...
Una fotografía no demuestra nada. En sí misma ofrece muy poca información, va tomando sentido según el contexto en el que se encuentra. El de ésta, por ejemplo, no tendría el mismo sentido si se hubiera publicado en pequeño formato en un diario que si se hubiera expuesto en gran formato en un museo con otras fotografías. Los lazos que se tejen entre las imágenes son un elemento esencial para la lectura de la construcción del propósito. Sólo la mala fe permite, objetivamente, afirmar que el autor defiende una tesis o se posiciona. Es inaceptable crear una confusión entre información y propaganda.
Hoy deberíamos saber que una fotografía nunca es una mentira, pero que tampoco pretende ser ninguna verdad. En el mejor de los casos, puede testimoniar un punto de vista y transmitirlo. Por eso, los dispositivos de acompañamiento y la puesta en contexto son esenciales: dan el sentido, o al menos unas pautas para el que mira, sirven de guía. Por eso, los textos que acompañan las instantáneas de Bernad son muy oportunos con el fin de evitar cualquier mentira sobre el momento y las circunstancias de la fotografía. No es honesto desde el punto de vista intelectual reprochar a alguien que escriba al pie de una fotografía "militantes independentistas" en lugar de "terroristas". Su misión no es la de juzgar (no sabe más de lo que escribe) y es imprescindible conservar, con sentido crítico, la confianza en la justicia.
Pedir la prohibición de una exposición que muestra e interroga la complejidad de las creaciones contemporáneas es un acto grave, tanto más grave en cuanto que parte de una lectura a la vez ingenua y manipuladora de las imágenes. Denunciar sin prueba y sin razón la manipulación a través de las imágenes es otra forma de manipulación. Y es perversa, porque sólo propone leer una parte de las imágenes, inmediatamente legible en cuanto se las nombra.
s A los que han pedido que se retiren las fotografías, les diría que se atreviesen a mostrarlas en sus exposiciones, donde denuncian precisamente la violencia y el terrorismo. Serían muy eficaces, porque tienen la fuerza de la belleza con la rabia contenida.
|
| "NO PHOTO!!!" (Jose Horna / Octubre 2007-Marzo 2008) |
| La presentación
de la Galería Jazz 2007 "No Photo!!!" blues lo dice
prácticamente todo. Sólo cabría aclarar algunos detalles:
* El 21 de Julio de 2007, última jornada del Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz, el "servicio de orden" de Norah Jones tomó al asalto el Polideportivo de Mendizorroza imponiendo sus criterios a los de la propia organización del Festival y obstaculizó/censuró hasta límites absurdos la labor de todos los periodistas y fotógrafos acreditados. Su inmenso ego llegó hasta al extremo de tapar con unos grandes telones los rótulos del propio Festival... * El 28 de Julio de 2007, penúltima jormada del Festival de Jazz de San Sebastian-Donostia, un capricho de última hora de Brad Mehldau estuvo a punto de impedir la actuación de la Plaza de la Trinidad: no quería ni un sólo medio de comunicación en el recinto. Tras muchos dímes y diretes, los fotógrafos fuimos retirados hasta el último fondo de la Plaza y limitados a fotografiar malamente un sólo tema. En fechas anteriores, durante un concierto celebrado en Madrid, las restricciones habían sido mucho menores. Y sólo dos semanas antes, en el Festival Jazz à Vienne, la actitud había sido muy diferente, tal y como demuestra el reportaje gráfico publicado en CitizenJazz.
¿Hasta dónde vamos a llegar? O, mejor dicho, ¿Hasta dónde nos van a alejar, a fotógrafos y fotógrafas, de la escena del Jazz?
|