NARRATIVA
Los señores de las letras salieron de sus cuevas y juntaron en un mismo lugar sus textos favoritos. Se reunieron para saborear la esencia misma de la literatura. Estuvieron largo tiempo disfrutando, palpando, sintiendo el fluir de los sentimientos que a través de lo que leían les asaltaban. No importaba el tamaño del fragmento, no importaba el autor, no importaba la circunstancia en que había sido escrito, solo importaba lo que en ellos dejaba como poso cada historia, cada cuento, cada relato... y quedo constancia de ello...
 
 

Jorge Luis BORGES (Buenos Aires 1899- Ginebra 1986)
Funes el memorioso (1942)
(...) En el decente rancho, la madre de Funes me recibió.
Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela. Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo patio. había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. (...) Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua momentánea del cigarrillo. La pieza olía vagamente a humedad. (...) Arribo, ahora, al más difícil punto de mi relato. (...) Me dijo: "Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo". Y también: "Mis sueños son como la vigilia de ustedes". Y también, hacia el alba: "Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras". Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo.
Esas cosas me dijo; ni entonces ni ahora las he puesto en duda. En aquel tiempo no había cinematógrafos ni fonógrafos; es, sin embargo, inverosímil y hasta increíble que nadie hiciera un experimento con Funes. Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo.
(...) Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.
La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra.
Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce, más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en su implacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles.
Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar.
 
 

Miguel de UNAMUNO (Bilbao 1864- Salamanca 1936)
San Manuel bueno, mártir (1942).

(...) "Pero, Don Manuel, la verdad, la verdad ante todo", él, temblando, me susurro al oído- y eso que estábamos solos en medio del campo- "¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella." "¿Y por qué me la deja entrever ahora aquí, como en confesión?", le dije. Y él: "Porque si no, me atormentaría tanto, tanto, que acabaría gritándola  en medio de la plaza y eso jamás, jamás, jamás. Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerles felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarles. Lo que aquí hace falta es que vivan humanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerles vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuento les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que le ha hecho. (...)
 
 

Mariano José de LARRA (1809-1837)
Artículos de costumbres.
El día de difuntos de 1936. Fígaro en el cementerio (1836).

(...) Dirigíanse las gentes por las calles en gran número y larga procesión, serpenteando de unas en otras como largas culebras de infinitos colores: ¡al cementerio, al cementerio! ¡Y para esto salían de las puertas de Madrid!
Vamos claros, dije yo para mí, ¿dónde está el cementerio?¿Fuera o dentro? Un vértigo espantoso se apoderó de mí, y comencé a ver claro. El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio. Pero vasto cementerio donde cada casa es el nicho de una familia, cada calle el sepulcro de un acontecimiento, cada corazón la urna cineraria de una esperanza o de un deseo.
Entonces, y en tanto que los que creen vivir acudían a la mansión que presumen de los muertos, yo comencé a pasear con toda la devoción y el recogimiento de que soy capaz, las calles del grande osario.
(...) ¿Y este mausoleo a la izquierda? "La armería". Leámos:
"Aquí yace el valor castellano, con todos sus pertrechos. R.I.P."
"Los Ministerios: Aquí yace media España; murió de la otra media"
(...)"Aquí yace la Inquisición, hija de la fe y el fanatismo: murió de vejez" Con todo anduve buscando alguna nota de resurrección: o todavía no la habían puesto, o no se debía de poner nunca.
(...) ¿Qué es esto? "¡La cárcel! Aquí reposa la libertad del pensamiento" ¡Dios mío, en España, en el país ya educado para instituciones libres! Con todo, me acordé de aquel célebre epitafio y añadí voluntriamente:

Aquí el pensamiento reposa,
en su vida hizo otra cosa.
(...) Una nube sombría lo envolvía todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos.
¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? Espántoso letrero "Aquí yace la esperanza"
¡Silencio, silencio!!!
(El Español, 2 de Noviembre de 1836)
 
 

Manuel Vicent
Extraído de El café de Chus
No lo toques más, Sam, que así es la rosa. En la cima de la pirámide de basura que se acumula a lo largo del día está el negro de la película Casablanca interpretando al piano este verso de Juan Ramón. La pirámide tiene por base los excrementos de perro que salpican las aceras de la ciudad, pero su vértice termina en el cielo a los pies de una divinidad incontaminada. Un pequeño paraíso, un pequeño infierno se van superponiendo a cada hora hasta construir un día entero que empieza con las opiniones terribles vertidas a bocajarro por la radio al amanecer en medio del perfume delicioso a café y tostada. A partir de ese momento la escalada se inicia con una bifurcación. La filosofía moderna consiste en elegir entre dos caminos distintos en esta ascensión a la pirámide para alcanzar de noche la gloria del sueño. Se puede seguir la llamada ruta de las calamidades o la famosa ruta del aroma a café en el desayuno. La primera te lleva a creer, después de oir la radio y leer el periódico, que el mundo es una miseria equivalente a los excrementos de perro en las aceras, incluída la política y la cultura; la segunda te obliga a cerrar los ojos y a imaginar que ese humo perfumado del primer café es la columna más sólida en que se apoya la existencia. A medida que el sol se desarrolla en el firmamento, aquí abajo el jefe te escupe en el pescuezo, bombardean cualquier Mesopotamia y a ti te aplastan en el metro, los pederastas entierran a sus niños en el sótano y tú no despiertas el más mínimo interés de nadie. En medio de tantas hormigas con pistola y talonario sólo eres un tipo oscuro, aburrido, alimentado con imágenes de violencia y lujo inalcanzable. En cambio, aún persiste el perfume del café en tus labios. Mientras la basura diaria se superpone, la profundidad del humo te lleva a un fragmento de Mozart, a una copa de Oporto, a un paseo de otoño, a una página escogida, a una mirada sostenida en el bar que sirve de refugio en la escalada. En la cima de la pirámide está el negro al piano. No lo toques más, Sam, que así es la rosa.
 
 

Bertold Brecht (1898-1956)
"Primero se llevaron a los negros, pero a mi no me importó porque yo no era. Enseguida se llevaron a los judios, pero a mi no importó porque yo tampoco era. Después detuvieron a los curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó. Luego apresaron a unos comunistas, pero como tampoco soy comunista, tampoco me importó. Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde."
 
 

Nadine Star
Instantes

Si pudiera vivir nuevamente mi vida en la proxima trataria de cometer mas errores, no intentaria ser tan perfecto, me relajaria mas. Seria mas tonto de lo que he sido, de hecho tomaria muy pocas cosas con seriedad.

Correria mas riesgos, haria mas viajes, contemplaria mas atardeceres,subiria mas montañas, nadaria mas rios. Iria a lugares adonde nunca he ido, tomaria mas helados y menos habas,
tendria mas problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivio sensata y prolificamente cada minuto de su vida;  claro que tuve momentos de alegria. Pero si pudiera volver atras trataria de tener solamente buenos momentos.

Por si lo no saben, de eso esta hecha la vida, solo de momentos; No te pierdas el ahora. Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termometro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaidas. Si pudiera volver a vivir viajaria mas liviano.

Si pudiera volver a vivir comenzaria a andar descalzo a principios de la primavera y seguiria asi hasta concluir el otoño. Daria mas vueltas en calesita, contemplaria mas amaneceres y jugaria con mas niños, si tuviera otra vez la vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.
 
 

Arturo Pérez-Reverte
El maestro de esgrima.
(...)En el reducido círculo, cada uno de sus integrantes hallaba tácitamente en los otros el consuelo de saber que el propio fracaso no era un hecho aislado, sino compartido en mayor o menor medida por los demás. Eso era lo que por encima de todo los unía, haciéndoles mantenerse fieles a su diaria reunión. A pesar de las frecuentes disputas, de las discrepancias políticas y de la diversidad de talantes, los cinco contertulios se profesaban una retorcida solidaridad que, aunque hubiera sido negada por todos en caso de formularse abiertamente, podría compararse a la de esos seres solitarios que se aprietan unos con otros en busca de calor.
(...)

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