Fernando
PESSOA
(Lisboa
1888-1935)
Ojalá
fuese el polvo del camino
y los pies
de los pobres me pisaran...
Ojala fuese
los ríos que corren
y hubiese
lavanderas a mi orilla...
Ojalá
fuesen los chopos de la margen del río
y tuviera
sólo el cielo por cima y el agua por debajo...
Ojalá
fuese el burro del molinero
y él
me pegase y me quisiera...
Mejor eso
que el que va por la vida
mirando
para atrás y sintiendo dolor...
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No quiero rosas mientras haya rosas.
Las quiero cuando no las pueda
haber.
¿Qué he hacer con
las cosas
que puede cualquier mano coger?
Sólo quiero la noche si
la aurora
la diluye en azul y rosicler.
Lo que mi alma ignora
es lo que quiero poseer.
¿Para qué?... De
saberlo, nunca haría
versos para decir que no lo sé.
Siento a mi alma pobre y fría...
¿Con qué limosna
la calentaré?
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Tengo pena y no respondo.
Mas no me siento culpado
porque en mi no correspondo
al otro que en mí has soñado.
Cada uno es mucha gente.
Para mí soy quien me pienso,
para otros- cada cual siente
lo que cree, y es yerro inmenso.
Ah, dejadme sosegar.
No otro yo me sueñen otros.
Si no me quiero encontrar,
¿querré que me halléis
vosotros?
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Autopsicografía
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido,
sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama el corazón.
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Si yo pudiera.
Si yo pudiera morder la tierra
toda
y sentirle el sabor sería
más feliz por un momento...
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando
infeliz para poder ser natural...
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho,
se pide.
por eso tomo la infelicidad con
la felicidad.
Naturalmente, como quien no se
extraña
con que existan montañas
y planicies y que haya rocas y hierbas...
Lo que es necesario es ser natural
y calmado en la felicidad o en la infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar
como quien anda,
y cuando se ha de morir,
recordar que el día muere
y que el poniente
es bello y es bella la noche que
queda.
Así es y así sea.
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Tengo tanto sentimiento
que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco, al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.
Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.
Mas a cual de verdadera
o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que él se ha de pensar. |
Rubén DARÍO
(Metapa (Nicaragua) 1867-León
(Nicaragua) 1916)
Juventud divino tesoro
Juventud, divino tesoro
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar no lloro
y a veces, lloro sin querer.
Juventud, divino tesoro.
¡Ya te vas para no volver!
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura, amarga, y pesa.
Ya no hay princesa que cantar.
Juventud, divino tesoro.
¡Ya te veas para no volver!
A pesar del tiempo terco
mi sed de amor no tiene fin.
Cabello gris, así me acerco
a los rosales del jardín.
Juventud, divino tesoro.
¡Ya te vas para no volver!
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Joven, acérquese acá:
¿Estima usted su pellejo?
Pues escúcheme un consejo,
que me lo agradecerá:
Arroje esa timidez
al cajón de la ropa sucia,
y por un poco de argucia
dé usted toda su honradez.
Salude a cualquier pelmazo
de valer, y al saludar,
acostúmbrese a doblar
con frecuencia el espinazo.
Diga usted sin ton ni son,
y mil veces si es preciso,
al feo, que es un Narciso,
y al zopenco, un Salomón;
que al que tenga el juicio leso
o sea mal encarado,
téngalo usted de contado
que no se enoja por eso.
Al torpe déjele hablar,
sus torpezas disimule,
y adule, adule y adule,
sin cansarse de adular.
Como algo no le acomode,
chitón y tragar saliva,
y en el pantano en que viva
arrástrese aunque se enlode.
Y con que befe al que baje,
y con que al que suba inciense,
el día que menos piense
será usted un personaje.
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Lo fatal
Dichoso el árbol que es
apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque
ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande
que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida
consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin
rumbo cierto,y el temor de haber sido y un futuro terror…Y el espanto seguro
de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la
sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,y
la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus
fúnebres ramos,¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…
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Pablo NERUDA
(Parral (Chile) 1904-1973)
Poema nº 15
Me gusta cuando callas porque
estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz
no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran
volado
y parece que un beso te cerrara
la boca.
Como todas las cosas están
llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del
alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces
a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gusta cuando callas y estas
como distante.
Y estás como quejándote,
mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos y mi voz
no te alcanza:
déjame que me calle con
el silencio tuyo.
Déjame que te hable también
con tu silencio
claro como una lámpara,
simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y
constelada.
Tu silencio es de estrella, tan
lejano y sencillo.
Me gusta cuando callas porque estás
como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras
muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa
bastan.
Y estoy alegre, alegre de que
no sea cierto. |
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José de ESPRONCEDA
(Almendralejo 1808-Madrid 1842)
Canción del pirata
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Stambul:
«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de «¡barco
viene!»
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.» |
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Santa Teresa de Ávila
(Ávila 1515-1582)
Vivo sin vivir en mí
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.
Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es
esta vida!
¡Qué duros estos
destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué vida tan
amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.
Vida, ¿qué puedo
yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.
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Walt Whitman
(New York (EE.UU.)1819- Camden
(New Jersey-EE.UU) 1892)
¡Oh Capitán! ¿Mi
Capìtán! (A Abraham Lincoln)
¡Oh Capitán! ¡Mi
Capitán!
nuestro terrible viaje ha terminado;
el barco ha superado los peligros,
el premio buscado lo obtuvimos;
cercano el puerto, las campanas
oigo,
las exultantes multitudes,
del bajel torvo y atrevido
delinean las miradas firme quilla:
¡pero oh corazón,
corazón, corazón!
Oh, las sangrantes gotas rojas
sobre el puente en donde yace
mi Capitán, caído,
frío y muerto.
¡Oh Capitán! ¡Mi
Capitán!
levántate y oye las campanas:;
por ti enarbolan las banderas;,
por ti resuenan los clarines;
son para ti los ramos y guirnaldas,
las multitudes en la playa;
a ti te llama la ondulante masa,
su rostro ansiosamente dirigido;
¡aquí mi Capitán,
padre herido!
pongo mi brazo bajo tu cabeza;
en sólo un sueño
que en el puente
hayas caído, frío
y muerto.
Mi capitán ya no responde,
pálidos son sus labios
quietos;
mi brazo, padre, ya no sientes,
no tienes pulso ni designio;
ancló la nave ya segura,
por fin su viaje ha terminado;
del terrible crucero, victoriosa,
volvió cumplido su objetivo;
¡griten, oh, playas, repiquen,
oh, campanas!
Pero con acongojados pasos
bato el puente en donde yace
mi Capitán, caído,
frío y muerto.
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León FELIPE.
(-)
Como tú.
Así es mi vida, mi vida,
piedra, como tú.
Como tú,
piedra pequeña, como tú,
piedra ligera, como tú.
Como tú,
canto que ruedas como tú,
por las veredas, como tú.
Como tú,
guijarro humilde, como tú,
de las carreteras,
como tú.
Como tú,
piedra pequeña, como tú.
Como tú,
guijarro humilde, como tú.
Como tú,
que en días de tormenta,
como tú,
te hundes en la tierra, como tú.
Como tú,
y luego centelleas, como tú,
bajo los cascos,
bajo las ruedas, como tú.
Como tú,
piedra pequeña, como tú.
Como tú,
guijarro humilde, como tú.
Como tú,
que no sirve ni para ser ni piedra,
como tú,
ni piedra de una lonja,
como tú,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia,
ni piedra de una audencia,
como tú.
Como tú,
piedra aventurera, como tú.
Como tú,
que tal vez estás hecha,
como tú,solo para una honda...
como tú,
piedra pequeña, como tú.
Como tú... |
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Francisco de QUEVEDO.
(Madrid 1580-Villanueva (Madrid)
1645)
Conoce la diligencia con que
se acerca la muerte
Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrero
día,
y la última hora negra
y fría
se acerca de temor y sombras llena.
Si agradable descanso, paz serena
la muerte en forma de dolor envía,
señas da su desdén
de cortesía:
más tiene de caricia que
de pena.
¿Qué pretende el
temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene
espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene
hálleme agradecido, no
asustado:
mi vida acabe y mi vivir ordene.
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Cerrar podrá mis ojos la
postrera
sombra que me llevare el blanco
día,
y podrá desatar esta alma
mía
hora a su afán ansioso
lisonjera...
Mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde
ardía:
nadar sabe mi alma la agua fría,
y perder el respeto a ley severa...
Alma a quien todo un dios prisión
ha sido,
venas que humor a tanto fuego
hado,
médulas que han gloriosamente
ardido,
su cuerpo dejarán, no su
cuidado;
serán ceniza, mas tendrá
sentido;
polvo serán, mas polvo
enamorado.
(Gentileza de El
Café de Chus)
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