LÉXICO EUSKÉRICO DE LA RIBERA ESTELLESA DE NAVARRA.




    El interés por el habla popular en la Ribera surgió al unísono con el descubrimiento y revitalización de los elementos peculiares de la cultura navarra. Con raíces en el movimiento iniciado por la Asociación Eúskara de Navarra, durante el primer tercio del siglo pasado un grupo de personas con inquietudes intelectuales, y, curiosamente también con inclinaciones poéticas, comenzó a investigar y difundir las manifestaciones culturales de la Ribera.

     Alberto Pelairea, Pedro Arellano Sada, los hermanos Eugenio y Juan José Salamero Resa, Diego Pascual Eraso, etc., son algunos de los nombres propios, que junto a la aportación anónima de muchas personas que se organizaron en Asociaciones Culturales y recreativas, o en Centros vascos como los de Sesma, Carcar, Marcilla o Carcastillo, lograron crear durante los años 30 del aquél siglo un ambiente cultural de enorme vitalidad.

     Tanto es así que uno de aquellos intelectuales, en la presentación de un trabajo suyo sobre el folklore de la Merindad de Tudela pudo hacer la siguiente afirmación: “El ya floreciente Renacimiento de la Cultura Vasca ha encontrado eco en aquél apartado rincón del País”.
     En aquel estudio, cuyo autor era el ablitero Pedro Arellano Sada, se reivindicaba la navarridad de la Ribera, que según él, y sin negar las influencias de las regiones colindantes, “ha sabido mantenerse netamente navarra, en sus tendencias, en sus manifestaciones de todo género y en el fondo de su carácter” . Como notas de la navarridad de la Ribera y aún incluso de su influencia sobre los pueblos vecinos daba cuenta de la supervivencia de voces euskéricas, “puras algunas, muy desfiguradas otras” según decía.

     Por las mismas fechas (1932-33) el abogado corellano Juan José Salamero Resa publicaba bajo seudónimo un folleto de propaganda nacionalista en el que utilizaba diversos argumentos para probar la navarridad y la vasquidad de la Ribera y a propósito del habla popular escribía: “Muchos cientos de palabras de esas que sólo se usan en la Ribera y que no son conocidas en otras regiones ni figuran en el Diccionario, son de indudable origen vasco, son restos que conservais de cuando vuestros ascendientes no sabían hablar más que el vascuence. Y aunque podríamos citaros muchas, muchas que tenemos cuidadosamente recogidas, prescindimos de hacerlo para no ser más extensos”.

     Salamero no publicó aquel corpus de voces de la Ribera, consistente en 800 notas lexicográficas, pero poco después (año 1933) lo pusó a disposición del tudelano Jose Mª Iribarren, que erigió sobre dicha base su monumental “Vocabulario Navarro”.

     Y aunque las palabras de Salamero sean claramente discutibles, la verdad es que muchos riberos tuvimos nuestro primer contacto con el euskera y aprendímos a considerarlo como algo propio a través de las páginas de aquel Diccionario de voces navarras que él contribuyó a crear.

     Jose Mª Iribarren pudo continuar en los años oscuros la labor que otros habían comenzado y que para muchos quedó truncada. Su interés por el euskera se manifiesta en la nota “Al lector” de la edición del Vocabulario de 1952 donde pide que se le considere un simple amante de lo popular y aduce en su favor que su apellido significa en vascuence “en la parte baja del pueblo”. En el prologo de la edición de 1958 advierte que el lector observará la abundancia de vasquismos y dice que se decidió a incluirlos tratando de salvar las reliquias del viejo vascuence que se conservan en zonas dominadas por el castellano. Sin duda por dicha actitud fué nombrado miembro correspondiente de Euskaltzaindia. Es conocida su amistad con Luis Michelena que le proporcionó las etimologías euskéricas que aparecen en el vocabulario. A partir de ellas aprendímos que algunas palabras tan nuestras, tan de pueblo, de nuestro pueblo, como laya, arguillao, yasa, zaborro, etc., no eran rusticismos ni vulgaridades sino, ... palabras de origen vasco.

     Desde aquellas fechas dos procesos importantes han tenido lugar en Navarra y en la Ribera. Por una parte un cambio socio-economico, de formas de vida, que ha hecho que el vocabulario asociado a las formas de vida tradicionales se vaya perdiendo o quede solamente en el bagaje de las personas de más edad. Y por otra parte un nuevo renacimiento de la cultura del euskera cuyo exponente más preciso son las ikastolas que en la línea del Ebro, de Cortes a Biana, pasando por Lodosa, Sartaguda y Tudela, educan una floreciente comunidad euskaldún que será la que asuma, trascendiendola, la cultura tradicional de nuestra tierra.

     Como muestra de esta cultura popular de la Ribera quiero mostrar un conjunto de términos de origen euskérico o relacionados con el euskera que podemos encontrar en la Comarca del Bajo Ega y Ribera estellesa del Ebro, donde este año vamos a celebrar el Nafarroa Oinez, y que abarca los municipios de: Lodosa, Sartaguda, Mendavia, Lerin, Sesma, Carcar, Andosilla, San Adrián y Azagra.

    Las fuentes escritas de esta recopilación se encuentran, aparte de en la obra de Iribarren ya citada, en diversas monografías de ámbito local especialmente la de Angel Elvira y Mª Inés Sainz sobre el “Vocabulario Mendaviés” y la de Ester Martínez sobre el “habla de Lerín”. Sobre Andosilla se pueden ver las respuestas que aparecen en la encuesta realizada para el Atlás Lingüístico de Aragon, Navarra y Rioja, dirigida por Manuel Alvar. Recientemente el profesor de la Universidad de la Rioja José Javier Mangado presentó su tesis doctoral sobre el habla de Sartaguda, donde deja constancia de algunas de estas voces. También es importante el trabajo del filólogo aragones Juan Antonio Frago que ha estudiado la toponimia del Valle Medio del Ebro y las relaciones de sustrato y adstrato entre el euskera y el romance de esta región.

     No pretendo dar ni una relación exhaustiva ni una explicación cerrada de este léxico. En general se puede decir que hay una gradación de este tipo de voces del norte a Sur de Navarra y que por lo tanto abundan más en la zona Media que en la Ribera. También que, aunque menos abundante, este tipo de léxico llega a Aragón y la Rioja, quizás como influencia de la cultura navarra o tal vez como expresión de un sustrato común antiguo.

     Dentro de lo que es el ámbito o dominio agrario y pastoril citaré en primer lugar una serie de voces referidas a plantas y frutos: Arañón, que en esta comarca conoce la variante marañón, es el nombre del endrino y de su fruto, la endrina. Está etimólogica y semánticamente relacionado con euskera arán “endrino” (y también ciruela). Esta planta también ha sido llamada arto, arto negro, arto arañonero o arto marañonero, según los pueblos. Se distinguía del arto blanco, otra planta de espinas lacerantes. Es generalmente aceptado el parentesco entre arto y el vasco arte “encina”. También es planta espinosa la ilaga o aliaga, para la que el filólogo catalán Joan Corominas proponía como étimo un proto-vasco *aielaga. Javier Irigaray Imaz, que investigó la onomástica botánica popular de Navarra recogió en Lerín el nombre de ilaga ciega para “un arbusto provisto de robustas, larguísimas y lacerantes espinas”, señalando que el segundo componente de esta forma lerinesa tiene el mismo sentido de malignidad que en vasco osin-itsu “ortiga mala”. Barda “zarza” tiene su origen según Corominas en los cerrados para guardar el ganado que fueron construídos originalmente con ramas y posteriormente realizados con seto vivo. Creo que su relación con euskera abar(ra) es clara. Abarra, o más comúnmente abarras “ramas de árbol” es una voz común en Tierra estella y Alava que llega hasta Mendavia. En este pueblo se documenta abarda en 1733 “ramajes con que se fabricaba vallas y resguardos para corralizas”, tal como lo ha consignado Mª Inés Sainz. Chara es también una voz bastante común para designar matas y arbustos. Las formas vascas txara, txaraka se corresponden al castellano jara, jaral, de origen árabe. De aquí parece provenir la voz charada “fogata”, muy común en toda Navarra. Puede sorprender que el nombre de una planta esteparia como la ontina, lontina en Andosilla, tenga una etimología euskérica, pero Corominas lo afirma con bastante seguridad, haciéndola derivar de un protovasco *onto, a la vez antecesor del actual ondo “planta de arbol”. No hay que olvidar que el Valle Medio del Ebro ha sido lugar de trashumancia de los rebaños pirenaicos desde el Eneolítico. Otra voz relacionada con la ganadería es lastón “hierba basta que cuando se pone dura no la come el ganado” seguramente del euskera lasto “paja”, con una teminación de origen incierto que acompaña en otras zonas de Navarra a nombres de plantas como escarrón, gorrillón, etc. Los nombres de los arbustos llamados sargas, sarguillos y sargatillos están relacionados con euskera zarga, de un protovasco *zarika, de origen céltico.. Txaparro, “mata de encina” una palabra muy común en toda Navarra, es también un claro euskerismo. Más relacionado con la agricultura tenemos la expresión Trigo en Zorrón que se dice del trigo que está a punto de espigar y que está relacionado con euskera zorro “saco, vaina”. Zorrón es también “bolsa de papel” en zonas de la Ribera y “zurrón” en otras comarcas. En Mendavia piparros significa pimientos. Lo mismo que piparra “guindilla” procede del euskera piper(ra), de origen latino como otras voces vascas que denominan plantas de huerta y frutos de vergel, como mertxika, gerezia, tipula etc.

    Respecto a nombres de animales, podemos citar: Gardama, que designa a orugas de insectos dañinos para la agricultura, y procede de euskera gardamu “carcoma”; zarrapo “sapo”, de donde procede zarrapotazo o sea “sapada”; micharra “lirón”, de mixar(ra) variante de muxar(ra), con el mismo significado, en otras partes también micharro o mincharro, que puede dar nombre a distintos roedores, ratones de campo, etc.; En Lerín se llama anderetes a las “aludas o hormigas de ala”, es un nombre muy común en la Zona Media que procede de andere “señorita” y diminutivo románico. Caparra “garrapata” procede de gapar(ra), kapar(ra), planta cuyos frutos se adhieren a la ropa. También se designa con esta voz a la persona “pesada, pegajosa” y esto ya desde antiguo porque en documentos tudelanos del siglo XIV se menciona a un judío llamado Abraham Evenir y apodado (“dicto”) caparra. Chipa es definido en Lerín como “pececillo fluvial de unos cinco centímetros de largo”. En el norte de Navarra llaman chipa a la cría de la trucha. En el Hiztegi Batua se le atribuye el nombre científico Phoxinus Phoxinus. Sarandilla, zarandilla y sangordilla son distintas variantes de la comarca para designar a la lagartija, que proceden de euskera sugandilla, y éste a su vez de un posible suge-anderea. Pinpin es el nombre de una pequeña ave llamada en castellano aguzanieves y en el Noroeste de Navarra pinpin-txori. La voz irasko, que sirve para designar al macho cabrío castrado se considera un diminutivo, comparable con oillasko.

     En lo referente a las labores e instrumentos agrícolas estamos evidentemente ante un vocabulario en recesión. Ya serán pocas las personas que trabajen a layamina, utilizando las layas, un instrumento de trabajo antes más generalizado en toda Euskal Herria. Pero aunque sean pocas las personas que las utilizen ya, a través de estas palabras podemos ver la evolución de las formas de trabajo en distintas épocas. Asi, lo que Iribarren definía como labor de desfonde con laya y azada, ondalán, en Mendavia es meter el bravant muy hondo. Esta palabra procede de”ondo “fondo” y lan “trabajo”. Billortas eran unos aros de hierro, unas abrazaderas para sujetar el timón del arado. Su nombre procede del euskera billur “atadura, ligadura hecha con ramas”, literalmente ramas de avellano para unir o atar” según Corominas y Michelena. Otras voces de este tipo son artolas “aparejos de las caballerías”, cartolas “tablas laterales del carro” en euskera artola-k, kartola-k; coscorro o cozcorro “palo que queda al desgranar el maíz”, que en Lerín dicen zocorro, en euskera kozkor(a) y zokor(ra). Samanta, “haz o gavilla” generalmente de sarmientos, forma diminutiva de zama “carga”. Zagones, delantales de cuero que utilizaban pastores y segadores para cubrir los muslos y el pecho, que Corominas relaciona semánticamente con zagi, zagiki, zagita y dice tiene el sentido básico de cuero.

     Hay también una serie de voces topográficas que incluso teniendo en último término un origen céltico o latino se relacionan con el euskera. Una de la más extendidas puede ser muga “linde, límite, mojón” que se encuentra desde Viana a Zaragoza, y en todo el territorio del euskera, naturalmente. Otras son más particulares. De mota y su derivado motarrón “defensa construida contra las avenidas de los ríos” dice el profesor Frago que es voz de origen prerromano, que en la Ribera por su significado está en estrecha relación significativa con el vasco mota “ribazo”. Este mismo investigador a propósito de sarda “terreno llano inculto abundante en piedras y zarzas” dice que procede de la raíz preindoeuropea *ZAR- , presente en euskera zartzi, variante de sasi, de la que derivaría zarta, forma original de sarda que también encontramos en el nombre de la población de Sartaguda. Landa significa “extensión de terreno yermo” en Azagra y en la Ribera en general, mientras que en euskera y el Norte de Navarra tiene el sentido de pieza de terreno, campo cultivable. En la parte de la Bardena se han conservado topónimos euskéricos formados a partir de esto genéricos: Mazkolanda, Landazuria, Landarregia, Sardabilla, Sardazuria. Saso es otra voz de este tipo, utilizadas tanto en la Navarra de habla vasca como en la de habla romance, su forma euskérica zazu fué muy común en la Zona Media, aunque quizás tenga un origen latino. Yasa es un genérico peculiar de esta comarca que designa una barranca o torrentera, está relacionado con la voz yasa que en otras zonas de Navarra significa “avenida de aguas o inundación” y con el euskera jasa, euri jasa “lluvia torrencial”. La voz mendaviesa turruntales “malos caminos, escombreras” la podemos relacionar con el topónimo de azagra Turumbalas (barranco de ) y con el el euskera turrumbero “Terreno en declive” que procede de la voz zurrumba “cascada”. Otro genérico más extendido en otros tiempos por la Ribera y también por la Rioja, que ha dejado el topónimo La razuela en Andosilla fué larrad, con variantes larrá, larrat, larrate, procedentes de euskera larratz “terreno que no se cultiva”.

     Relacionados con los efectos atmosféricos tenemos Chinchorros y chinchorritos, de euskera txintz “moco”, que son los carámbanos de hielo también llamados en castellano calamoco, literalmente “moco que cae”. Zir-zir es “lluvia fina y persistente” en Mendavia.. Azkue recoge Zirzira, zirzirra “llovizna” en Roncal y Baja Navarra. Otras expresiones similares son Zirri-zirri (Alava), chirri-chirri (Oñate). Un posible calco semántico lo encontramos en bruja, bruja de aire, para designar el remolino de aire que en euskera se llama sorgin aizea.

     Ya he mencionado la importancia del ambiente pastoril en la vida tradicional de la Ribera. Ha sido más renombrada la trashumancia de los pastores roncalese y salacencos a las Bardenas, pero en esta zona también tuvo un arraigo de gran calado, y aunque hoy no quede a veces memoria de ello, en los archivos se encuentran referencias a las cañadas por donde pasaban “los de Mendavia, Sesma y otros lugares para ir a Urbasa”

     Como términos más tipicamente pastoriles podemos citar cirria “excremento de oveja”, oska “muesca que se hace a los ganados”, etc. Pero este léxico ha influido también en términos de la vida cotidiana que todavía utilizamos como aguachirri que se dice por comparación de una bebida aguada y sin sabor, y que procede como explica Corominas de los charcos que se forman en los lugares donde pasta el ganado. Seguramente podemos relacionarla con euskera altxirri.

     Entrando en lo que podemos denominar el ámbito de lo social, con especial incidencia en el dominio familiar encontramos unos nombres de comidas que son relacionables con el euskera. Tenemos varios tipos de salchichas o longanizas como la común chistorra, la llamada birika, en euskera birika es pulmón, ya que el ingrediente principal eran los pulmones del cerdo, y la choringa “embutido de visceras”, de txuringa “intestino delgado”. Chungur “hueso de cerdo o de jamón” procede de txunku “articulación”. Las chinchorras, en euskera txintorta, son los restos duros que quedan al fundir la manteca de cerdo, ingrediente de las tortas de chinchorras. Y relacionada con la matanza del cerdo tenemos también chucarrar, que era la manera de raspar la piel del cerdo con su “fuego” y kar(ra), garr(a) “llama”, de donde ha quedado el más común chocarrar o socarrar. En Mendavia se conoce también la purisalda, o sea purrusalda.
  En cuanto a objetos del hogar, labores tradicionales o expresiones cotidianas podemos mencionar mandarra “delantal”, petacho, “remiendo”, en euskera petatxo (petatxu) y éste del cast. pedazo, zacuto “bolso, saco pequeño” de zaku “saco” y sufijo diminutivo; en Mendavia osca era la “vara a la que se le hacían muescas para anotar deudas”; Según Iribarren este sistema de contabilidad era muy habitual en el Norte de Navarra, tiene origen en euskera ozka “incisión”; zaborra o chaborra que designa los residuos vegetales, en euskera zabor(ra), del latín saburra; ondarras son “posos que dejan los líquidos en una vasija al sedimentarse” en Lerin, y “restos de cereal” en Mendavia, del euskera hondar(ra) con los mismos significados; con la palabra baburrinas designan en Mendavia objetos que despiden mal olor, en esta palabra encontramos un elemento urrin, “olor”, parece variante de bagurrin que se oye en la Cuenca y baurrina en Arguedas; chirriau “mojado, calado”, se suele relacionar con txirri “chorro”.

     Palabras que designan cualidades personales son, aparte de la ya mencionada caparra, chaparro “hombre pequeño y grueso” por comparación con la planta así designada; y algunos insultos como cirrioso, cirriosa “sucio; sucia” derivado de cirria; sinsorgo, sinsorga, de zintzorka “persona superficial y habladora”, tarra que significa tonto o tonta en Azagra, seguramente relacionado con las voces tarra y tartarra de otros lugares de Navarra con que se designa al charlatán, que proceden de la onomatopeya tar-tar-tar; chirrinta “deseo vehemente, capricho, anhelo” y ardura “genio, diligencia” son también voces del euskera. Y para dirigirnos a los niños empleamos muy a menudo la voz pocholo “lindo, guapo” de potolo, pottolo, “regordete”. Y dentro del mundo infantil otra voz muy común es chori o churi que se emplea para denominar un cuernico de pelo con que se adorna a las niñas pequeñas y a la cinta o lazo con el que se sujeta. Aunque algunos han sugerido que procede de zuri “blanco” quizás por el color habitual de la cinta, parece proceder más bien de txori, con el mismo significado, y con el que también se relacionan las voces ribereñas chorango, un tipo de “moño”, y zorongo que era ei “pañuelo con que se cubrían la cabeza los hombres del campo”. Una palabra antes muy común y hoy casi desaparecida era aurzaya y sus variantes urzaya y orzaya, con que se designaba a las niñeras, de haur “niño” y zai “cuidar”. Una expresión muy curiosa es la mendaviesa ricalanza o carricalanza, con que se designa una cuadrilla o montón de niños, pues esta palabra procede claramente de carricadanza, baile de la calle, que debió ser popular en toda la Ribera ya que Iribarren la recoge en un documento de Tudela de 1735.

     Podemos encontrar también otras voces relacionadas con el euskera, algunas de origen expresivo como ñiqui-ñaca para expresar “dale que dale” y zangala-mangala “despacio pero sin parar”, etc.; y otras que podemos considerar calcos semánticos como mozo viejo “solterón”, de mutil-zar, o la expresión casarse a, que significa casarse para ir a vivir a una localidad. En euskera se dice por ejemplo: Elizondora ezkondu zen. La imprecación “A Sesma te cases” parece que ya está anticuada.

     También se encuentran en el habla popular vocablos muy unidos a circunstancias históricas muy concretas, que tienen un carácter especial. Así chapalangarra es el nombre que se da en Cintruénigo a los muñecos de paja que se colgaban en las calles el día de San Juan. Pero este nombre procede de Lodosa pues era el apodo de un militar lodosano, Joaquín de Pablo, que a principios del siglo diecinueve, combatió al frente de tropas liberales en tierras de la Ribera del Alhama. El apodo procede del apelativo que se dió a los primeros voluntarios liberales, chapela gorriak, que en Alava eran llamados chapalangorris, según documentación aportada por Gerardo López de Gereñu, y de ahí viene chapalangarras.

     Ya he comentado que no pretendía ni ser exhaustivo ni sacar conclusiones definitivas. Sólo espero que con este pequeño recorrido lingüístico por los diversos aspectos de la vida tradicional ribera se haya podido apreciar el grado de convivencia lingüística que en el pasado vivieron las gentes de Navarra. Y espero que en el presente y en el futuro los navarros hagamos de la convivencia nuestro valor más preciado y la base de nuestro progreso cultural. Yo desearía que todos los navarros sintamos el euskera como algo propio que culturalmente nos enriquece a todos y estoy seguro de que si seguimos por la senda que nos marcan estos días las gentes de Lodosa y Sartaguda, Navarra, como dijo el poeta, llegará a ser el asombro del mundo.