MIKEL GUDARIA
Mikel Kastresana (1957/9/29 - 1989/9/23)
BIOGRAFIA
Fue un estudiante responsable y un militante sindicalista que seguía con atención el curso de los acontecimientos políticos que sucedían a su alrededor. Desde la acería Victorio Luzuriaga, donde trabajaba, salió un día hacia el exilio y regresó al sur de Euskal Herria para operar en un comando ilegal de ETA. La muerte le acechaba en una esquina de Donostia, cerca de su Lasarte natural, pocos días antes de cumplir los 31 años.
Sucedió el 23 de Setiembre de 1988, poco antes de que los sones del reloj de la Diputación Donostiarra sita en la Plaza de Gipuzkoa dieran las 8:30 de la tarde. Mikel Kastresana y Begoña Uzkudun salían de la cafetería Bidasoa cuando se vieron rodeados por un grupo de jóvenes que, al grito de "Alto, Policía" se abalanzaban sobre ellos. "Yo salté hacia adelante -relata la superviviente Begoña Uzkudun desde la cárcel- pero enseguida vi que había policía por todas las esquinas. Escuché las detonaciones de disparos y miré atrás. Mikel yacía ya en el suelo. Todo sucedió en unos segundos y no pude ver quién disparaba".
Según la versión oficial de los hechos, lo sucedido fue un tiroteo entre los agentes policiales y los dos miembros del comando de ETA, iniciado por un supuesto disparo de Mikel Kastresana a lo que habría seguido la respuesta policial. Eran varios los puntos oscuros que quedaron sin respuesta convincente. El más destacado es que Mikel Kastresana portara un libro en la mano derecha, lo que, dada la rapidez con la que se desencadenaron los hechos, ofrecía evidentes dificultades para que pudiese empuñar un arma con la izquierda. Y es que, en contra de lo que se dio como seguro, Mikel Kastresana no era zurdo. "Creo que tenían perfectamente planificada la muerte de Mikel", concluye Begoña Uzkudun, detenida en la operación.
Nacido el 29 de setiembre de 1957 en Lasarte, la escuela de Añorga y el colegio Don Bosco marcan su etapa de escolarización hasta que comenzó a trabajar, a los quince años, en la empresa siderúrgica Victorio Luzuriaga de Usurbil. Nicolás Francisco, amigo de la cuadrilla en Lasarte, comparte con él los años del despertar a la realidad política y la evolución que les llevará a ambos a integrarse en el seno de ETA. "Hacia 1974-1975 nos organizamos en los Comités Obreros, pero éramos bastantes los que veíamos la necesidad de utilizar la lucha armada como instrumento para conseguir cotas de poder obrero. Poco después entró en el sindicato LAB. Una de sus frases favoritas era que "lo primero era liberar a Euskal Herria y que luego solucionaríamos nuestros problemas. Barriendo la casa propia se ayuda a que la del vecino esté un poco más limpia".
La imagen qu de él perciben, tanto entre los de casa como entre los amigos, es la de un joven tímido y reservado ante los desconocidos; una vez subido el peldaño que lleva del conocimiento a la confianza, aparece una persona abierta y, sobre todo, "salsera". "Era muy observador y, en terreno conocido, aprovechaba bien los momentos en los que podía introducir cuñas de humor para tomar el pelo a quien se le pusiera delante. El ambiente de la cuadrilla también tenía ese tono -recuerda Nicolás Francisco desde la prisión francesa en la que está encarcelado-, de cachondeo general y de gastarse bromas los unos a los otros. Además de las juergas y cenas en grupo, había una ideología común como nexo de unión de la cuadrilla. La conciencia política primaba sobremanera y el paso a ETA fue como una consecuencia lógica de lo que pensábamos.
Aunque natural y vecino de Lasarte, se mueve más por Hernani y, durante un par de años, mientras dura su relación con una chica de Astigarraga, se implicará de lleno en las actividades culturales de la sociedad Astigar Kultur Taldea. El entorno rural, en su vertiente más primigenia y autóctona, constituye una de sus pasiones: el caserío y el mundo que lo rodea, al igual que los ríos y montes que lo circundan y las hierbas medicinales que crecen a su abrigo, son temas de los que hablaba con vehemencia y agrado. Al hilo de estas reflexiones, su hermana recuerda que "era un desastre al preparar la mochila, le bastaba con el saco de dormir para ir a cualquier sitio".
Único
varón entre cuatro chicas, Mikel Kastresana mantuvo siempre una
relación especial con su padre. "Cuando vivía en casa, los
padres le veían como un juerguista y un baranda.... había
discusiones a menudo, pero después, una vez se fue a vivir fuera
de casa, las relaciones mejoraron. Venía a menudo a visitarnos y
se estableció una comunicación fluída", explica mentxu,
una de sus hermanas.
En
1984, con 27 años, Mikel huye al norte. Vive primero en Miarritze,
luego en Baiona, un tiempo en Bretaña y, cuando consigue los documentos
que le permiten residir con cierta normalidad, se instala en Angers. Niko
Francisco le acompaña en su viaje por el exilio: "Al principio lo
pasamos un poco mal. Un año entero sin papeles, siempre con el temor
de que viniera la Policía. Un poco por esto, pero también
poeque le gustaba la vida ordenada y tranquila, Mikel salía poco
de casa; prácticamente llevaba una vida de monje".
En
la mente de Mikel Kastresana algo empezó a bullir poco tiempo después
de su recién estrenado exilio. "Del mismo modo que tenía
claro que no había Euskal Herria sin euskera -y lo recordaba a cualquier
castellanoparlante-, también era algo evidente que su lucha no terminaba
como refugiado".
Guardaba
sus ilusiones y anhelos para "después de qu ganemos". Y, entre todos,
un deseo se imponía para "el día después". "Lo primero,
una cena en Galarreta y luego me iré a vivir a un caserío,
en el monte: Ovejas, ganado y una huerta...".