LA BÚSQUEDA DE IRIS

 

Cuenta una antigua leyenda que existió en un reino, donde imperaba el caos, una enana llamada Iris. Iris era una enana adolescente nacida ciega. Un sabio enano burlón le practicó un conjuro e Iris comenzó a ver, el enano le advirtió que en ocasiones no vería bien y su vista se nublaría.

 

Etruria, el pueblo de la enana, era un pueblo abandonado y poblado por fantasmas. Los padres de la enana eran también fantasmas y  por ello ella no podía verlos. Así un buen día decidió dejar el pueblo fantasma y buscar la ciudad de los enanos, un lugar poblado por enanos como ella.

 

Cogió un farolito pequeño, tres piedras mágicas, la firme decisión de encontrar dicha ciudad y se marchó de Etruria para siempre. Una lechuza enana se le apareció y le comunicó que parara en el albergue del peregrino donde le sería dado el mapa para llegar a la ciudad de los enanos. Y en compañía de dos magos, que encontró por el camino, llegaron a las puertas del albergue. Salió a recibirles el abad mayor del albergue quien, tras darles la bienvenida, les advirtió  que no salieran de las murallas de dicho albergue ya que muchos magos y brujos del mal moraban por los alrededores.

 

Iris no escuchó porque una preciosa melodía que parecía llamarla le hizo olvidar las palabras del abad. El abad le entregó un libro sagrado y le explicó que escribir en el libro sagrado le protegería contra el peor brujo que moraba tras las murallas del albergue, el brujo del olvido.

 

Contaba una antigua leyenda que en los alrededores soplaba un viento cálido que envolvía a los peregrinos que salían fuera del albergue y les hacía perder la memoria convirtiéndolos en fantasmas. Era el viento del despropósito. Iris empezó a conocer al resto de peregrinos del albergue,  que como ella tenían una misión, y se sintió muy feliz de estar allí con ellos.

 

Una tarde salió a pasear por los maravillosos prados dorados del albergue, cuando escuchó una encantadora melodía de amor  entonada por un ruiseñor. El ruiseñor se fue y ella lo siguió como hechizada. Salió de las murallas y sin darse cuenta entró en el reino de la falsa apariencia donde cayó dormida. Sopla un viento cálido, soplaba el viento del despropósito, estaba bajo el embrujo del malvado brujo del olvido.

 

Tuvo dos sueños mientras estuvo en el reino de la falsa apariencia. Soñó que entre sus callejuelas un hermoso príncipe llegaba y la hacía su esposa. La nombró reina de falsa apariencia y colocó en sus muñecas las argollas que le unían a él, las argollas del amor romántico. De pronto oyó una voz. Era la lechuza de la esperanza quien de un graznido la despertó. Pero ya era tarde porque en su mano apareció la argolla.

 

La lechuza le contó que era la argolla del falso amor , que sólo podrá desaparecer cuando la enana llegara a su destino. Iris desalentada  buscó un camino para salir del poblado maldito y mientras lo intentaba sopló otra vez el viento del despropósito y cayó dormida una vez más. En su sueño aparecieron  sus padres fantasmas quienes le contaban la historia de la tierra de los enanos gullys, la antigua y desaparecida Etruria. Una vez más la despertó de un graznido la lechuza amiga  quien le indicó el camino de regreso al albergue.

 

Iris estaba muy asustada y triste por haberse perdido, y llorosa volvió al albergue de los peregrinos donde todos la acogieron muy contentos. Decidió no volver a pasear sola por la muralla y entró en el comedor a alimentarse. Recordó el sueño de sus antepasados los enanos gully y una voz mensajera, proveniente del sueño, le dijo: ”De entre lo más insignificante surgirá el héroe.” Este mensaje le dio ánimos para insistir en su búsqueda y supo entonces que un día conseguiría llegar a la tierra de los enanos y permanecer allí con los suyos. 

 

En el albergue conoció un hermoso elfo y un  bello mago que le clavaron el hechizo de la atracción y se sintió contenta de conocer sus historias y ver sus bellos rostros. Un día cogió el farolito que sacó de Etruria y lo arrojo a la tierra de lo que ya no sirve, había decidido continuar su camino y deshacerse de lo inservible. Una hermosa cálida tarde se dirigió junto a sus amigos peregrinos como ella a orar a una pequeña ermita donde tuvo una maravillosa visión. Vio un guerrero acudir a la llamada de su destino, y de la visión salió una abeja que picó a Iris. Era la abeja de la magia.

 

Una noche Iris invocó a los sabios espíritus  pidiendo le enviaran una señal para encontrar el camino de la ciudad que buscaba. Los espíritus le mandaron imágenes de un bosque y un montón de conductos: canales, tubos abiertos a través de los cuales pasaba el agua. Eran los conductos de agua mágica a través de los cuales llegaría a la soñada ciudad de los enanos. Ahora tenía una pista.

 

Al día siguiente, tras haber pasado la noche orando, volvió con los peregrinos y todos se dirigieron a la ermita del gran trabajo donde, junto a la maga Haizekoa y al guerrero matadragones, iniciaron el rito de transformación del elfo Isabo en elfa. Cuanto  más tiempo pasaba en el albergue, más a gusto se sentía, más cosas aprendía, pero seguía oyendo los aullidos de sus padres fantasmas que la llamaban desde muy lejos, desde las cenizas de la antigua Etruria.

 

Un día Iris sintió mucho dolor y vio que tenía alrededor de sus muñecas las argollas del falso amor, y dirigiéndose a un abad le pidió ayuda para quitárselas. Este le contestó que las argollas no podían ser quitadas, que sólo desaparecerían cuando Iris aprendiera a vivir con ellas, entonces desaparecerían.

 

Una mañana subió Iris a la montaña del gran saber a ver bailar al dios sol cuando vio un hada vestida en oro y negro dividirse en dos hadas. Muerta de miedo empezó a correr y a correr. Iris sintió miedo del poder de la naturaleza, del poder de las buenas hadas del reino animal y de perderse y deseó por primera vez salir ya del albergue. Entonces oyó la profecía de sus antepasados, los enanos gully, resonar en sus oídos... ”De entre el más insignificante surgirá el héroe”; ”El camino es duro y tiene varios peligros. Tendrás que aprender a cultivar la paciencia, la  magia y la fe”. Tras estas palabras Iris encontró semioculta la espiga del poder. Y el poder de la espiga penetró por todo su cuerpo permitiéndole recobrar buen estado de ánimo y así salió del laberinto de las dudas y volvió al albergue. 

 

Al día siguiente los peregrinos del albergue salían de peregrinación, iban al oráculo, quién diría a cada uno que camino elegir y hacia donde ir, así cada uno iría dejando el albergue y se iría cada uno a cumplir su destino. La expedición salió del albergue. A Iris se le apareció el pájaro sabio quien, saliendo de su atalaya, le entregó un objeto de poder: la bala de la fuerza. Le advirtió que la bala de poder tiene dos efectos contrarios: por un lado puede crear fuerza para defenderse de los enemigos y por otro lado puede destruirla al poseedor. Tras esto el pájaro desapareció y por fin llegó al oráculo.

 

El templo del oráculo estaba situado en lo alto de la colina del agua y lo rodeaba una gran explanada de vegetación y preciosas cataratas. Había allí muchos peregrinos, elfos, magos, enanos y guerreros provenientes de muy lejanas tierras. Iris penetró en la antesala del oráculo y supo que su destino era entrar por la gruta. Una voz, proveniente de la gruta, la invitó a entrar. Entró. La cueva tenía el suelo cubierto de agua. Cuanto más se adentraba en la cueva, más le iba subiendo el agua por el cuerpo. Allí al fondo estaba la respuesta a su vida. Al fondo de la cueva vio una serpiente. Tuvo más miedo del que había tenido en toda su vida y atemorizada huyo de la cueva. Pero el silbido de la serpiente le había penetrado por todo el cuerpo y se le había clavado en el estómago. 

 

En su huída se encontró con la elfa Vera y algunos peregrinos más y junto a ellos se dirigió  al palacio del gran sabio a curarse del terrible miedo causado por el silbido de la serpiente. El gran sabio la recibió aconsejándole permanecer en el palacio de la sanación para recuperarse de la enfermedad del miedo a sí mismo, y recomendándole esperar en su búsqueda de la ciudad de los enanos hasta verse recuperada. Iris accedió.

 

 El silbido de la serpiente, ahora clavado en su estómago se fue convirtiendo en una pequeña larva que cada vez iba creciendo más y más. Iris decidió quedarse en el palacio de la sanación hasta recuperarse mientras una enorme larva iba creciendo en su interior. Las argollas seguían rodeándole las manos.

 

Y esta fue la búsqueda de Iris hasta donde nos la han contado.

 

Iris