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EOLIN. LA ELFA QUE NO PODIA
RAMEAR. Ocurrió
hace tiempo. Yo soy Eolín. Una elfa que durante cierto tiempo me creí de otra
raza. Decidí vivir cual hechicera en el mágico bosque donde había habitado.
Vivía en Gaia, y allí conocí a una hechicera llamada Aixekoa que había ido
por una temporada a ayudar con su magia. Esta
hechicera me hechizó, como hacen todas. Pero el problema fue que Aixekoa era
hechicera, y yo, Eolín era una elfa de pura raza desde el comienzo de mi
existencia. Me asombraba por todo. Me pasaba el tiempo haciendo la magia que
Gaia necesitaba para florecer. Me abrazaba a los árboles, volaba en vuelos
rasos y sentía que todo iba bien. Me alegraba con los de mi raza y saboreaba
los buenos momentos de los atardeceres. Los
enanos eran una especie aparte con la que coincidía en las tabernas y a los
que no me acercaba mucho por lo brutos que eran. Los
druidas y los magos eran mi raza preferida porque se acomodaban a las
expectativas que tenía. Las hierbas y las pócimas que yo coleccionaba
ayudaban a los magos en su magia, y de hecho había un mago al que amaba
profundamente. Y
respecto a los guerreros....¿ que podría decir de ellos?. Lo ponían todo
perdido cuando entraban en batalla. Eran un desastre. Menos mal que no se
adentraban en el bosque, porque si no, olería fatal. La Dama del Lago se encargaba de
mantenerlos alejados, Loados sean los dioses!!! Un
buen día conocí a Aixekoa. Vino por un tiempo a trabajar aquí. Y yo, espiaba
el reino de los magos para verla salir de su cueva y volar. La
hechicera me regaló a cambio de la pócima curalotodo su vara y las palabras
para poder volar. Y a mí, me gustaba
todo lo nuevo y desconocido, aunque fuese arriesgado.
El accidente Después
de que Aixekoa partiera de Gaia, me dediqué a salsear en la magia. Me pasaba
el día rameando cada vez más alto. Me volví un tanto pendenciera, y
llegué al punto de estar con todas las razas menos con la mía propia. Y un
día, estuve oyendo canciones de amor con unos guerreros en la taberna. Cuando
me despedí de ellos, di gracias a que yo no era guerrera. Porque vivían mal
de verdad. No
tuve tiempo de pensar que me faltaba el bastón de luz que todo elfo debe
llevar porque si no es vulnerable. Volé por alto ramaje, como llevaba tiempo
haciéndolo. Pero un cambio de rasante me despistó y caí al suelo sangrando. Perdí
el poder por la sangre derramada. Me hubiera recuperado: 1.- si no hubiese tomado tanta hidromiel
fermentada 2.- si hubiese tenido a mano mi bastón de luz Estas
dos horribles coincidencias hicieron que yo, de carácter despreocupado para
mis desgracias, conociese lo que era darse un estacazo en condiciones. Este
golpe me dejó pegando gritos hasta el amanecer. Y entonces, me acerqué a los
pies del Gran Fresno que era el guardián de mi bosque. - OH!, por todos los dioses!
Ayúdame, Gran Fresno. Caí ayer del camino de ramas y no puedo ramear. - No desesperes. ¿ Dónde diablos
tienes tu bastón de luz? - Lo perdí en la taberna de los
guerreros. Pero tampoco me funciona la varita que me regaló Aixekoa. - Cielos.- me dijo el fresno.- esa
maldita afición tuya a beber hidromiel te va a matar algún día. Ve en busca de tu vara. Sin ella, no te puedo
salvar. - No puedo creerlo. ¿ Y que hago
yo ahora?. ¿ Caminar por el suelo? - Y con mucho cuidado. Hay trampas
que ni imaginarías. Si hubieses volado como corresponde a tu raza, esto no te
hubiera pasado. Pide consejo a los magos, aunque no creo que puedan hacerte
mucho. - Que vergüenza.- pensé mientras
volvía sobre mis pasos. Pero como no me había despedido del Gran Fresno, me
di la vuelta y le mandé un beso. El
periplo Caminé
con cuidado para no pisar a los recién nacidos robles. Pero se me hacía
difícil no poder volver a ramear.¿ Por qué habría confiado tanto en los
guerreros?. Silbé
una canción para olvidarme de la herida pero no me sirvió de nada, porque era
una y otra vez la misma canción que cantaban los melancólicos guerreros. “ A veces sale el sol por la mañana y la armadura se niega a trabajar porque una novia tengo junto a mi cama siéntate, siéntate, siéntate. ¿ por que ella me pide mas, mas, mas ? ¿por qué ella hace pucheros’? ¿ que será cuando un rey cruel, nos separe y me mantenga en pie?" Pedí
una revelación de la canción, y viendo un recodo del río bañado por el sol,
supe que Gaia era mi descanso. Me desnudé y gocé del sol acariciándome la
piel que se estaba deshidratando. Realmente,
era gratificante quererse y estar clavándose pinchos y molestas piedrecitas.
Comprendí que desde que andaba por las ramas, había olvidado lo flexible que
era mi cuerpo, y aunque una maga y una guerrera llegaron a mi lado, no nos
molestamos, pues comprendieron que me estaba cargando. En
el territorio de los magos. Una vez cargada, continuó mi
búsqueda en el territorio de los magos. Tenía mis dudas, pero el Gran Fresno
me había dirigido hacia un lugar concreto, y aunque me moría de vergüenza
debía de hacerlo. Di
el aviso a la entrada de la cueva de los druidas y salió aquel mago que tanto
amaba. Como siempre, empecé a dar vueltas y más vueltas para decir que había
perdido la vara. - Mes estás mintiendo.- gruñó
Ambi-balent.-no me puedes engañar con tus farsas. Sabes que tengo el poder de
la verdad. A esto, me eché a llorar y le pedí perdón. No lo quería perder. - Sólo tú te puedes ayudar.
Encuentra tu vara. Yo no te puedo ayudar si no pones de tu parte. Y ninguno
de los magos. Busca allá donde te lleven los sueños. Y se sincera contigo
misma. Sabes que eres una elfa, y como elfa has de vivir, ¿no te parece? - Pero... pero” Estoy perdida y no
se que camino, me trajo hasta aquí, tanto he sufrido que hasta en mi delirio
me acuerdo de ti. No concibo este mundo sin ti, no se si puedo volverte a
abrazar... y como un niño, me pongo a llorar.... porque ya te perdí.- canté
con el corazón desgarrado, -
No me has perdido. Encuéntrate. Continué el camino, caminando
despacito y muy cuidadosamente. Reconciliaciones Me
abrazaba a cada árbol. Como correspondía a mi raza. Pedía amor. Y todos me
decían.... - ámate, ámate, ámate. Hasta entonces creía que los demás
elfos no me querían, por ser una elfa que soñó con las nubes. Pero ahora
estaba empezando a comprender que los demás me decían que me quisiera en mi
esencia élfica. Que me aceptara como era. Quería cambiar las cosas. Tenía un
propósito. Encontrar la vara, amarme y descansarme. Había pasado demasiado
tiempo en mundos que no eran el mío y tenía que reencontrarme. Árboles y ballenas no podían
coexistir. Así como yo, no podía ser maga habiendo nacido elfa. Tuve que
hacerme humilde y preguntar a los enanos un consejo que en otro tiempo no se me hubiese ocurrido. Yo no buscaba
que los enanos me diesen la vara. Solo buscaba una pista. Entonces el anciano del consejo de
enanos me dijo: - Busca donde los mundos
coinciden. Habla con la sabia conservadora de archivos. No te puedo ayudar.
No te puedo decir nada sobre los elfos. - ¿ Dónde está eso?.- pregunté - Más allá. En donde los barcos no
ensucien los mares. El
encuentro Agradeciendo
el carácter bondadoso de los enanos, me despedí de su poblado subterráneo y
caminé despacio hasta que llegué a la Taberna de los Guerreros. Todos
me reconocieron. Pero ninguno se acercó cuando aquella aparición de
ultratumba que era yo, hizo presencia en la taberna. - Mesonero: Sabéis algo de mi
bastón de luz? - Lo robaron, Eolín. Lo robaron.
Pero... mírate a los pies. Están grandes y robustos. ¿ Qué es lo que te ha
pasado? - No ha pasado nada. Solo que por
fin los he utilizado Salí del mesón y encontré mi vara
azul apoyada en la esquina de la taberna. Iba a volver a casa, pero me di
cuenta que la conservadora de archivos le devolvería el conocimiento de mi
raza. Y caminé con mis nuevos y robustos
pies a conocer el secreto de la elfidad....aunque un elfo llamado Izana tuvo
dudas, y me hizo dudar de mi cordura por la resolución de esta historia. Pero
ese es otro cantar, que otro día os cantaré. Eolín |